Cristo de Marfil

Museo Provincial de Bellas Artes

 

 

Cristo de marfil en el Museo Provincial.
Fotografía de JlFilpoC en Wikimedia Commons

 Se trata de un Crucifijo de estilo gótico, "un Jesucristo en la Cruz, figura esculpida en marfil, con la cruz de ébano y remates y adornos de bronce con los mismos materiales. Está colocada dentro de un escaparate de concha guarnecido de adornos de metal"1. 

Esta es la descripción que hace don Modesto Falcón de un Crucificado del Museo Provincial de Bellas Artes, del que es Conservador, señalado con el número 7, de los objetos de escultura del Catálogo de los cuadros y otros objetos artísticos, existen­tes en 1º de enero de 1867. 

Cuando se efectúa el citado Catálogo era la segunda vez que los cuadros y otros objetos artísticos, procedentes de los conventos suprimidos a causa de las leyes desamortizadoras de 1835, recalaban en San Esteban. 

La primera ocasión fue en 1836 y les sirvió de cobijo la biblioteca del convento, aprovechando que los religiosos dominicos se encontraban en Francia con motivo de la exclaustración.

Por Real Orden de 25 de mayo de 1846 fue concedido el edificio del Colegio Viejo de San Bartolomé para instalar en él el Museo Provincial, que se inauguró el 1 de octubre de 1848, siendo trasladadas todas las piezas artísticas obrantes en el convento de San Esteban. Pero en 1864, por haberse destinado el Colegio Viejo a oficinas públicas, iniciaron las piezas el viaje de retorno quedando situadas en el claustro del convento, pese a que habían vuelto los frailes dominicos del convento de San Máximo, provincia de Tolosa, ahora expulsados de Francia, por Decreto de 29 de marzo de 1880, permaneciendo en este edificio las artísticas piezas hasta 1936 en que se ubicó el Museo en tres salas del Patio de Escuelas Menores, e incluso en el propio patio. 

En 1947 el Museo de Salamanca pasó a ocupar la Casa-palacio de los Álvarez Abarca, adquirida por el Ministerio de Educación Nacional, aunque la ocupación fue de forma interina pues se hacía precisa la restauración de la Casa, con lo que de nuevo viajaron los cuadros, estatuas y objetos, esta vez a la Casa de las Conchas, hasta que por fin tuvieron asiento definitivo, en octubre de 1974, donde hoy se encuentran expuestos en el denominado Museo Provincial de Bellas Artes. 

El Cristo del que tratamos ha seguido todas estas vicisitudes. 

Para el padre Rodríguez de Ceballos se trata de "un magnífico Crucifijo de marfil de estilo filipino"2 y tanto Camón Aznar3 como Cirlot4 lo datan como del siglo XVI. Para Gaya Nuño5 es del siglo XVII y lo sitúa en la sala III. También Margarita M. Estella Marcos lo hace hispano-filipino de mediados del siglo XVII6. 

Amelia Gallego de Miguel, que ubica al Cristo en la sala IV, nos da los siguientes datos: "marfil, autor anónimo, siglo XVIII, tamaño 0,55 x 0,55 m. Se representa un Cristo con tres clavos. Cabeza y tronco de una sola pieza y brazos de otra. De probable origen filipino. Sobre cruz con peana de madera pintada, con pequeñas aplicaciones de metal"7. 

En la actualidad se exhibe en una vitrina de cristal como pieza número 122 del Museo. 

Se trata de un Cristo expirante cuya cabeza mira hacia lo alto con ojos marrón claro de rasgos orientales y grandes pupilas, cejas finamente dibujadas en marrón cobrizo, nariz afilada, melena policromada con el cabello en forma de hilos finos de cuidadas ondas simétricas que dejan las orejas al descubierto, cayendo sobre el hombro izquier­do y sustituyendo las patillas por guedejas rizadas, bigote y barba de cuidados bucles geométricos, boca entreabierta, gran corona de espinas tallada, de tres cabos entrelazados, con espinas sangrantes de un rojo vivo anaranjado, brazos fornidos de acusado antebrazo, manos abiertas con los dedos finamente tallados, de los que el índice y el corazón se estiran en actitud de bendecir. 

El pecho finamente moldeado con costillas no muy abultadas, caderas escurridas y piernas fuertes y musculosas de rótulas pronunciadas, con la pierna izquierda recta y con ligera curvatura hacia el interior y el pie paralelo al madero. La pierna derecha inclinada hacia el centro y el pie también paralelo. Ambos pies con los dedos artísticamente tallados. 

Los brazos presentan a la altura de los hombros una línea de unión de soldadura porque se tallaran independientemente del tronco. 

El paño ceñidor, recogido en el centro con artístico plegado, da la vuelta por detrás en fino pliegue y termina en la cadera derecha, dejando ver el muslo en su totalidad, destacando en la cadera el grueso cordón de doble cabo con anudamiento y un colgante de la tela anudada más arriba. 

La Cruz es ancha, negra, de madera de ébano, con corto cabecero y bastante plana. La placa de la sentencia, de marfil, muy ramajeada. La peana negra, de madera de ébano y con adornos de bronce en zócalos y esquinas y patas de garras con bolas. 

Parece proceder el Cristo del Colegio Mayor de San Bartolomé, según la placa de características que figura en el Museo, pero Mercedes Moreno Alcalde8 afirma que su procedencia podría ser el convento de la Merced Descalza de Salamanca, basándose en el hecho de que en su inventario de 1836 figura un "Crucifijo de marfil". 

 

 

 

 

 

 

1.- Modesto Falcón, Guía de Salamanca. Valencia, 1992. Edición facsímil de la de Salamanca de 1868. pg. 109 y Fernando Araujo, La Reina del Tormes. Guía Histórico-descriptiva de la ciudad de Salamanca. Salamanca 1884. Edición patrocinada por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca en 1984. Pg. 383.

2.- Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, Guía de Salamanca. León, 1989. Pg. 192.

3.- José Camón Aznar, Guía de Salamanca. Madrid, 1932. Pg. 106.

4.- Juan Eduardo Cirlot, Salamanca y su provincia. Barcelona, 1956. Pg. 160.

5.- Juan Antonio Gaya Nuño, Historia y guía de los Museos de España. Madrid, 1968. pg. 664.

6.- Margarita M. Estella Marcos, La escultura barroca de marfil en España. Escuelas europeas y coloniales. (2 volúmenes). Tomo II. Madrid, 1984. Pg. 160.

7.- Amelia Gallego de Miguel, Museo de Bellas Artes. Salamanca. Salamanca, 1975. Pg. 39.

8.- Mercedes Moreno Alcalde, Museo de Salamanca. Salamanca, 1995. Pg. 74.

 

 Por José María Hernández Pérez

06/03/2023 Rev. 00