El Poema Sinfónico “Salamanca” de Tomás Bretón


Centenario de la muerte del insigne músico

salmantino D. Tomás Bretón

  

José María Hernández Pérez

Junio 2023


Retrato de D. Tomás Bretón publicada en la revista La Esfera del 4 de
noviembre de 1917 firmada por Campúa

             
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El Cancionero Salmantino de Dámaso Ledesma

El 9 de mayo de 1906 se celebra en Madrid y en el Ateneo Literario el acto de presentación del “Cancionero Salmantino” de don Dámaso Ledesma, premiado el 14 de noviembre de 1905 en el Concurso Nacional convocado por la Academia de Bellas Artes de san Fernando.

Portada del Cancionero Salmantino
de Dámaso Ledesma

    

Imagen de Dámaso Ledesma
publicada en El Adelanto del 24
de noviembre de 1906

 

Tomás Bretón que escribe el Preámbulo de presentación del “Cancionero Salmantino”, nos dice: 

“Principio por declarar con pena que, aunque nacido yo en la gloriosa ciudad de Salamanca, si bien salido de ella en la niñez, no sospechaba, ni remotamente, la cantidad y calidad de los cantos populares de aquella provincia tan noble de sangre y exuberante poesía.

 

Cuatrocientos cantos próximamente comprende la presente colección, tomados directamente de la fuente pura, del indígena cantor, allí mismo donde brota como el agua brota del manantial. Si la cantidad es grande, la calidad lo es más aún. Distínguense unos por la gracia, otros por cierta gravedad que retrata con tintas como las que el malogrado poeta Galán empleara en sus maravillosas descripciones, la augusta y afectiva seriedad de la raza.

 

Del valor real, positivo, de estos cantos, dan ellos mismos testimonio, y bien lo patentizó el público congregado en el Ateneo Literario y Artístico de Madrid la noche del 9 de mayo de 1906, en cuya audición se cantaron, por distinguidos artistas y seis señoritas alumnas de Canto del Conservatorio, acompañados todos por el afortunado coleccionador, algunos números, con éxito tan grande, que excedió en muy alto grado a las esperanzas más lisonjeras.

No fue aquello un éxito brillante más…; tuvo el carácter de revelación… hasta parecía dibujarse el estupor en los semblantes al oír aquellas preciosidades que ignorábamos poseer. Maestros y críticos eminentes, público habituado a oír cuanto de bueno se manifiesta en la Corte, estaban materialmente asombrados de la novedad y fineza, de la austeridad y donosura de los cantos salmantinos. Los más fueron repetidos a petición calurosa del público, naturalmente…; aunque antes dije que no haría particular mención de estos o aquellos, no puedo menos de romper el propósito, obedeciendo a la impresión enorme, avasalladora, que me produjo el graciosísimo Tu ru rú. (Número 17 de la Sección 2ª, primer grupo).


Imagen de Tomás Bretón publicada en
El Adelanto del 24 de noviembre de 1906


Yo no he visto nunca nada más bello, más típico, más original… siéndome difícil recordar algo que, dentro de su carácter, aún haciendo concesiones, se pueda comparar a la citada canción. La elegancia de sus giros; el modo que, si no denuncia precisamente antigüedad, acusa una gran independencia de la música moderna; la libertad encantadora con que el texto está tratado, y el breve y delicioso estribillo, componen, sin opción, tan primoroso conjunto que hacen de ella admirable modelo de canto popular.

 

Así debió comprenderlo el público, cuando, sin darse cuenta, sintióse electrizado al oír dicha canción, cuya repetición volvió a pedir, aún después que hubo terminado la velada.

 

Cierro estas líneas felicitando al laureado amigo entusiásticamente y deseándole muchos años de vida para que recoja el fruto que merecen su talento y laboriosidad”. 

 

En El Adelanto de 11 de mayo de 1906 se publica la siguiente reseña de Agapito Fernández: 

Mí querido Director: Si les dicen a los de Villarino, y a los de Mieza, y a los del Bodón, que los cantos de sus rondas nocturnas iban a resonar pujantes y harmoniosos en el Ateneo de Madrid, pues se ríen de la noticia. Ellos que, dando caprichosas inflexiones a su voz - a veces blanda como una caricia, a veces insinuante y conmovedora - buscan la inspiración de sus ritmos en la oscuridad y en el silencio de la noche, hánse visto sorprendidos por el luminar de potentes focos, en esta, que pudiéramos llamar, inmensa batahola del vivir moderno. Así me gustan a mí los charros; con la cara descubierta y frente a frente, saturando el ambiente cortesano de melódicas tonadas de la tierra, cuyas coplas pregonan el amor, ya con ternuras de enamorado y bravío mozo, ya con estridentes gritos de fiera encelada. Pero procedamos con orden.

 

El salón de actos del Ateneo estaba rebosante de selecto público, el público de las grandes solemnidades (valga lo vulgar de la frase), reforzado esta vez con bien nutrida representación de salmantinos. Hasta los porteros, acostumbrados a los acontecimientos de mayor resonancia, se asombraban de la demanda de billetes. Los juicios que a priori se hacían sobre los populares cantos, no podían ser más halagüeños para nuestra provincia y para su coleccionador. Y como yo no concedo patentes de dominio para que se me imponga silencio por remilgos de la amistad o de la modestia, cuando el encomio es justo, haré constar aquí el ambiente de simpatía que flotaba por todas partes en favor del maestro Ledesma, y la impresión honda que dejaron en el auditorio, su colección de tonadas, cantadas magistralmente por la Capilla de esa Catedral en unión de varias alumnas del Conservatorio.

 

Comenzó el acto leyendo el simpático empresario (como aquí llamaban a Dámaso sus discípulos de estos días) unos breves, pero bien escritos apuntes relativos a los cantos. Y para que todo llevara el sello de la popularidad y sencillez, he de añadir en honor del maestro que los leyó con naturalidad, sin esa afectación y tono plañidero, hoy tan en moda, entre los que se llaman excelentes lectores. (De mí puedo afirmar sin eufemismos, y a título de plumífero sincero, que estos modernistas que gimen cuando leen, como si les estuviesen aplicando en la espalda botones de fuego, me revientan soberanamente. He visto estropear chistes por llorarlos). Mas dejando aparte éstos, al parecer mantenedores de la fonética doliente, y en obsequio a la brevedad, transcribiré aquí algo de lo mucho que se oía en el Ateneo. El Vicepresidente de la Comisión de espectáculos, señor Roda, afirmaba que el de anoche era el acto más importante de este género que se había celebrado en aquélla casa. Bretón aseguraba en otro corrillo, no haber oído nada que encerrase tanta riqueza melódica como esta hasta ahora desconocida mina del arte popular salmantino. Zubiaurre, Larregla, Benaiges, Menéndez Pidal, Suvirá, Bordás, Acebal y otros músicos y críticos eminentes, convenían a la vez en sus juicios laudatorios, ponderando, juntamente con la meritísima labor de Ledesma, estas cadenciosas modalidades en que encerraban los antiguos.

 

Nada he de decir yo de los cantos, puesto que por ahí se conocen muchos de ellos, y porque además se prepara una solemne audición de los mismos, en las próximas ferias de Septiembre. De los que componían el programa de anoche, todos se aplaudieron con entusiasmo, levantando estruendosas tempestades los titulados Muelos, Canción de la Aceituna, El Ramo y el Presente, Cantos de Cuna, El pobre del tío Vicente y La Riverana. El primero y el último hubo necesidad de repetirlos varias veces; pero el maestro que vió cómo se digería el púbico La Riverana, enumerando con fidelidad musical las condiciones del burro valiente y mohinu, que acarreaba la vinagre, debió decirse para su coleto: Liber ipse per se toqui tur:' "Los libros cantan ellos solos. O traducido al castellano charro: "En el Cancionero que voy a editar, lo encontraréis todo. A mí no me amoláis con los Muelos.  Y efectivamente, sin los Muelos se quedó el auditorio cuando, ya empezaba a tararearlos.

 

No quiero terminar esta ligerísima reseña sin mencionar los nombres de los tenores de esa Catedral, señores Corvo y Larrarte, que contribuyeron poderosamente, aquél con sus maravillosos efectos de media voz y éste con su timbre potente, al éxito de la solemnidad. De igual modo contribuyó el bajo, señor Patón, y prestaron su valioso concurso, otros cantores de la Catedral de Madrid, especialmente el señor Blanquer y varias alumnas del conservatorio, que se posesionaron a conciencia de su papel de charras, cantando primorosamente muchas tonadas. Eran las once y media cuando se perdían los últimos lejanos ecos de la bellísima canción titulada La Cuna, entre bravos y aplausos de los espectadores. A todo el mundo supo a poco la velada musical. Yo sería quizá el único que se alegrara de que terminase. Porque póngase usted en el caso, señor director, y que le toque en suerte y a su vera, una niña excesivamente pudibunda y ñoña que se pase toda la noche exclamando, a cada momento: ¡hermoso! ¡divino!... ¡divino! ¡hermoso! y dígame usted si hay quien sufra esa razzia de divinidad y hermosura, sobre todo llevando uno a su media costilla, que puede creerse cualquier cosa, menos la ponderación del arte musical. Hasta en la puerta del Ateneo, donde esperaba yo la salida de algunos paisanos, oí la voz de la ridícula niña que decía: ¡hermoso! ¡divino!  Ni más ni menos que aquel loro de Nelson, que después de la batalla de Trafalgar, solo sabía decir: ¡pum! ¡pum!  

 

 

Primeras ideas de Bretón para ensalzar a su Patria Chica 

José Feliú y Codina viajando en tren por Aragón, al pasar por la estación de Binéfar escuchó la copla de un ciego que con acompañamiento de guitarra cantaba la historia de una mujer deshonrada. Ya en Barcelona, escribió un romance que tituló “La Dolores”, que era como se llamaba la mujer cantada por el ciego y que coincidía con nombre de su propia esposa. Después de 16 años, consigue estrenar el drama en 3 actos y en verso el 10 de noviembre de 1892 en el teatro Novedades de Barcelona y cuando se repone en el teatro de la Comedia madrileño, entre los espectadores se encuentra el maestro Bretón, quien se enamora de la obra y se dedicó a adaptarla como ópera, participando en la modificación del libreto. Se estrena el 16 de mayo de 1894 en el teatro de la Zarzuela de Madrid. 

En 1896 El Adelanto del 22 de febrero informaba de que José Feliú y Codina andaba por tierras de Salamanca, observando las costumbres con objeto de hacer una obra de carácter regional. Estuvo en Terrubias y Continos (atendido por don Casimiro y los serviciales ama Engracia y amo Leoncio) acompañado de Ramón Barco. (Por el contrario Ramón Barco nos dice que fue su hermano Juan quien acompañara a Feliú y Codina por tierras de Salamanca).

Feliú además del libreto de “La Dolores” fue autor del texto de la zarzuela en 2 actos de Bretón “El viaje de Europa”, estrenada el 19 de marzo de 1875 en el teatro de la Bolsa de Madrid, primera colaboración entre ambos, participando también Joaquín Valverde. Se llevó de Salamanca la idea de una obra que titularía “La Salamanquina”, según unos y “La Roya”, según otros, que no pudo llevarse a buen término pues José Feliú y Codina, al regresar a Madrid sintió, en el tren, los primeros síntomas de una angina de pecho, que le repitió el 2 de mayo de 1897, cuando se encontraba cenando en su domicilio, como habitualmente hacía junto a su esposa Lola, los domingos y días de fiesta con el salmantino Juan Barco y su primera esposa Bárbara García Pascual (que había sido la madrina de Boda de Feliú). 

Esa misma noche se estaba representando en el teatro de la Comedia “La Dolores” y se dio cuenta de su fallecimiento al finalizar la función.


D. José Feliú y Codina en Ars ilustración
artística y literaria. Nº7 julio 1912

Presidieron el duelo, pasando la carroza fúnebre por el referido teatro, José Echegaray, Juan Barco, Tomás Bretón y Núñez de Arce, asistiendo gran número de autoridades y personalidades. 

Se da la circunstancia de que la zarzuela cómica en un acto dividido en 3 cuadros, original y en verso “La Salamanquina” fue escrita por Guillermo Perrín y Miguel de Palacios con música de Pedro Miguel Marqués en 1892, registrada con el número 10.540 y estrenada en el teatro Eslava de Madrid el 16 de abril de 1892.

Guillermo Perrín

    

Miguel de Palacios

    

Miguel Marqués 

El 23 de abril de 1913 en una entrevista que hace en Madrid a don Tomás Bretón el periodista de El Adelanto, “Salmántico” sobre su opera Tabaré y la posible interpretación de su overtura en Salamanca, afima que “eran una sorpresa que tenía y un deber para mi querido pueblo. Siempre profesé a mi patria chica el cariño de hijo agradecido; respondí a todo llamamiento que me hizo y dispuesto estoy a legarla todo cuanto yo pueda ofrecerla, para cuyo efecto me propongo estudiar diversos asuntos históricos de mi tierra, para arrancar de la realidad el sentir caballeresco y noble de nuestro querido pueblo y hacer una obra netamente salmantina”. 

En 1913 Bretón manifiesta sus deseos de tener un buen libreto sobre tema salmantino para ponerle música como había hecho con las óperas “Garín” o “El eremita de Monserrat” en 1892, “La Dolores” en 1894 y las zarzuelas “La Verbena de la Paloma” en 1894 y “Covadonga” en 1900, que ensalzan, respectivamente, a Cataluña, Aragón, Madrid y Asturias. 

En ese mismo año el propietario de El Adelanto, Francisco Núñez Izquierdo le propone como tema el de doña María la Brava pero el maestro Bretón replicó: “pero en este tema no hay amor, y donde no hay amor, no hay calor, no hay entusiasmo. El resorte en el teatro es el amor. (…) Y es que es muy difícil acometer tal empresa, que yo estoy dispuesto a hacer, pero cuando tenga base, cuando tenga un libreto todo pasión, que llegue a interesarme, a sentirlo, para poner en él todo lo poco que puedo poner”. 

Pasa el tiempo y no se vuelve a saber nada sobre el particular. 

Las primeras noticias sobre que Bretón hubiera compuesto algo relativo a Salamanca nos las facilita El Adelanto, el 22 de setiembre de 1916: 

«Terminé la composición dedicada a mi inolvidable ciudad. Aún está en borrador. Si llegara a la mitad siquiera del impulso y el deseo, sería obra estupenda. Ya veremos.» De este modo concluye el insigne musicógrafo, hijo eminente de Salamanca y gloria perdurable del arte lírico nacional, don Tomás Bretón, una reciente carta que dirige a su amigo de la infancia y convecino nuestro, don José Sánchez Ledesma.

 

El ilustre comisario regio del Conservatorio nacional, no quiere declinar sus días sin que su patria chica, su amada ciudad de Salamanca, posea en el pentágrama una imperecedera página que la cante y glorifique con el amor que los sentimientos filiales inspira a los predestinados a residenciarse en las cumbres excelsas, que constituyen el señorío del genio y el imperio de la inmortalidad. Seguramente que cada nota que el eximio maestro ha escrito en su obra, es un hondo acento del cariño perdurable que su alma genial siente para ofrendar a Salamanca el testimonio más fehaciente de la intensa filialidad que su espíritu quiere delatar. Será un legado imperecedero de sublime belleza, que confiere a este pueblo que formó el germen creador del vasto caudal lírico que ha producido, y el cual, en ocasiones innúmeras, ha desbordado el espíritu hispano latino en arrobamientos exquisitos y fundidos sus sentimientos bajo el mismo cetro, ya que por desventurado destino la comunión material de pueblos domiciliados en distintos hemisferios, se halla desintegrada, constituyendo diferentes dominios y soberanías.

 

La página que Bretón dedica a Salamanca, podemos asegurar que es grande, luminosa y colosalmente artística. A su conjuro el nombre de nuestra patria chica, recorrerá todas las latitudes, deleitará todos los espíritus y nos atraerá las simpatías de todos los pueblos. Salamanca volverá a ser rememorada con veneración y respeto; el pretérito y el actual, se confundirán en infinitos corazones, y su grandeza retornará a ser vivificada en los pueblos cultos y educados. ¿Cómo corresponderá Salamanca a este inmenso beneficio, que ha de reportarle la obra de su preclaro hijo? Nos inhibimos de exponer e iniciar ningún proyecto, para rendir a Bretón el tributo de gratitud que Salamanca debe ofrendarle por el testimonio elocuente que la refiere consagrándola una obra eminente de su peregrino genio artístico. El Ateneo literario, y otros centros culturales que pudieran a él asociarse, es el que debe planear cuanto ha de realizarse en homenaje al gran patricio, que ostenta el mismo denominador común que nosotros. Esperamos a que tome la palabra anticipándose, por nuestra cuenta, que El Adelanto colaborará con decidido empeño e incansablemente, para que los actos que organice en honor al ilustre paisano, correspondan a su grandeza y prestigio. 

 

He aquí la carta de Bretón: 

«Yo me siento en tan grande obligación con mi inolvidable ciudad natal, que desde hace mucho tiempo estudio, medito y busco el medio de patentizarla, en la única forma que me es dable. Alguna vez, ahí mismo, se pensó que yo debía escribir una ópera de asunto local..., Doña María la Brava, por ejemplo, mas yo creí, y sigo creyendo, que dicho asunto no ofrece sino una escena interesante y trágica sin duda, pero una escena, teniendo que inventar el resto—cosa nada fácil— para constituir una buena obra teatral. Un querido amigo e ilustre paisano nuestro, que opina como yo, me prometió buscar algo mejor..., mas no ha debido encontrarlo. He reflexionado después, que hoy por hoy es poco menos que perder el tiempo, ocuparle en componer óperas españolas en España; pues como por lo general hay que pedir hospitalidad para las mismas en el feudo italiano - léase Teatro Real - por la arcaica organización que le caracteriza y la glacial indiferencia de nuestro público, lo mismo que gusten que no gusten, nadie vuelve a acordarse de ellas. Perdóneseme el aludir a Los amantes de Teruel, Garín y Tabaré, las cuales obtuvieron en dicho teatro éxitos ruidosos... Si justos o no, allá el público; pero que así fué, es la verdad, y que después, las tres juntas pesan menos en la memoria que oreja liviana concedida a un torero en cabeza de partido.

 

Habida cuenta de esto, y latente y aún más vivo cada vez el anhelo de demostrar a mi querido pueblo el cariño y gratitud que le guardo, pensé hacer una obra instrumental, utilizando algunas piedras preciosas de la rica mina salmantina que supo alumbrar mi querido amigo don Dámaso Ledesma. El verano del 15 púseme a la obra, pero contrariedades sufridas y falta de salud dieron al traste con el propósito... Durante el invierno, era imposible trabajar con la quietud y el reposo necesarios; mas debí cobrar fuerzas sin sospecharlo, sirviéndome los contratiempos de acicate, ya que en el verano que ahora termina di cima al empeño con no esperada facilidad. Se lo comuniqué a don Dámaso, encargándole que no dijese nada, y así lo ha cumplido; porque en estos momentos, la situación de los autores es bien singular... Tal vez creen haber hecho una obra admirable..., y al propio tiempo dudan y temen que sea una insignificancia. Esto me pasa a mí, a lo menos. La cariñosa indiscreción de mi amigo Pepe S. Ledesma — si bien es cierto que nada le advertí — ha puesto a ustedes sobre aviso; el artículo de El Adelanto echa más leña al fuego; prejuzga extremadamente el mérito de la composición y habla ya de ofrendas, tributos, etc., etc.. Así valiese la obra tanto como deseo, juzgo que esas manifestaciones serían exageradas e inoportunas.

 

Mi idea era: una vez que la composición fuese ensayada, si la impresión correspondía a mis votos, coger la partitura y llevarla, sin previo aviso ni aparato alguno, al señor Alcalde como representante del pueblo de Salamanca, diciéndole simplemente: «tenga usted la bondad de aceptar esta obra y de reservarle un hueco en la biblioteca del Ayuntamiento o de la Universidad o donde estime más procedente, la cual tengo el honor de dedicar a mi pueblo en testimonio de mi cariño y gratitud».


Ver obra completa en la Biblioteca Digital Hispánica


 

 

Preparativos para el estreno 

El 30 de setiembre, el Ayuntamiento ofrece unas iniciativas para que se lleve a efecto la primera audición del poema sinfónico que llevará el título de Salamanca, en la propia ciudad, cuna del maestro Bretón, con el siguiente artículo:

 

Tomás Bretón ha ofrendado a Salamanca, su pueblo natal, y en el que cifra anhelos y cariños acendrados, su última composición musical. Ha llevado al pentágrama con la autoridad y el prestigio que rodean su nombre esclarecido, una página de música charra, donde ha cristalizado en inspiradas notas, el amor a estos campos y a estas tierras. A su conjuro viviremos momentos de honda emoción y de intensa grandeza. Bretón ha escrito su obra con un entusiasmo sin límites, volcando en ella su alma de músico enamorado de su arte, en el que se nos muestra pleno de noble suficiencia. Pero el antiguo discípulo de la Escuela de San Eloy, no sólo concede a esta ciudad los frutos de su inagotable inspiración, sino que pone un ferviente deseo en que la partitura «Salamanca», que así se llama su composición, sea escuchada por sus Paisanos y en nuestra capital antes que por público alguno: Y esta prueba de distinción y de cariño debe ser recogida por los salmantinos, para justa estimación de afecto y de honor.


Orquesta filarmónica de Madrid.
La Ilustración Española y Americana. 15-3-1916


 Cabalmente hay una propicia coyuntura. La Asociación Filarmónica Madrileña compuesta de ochenta reputadísimos profesores, que ha de interpretar la obra de Bretón en Madrid, tiene contratos para realizar una tournée por provincias y los días 14 y 16 de Octubre actuará en Valladolid y en otras fechas también cercanas en capitales próximas a la nuestra. Habría pues, una facilidad en lo que se refiere al menor presupuesto de viajes, ya que las agrupaciones musicales de la indiscutible importancia de la citada, exigen para su actuación gastos crecidos, estos mismos gastos y la índole de un espectáculo de que se trata, dan por descontado que haya una empresa que se arriesgue a traer en firme y por su cuenta los aludidos profesores sería precisa la unión de diferentes elementos para la consecución del fin deseado.

 

¿Cómo realizar, por tanto, la idea? En nuestro entender de no difícil modo, si en ello ponemos un poco de entusiasmo y otro tanto de desinterés. ¿No se ha constituido una sociedad para llevar a cabo la celebración de las corridas de feria? ¿Y no ha de haber treinta o cuarenta salmantinos que suscriban cada uno de ellos una acción de cincuenta o cien pesetas para anticipo de cantidades y también para responder de los gastos, en el caso inimaginable de que el pueblo de Salamanca en masa y su provincia no respondieran al nobilísimo llamamiento que se hace a su adhesión a las glorias de la patria chica? ¿Que el mejor de los éxitos superaba a las esperanzas más halagüeñas y la taquilla rebosaba ingresos? Pues los accionistas se reembolsaban su dinero, y el sobrante iban a engrosar los fondos de la Asociación contra la Mendicidad. Con base de tal consistencia, no es aventurado asegurar un completo triunfo. A nosotros no nos ofrece duda alguna (y preferimos pasarnos de optimistas a verlo todo bajo el negro celaje del fracaso) que si el Ateneo de Salamanca y la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy patrocinan y dirigen estos anhelos, que seguramente lo son de un gran número de salmantinos, en la escena de nuestro teatro nos delectaremos con las primicias de la obra de nuestro genial compositor. Y la misión de aquellos centros se reduce a lo meramente directivo.

 

Convocar a la Cámara de Comercio, Casinos y entidades sociales salmantinas. Interesar de los diputados a Cortes y senadores todos de nuestra provincia su adhesión, de hecho, al acto mediante la suscripción de acciones, y como el sacrificio que se les exige no es de los que agobian, antes bien es demostrativo de un decidido afán por el pueblo que ellos representan en el Parlamento, la iniciativa iría como sobre rieles y la partitura de «Salamanca» sería escuchada y festejada en Salamanca misma, en acto de sublime acatamiento y pleitesía al numen de uno de sus más esclarecidos hijos. Sin la cooperación de todos, sin la acertada dirección de unos cuantos que «rompan el hielo», los propósitos de Tomás Bretón no podrán verse realizados, y primero Madrid, y después otras poblaciones de España, quizá muchas de menor relieve que la nuestra, escucharán la obra última del músico insigne, que escribió para ofrendarla a Salamanca, y que Salamanca Dios sabe cómo y cuándo podrá conocer.

 

Expuesta la manera, a nuestro entender, de llevar a cabo el proyecto de audición de la partitura bretoniana, celebraríamos que cuantos se crean unidos a nosotros por los espirituales lazos de la admiración al salmantino ilustre, manifiesten su opinión sobre el asunto. Y por si la idea se lleva a vías de realización, como predicar con el ejemplo es lo más concluyente, nosotros, que nunca hemos hurtado el cuerpo a lo que consideramos deberes de patriotismo, ponemos por hoy punto a estas líneas, diciendo: Lista para la suscripción de acciones con objeto de que la Filarmónica madrileña estrene en Salamanca la última producción de Bretón. El Adelanto: Una acción.

 

Por decoro y por patriotismo debe aceptarse la idea que hoy iniciamos en estas , y cuya realización honrará por igual á nuestro pueblo y a uno de sus más ilustres hijos. Bretón, el paisano querido que con su inspiración ha puesto laureles en los nombres de Salamanca y de España, el artista insigne cuyas obras han sido aplaudidas con entusiasmo en los teatros del mundo entero y por los públicos que más fervoroso culto rinden al arte musical, ha dedicado a nuestra ciudad, bautizándola con el nombre alegórico de Salamanca, una composición en la que, seguramente, habrá puesto lo mejor de su espíritu y de su voluntad. ¿Es mucho pedir que a homenaje tan delicado se contraste haciendo lo que sea necesario para que la obra de Bretón se estrene en Salamanca? Creemos que todos, ricos y pobres, instituciones populares y corporaciones oficiales, cuantos sienten amor a la patria chica, aunarán sus esfuerzos para que la deuda de gratitud que con Bretón tenemos sea pagada y que muy pronto se celebrará una grandiosa solemnidad en la que nosotros gozaremos las primicias de la exquisita sinfonía del maestro y éste obtendrá, como el mejor y más preciado pago, la entusiasta aclamación de sus paisanos.  

Publica dentro de su sección  “Quisicosas”: 

¿Oiremos de Bretón la partitura?

Ojalá que nos salga un empresario

que arriesgue su dinero y su figura

en afán singular y extraordinario.

Porque si han de acudir ciertos bolsillos

en los que toda esplendidez se estanca,

temo que escucharemos Salamanca

cuando dénla en tocar los organillos. 


El Adelanto de 2 de octubre reseña: 

Tenemos fundada esperanza de ver traducida en realidad la idea iniciada de que el poema sinfónico Salamanca, que don Tomás Bretón dedica a nuestra ciudad, sea escuchado y aplaudido en su estreno por los salmantinos, que de este modo demostrábamos al insigne artista la alta estima en que tenemos el afecto que siente hacia su ciudad natal y la expresiva muestra de distinción con que quiere honrarnos. Hoy publicamos una hermosa carta dirigida a un redactor de El Adelanto, en la que Bretón explica su ideal al escribir Salamanca y pide, con la modestia en él característica, que nada se haga para honrarle. Vean nuestros lectores tan delicado documento y aprecien en todo lo que vale el cariño para nuestra ciudad que en el mismo se evidencia. Nosotros quisiéramos que, aun violentando los deseos de Bretón de que su obra sea estrenada en la intimidad, se organice para ello una grandiosa festividad artística, y estamos seguros de que interpretamos al querer esto, el sentir de este pueblo que desea pagar la deuda de gratitud que tiene contraída con su hijo predilecto.

 

Sin otro estímulo que la lectura de nuestro artículo del sábado, hemos recibido valiosas y significativas adhesiones a la idea de la suscripción de acciones con objeto de que la Filarmónica de Madrid estrene en nuestra ciudad la obra Salamanca, de Tomás Bretón. La Junta de la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, según reseñamos en otro lugar de este número, ha acordado contribuir con todo entusiasmo a la realización del propósito y suscribirse a una acción. Igual acuerdo ha tomado la Sociedad de dependientes de comercio. También nos han manifestado su deseo de figurar en la lista de suscriptores de acciones, nuestros respetables amigos don Enrique Esperabé, don Acisclo Casanovas y don Federico y don Vicente García Martín. Creemos, por tanto, y de ello nos congratulamos, que hay un estado de opinión favorable a la realización de la iniciativa, que seguramente será recogida y principalmente patrocinada por el excelentísimo Ayuntamiento de Salamanca, ya que como Bretón dice en su carta, a dicha corporación, genuina representación del pueblo salmantino, ha de ofrecerle su obra Salamanca. El Adelanto es el periódico de mayor circulación de la provincia, y, por lo tanto, el más conveniente para los anunciantes. 

El 2 de octubre por la tarde, en la Escuela de San Eloy, celebró sesión la Junta del Ateneo de Salamanca. Asistieron el presidente don Miguel Unamuno y los señores Domínguez Berrueta, Pinilla (don Cándido), González de la Calle, Ledesma (don Dámaso), Iscar-Peyra (don Fernando), Apraiz, Ledesma, don Ángel, Cividanes y Reymundo. Se acogió con sincero entusiasmo la idea de que en nuestra ciudad se estrene la partitura de la última obra del insigne Bretón, titulada “Salamanca”, y después de cambiar impresiones acerca del modo más acertado para la realización del proyecto, habida cuenta de que es necesario proceder con suma actividad, ya que si se aprovecha la circunstancia de que la Filarmónica vaya a una población cercana a esta, los conciertos serían los días 14 y 15 de los corrientes, se acordó visitar a los señores Alcalde de Salamanca, Presidente de la Diputación provincial y Regente de la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy. Fruto de esas entrevistas es la circular que hoy se dirigirá a cuantas corporaciones y centros integran la vida social de nuestra ciudad, y a significadas personalidades, para que asistan a la reunión en que se dé forma al proyecto, el que por las muestras de adhesión recibidas, seguramente constituye un anhelo de Salamanca entera. 

He aquí la circular a que nos referimos: 

«Muy señor nuestro: La idea que estos días se ha agitado en la Prensa y en varias corporaciones y sociedades salmantinas, de que sea nuestra ciudad la primera en conocer la obra sinfónica de nuestro paisano el maestro Bretón, titulada Salamanca, y que sería interpretada por la Filarmónica de Madrid, parece hallarse en vías de próxima realización. Con objeto de ultimar tal proyecto, se ha pensado celebrar una junta de representantes de entidades y otros valiosos elementos de Salamanca, a la que tenemos el honor de invitar a usted. Dicha reunión ha sido acordada para el miércoles, 4 del corriente, a las cinco de la tarde, en el salón de sesiones del excelentísimo Ayuntamiento. Esperamos de la ilustrada atención y patrióticos impulsos de usted se digne asistir a tal acto, en el que mucho esperamos de su consejo y cooperación. Con tal motivo quedan de usted afectísimos s. s. q. e. s. m., el Presidente de la Diputación, Rogelio Miguel del Corral; el Alcalde accidental, Vicente Junquera; el Regente de la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, Jesús Sánchez; el presidente del Ateneo, Miguel de Unamuno”. 

El empresario del teatro Bretón el día 3 de octubre ofrece su establecimiento y aporta ideas para el homenaje a Bretón: 

En marcha el proyecto, no somos nosotros los que hemos de dirigir excitación alguna. Cada salmantino tiene, inspirado en su nunca desmentido amor a las glorias de su ciudad, bien marcada la pauta de su conducta. La empresa del teatro Bretón, de Salamanca, ha sido consultada acerca del propósito que existe entre varios elementos de esta localidad, de que sea en esta ciudad en la que se estrene la obra última del insigne paisano don Tomás Bretón, que lleva el nombre de su pueblo natal. Esta empresa ha dado y sigue dando toda clase de facilidades para que cristalice el pensamiento y tenga realidad el hecho de que Salamanca rinda homenaje de admiración y cariño a uno de sus ilustres hijos, que tanto honran a la patria chica como a España entera. Jamás esta empresa puso dificultades de ningún género para el desarrollo y desenvolvimiento de todo espectáculo; por el contrario, es su lema contribuir y dar toda clase de medios para que en todo momento sean llevados a cabo cualesquiera propósitos que se encaminen a hacer obra de cultura, sea esta de la índole que quiera.

 

A este fin, no había en el caso presente de escatimar absolutamente nada de cuanto pueda ofrecer, para honrar a Bretón y con ello a Salamanca, y a este efecto entiende, sin que ello signifique disentir del medio que propone El Adelanto de hacerlo por acciones, que para llevar a cabo la idea, debe planearse del modo siguiente: 1° Reducir todos los gastos cuanto sea posible, llegando hasta solicitar del Ayuntamiento que renuncie al impuesto del timbre que le corresponda, por honor al maestro Bretón, y con el fin de que pueda ser celebrado su homenaje. Nadie más obligado que el Ayuntamiento en responder, a nombre de Salamanca, facilitando cuanto pueda, bien entendido que de no hacerlo así, nada haría por Salamanca ni por su ilustrado hijo el maestro Bretón, toda vez que los conciertos no se celebrarían, y al no tener lugar, claro es que el perjuicio sería nulo para el Ayuntamiento, pues nada habría sacrificado. 2° Abrir un abono a dos únicos conciertos, que tendrían lugar a las nueve de la noche del 14 de Octubre y a las cinco de la tarde del siguiente día 15. 3° Convocar a todas las fuerzas vivas de Salamanca, corporaciones, centros de cultura y representaciones parlamentarias de la provincia, invitándolas a que tomen parte en la suscripción o abono que se tuviera, a fin de colocar el mayor número de localidades. 4° Cerrado el plazo del abono, calcular los ingresos y gastos, y cubiertos estos sin ánimo de lucro por parte de nadie, ir sin demora a la realización del proyecto, que no menos debe hacer un pueblo por engrandecer y honrar la figura de uno de sus más esclarecidos hijos. 5° Si del balance que se practicara entre los gastos y los ingresos, éstos no alcanzaran a cubrir aquellos y la diferencia fuere insignificante, que se cubriera con lo subvención que pudieran dar algunas corporaciones y los representantes en Cortes, de quienes se solicitaría de antemano con el sólo fin de cubrir el déficit, si este resultara. 6° Como el tiempo apremia y la labor no es pequeña, urge que se convoque a una reunión magna de todos los elementos de Salamanca, para que de su representación surja la junta organizadora del homenaje y lleve a cabo el pensamiento.

 

Todo antes que consentir que otra población de España, que no sea Salamanca, por honor a este pueblo y al maestro Bretón goce de las primicias de saborear la última obra de nuestro paisano, que la ha bautizado con el nombre de su pueblo natal. Cualquier corporación tiene la palabra y cualesquiera otro centro que quiera recoger la idea. J. Corona. 

El 4 de octubre se celebra la magna asamblea popular en la que se trata de articular la manera mejor para que sea nuestra ciudad la primera en conocer la obra sinfónica del insigne Bretón, titulada Salamanca y dedicada a la capital por su hijo ilustre que así ha querido rendirle tributo de cariño. 

A la reunión, en unión de la Junta directiva del Ateneo, asistieron representaciones tan genuinas de esta tierra como la Diputación provincial, el Ayuntamiento y la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, y ha de bastar el nombre y prestigio de organizadores, sumado a lo simpático y noble de la idea, para que esta cristalice en una hermosa realidad que asegure la grandiosidad del homenaje a Bretón y demuestre que no es la ciudad de Salamanca ingrata con sus hijos ilustres. Adóptese la idea de emitir acciones que aseguren el éxito de los conciertos, o se opte por la apertura de un abono, no olviden los organizadores, ni cuantos quieran secundar el pensamiento, que no hay momento que perder, pues la solemnidad musical tendrá que verificarse, precisamente, en los días 14 y 15 del actual. Obedece la fijación de fechas tan próximas y perentorias a  los compromisos adquiridos por la sociedad Filarmónica de Madrid y a la posibilidad económica de llevar a cabo el proyecto dentro de las fuerzas de Salamanca. La Filarmónica, conjunto admirable de profesores que se ha conquistado envidiable renombre en campañas artísticas que han merecido generales aplausos, ha organizado una campaña en la que visitará las principales ciudades españolas, comenzando por Valladolid, donde actuará en los días 16 y 17 del corriente mes. De celebrarse los conciertos salmantinos el 14 y 15, los gastos y viaje de los profesores que forman la Filarmónica, unos 80, había sólo que abonarlos en el trayecto de Medina del Campo a Salamanca y viceversa, y esto representa una economía de gran importancia en el presupuesto total, que se eleva a unas cinco mil pesetas. Ahí queda explicada la necesidad de actuar sin perder momento en la organización de los conciertos y la conveniencia de que a la reunión de esta tarde en el Ayuntamiento asistan todos los amantes del arte y cuantas personas deseen prestar su cooperación al homenaje a Bretón. Elementos y entusiasmo sobran para que los actos proyectados sean dignos de nuestra ciudad y de su hijo predilecto, y seguramente que para obra tan simpática han de unirse las fuerzas de todos, las corporaciones populares que han exteriorizado ya su pensar, y son los que se han puesto al frente del sentir general y no hay duda de que los representantes en Cortes de la Provincia prestarán su cooperación entusiasta a tan simpático pensamiento.

 

De la unión de todos surgirá una grandiosa manifestación de admiración por Bretón y su obra, y ello constituirá justo galardón para una vida entera, consagrada al arte, y para un pueblo que sabe honrar a sus hijos que lo merecen.

 

(El día 4 de octubre) a las cinco de la tarde, celebraron en el Ayuntamiento las representaciones de todas las corporaciones, entidades y asociaciones que viven y se desenvuelven dentro de la comunidad salmantina y las personalidades de más caracterizada significación y relieve que integran a este nobilísimo pueblo, dispuesto siempre a manifestarse pródigo en sentimientos altruistas con los hijos que le enaltecen, ofrendándole raudales de ingenio e inspiradas concepciones del espíritu en el ara de! eterno tabernáculo en que se sacrifica un culto que a todos nos vincula en fraternal solidaridad e invocando el nombre más dulce, más indulgente, más sonoro, más bello y más perdurable, el nombre de Madre.

 

Bretón, cuya personalidad constituye indudablemente la cúspide más elevada del arte lírico, ha consagrado en las cinco líneas del pentágrama, la más insigne inspiración para inmortalizar a su patria chica, en la que recibió el numen generador de su grandeza artística y Salamanca, egregia y soberana en hidalguía y nobleza trate de depositar sobre las sienes que recibieron el martilleo de su excelsa concepción a Salamanca, una aureola radiante e inmarcesible, tejida con ósculos benditos e inmortales.

 

El acto efectuado ayer en el Municipio fué, reiteramos la expresión, de lo más hermoso que en el decurso de esta vida local hemos admirado. Todos los reunidos rivalizaban en manifestaciones de entusiasmo para que la venida de Bretón a dirigir el estreno de su colosal partitura, tuviera lugar en la misma cuna en que su genio saludó a la vida. Todos los deseos eran uniformes y aparecían aunados en ese propósito de festejar al insigne salmantino, en su propio y secular solar. (Todas las discrepancias que se emitieron propendían a que el tributo de admiración al grande hombre, fuera sublime y excelso). A todos parecía nimio cuanto se proyectaba para la recepción del insigne artista lírico, se exteriorizó un halagador pugilato de sentimientos para que las fechas 14 y 15 de este mes quedasen perennes en el alma salmantina. Sin embargo, la perentoriedad de las circunstancias impuso el límite en las voluntades que se encuentra determinado en los acuerdos que prosiguen adoptados por aclamación. […]También se acuerda notificar al maestro Bretón el resultado de la asamblea, para que se proceda al ensayo de su partitura. El espíritu que dominó durante la reunión, fue del más alto y consolador optimismo, y si esta no fué más que un fiel trasunto del sentir unánime de Salamanca, tenemos el convencimiento de que el vecindario todo, y con especialidad el comercio, la industria, la banca, las entidades todas y cuantas personalidades disponen de medios y facilidades, sin necesidad de requerimientos, porque en las cuestiones de honor no debe existir acicates, se apresurarán a tomar acciones, a fin de solventar gallardamente la deuda de gratitud que Salamanca contrae con su eminente hijo don Tomás Bretón. 

El Alcalde da cuenta del próximo festival con el estreno de la obra de Bretón, Salamanca, y pide el apoyo del Ayuntamiento. El señor Santa Cecilia se muestra conforme con honrar al preclaro maestro salmantino y pide que se dé un voto de confianza al Alcalde, para obrar, dentro de la penuria que padece la Corporación. El señor Castro dice lo mismo, y el señor Iscar cree que el Ayuntamiento no debe dedicar su dinero a la función que se proyecta, sino para tributar, aparte de eso, un homenaje al maestro Bretón. El señor Castro dice que él cree que el apoyo que se pide al Ayuntamiento es para la función. El señor Iscar dice que no está conforme con que el Ayuntamiento subvencione una fiesta de lujo que, por serlo sólo podrán acudir a ella las clases acomodadas, dado lo elevado del precio de las localidades. Si se tratase de una función pública en la que todo el pueblo pudiese disfrutar de las delicias de la obra de Bretón muy bien que el Ayuntamiento contribuyese. Pero no dará su voto para una fiesta tal y como la que se organiza. Para lo que sí daría su voto y su apoyo, es para tributar a Bretón el homenaje merecido a que tiene derecho por sus talentos y por su labor, y en este sentido todo cuanto haga el Ayuntamiento le parecerá poco. El señor Santa Cecilia hace constar que el voto de confianza que pide para el Alcalde es para que obre modesta pero dignamente, y con arreglo al estado económico del Ayuntamiento. 

En “Quisicosas” aparece:

Por cinco pesetas, ni menos ni más
homenajeamos a Bretón (Tomás).
Por un machacante, sonante y corriente,
de noble altruismo sacamos patente.
Por cien perras chicas, al paso que vamos,
hasta de conspicuos nos acreditamos.
Y por veinte reales, reales de vellón
queda a gran altura nuestro pabellón.
Es decir, señores, que en esta partida,
aunque se encarece sin cesar la vida,
los puros afectos, la adhesión sincera
a la de la Patria, gloria verdadera;
los nobles estímulos en favor del arte
de tan gran penuria son bien poca parte.
Es decir, señores, que en este camino,
a bien poca costa, se va con buen tino.
Todas las etapas bien sencillas son:
amor a la tierra y afecto a Bretón.
Que no hay nada de esto, o está tan oculto,
que sólo pensarlo es obra de estulto.
Que aquí sólo priva el tanto por ciento,
el trigo o la avena, la res o el jumento.
Pues decid entonces: «Heraldos del arte,
iros con la música corriendo a otra parte
.


El día 5, el periódico El Salmantino, publica:

Ya es hora de hablar 

La última obra de Bretón en Salamanca

 

De seguro que nuestros lectores se habrán quedado perplejos y quizá desilusionados al ver el silencio que hemos guardado en lo relativo a la última obra musical del genial maestro salmantino Tomás Bretón, denominada Salamanca. ¿Cómo encontrar explicación a nuestro mutismo tratándose de un paisano que honra a nuestra ciudad y al arte lírico? Pues muy sencillo. Nosotros hemos callado hasta hoy, porque esperábamos que el pueblo salmantino levantara la voz en homenaje al maestro Bretón porque el pueblo es el llamado a proclamar espontáneamente los méritos de aquel a quien quiere honrar.

 

Esperábamos, repito, que Salamanca hiciera algo espontáneo, algo que saliera de lo más profundo del alma popular, sin necesidad de que nadie le marcara el camino que debía seguir en estas ocasiones, sin que nadie figurara como su maestro.

 

Y algo de esto ha ocurrido.

 

La Diputación, la Escuela de san Eloy, los dependientes de Comercio y otras entidades han ofrecido su colaboración y eficaz ayuda para realizar el proyecto de traer la Orquesta Filarmónica y conocer nosotros primero que nadie la Salamanca, del genial Bretón.

 

De agradecer son estos valiosos ofrecimientos, que constituyen una muy regular garantía para que el proyecto se realice. Pero no basta con que estas corporaciones trabajen, es necesario que todos les ayudemos y que todos pongamos en este asunto gran interés, siquiera sea por el buen nombre de esta tierra, que siempre ha sido madre de las artes y de la cultura, y por premiar el esfuerzo y merecimientos de los hijos que la honraron.

 

Nuestro concurso, bien sabemos que es modesto, pero por ello no deja de ser muy decidido y entusiasta El Salmantino, huyendo de esos golpes de bombo, que lejos de agradar, hacen sufrir el tímpano del oído menos educado y más imperfecto; siempre apoyó lo razonable y lo que fuera para engrandecimiento de nuestra ciudad o para alguno de sus hijos. Y eso hará ahora que se trata de tributar una prueba de admiración y cariño al inspirado compositor salmantino don Tomás Bretón.

 

Y con lo dicho basta. Repetimos que no queremos hacer sonar anticipadamente el bombo porque este instrumento lo tenemos arrinconado desde hace mucho tiempo, y porque sería pecado imperdonable que con los sonidos desacamparados de él estropeáramos el gusto musical de nuestros lectores; cuando en esta ocasión más que nunca necesita educarlo y prepararlo para escuchar algo hermoso y bellísimo que el maestro Bretón ha compuesto para honrar a su olvidado pueblo.

 

Antes de terminar nos hemos de entretener unos momentos en decir algo del ilustre paisano gloria del arte musical español.

 

El autor de Salamanca, hombre de méritos excepcionales de extraordinario talento y de alma cargada de puro y elevado arte nos ha dispensado un honor que todos hemos de saber agradecer seguramente.

 

Después de años y años de incesante trabajo, después de atravesar la vida erguido, valeroso y triunfante, después de realizar una labor meritísima y de gran trascendencia para el mundo musical; después, en fin, de moldear maravillosamente su inteligencia y su alma con sus profundos conocimientos líricos; Tomás Bretón con entusiasmo digno de los más sinceros elogios ha escrito algo para Salamanca solamente. Con la armonía ha cepillado las asperezas de nuestros cantos y los ha dejado pulidos, llanos, pero con llaneza que por ser tan manifiesta alcanza los caracteres de lo bello y de lo extraordinario.

 

Lo grande de nuestro carácter, lo elevado de nuestros sentires, lo tradicional de nuestra región, ha sido magistralmente traducido por Bretón en notas musicales de un ritmo melódico insuperable y satisfacción gratísima ha de tener Salamanca al poner su Visto Bueno a su obra donde se retrata maravillosamente el alma regional.

 

Salamanca sabrá agradecer seguramente al insigne maestro la atención que con ella ha tenido y El Salmantino felicita sinceramente a Bretón por haber dedicado a esta amadísima madre de todos, uno de los frutos más exquisitos de su genio e inspiración.  

El día 6 octubre El Adelanto publica que según noticias telegráficas, enviadas por el maestro Bretón, ayer comenzaron los ensayos de su obra Salamanca, verificando dos diarios para su mayor perfección. Anoche salió para Madrid el diputado provincial y regente de la Escuela de San Eloy, don Jesús Sánchez, y aprovechando su estancia en la corte, visitará, en nombre de la comisión organizadora de los conciertos, a los señores Diputados a Cortes y Senadores por la provincia, para recabar su apoyo en esta empresa de verdadero altruismo y amor a la cultura. 

Ese mismo día, Enrique Arroyo, se dirige en los siguientes términos: 

A los músicos salmantinos.- Entusiasta, feliz y en extremo patriótica es la idea lanzada al pueblo al objeto de que sea Salamanca la capital donde se oiga por vez primera la última producción del eminente músico y paisano nuestro, don Tomás Bretón, y que lleva por título el nombre de su patria chica. Todos los centros docentes y entidades, lo mismo que los particulares, y en general toda Salamanca, han acogido tan altruista iniciativa con el mayor aplauso y veneración. Y nosotros, los músicos salmantinos, debemos de ofrendar nuestro apoyo a tan simpático ideal, para celebrar al ilustre Bretón, que más que honrar su nombre sería honrarnos a nosotros mismos. Y yo, creo un deber digno de cumplir (aunque esto debiera de pesar sobre otros músicos de mayor significación en esta ciudad), y haciéndome el cargo que ninguno o casi ninguno de los músicos salmantinos podemos por sí solos tomar parte en la suscripción abierta para lograr el fin que se propone, llamo la atención de los profesionales de la música para que en el más breve plazo celebren una reunión, en la cual, olvidando toda divergencia (pues cuando se trata de honrar a un genio español, debe olvidarse toda rencilla, si la hubiere), pongamos todo nuestro interés y contribuir con lo que requiera las fuerzas de cada uno, para de esa manera ingresar en la suscripción y salir del silencio sepulcral en que nos hemos colocado. A mi entender, así lo debemos de hacer, y sin perder tiempo, ofrezco esta nueva idea a los señores Goyenechea, Haedo, M. Sánchez, Bernalt y cuantos profesores de música existen en Salamanca, haciendo ver el deseo de rendir justo homenaje a la gloria del divino arte que profesamos. 

Celebraciones en el extranjero. El homenaje á Bretón marcha como sobre ruedas. Aumenta el número de acciones, se abonan las localidades a gran velocidad y demuestra el vecindario, con excepciones muy contadas y comentadas, que la idea de glorificar al maestro ilustre, hallábase en el ánimo de todos, y sólo hacía falta quien la diera forma. De luengas tierras llegan crónicas que cantan también el amor de los salmantinos a su tierra. Desde la Habana nos participan las fiestas que la colonia charra celebró coincidiendo con nuestras ferias septembrinas, y el ánimo se ensancha viendo que mientras vivimos en la socampana nos molestamos cuanto podemos, pero al salir de este ambiente no olvidamos el cariño a la tierra que es nuestra, o por nacimiento o por elección. Que acaso valga más esto que aquello.  

El día 7, El Salmantino, publica: 

Copiamos.- Y Salamanca egregia y soberana en hidalguía y nobleza trata de depositar sobre las sienes (de Bretón), que recibieron el martilleo de su excelsa concepción a Salamanca una aureola radiante e inmarcesible, tejida con ósculos benditos e inmortales… 


¡Por Dios compañero! Que el martilleo de los bombos a usanza gerundiana ni agrada siquiera a los que por este medio se pretende ensalzar, aun cuando vaya aderezado con esa salsa de ósculos benditos e inmortales.

 

El verdadero mérito, y el de Bretón es indiscutible, no necesita de reclamos “literarios” (?) para triunfar justa y ruidosamente. 

El 9 de octubre se dice que ayer se repartió al público un avance del programa oficial, que se publicará mañana o pasado, y en el que con todo detalle y diversas notas pertinentes al caso se dará cuenta de las obras que se interpretarán.

En el concierto del día 14 la grandiosa Orquesta Filarmónica dará a conocer la primera parte de Schehrazada (de Rinnsky Korsakoff); la octava sinfonía de Beethoven; el estreno del poema musical “Salamanca”, de Bretón. Una obra de Wagner y las danzas de la ópera El príncipe Igor, de Borodín. La suite, de Scheherazade, es el gran éxito de la citada aplaudidísima agrupación musical, y en ella, el primer violín concertino, don Fermín F. Ortíz (que es el que ganó el primer premio del legado Sarasate), está colosalmente, lo mismo que otros instrumentistas, el clarinete y el fagot. La octava, de Beethoven, será la obra clásica, la obra de empuje, para los iniciados que podrán en ella examinar al insigne director de la Orquesta Filarmónica señor Pérez Casas, como intérprete. El concierto del día 15 será un homenaje a nuestro paisano Bretón, y en él escucharemos, además de su poema sinfónico Salamanca, que se estrenará el día anterior y se repetirá en ese día, otras inspiradas partituras del salmantino ilustre.


Bartolomé Pérez Casas director
de la Orquesta Filarmónica de Madrid,
imagen publicada en Hojas Selectas en
enero de 1918


El 10 octubre se da la noticia de que anoche, a las siete, recibimos de Madrid el telegrama siguiente, que firman nuestros queridos amigos el presidente de la Filarmónica y diputado a Cortes, don Miguel Salvador, y el regente de la Escuela de San Eloy, don Jesús Sánchez: 

«Termina ahora el ensayo hecho por la Orquesta Filarmónica de la nueva obra de Bretón, titulada Salamanca. Su audición ha causado impresión profunda. El insigne Bretón fué ovacionado con entusiasmo indescriptible por la orquesta y el selecto público que asistía al ensayo, formado por críticos y autoridades musicales de gran renombre. La impresión general es la de que la partitura de Salamanca reverdecerá los laureles del ilustre compositor. Por correo se envían para El Adelanto detalles del acto.» 

Inútil nos parece decir cuán de veras celebramos el éxito que se nos anuncia y cuyas primicias reserva el maestro Bretón para su amada ciudad. Que esta se dispone a escuchar su obra con delectación, lo prueba como manifestación de un singular agrado, el hecho de haber quedado ayer agotado el abono de palcos, plateas y palcos segundos, estando también abonadas más de la mitad de las butacas de patio. La Diputación provincial ha acordado suscribirse a una acción de cien pesetas y adquirir dos palcos. Suman estas 43, que ascienden a 4.300 pesetas. 

 

Juan de Salamanca. (Seudónimo de Fernando Felipe), publica: 

El año pasado por ahora estaba yo en Madrid. Pasaron unos días, terminé los asuntos que me llevaron a la corte y antes da venirme quise visitar a algunos salmantinos de fama, para oírles hablar de Salamanca o de las especialidades que cultivan. El primero en la lista era don Tomás Bretón. A los que conozcan mi incompetencia musical quizá les extrañe; los que conozcan mi profesión periodística, lo encontrarán natural. El número uno es interesante en todas las cosas, y Bretón, que me interesaba como salmantino, me interesaba doblemente, porque siéndolo, es un prestigio en el arte que cultiva. Iría a verlo, le hablaría de Salamanca primero y le hablaría (le oiría hablar, que no es lo mismo) de música. De cuanto me dijera cogería yo muy poco, muy poco seguramente, pero los lectores de El Adelanto, competentes en música, verían algo de lo que piensa el maestro. Me levanté una mañana y me fui al Conservatorio. Al primer portero que encontré en la escalera le pregunté por el maestro Bretón y me dijo: a las diez y media viene. Faltaban pocos minutos y esperé fumando un cigarrillo. Comenzaban las clases y el Conservatorio adquiría poco a poco el aspecto de una Universidad.


No, la comparación no es muy exacta; el Conservatorio no es una Universidad, es... el Conservatorio.

 

El teatro Real en 1915 sede por entonces del Conservatorio de Música de Madrid
del que Tomás Bretón fue Comisario Regio

Es una cosa típica que no pueden imaginar los provincianos que no lo han visto. Es una Universidad en que (a determinadas horas al menos) hay más chicas que chicos. Todos ellos tienen ese aire de aspirantes o artistas, que empieza por lo menos a apuntar. No llevarán quizá chalina; no fumarán pipa de tabaco pero en «no se qué» se adivinará la futura chalina y la futura cachimba. Las muchachas tienen algo también que las distingue. ¡No son las muchachas de la calle, son las muchachas del Conservatorio!  Pasaba el tiempo. Pepe Rubio, el viejo actor de Lara, subía las escaleras hablando con unos muchachos; luego una señora de tipo conocido, alguna actriz que en su tiempo (¡ay, ya pasado!) hizo nuestras delicias; muchachos de modesta apariencia, con instrumentos de aire; muchachos de mejor indumentaria, con instrumentos de cuerda. Por fin la hora señalada y el maestro Bretón que llega. ¿Hay que decir a ustedes quién es el maestro Bretón? Digamos en dos palabras que un salmantino a quien ha agudizado el salmantinismo el tiempo que lleva fuera de su pueblo. Me presenté a él, le hablé de mi deseo de escucharle, para decir su opinión en El Adelanto y enseguida, después de citarme para las seis de la tarde, en el Círculo de Bellas Artes, me habló de Salamanca, de la Salamanca actual, de la que sabía más de lo que yo me figuraba. A las seis, fui al Círculo de Bellos Artes, en aquel momento tan lleno, tan lleno, que no encontrábamos habitación un poco solitaria para poder hablar libremente. Después de varios intentos fracasados, el maestro se decidió; me llevó al ascensor y subimos a las oficinas. Allí pudimos hablar y hablamos un rato largo, es decir: habló el maestro y yo escuché. Habló primero de Salamanca, pasando revista a sus recuerdos en que las fechas artísticas se confundían con los recuerdos de amigos y compañeros. Habló luego de la música, y de pronto, como desbordándose de su pasión por la música nacional, de lo que es la música de cada país y de lo que ha sido para todos los compositores célebres, incluso los más revolucionarios; de lo que debía ser la ópera nacional y de lo que debía preocuparse el Gobierno español de este asunto. Luego, relacionándolo con esto, de lo que es el Teatro Real español y de lo que sería en manos de personas inteligentes, como lo son los teatros nacionales de París, de Viena, de Berlín. Más tarde habló el maestro de que “La Dolores” se representaría en Cataluña muy pronto y de los preparativos que para ponerla dignamente en escena hacían y de su tema favorito el de la música popular. Todo esto era digno de escribirse y de leerse en todas partes, y muy especialmente en Salamanca. Yo lo escribí y lo entregué a un amigo. Las cuartillas se perdieron y no llegaron a publicarse, y ahora que Salamanca va a oír a Bretón, me ha parecido de interés evocar aquella escena, de la que guardo un grato recuerdo, aunque haya perdido los detalles que entonces la hubieran hecho interesante. 

 

El 11 de octubre de 1916 el crítico Adolfo Salazar escribe un artículo sobre La obra del maestro Bretón y desglosando lo relativo al poema “Salamanca”, tenemos: 

… Y por fín, saltemos al año actual á días recientemente pasados. Bretón firma en el Astillero, en el mes de septiembre de 1916 su poema “Salamanca”, fruto del agradecimiento de su ánimo y de su cariño acendrado hacia la región que le vio nacer, y que siempre ha honrado en él a su hijo predilecto. ¿No ha hecho ya él mismo en estas columnas la historia de su poema?


Adolfo Salazar en La Ilustración
Española y Americana del 8 de
diciembre de 1916

Los que la hemos oído de sus labios sabemos bien con qué sinceros acentos se expresa.


Por primera vez en su vida utiliza Bretón temas que no hayan salido de su mente y que no sean fruto de su inspiración. Salvo el tema con que comienza Salamanca ha preferido servirse de otros bellísimos, que él ha oído cantar en la boca del pueblo y que han impresionado sus cándidos años de niñez.


Bretón canta a Salamanca con la voz misma con que cantan todos sus hijos. Bretón se confunde con el alma popular para cantar a la tierra de todos ellos. Es noble y emociona esa idea. Y así, después del exordio amplio, majestuoso, con que el poema comienza, como queriendo rendir tributo a aquella Salamanca espléndida, prez de épocas pasadas, Bretón cambia de sentido expresivo y con  el mozo de Boada, que guía el paso tardo de los bueyes, canta la melodía suave de un  tema de arada: Navarro, navarrito / no me seas fanfarrón… melodía que suavemente armonizada por las arpas se unirá después con otra canción de muelo: Y a la mar se van los ríos / paloma revoladora…

 

El poético ambiente se anima con la entrada de un tema en pizzicatti de los violines, que poco a poco descubren la melodía bellísima, llena de gracioso pesar, verdadera joya del folklore, Ya se murió el burru / que acarreba la vinagri…

 

Y el tema del tururú habilísimamente combinado con fragantes cantares, será un lazo ingeniosísimo que unirá el desarrollo de la obra del modo mismo que, modificado, ha servido desde el comienzo de la obra de base constructiva.

 

Tras del scherzo constituido por la popular riberana, la obra continúa siempre rica en expresión, siempre emocionado, siempre profundamente sentido.

 

Salamanca es la última producción de una mente fecunda, de un  espíritu incansablemente activo.

 

Y será un reverdecer de laureles.

 

 

Al día siguiente aparece: 

Bretón y Salamanca.- El entusiasmo de Salamanca entera por honrar a su hijo ilustre acrece de día en día, y prueba elocuente de ello son la suscripción de acciones para los conciertos que los días 14 y 15 han de verificarse, el que las entradas para los mismos se hallan casi agotadas a pesar de los días que para tales solemnidades faltan y los homenajes organizados por la Escuela de San Eloy, que han de tener carácter esencialmente popular.

 

Bretón que quiere dar a su ciudad natal una prueba de afecto grande y sentido, no repara en sacrificios para ello y, desoyendo consejos facultativos y sobreponiéndose a su delicado estado de salud, se trasladará a Salamanca para dirigir personalmente el estreno de su poema sinfónico, llegando el próximo sábado, a las nueve de la mañana, en el tren de Medina del Campo.

 

Seguramente que la recepción que se le dispense ha de ser todo lo cariñosa que merece nuestro eximio paisano y que á abrillantarla han de contribuir las clases todas de la sociedad, acudiendo a la estación y demostrando que apreciamos las delicadas atenciones del general [sic] artista y á ellas procuramos responder dignamente.

 

El Alcalde de Salamanca y el Presidente de la Diputación, los más genuinos representantes de estas tierras, han prestado al homenaje los prestigios de sus cargos y de sus personas y han formado parte de la Comisión organizadora.

 

Constituyen ésta, además, catedráticos, periodistas, la Escuela de San Eloy, el Ateneo, cuánto vale y representa la vida local, y la unión de tantas corporaciones y de tan prestigiosas personas harán que el recibimiento que a Bretón se dispense sea tal cual éste lo merece.

 

Así lo creemos por decoro de la ciudad y tenemos la seguridad de que no han de defraudarse nuestras esperanzas. 

 

El 13 octubre se dice: 

La orquesta

 

Consecuencia natural del desarrollo de la vida musical madrileña ha sido la formación de esta orquesta. Exigía el ambiente musical madrileño una entidad permanentemente constituida, que bajo la dirección de un inteligente maestro emprendiese la campaña del Concierto semanal, y orientada en el más amplio sentido ecléctico, donde junto al cultivo de la música clásica, se emprendiese, ordenada y sistemáticamente, la propaganda del arte musical moderno. Las primeras reuniones para la formación de la Orquesta Sinfónica de Madrid se celebraron en Diciembre de 1914 presentándose al público el 18 de Marzo del actual. Desde entonces y cada vez con mayores éxitos, ha dado una serie de conciertos sinfónicos en el Teatro Real; otra de trece conciertos en Price.; tres festivales sinfónico corales durante la primavera última en el teatro Real con el Orfeón Donostiarra, y diferentes sesiones en la Sociedad Nacional de Música de Madrid.

 

La Junta directiva, como ya hemos dicho, está compuesta por profesores de la Orquesta bajo la presidencia del eminente crítico musical y diputado á Cortes don Miguel Salvador y Carreres, presidente de la citada Sociedad Nacional de Música y de la sección de música del Ateneo de Madrid. Como director de esta importantísima entidad musical, viene el maestro señor Pérez Casas, natural de Lorca (Murcia) donde comenzó sus estudios, continuándolos en Madrid y haciendo oposiciones después á músico mayor del Ejército. En 1897, fué nombrado director de la banda del Real Cuerpo de Alabarderos, puesto que desempeñó durante catorce años hasta que en 1911 pasó al Conservatorio, como profesor de armonía, cuya plaza ganó también por oposición y que actualmente desempeña. Ha trabajado continuamente y sin descanso, en la composición musical, destacándose de entre su obra la Suite murciana (A mi tierra) y el Cuarteto, para piano é instrumentos de cuerda, ambas obras interpretadas en distintos puntos del extranjero; la ópera en un acto, Lorenzo, letra de V. Medina; el poema sinfónico La Celestina, y numerosas obras de pequeña extensión, principalmente escritas para la banda de Alabarderos. Su aspiración constante fué la de la Orquesta Filarmónica, y antes de su formación creó también la Sociedad de instrumentos de viento. Es asimismo miembro del Comité técnico de la Sociedad Nacional de Música. Con su mágica batuta dirige á cerca de cien profesores que componen la orquesta, distribuidos de la siguiente manera y cuyos nombres hemos dado á conocer ya: cuatro flautas, tres oboes, cuatro clarinetes, cuatro fagotes, cinco trompas, cuatro trompetas, cuatro trombones, diez y seis violines primeros, diez y seis violines segundos, doce violas, nueve violoncellos, ocho contrabajos, dos arpistas y cinco instrumentistas de percusión. En su repertorio figuran obras de los más celebrados autores mundiales y últimamente ha adquirido obras modernas por valor de más de 14.000 pesetas. Tal es la entidad musical que él próximo día 14 estrenará en nuestra ciudad el poema sinfónico Salamanca, de nuestro insigne paisano el maestro Bretón. 

 

El 14 de octubre se dice: 

En el tren de la línea de Medina, que tiene su entrada en esta á las 9,25, ha llegado nuestro ilustre paisano don Tomás Bretón, que, como es sabido, viene á nuestra ciudad á dirigir la partitura de su obra Salamanca. Aunque el insigne compositor no ha querido de propósito comunicar la hora de su llegada, para sustraerse á toda suerte de homenajes, pues su modestia es tanta como su valer, anoche, á las ocho, supimos la hora de su arribo, é inmediatamente se lo comunicamos al alcalde accidental, don Manuel Mirat, que había estado esperando todo el día la noticia para disponer el recibimiento del afamado salmantino. Sin tiempo para otra cosa, esta mañana acudió á la estación el señor Mirat y una comisión de concejales, el presidente y el secretario de la Diputación provincial para saludar y dar la bienvenida, en nombre del pueblo de Salamanca al señor Bretón. También estaban comisiones de la Escuela de San Eloy, sociedad de dependientes de comercio, comisión organizadora de los conciertos, representación del Ateneo de Salamanca director del Instituto, Cámara de Comercio, Sociedad ferroviaria y gran número de sus amigos y admiradores. Con el señor Bretón vienen su hijo Abelardo y su hijo político. En el mismo tren llegaron los profesores de la Orquesta Filarmónica de Madrid y su ilustre director señor Pérez Casas. Reciban todos nuestro afectuoso y cordial saludo. El señor Bretón se hospeda en casa de su pariente el respetable industrial don Julián Maldonado. Don Adolfo Salazar, competentísimo crítico musical y secretario de la Sociedad Nacional de Música, llega hoy de Madrid, invitado por El Adelanto, para que haga las revistas de los conciertos de la Filarmónica.

 

   

                      

ESTRENO 

Los días 14 y 15 de octubre de 1916, a las nueve y media de la noche, en el teatro Bretón, grandes conciertos de la Filarmónica de Madrid, dirigida por el maestro Bartolomé Pérez Casas, con el siguiente programa: Primera parte – Rimsky-Korsakoff, Schérezada, Suite sinfónica inspirada en “Las mil y una noches”. Segunda parte – Beethoven, Octava sinfonía en fa, obertura 93. Tercera parte – Bretón, Salamanca, poema sinfónico. (Estreno, dirigiendo la orquesta el propio Bretón). Wagner, El jardín encantado de Klidysor, de Parsifal. Borodín, Danzas de “El príncipe de Ygor”.


    


El chaflán del teatro Bretón lucía
con dos plantas antes de la reforma
realizada en el verano de 1933,
en la que se le añadió una altura y
una artística marquesina.
A la izquierda el programa publicado en
 El Adelanto del 14 de octubre de 1916


Los precios que rigieron: Por abono.- Plateas con 5 entradas, 50 pesetas; palcos con 5, id. 50; palcos segundos con id. 10; butacas de patio, 5. A diario.- Palcos principales con 5 entradas, 60 pesetas; palcos segundos con 5 id. 15; butacas de patio, 7,50; delantera de palco, 3; grada de palco, 2; delantera de general, 1,50; entrada general, 1. 

Don José Artero Pérez, canónigo prefecto de música de la Catedral y reputado crítico, bajo el pseudónimo de NOGARA (Aragón invertido), escribe el 16 de octubre de 1916 en El Salmantino: 

El programa lo llama “Poema sinfónico” y así puede llamarse, aunque tanto por su extensión como por su estructura se le pudiera denominar quizá mejor impresión sinfónica y aún overtura. En el programa se hace una pequeña descripción de la partitura y a ella nos atenemos haciendo gracia a nuestros lectores de otra descripción nueva, para que no tenemos ni tiempo, ni lugar.

 

En efecto el tema primero, original del maestro, con la melodía épica de las trompas y los acordes serenos y reposados y la austeridad escolástica de la cadencia, están acomodadísimas al carácter heroico y sabio de Salamanca. Han sido un hallazgo de oportunidad. La intervención de los motivos populares, tan bellos como difícilmente los hubiera creado un compositor, además de ser un elemento indispensable para retratar el carácter de un pueblo, dan al compositor ideas fecundas y originalidad.

 

Los temas en general no están tratados a modo rapsódico y fragmentado, si no haciendo de ellos el elemento generador de la traza sinfónica y a estas alturas no era lícito esperar otra cosa. Los procedimientos armónicos sencillos y naturales y de los que han entrado ya en el dominio común de los compositores, se caracterizan más por la espontaneidad que por la selección y novedad. Nada hay que sorprenda y todo agrada. Hasta el tema de la canción Navarrito, navarrito con los arabescos de la línea melódica y sus resistencias a encerrarse en los forzados moldes del compás, conserva el poema su libertad y encanto. Y lo que pudiera perder de su transcripción literal, lo gana en intensidad y en una impresión más artística.

 

Es verdad que los temas pudieran dar más de sí y sobre todo el hondo sentimiento y fuerza casi trágica de la melodía de Villarino, pudiera haber sido más ampliado, deduciendo de él mil fórmulas interesantísimas algo más… pero quizá no entraba en los planes del maestro y se contentó apenas con enunciarlo con aquella bellísima armonización de pizzicatos y abandonarlo después de hacer resaltar la riqueza de su tonalidad y ritmo.

 

Es difícil formar un juicio exacto del poema Salamanca sin estudiar la partitura y solo por la impresión y un poco vaga, aunque de profunda emoción: por estas solas audiciones en las que el espíritu estuvo más atento a gozar de lo que tan pocas veces le es dado, que en buscar datos para hacer una crítica razonada.

 

Sin embargo se puede asegurar que el nuevo Poema, hará y ha hecho reverdecer los laureles de Bretón, que da un paso avanzado sobre todas sus obras sinfónicas, sin excluir la overtura de “Tabaré”. En esta overtura como en Salamanca hay un dominio absoluto de la orquesta moderna, una concepción lógica, una polifonía trabadísima pero en Salamanca hay más sólida madurez. El carácter castellano o español de Salamanca está mucho mejor tratado y comprendido.

 

En esto es maestro acertadísimo Bretón. Resultaba brillante aun después de estar nosotros saturados de la radiante luminosidad de Rimsky y de la riqueza y plenitud de Beethoven. Yo hubiera quizá anotado algún defecto, más de concepción que de detalle, algún pasaje en que la sonoridad se ofuscaba y la trama sinfónica se perdía, pero antes de asegurarlo, necesitaría tiempo para madurar mis reflexiones y estudio directo de la obra para documentarlas. Y además no es esta ocasión para ejercer de Zoilo o Aristarco y es mejor entregarse al deleite de sus muchas bellezas, que a las molestias de buscar lunares.

 

El triunfo de Salamanca ha der ser para Bretón no solo local, de esta ciudad que le ama y se enorgullece de él, sino que sin duda recibirá su sanción en los conciertos de Madrid y las críticas de los más eminentes escritores.

 

Lo que es verdaderamente admirable en la obra de Bretón es el modo de tratar la orquesta. El triunfo es también de la orquesta: gran parte de los éxitos del segundo concierto, además de las obras que llevaban fácilmente a los espíritus menos cultivados, se debieron a aquellas interpretaciones graciosísimas llenas de elegancia, impecables, y hasta con toda la emoción que daba de sí cada una de las obras. Pérez Casas se mostró en los más pequeños detalles como un auténtico director.

 

El día 16 de octubre, lunes, al no existir prensa los domingos, El Adelanto hace un alarde y dedica varios artículos al estreno. 

El editorial dice así: 

Deuda pagada.- Los conciertos organizados por amantes de la música, de Bretón y de Salamanca, y en los que el insigne compositor ha dado á conocer el poema sinfónico que ha escrito para demostrar su amor á la tierra en que nació, han sido dos éxitos clamorosos y constituido delicadas fiestas espirituales, que se recordarán durante largos años. Las clases sociales todas, sin excepción y con el mismo entusiasmo han contribuido al grandioso éxito logrado, y el teatro ha sido pequeño, durante ambas memorables noches, para contener á los millares de personas que deseaban rendir á Bretón el testimonio de su admiración y de su cariño, al mismo tiempo que deleitaban sus espíritus escuchando las geniales páginas musicales en que el artista volcó su inspiración y el salmantino puso de relieve su amor hacia esta tierra. Ni una sola localidad hubo desocupada en ambos conciertos, y fueron centenares las personas que no pudieron aplaudir á Bretón por insuficiencia del local. El éxito de Salamanca, obra que perdurará en la música nacional por su inspiración insuperable y su técnica magistral, fué superior á toda ponderación, y explicable, solamente, habiéndolo presenciado. Las ovaciones se sucedían clamorosas y ni las manos se cansaban de aplaudir ni las gargantas de vitorear al hijo ilustre de Salamanca. Y cuando éste pagaba cariño tan grande y tan merecido con lágrimas que eran las más elocuentes frases de un alma agradecida, no hubo nadie que no sintiera la conmoción que produce el haber realizado una obra justa y meritoria. Mucho debía Salamanca á Bretón por su lucha tenaz por el arte, por su vida honorable é inmaculada, por sus años largos de tenacidad indomable para vencer al desvío y á la envidia, y, sobre todo, el amor que el egregio paisano tuvo y demostró siempre á esta tierra. Pero nuestra ciudad ha saldado su débito con largueza y ha demostrado que sabe corresponder, como corresponden los espíritus elevados, á las atenciones que de sus hijos recibe. Los conciertos celebrados en honor de Bretón han sido dignos de él y de Salamanca, y este es su mejor elogio. Nosotros nos congratulamos de ello y reputamos honor haber puesto al servicio de tan hermosa obra, desde el primer día, nuestro concurso incondicional y entusiasta. Teníamos la convicción de que hacíamos, procediendo así, obra de adhesión a la cultura, y hoy tenemos el placer de que cuanto soñamos como grande, haya sido superado por la realidad. 

 

Cándido Rodríguez Pinilla dedica al autor del poema musical Salamanca:


Cándido Rodríguez Pinilla en una imagen
de El Adelanto el 30 de abril de 1929


Gracias, maestro: con tu magna obra

en la que el alma Salamanca está,

nuevos alientos la ciudad recobra;

su porvenir dichoso empezó ya.

Oyendo tu preciosa sinfonía,

ciego yo, con un íntimo placer,

de la vieja ciudad que llamo mía

la luminosa imagen vuelvo á ver.

Cuánto hay de más hermoso tras los muros 

de esta eterna y artística Sión,

se muestra y aparece á tus conjuros

en pintoresca y mágica visión.

Sus dos entrelazadas catedrales,

su antigua escuela, cuna del saber

y faro de altas luces, con las cuales

se esclarecen las sombras del ayer.

Sus templos y sus torres elevadas,

alardes del espíritu español,

piedras preciosas por el sol doradas,

si es que de ellas no toma su oro el sol.

Toda la gran ciudad, la ciudad santa 

que se siente en sí misma revivir,

y que habla y reza y que sonríe y canta,

segura de su propio porvenir.

Y con la voz de la ciudad que encierra

tantas muertas grandezas en su hogar

la clara voz unida de su tierra,

tierra inmensa y fecunda como el mar.

Donde canta el gañán que el surco labra

y que siembra en el aire su canción,

poniendo en cada nota una palabra,

una queja, un donaire, una oración.

Si dulce cuando ronda y enamora 

á la moza que escucha su cantar,

sutil burlón, cuando riendo llora 

por el muerto borrico del lugar.

Así tu pintoresca sinfonía

que tu mano febril trazó veloz,

no es más que Salamanca hecha armonía,

el eco de sus cantos y su voz.

Gracias, gracias a un noble maestro,

que nueva vida á Salamanca das,

tu propio genio, con el nuestro

una joya labró que vale más.

 

Luis Maldonado escribió:


Luis Maldonado, retrato publicado
en El Adelanto del 1 de enero de 1919

Grata responsabilidad.


Me envanece la creencia de que tengo una grata responsabilidad en el esfuerzo genial de Bretón al producir su poema sinfónico en honor de Salamanca, su tierra natal. En este mismo diario, y con ocasión de uno de los últimos grandes éxitos del maestro, formulé una queja cordial. Poco más ó menos decía: Bretón ha inspirado sus obras en las principales fuentes históricas y regionales de España. Los amantes de Teruel, Garín, La verbena de la paloma, La Dolores, son viva probanza de mi aserto; pero ese raudal de inspiración que ha derramado en toda la península, no ha llegado á Salamanca, ansiosa de ver en la escena sus hechos históricos, sus coplas populares, la poesía de sus campos, lopintoresco y bizarro de sus costumbres montaraces, las aventuras, arrestos y virtudes de sus héroes tradicionales, doña María la Brava, los Comuneros, San Juan de Sahagún, Santa Teresa, fray Luis de León, et sic de coeteris... Bretón contestó justificando el olvido y ofreciendo á esta tierra los primeros dones de su musa. Y el poema sinfónico con que nos hemos deleitado ayer y hoy en el teatro salmantino que lleva su nombre, ha sido el generoso cumplimiento de aquella promesa en que me regocija el haber tenido alguna leve parte.


Así y por obra de sus propios hijos, va saliendo á la luz y cobrando relieve la vida salmantina, tan típica y variada en sus manifestaciones artísticas como la raza y la naturaleza en que se inspiran. Ya que la muerte nos robó a Espino, iniciador afortunado de la leyenda sinfónica de nuestros campos, Bretón, su fraternal amigo, da cima á esa obra de amor filial, legando á las generaciones venideras la cristalización luminosa del ocaso de nuestro genio popular en lo que tiene de más bello y pintoresco. Algunos año más, y esos cantos, que el meritísimo Ledesma recogió como oro en paño en las páginas de su Cancionero, habrán desaparecido, y en nuestros encinares y cañadas al caramillo pastoril y á la quejumbrosa endecha charruna, habrán sustituido el rasgueo de alguna destemplada vihuela y la última profanación del arte ó de la moral destilada como hiél amarga de la vida moderna, de los pintados labios de la cupletista en moda.



La música, sobre todo la sinfónica, debe ser inefable; las palabras concretarían demasiado y perjudicarían á su fuerza expresiva. Por eso la letra, en el poema Salamanca, no es más que un lema, un motivo inicial que evoluciona orquestalmente, desarrollando su fronda espléndida de sonoridades, su inmensa polifonía, como la voz del campesino se difunde en múltiples ecos á lo largo de la árida besana. Por eso la arada del navarrito, el muelo de á la mar se van los ríos y el admirable canto elegiaco del burru de Villarino, tienen en la transcripción comentada de Bretón un vigor insólito, que se deriva de una admirable transcripción paralela del ambiente campestre en que se producen.


En tal sentido, y, claro está que en otros muchos respectos, la obra de Bretón es verdaderamente definitiva. Con ella ha logrado el ilustre maestro salmantino alcanzar ese alto nivel del arte, esa cota máxima, ese Tabor, en que el ideal artístico se transfigura y estiliza, ofreciéndose á la contemplación perpetua de las gentes. Y no añado una palabra más á las que, cediendo á la amable invitación del Director de este diario, han brotado espontánea y sinceramente de la pluma



 

Don Juan Domínguez Berrueta, además de un artículo rememorando el estreno de “Los amantes de Teruel”, publica otro titulado Una impresión.


UNA IMPRESIÓN:

Música pura, sin el condimento de la representación escénica, sin el aperitivo de un argumento erótico, sin la mostaza de los bailables... es para señalarlo como un acontecimiento artístico, en esta nuestra ciudad, que tan de tarde en tarde recibe los beneficios de esta especie de inmersión, de baño de sonido, verdaderamente musical.

A pesar del lleno completo del teatro - alguna vez hay que decirlas cosas á derechas - á pesar de tan enorme concurso de gente, que suele ser un estorbo para los ejercicios del culto del arte, la audición casi religiosa, durante cuatro horas, no se turbó.


Imagen de Juan Domínguez Berrueta
publicada en El Adelanto del
22 noviembre 1950

Sólo hubo un momento, allá en las alturas, de la galería, en que el entusiasmo popular, contenido largo rato, oyendo cosas serias y solemnes, pedía los acordes retozones de la Jota, la copla de la Dolores, de Bretón.

Pero la orquesta, que no podía alterar la gravedad de su programa, de trabajo y de fuerza, lanzó al aire las melodías sagradas del Parsifal, y el buen público español aceptó sumisamente las armonías germánicas de las riberas del Rhín, en vez de los dejos ibéricos del río de Aragón. Llenaron la sala las ya clásicas genialidades del maestro Wagner, las mágicas visiones del jardín encantado de Clangor. Y las definitivas creaciones bethovenianas, sobrias, concisas y con la magna precisión de la epopeya. Y las delicadas y sugeridoras danzas de Borodín, tan principescas, tan mayestáticas como para unas bodas reales. 

todo esto, la batuta elegante del profesor Pérez Casas, ciñéndose con un ritmo exacto á las genuinas interpretaciones de la partitura, vibrando los nervios y el alma del maestro, al unísono de las composiciones inspiradas y sabias. Y llegó el turno á nuestro Bretón. Aquel Bretón de larga melena y barba negra que recibió nuestros aplausos de mocedad, cuando vino á Salamanca, en sus primeros triunfos de Los amantes de Teruel.

Hoy se presenta ya anciano, con su venerable barba blanca, en aquel mismo teatro que lleva su nombre, en las cercanías de la casa donde él nació. Interesante era el espectáculo del salmantino ilustre que ofrece una obra á Salamanca, en la última época de su vida, como un resumen de sus amores á la tierra que le vio nacer.

Aquel exordio majestuoso del poema, calificado muy bien por el inteligente Adolfo Salazar, parece una visión de la Salamanca monumental y universitaria.

Después, los cantos de la tierra, patriarcales, serios y llanos, como las faenas semis agradas de la sementera, y el alegre cantar de Villarino, sonando como una ironía fina y sutil. ¡Francamente, querido maestro Bretón, aquello nos sabe á poco! Parece que ha tenido reparo, un reparo muy salamanquino, de ostentar los frutos de la tierra. Esos cantos hubiéramos deseado oírlos repetidos, con insistencia, como temas constantes, en las modulaciones del poema, sin reparo, como hacen los compositores rusos, tan de moda, con sus baladas orientales.

Aquel final del poema, de una fuerza tan sostenida y tan resonante, pide una continuación, pide un desarrollo mayor.

Con nuestra felicitación entusiasta reciba el maestro Bretón la expresión de nuestro voto por escuchar más ampliamente su composición. 


No podía faltar la alegre “Quisicosa”: 

El homenaje rendido
á Bretón por la ciudad,
como excepción ha tenido
una nota: seriedad.
Ni percal ni gallardetes,
ni oropel acreditado,
ni populares banquetes
con discurso embotellado.
Nada de que un buen señor
por el duro del cubierto,
se nos declare orador
y nos dé un mal rato cierto.
Con el laurel de la gloría
no hacen salsa muy completa,
ni la buena pepitoria,
ni la rica vinagreta.
Ni al muelo, ni á la charrada
le pueden hacer «buen pié»,
ni la tortilla soufflé
y ni la rusa ensalada.
Nuestros cantos populares
todo noble austeridad,
no se pagan de alamares
de cierta borocidad.
Sólo dimos á Bretón
ayer, y fué el pueblo entero,
nuestro aplauso más sincero,
ofrenda del corazón.
Quede, pues, la comilona
con verborrea y á escote
para otra ilustre persona
de las que chupen del bote.
Declarada la conquista
á mis lares me reintegro.
¿Que no hay banquete á la vista?
Como comensal me alegro;
lo siento como fondista.


La crónica del crítico Adolfo Salazar: 

Al hablar de los conciertos de la Orquesta Filarmónica en el teatro Bretón, que es este nuestro principal objetivo es lógico principiar por lo éxitos de éste y expresar desde luego el éxito resonante que con todas sus obras y particularmente con su último poema acaba de obtener el venerable maestro con Salamanca, cuya tinta está húmeda todavía, se estrenó en concierto primero de la Filarmónica. ¿Que si había un interés expectante para oír esa obra? Eso lo sabéis mejor que yo que acabo de venir á esta ciudad, soberbiamente rica en monumentos, espléndida por el interés de amigos muy queridos que han querido honrarme al acoger estas líneas en sus columnas prestigiosas. Era para mí un incentivo extraordinario el poder presenciar el estreno de la última obra del maestro dedicada á su ciudad natal, que está compuesta con sus cantos mismos y que iba á interpretarse por vez primera en el mismo teatro que le ha consagrado su nombre. El mismo maestro, para dar con su presencia un carácter más personal á la fiesta y para que se notase más particularmente como ese estreno era un acto de homenaje que el hijo de Salamanca rendía á su madre tierra, quiso dirigir la admirable orquesta que interpretó de un modo soberbio su hermoso poema.

 

El éxito que tuvo Salamanca no será olvidado nunca por quienes hemos podido presenciarlo. Los temas  de muelo y arada con que la obra se integra en su primera parte, produjeron ya una honda emoción en los oyentes, pero el entusiasmo no pudo contenerse cuando en el tema del burru de la vinagri, preparado de un modo magistral se escucha el oboe sobre el armonioso acompañamiento de los violines pizzicatti y de las arpas. Los aplausos no podían esperar más y estallaron impacientes en aquel momento admirable. Creímos un momento que iba á ser preciso detener el curso de la obra; pero siguió al fin y con belleza creciente terminaba en momentos de esplendor y de magnificencia orquestal. La ovación fué delirante, de un entusiasmo frenético y desbordado. Bretón, emocionadísimo, saludaba... y  nuevamente tuvo que tomar la batuta para que otra vez resonase la emoción de las canciones populares de su comienzo, la delicia del scherzo central y la ostentosidad de su final. ¿Y qué decir del segundo concierto compuesto todo él por obras del admirado maestro salmantino?

 

Era un concierto en su homenaje y ¿qué mejor que ofrecer los propios frutos de su fecundo jardín? De las obras capitales suyas - de Guzmán, de Garín, de Tabaré - figuran fragmentos: el preludio de aquella ópera, la primera que el maestro compuso apenas recogidos los diplomas universitarios y la obertura de Tabaré, la última gran obra tan recientemente representada en el Real. De Garín fué la popular Sardana que cada español sabe de memoria y que todos escuchan con el mayor agrado.

 

La serenata en la Alhambra produjo el eléctrico efecto que siempre hemos visto y tuvo que ser repetida.

 

Y  las Escenas andaluzas, con su castizo bolero, su animado polo, la pomposa marcha y la sentida y emocionada saeta, terminado todo por el espléndido zapateado, fueron otro de los momentos en que el aplauso público le prodigó con más insistencia á la labor del maestro salmantino.

 

Sólo queda por reseñar esa página delicada: Los Galeotes, boceto de delicadas líneas y de suaves tonos evocadores de un sutil espíritu antiguo algo de ese aroma que se exhala del libro cervantino.

 

Con ello terminaría la noticia de las obras bretonianas sino hubiese sido porque ante la insistencia pública hubo que ponerse en los atríles orquestales los papeles de La Dolores y las melodías llenas del aroma popular de la celebérrima obra resonaron para triunfo de su autor y delicia de sus admiradores, que aclamaron indescriptiblemente al maestro coterráneo suyo.

 

Ya en el primer concierto algunas voces pedían esas páginas de la más popular de las creaciones bretonianas.  El maestro Pérez Casas, con una atención y una delicadeza exquisita y que es una de las cualidades de su carácter, quiso reservar ese momento para cuando Bretón tuviera que manifestar su agradecimiento al público, y á quien le obsequiaron con un regalo valioso. Así fué, y de ese modo terminó la magistral labor de la orquesta Filarmónica en Salamanca.

 

Hemos hablado del compositor, pero ¿y de la labor de la orquesta? Creemos que Salamanca guardará una impresión duradera de esta orquesta admirable que desde el tren salta á su puesto y sin el menor indicio de cansancio, con el entusiasmo, la pulcritud y la acabada perfección de siempre, interpreta obras de dificultad tan grande, de tan delicado trabajo como la Shéherazada, inauditamente bella, desbordante de elocuencia pintoresca, pletórica de belleza, de un color y un atractivo que le presta su exotismo y que nos encanta y nos sorprende deleitándonos. Solamente la batuta de un maestro de la talla de don Bartolomé Pérez Casas puede dar á esa obra toda la expresión tan profunda, tan apasionada, tan patentemente sugestiva. Es esa obra un mundo de sonoridades que adquieren su valor por el contraste y que tienen vida por el relieve, el matizado, la distinción de planos y de gradaciones que sólo un director de la más colosal talla artística es capaz de revelar en toda su variedad infinita y en su profusa riqueza.

 

Fué el primero y uno de los más resonantes éxitos de la noche que se sucedió con la maravillosa sinfonía octava de Beethoven, cuya labor de filigrana del allegretto, revelada con imponderable sutilidad por esta orquesta, tuvo que ser repetida una vez más para de nuevo repetir la ovación entusiasta al maestro Pérez Casas. Pero para nosotros es tal vez uno de los mayores aciertos de este admirable director su interpretación del minuetto, que adquiere con él una gracia dieciochesca, una elegancia refrisada, una distinción sin ejemplo que llega á su máximum en el prodigioso trio, donde sobre los arpegios ascendentes de los violonchelos se oye el admirable tema de las trompas, de tan pura y cándida belleza, de un sentimiento tan hondo y tan profundamente contemplativo que parece la expresión misma del éxtasis, del arrobado deliquio.

 

¡Y qué cálida, qué pasión más concentrada y más ardiente la de la página wagneriana que anoche interpretó la Filarmónica! En el encantado jardín de Klidgsor con sus flores de inmortal perfume, y la sugestión animada de sus hechizadas creaciones, se desplegaron anoche en la magnificencia orquestal en que Wagner, el mago de la orquesta, las ha entretegido en esa sutil red de sonidos que nos aprisiona con sus mallas invisibles y nos arranca poco á poco la voluntad, embriagándonos con la magia de sus sonoridades.

 

Para final espléndido, las danzas de El príncipe Igor, de Borodín, con la orgía y la borrasca situisca que las anima alternando con la melancolía de las canciones del Turquestán ruso y los ritmos llenos de desmayo y de la sensualidad oriental; mientras que el salvajismo de las danzas caucásicas termina la obra con una explosión sonora.

 

Salamanca ha escuchado y ha aplaudido con un entusiasmo que todos reconocen como inusitado á una de nuestras más excelentes orquestas y á uno de los más eminentes, más prestigiosos y más cultos de nuestros directores, compositor valiosísimo además, y que por sus obras ha hecho saber en los países extranjeros cómo se sabe y cómo se trabaja en España.

 

Además ha honrado digna y justamente á otro de nuestros más preciados maestros, su hijo predilecto. ¿Olvidará Salamanca estos momentos de emoción inefable? Quiero creer que estos conciertos son un síntoma de un renacer del interés por el arte musical, y que estas fiestas serán cada vez más frecuentes. La reconstitución de la anterior sociedad Filarmónica Salmantina parece de primera necesidad en una capital que es, y que debe demostrarlo, el prestigio intelectual de nuestra Patria.

 

Salamanca habrá sabido ver que tanto en el numeroso grupo de personas de alta cultura que en ella habitan tanto como en la masa popular, late el espíritu musical y la afición por estas sesiones que tanto ennoblecen y elevan el espíritu. Dos primeras figuras de nuestro mundo musical en Salamanca habitan: el bondadosísimo y muy querido don Dámaso Ledesma, que por su cariño á la tierra patria le ha elevado su mejor monumento: el recolectar la voz de sus canciones en una obra que es uno de nuestros tesoros folklóricos, y el cultísimo y excesivamente modesto catedrático don Juan Domínguez Berrueta, que con teorías fundadísimas habrá de producir en el momento en que se lleve á la práctica una acentuación profunda en el sentido expresivo de la música y enriquecerla de mil nuevos matices y más ricos tornasoles.

 

Salamanca, región fecundísima en cantos de inigualable belleza, es también tierra de artistas como Bretón, como el recientemente fallecido Felipe Espino. Cuatro notables profesores de la Filarmónica en Salamanca han nacido; la muy notable Luisa Pequeño, arpista de primera categoría; el excelente fagot, Bernardo González; el contrabajista, Ricardo Mata; el magnífico trompista, Eugenio Rivera, y aún creo que alguno más... Personas como estos activísimos y acertados organizadores de estas fiestas de arte, no podrán olvidar lo mucho que en Salamanca puede hacerse por el arte armónico. Yo no olvidaré tampoco estos momentos de belleza que he vivido en esta joya monumental y el afecto que he encontrado en amigos á quienes correspondo de todo corazón.

 

 

El Adelanto del 24 de octubre de 1916 informa sobre la junta de accionistas para la celebración de los conciertos: 

En el salón de actos de la Escuela de San Eloy se verificó ayer, a las cinco de la tarde, junta de señores suscriptores de acciones para la celebración de los conciertos que se llevaron a cabo en Bretón. Asistieron los señores Plaza, Jiménez (don Emilio), Rodríguez Vega, Sánchez y Sánchez, Apraiz, Ledesma, Romero (don Cristino), Mulas (don Víctor), Sánchez Ledesma, comandantes de Albuera señores Perote y Lucas, Núñez y Corona, delegando su representación otros señores accionistas. Se dió lectura a las cuentas que detalladamente publicamos a continuación, en virtud de las cuales, y como quiera que los suscriptores de acciones no habían hecho desembolso alguno, y siendo el número de acciones 45, hay que abonar diez pesetas por acción. Según la relación y comprobación de billetaje, el primer día de conciertos quedaron sólo por vender 21 butacas de orquesta, y el segundo día 22 butacas también de orquesta. Con todo hubiera quedado algún remanente sin algunos capítulos que fué necesario aumentar.

 

El señor Corona manifestó a los reunidos que de la partida de 200 pesetas, que por cesión del teatro el domingo 15, en que se le privó de función, estaba dispuesto, si así se acordaba, a rebajar lo que determinaran. Se consignó el agradecimiento de la junta a la comisión organizadora y a los señores don Sebastián Rodríguez y Compañía, dueños del comercio El Precio Fijo, donde se verificó el abono de localidades. Y a propuesta del ingeniero de minas don Emilio Jiménez, se dió un voto de gracias a El Adelanto por su campaña en pro de la celebración de los conciertos de la Orquesta Filarmónica. Por nuestra parte, estimamos en todo su valor tan delicada prueba de deferencia, que declinamos en honor del público salmantino y muy especialmente de los señores suscriptores de acciones, que con su presencia y con su concurso, han contribuido a la realización de las dos brillantes fiestas musicales, que tan elocuentemente hablan en favor de nuestra cultura y buen gusto artístico.

 

Cuenta general y detallada de los gastos ocasionados en los dos conciertos dados por La Filarmónica, en el teatro Bretón, los días 14 y 15 del corriente mes:

 

Gastos: Pagado a La Filarmónica, según recibo, 5.000 pesetas; ídem por timbre: al Estado, 882,75, y al Ayuntamiento, 588,35; ídem por alquiler de cien sillas (dos días), 20; ídem a la imprenta de El Salmantino, 31; ídem a la casa Calón, 76; ídem a la imprenta de El Adelanto. 1.125; ídem por portes de acarreo, 27; ídem por luz eléctrica (dos días), 50; ídem por material eléctrico alquilado y trabajo del operario, 50; ídem por una lámpara de 200 bujías fundida, 15; ídem por acomodadores y porteros (dos días), 31,75. Pagado por servicio de taquilla (diez días), 50 pesetas; ídem por servicio de tramoya, 50; ídem por limpieza de teatro y conserje, 25; ídem por servicios avisador del teatro, 25; ídem por regalo al señor Bretón, 115; ídem por servicio de tocador (dos días), 2; ídem por escribir la fijadora calle, 0 50; ídem por gastos de viaje del señor Bretón, 208,50; ídem por contribución industrial 245,80; ídem por impuesto municipal de ella, 61,45; ídem por licencia reparto programas, 2; ídem por fijación carteles pared, 5; ídem por extraordinarios e imprevistos, 26,50; ídem por concesión del teatro el domingo, 15, y que se le privó de su función al empresario, 200; Total general, 7.799,85. Asciende la precedente cuenta a las figuradas 7.799,85 pesetas.

 

Resumen. Ingreso del día 14 de Octubre, según hoja, 3.681; ídem del día 15 de ídem, ídem, 3.673,50 pesetas. 


Total de ingresos, 7.354,50.

Importan los gastos,  7.799,85.

Déficit, 445,35 pesetas.

  

En Sesión del Ayuntamiento 10 enero 1917 se cuenta de la hermosa carta que el ilustre maestro Bretón dirige á su pueblo natal ofrendándole la partitura de su poema Salamanca. Y á tan delicada atención contestó el Concejo nombrando al compositor insigne Hijo Predilecto de nuestra ciudad. Honor archimerecido y que ha de ser aplaudido Bretón envía una carta con su poema musical Salamanca. Se lee la siguiente sentida carta del ilustre maestro compositor salmantino, D. Tomás Bretón: 

«El director del Conservatorio de música. Madrid. 9 Enero de 1917.

 

Señor Alcalde de Salamanca.

 

Respetable Sr. Alcalde: Há tiempo que debí haber escrito á Ud. y enviado la partitura original de Salamanca, que tengo el preciado honor de dedicar á mi ciudad inolvidable; pero falta de salud y el deseo de que la carta fuese de mi mano, me han obligado á aplazar algunos días tan grato deber. Sancionada la obra en Madrid, con acogida bastante ó satisfacer un exigente amor propio, tengo el gusto de enviársela á Ud., como digno representante del pueblo de Salamanca, pidiéndole un modesto sitio en la biblioteca del Ayuntamiento. Sólo me resta afirmar á Ud. que en la composición de la obra musical citada puse cuanto pude poner: el amor más acendrado y la gratitud más honda de un salmantino por su ciudad natal. Gracias anticipadas por la alta distinción que solicito y soy de Ud. con la mayor consideración afectísimo amigo y paisano q. s. m. b.,

 

T. Bretón.»

 

La partitura del gran poema musical, encerrada en lujosas tapas, está escrita de puño y letra de su autor, fechada en el Astillero (Santander), el 10 de Octubre de 1916. El Sr. Romano pidió que constase en acta la satisfacción del Ayuntamiento por el honor que recibía, y además que Tomás Bretón fuese nombrado hijo predilecto de Salamanca. Así se acordó, por unanimidad. 

Cuando manda la carta al Ayuntamiento en 1917 ha presentado la dimisión Emigdio de la Riva y preside la corporación accidentalmente Eduardo Navas. 

El 6 de enero de 1917 El Adelanto inserta la siguiente carta de Tomás Bretón.

 

Sr. Director de El Adelanto 

Querido amigo: Me pides que escriba algo a propósito de Salamanca para la página literaria de El Adelanto, de 6 de enero, y te envío esta carta a propósito de la Salamanca en música que vuestro patriótico entusiasmo hizo que pudiérais oír en su propio y más indicado centro, el 14 de Octubre último.

 

Ya expliqué en el mismo periódico el proceso de gestación de la obra y el ideal que me guió al componer la obra. Él éxito en Salamanca, estaba descontado...; aunque la obra valiera menos, hubiera sucedido lo mismo. Bastárale al público salmantino el amor que me tiene y el oír sus hermosos aires, ejecutados por una brillante orquesta, para que el entusiasmo se produjera.

 

Sin embargo fue de notar, y esto es importante, que el último periodo de la pieza, en que yo he procurado llegar al máximum de grandeza posible lo comprendió y gustó el público salmantino como se podía desear. Ese período tiende á describir la Salamanca de los siglos XV y XVI en los que España realizó sus no igualadas epopeyas, de las que hay que atribuir a Salamanca buena parte, ya que era ella el cerebro de la Nación, y el cerebro manda al brazo, que no éste a aquel.

 

Esto me proporcionó una satisfacción imponderable, porque me pareció que el público, docto e indocto, sintió algo de lo que yo quería que sintiera. Y es natural que fuera así, porque aun el salmantino menos culto, sin darse cuenta de ello, presiente lo que Salamanca fué merced á las maravillas arquitectónicas que conserva, «música congelada», según la bella imagen de Schlegel, y son libro abierto en el que quiera o no quiera, lee los gloriosos timbres del pasado, superiores a los de ninguna otra raza de la tierra. Y, vamos con Madrid.

 

El estreno de Salamanca en la Corte era para mí de un interés supremo. Declaro que tenía mucha confianza de que fuera bien acogida, y así fué; pero... Alguien pensó en que yo la dirigiera; mas me opuse, por inusitado, ostentoso, y también por no quitar una cara ilusión al ilustre maestro Pérez Casas que siente la obra tan bien como yo. Se ejecutó, pues, y se aplaudió insistentemente y sin reservas; salí al proscenio y á mí no me place oírme delante del público y puedo asegurar que el aplauso, entonces, fué para conmover al alma más indiferente y dura. No recuerdo, entre tantas ovaciones como el público madrileño me ha dispensado, otra más imponente y cariños que la obtenida con el estreno de Salamanca. Hubo conatos de repetir la obra, mas ésta es de largas dimensiones para ello; era tarde, y tras breve pugna no se repitió. No doy la menor importancia al hecho, porque ahí mismo, en el segundo concierto, no me atreví á repetirla por las razones apuntadas. A lo que sí dí importancia es aparte la ovación personal á que el aplauso á la obra no llegó al grado de entusiasmo que yo esperaba. Fué unánime y aun caluroso; pero faltó algo, muy, poco, pero algo que me es difícil explicar, para que yo quedara plenamente satisfecho.

 

Claro que hay una explicación facilísima: la de que no acerté á realizar mi altísimo ideal...; mas yo he de tratar de defenderme, con el más profundo respeto á todo y á todos, porque me parece contar con argumentos de cierto valor.

 

La tradición musical en España, aparte el género religioso en los comienzos de la edad moderna, es de muy escasa valía. No podemos oponer ni un nombre capaz de hombrearse con los Bach, Haendel, Haydn, Mozart, Beethoven, Rossini, Wagner, Gounod, etc., etc. Esto ha hecho que el público español sea á este respecto un tanto tímido y receloso. Dentro de nuestro género propio, sí, el público se atreve á ensalzar y elevar hasta las nubes á éste y aquél y á cuantos en él han brillado; pero en el de la ópera, por ejemplo, va con mucha más cautela. Acepta sin violencia los escasos ejemplos que se le ofrecen, sobre todo si éstos siguen las huellas de los grandes compositores extranjeros contemporáneos.

 

Si por el contrario, el compositor da señales de alguna independencia, entonces se pone en guardia y, antes de entregarse, espera la sanción del tiempo; sanción que es difícil llegue por la arcaica organización del Teatro Real de Madrid. Cuando yo estrené Tabaré en dicho Teatro, recuerdo que un crítico se incomodó materialmente por el empeño que yo ponía en huir de Wagner. Le ofendía ese pujo de libertad...; sin considerar que el procedimiento contrario, el seguir la pauta trazada por el gran maestro, es fundirse en él, perder absolutamente la personalidad chica ó grande, buena ó mala, que pueda tener el imitador.

 

Desde que conocí la hermosa frase de Boileau «mon verre est petit, mais je bois dans mon verre», me enamoré de ella tanto, que la convertí en bandera, como seguro medio de llegar á buen fin, si tenía algo dentro.

 

En el género sinfónico es aún peor. Si el justamente famoso compositor R. Straus hubiese nacido en España, es posible que no hubiera podido lograr se oyese su segundo poema instrumental…; habría bastado el primero para condenarle por audaz y por loco. Pero procede de la Alemania actual, «el pueblo elegido»..., y no sólo se oyen los primeros poemas - alguno verdaderamente admirable - sino que también se oyen y aún se aplauden los últimos, que son ejemplos del barroquismo más desolador.

 

No sucede así en Francia, no en Italia, que tienen tradición propia y por ende mayor libertad, de juicio; sucede aquí, por la depresión que de antiguo pesa sobre nosotros y se manifiesta, aparte del toreo, en que nadie osará disputarnos la supremacía, en multitud de casos; hasta en el terreno industrial. Sabido es que hay fabricantes españoles que aplican etiquetas extranjeras á sus productos, aunque sean excelentes, para que nos parezcan mejores.

 

Pensarás, querido amigo, que me he apartado del objeto de esta larga carta, y no es así. He querido dar una idea del ambiente musical en que nos movemos, no tan sólido y tan favorable como fuera de desear. 

 

Volviendo á Salamanca, es de notar que sin propósito de buscar nuevos derroteros al arte, cosa vedada á compositores de mi fuste, la obra está hecha con pretensiones, como cumple á su augusto título y con toda la independencia de que soy capaz. No se encontrará en ella relación directa con el modo de hacer de los grandes compositores modernos, y, sin embargo, tiene el sello de la época presente, como observa Augusto Barrado en su crítica. ¿Parecerá á alguno esa independencia temeridad censurable?... Es posible.

 

Un buen amigo, residente en Salamanca, dijo y escribió, en tono de amable reproche, que no repito los motivos, como hacen los rusos, á lo que yo puedo replicar: «pues si ya lo hacen los rusos y yo lo siento de otro modo, ¡qué le vamos á hacer!

 

No hay que dudar que el público de Madrid es tan experimentado como culto; pero, ¿se había hecho perfecto cargo de la Salamanca, que yo he intentado describir?... Porque una es la de las grandes ganaderías y exquisitos cereales; otra, la intelectual de los siglos que antes he citado. Si se piensa en la primera, la entonación general de mi obra parecerá pedantesca y extremada; si en la segunda, aun me habré quedado corto.

 

Aparte de muchas valiosísimas y entusiastas manifestaciones particulares que he recibido, voy á referirme á un hecho, y concluyo, del que no recuerdo par en más de cincuenta años de vida de orquesta, y es, no me atreveré á decir elocuente, sino curioso.

 

Cuando se leyó Salamanca por primera vez á la orquesta, al terminar, los profesores prorrumpieron en un gran aplauso. Esto es muy corriente. Sea por emoción, bondad ó cortesía, á poco que la obra preste, esa primera ovación no hay quien la quite á los autores. Lo que ya no es tan corriente, es que esa impresión dure, crezca y se manifieste con iguales demostraciones, cada vez que se pasaba la obra, como ocurrió en este caso.

 

Fuimos á Salamanca y sucedió lo que visteis. Los músicos, en su rápida visita, recorrieron la vieja ciudad, admirando su antiguo esplendor, y cuando se volvió a ensayar el poema para ejecutarlo en Madrid, ¡fué de ver el entusiasmo, más creciente aún, del director y la orquesta (hasta llorar alguno de emoción), que provocaba la pieza cada vez que terminaba!

 

Ante caso tan extraño y singular, yo me preguntaba absorto: « ¿si será que después de haber conocido la ciudad insigne estos señores, hallan mayor afinidad entre el modelo incomparable y mi sentida versión musical?...» No lo sé; mas que así pasó, respondo.

 

«Ai posteri...»

 

Tuyo amigo y paisano afectísimo, T. Bretón.

 

 

El 22 de enero de 1922 publica El Adelanto: 

Efemérides parlamentarias. Desposeído injustamente nuestro ilustre paisano Tomás Bretón del cargo de Director del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, en circunstancias que le relegaba por inexplicable burocratismo, toda una vida gloriosa consagrada al Arte, al más absoluto abandono oficial, pudo ser reparada esta dejación de uno de los más sagrados deberes del Estado para con los hijos ilustres de la patria, en una de las últimas sesiones  de Cortes del pasado año, aceptándose por el Gobierno la proposición de los senadores salmantinos, defendida en la Alta Cámara, por el señor Sánchez y Sánchez, referente a la concesión de una jubilación anual de 7.500 pesetas a favor del inspirado compositor salmantino.

 

Y fue ese día una agradable efeméride parlamentaria que los amantes de la patria chica festejamos jubilosos ya que así se rendía un homenaje de admiración al afamado autor de ”La Dolores”.

 

Y he aquí una carta del Maestro Bretón, en la que públicamente manifiesta su gratitud a cuantos han contribuido a tan honroso desagravio.

 

Sr. D. Mariano Núñez, Director de El Adelanto. Salamanca.

 

Mí querido amigo: Te molesto con esta misiva, porque ahora la cosa va de veras. La cosa es: el proyecto de pensión, a mi favor, que, con otros señores, presentó en el Senado el incomparable gerente de la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy en Salamanca, proyecto que el Gobierno ha acogido con tanta simpatía. El amigo Jesús Sánchez y Sánchez ha puesto tal empeño y pasión en el asunto que hasta parece haber ganado en elocuencia en proporción a lo que ha aumentado mi gratitud hacia él, y a cuantos se han interesado por mí, así de la patria chica como de la grande. 

Preparado tenía el viaje a la Habana que ha debido aplazarse por la especial situación económica que atraviesa el país. Ignoro qué sucederá después; si iré, respondiendo a los deseos de mis buenos amigos de allí o no iré, por causas que no pueden predecirse; pero me importa declarar que si se hubiera realizado el viaje en las condiciones que se pensaba, habría tenido casi el carácter de huida; mientras que si se verifica, al cabo, en las que la nueva fase me crea, lo tendría de paseo agradable, para testificar a nuestros amigos y actuales compatriotas el profundo reconocimiento de que les soy deudor.

 

Y nada más. Saludos y venturas a mis queridos paisanos, y te abraza tu amigo. TOMAS BRETON. Madrid, diciembre 1921

 

 

En El Adelanto del 12 de marzo de 1925:

 

MUSEO BRETON

 

El Museo Bretón.- La ofrenda a Salamanca.

 

Nuestro querido amigo Abelardo Bretón ha facturado en Madrid, a nombre del Alcalde de Salamanca, como actual representante de la ciudad, seis cajas con un peso de 295 kg, que contienen los trofeos, regalos, premios, etc., recuerdos de su ilustre padre el eximio maestro Tomás Bretón, y que don Abelardo regala a Salamanca como la mejor y más delicada ofrenda a la ciudad natal de su padre y en memoria de éste.

 

Como ya hemos dicho, estas reliquias que Salamanca debe guardar con el mayor cuidado e interés, serán llevadas a la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy.

 

Allí, en el Salón-Museo de la Escuela, y encerrados todos los recuerdos de Bretón en una vitrina construida al efecto, quedarán depositados y podrán ser vistos por todos los salmantinos y por cuantos forasteros muestren curiosidad por conocer lo que tan plenamente habla del mérito del maestro insigne.

 

Porque los cuadros, coronas, objetos de arte, batutas, pentágramas, etc., que don Abelardo envía a Salamanca, ¿qué, sino son y significan los trofeos y las glorias que supo conquistar el autor de “La Dolores”? Estos recuerdos son como páginas escritas en indelebles caracteres que eternamente glorifican el nombre del maestro.

 

El señor Bretón (don Abelardo), en carta que nos dirige, nos advierte que él viene en junio, para asistir a la inauguración del monumento a su padre y traerá consigo el resto de regalos que hace a Salamanca, cosa que debe tenerse en cuenta a los efectos de la construcción de la vitrina, para que en ella se conserven todos los objetos del venerable don Tomás Bretón.

 

El Ayuntamiento es quien debe preocuparse y ocuparse de que el museo Bretón quede instalado digna y decorosamente, hacer del que participará también, es de suponer, la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy.

 

Fueron expuestos primero en la Universidad y pasadas las Ferias se depositaron en el Ayuntamiento, en la “Sala Bretón” que el Concejo le asignó como Museo, efectuándose entonces la solemne donación a la Ciudad. 

 

José Sánchez-Gómez el día 11/09/1925, escribe: 

Las reliquias del maestro. Abelardo Bretón, en memoria de su ilustre padre, ha donado a Salamanca todos los regalos que el maestro recibiera en premio a sus aciertos musicales y a sus triunfos ruidosos. La mayor parte de ellos están expuestos en la Universidad.



José Sánchez-Gómez “El Timbalero”
hacia 1916. Wikimedia Commons

 

Dentro de poco, cuando la feria pase, todos los objetos serán llevados al Ayuntamiento, y allí se quedarán, eternamente, en la “Sala Bretón”, que el Concejo constituirá en justa reciprocidad a la ofrenda hecha.


¡Las coronas, las condecoraciones, los objetos de arte de don Tomás Bretón! Desde la Cruz y la Encomienda de Alfonso XII hasta la Legión de Honor de la Republica francesa; desde la primera medalla ganada cuando fue el maestro alumno del Conservatorio hasta la medalla de oro de Zaragoza, de Roma, de tantos y tantos pueblos donde triunfó el genio musical.


Desde la escribanía suntuosa, la caja de habanos con inscripciones en oro, las placas en bronce y en plata, el laurel y la palma, hasta el humilde tintero de donde tomó con un palillero rústico, la tinta pasa escribir: “La Verbena”, y “La Dolores”, y “Garbí”, y “Los Amantes”, y el poema Salamanca y toda la producción multiforme y espléndida del eximio compositor. Desde el Museo con el rostro severo del maestro hasta los lentes de oro que usó, y el bolsillo de plata, y los gemelos charros y el reloj de bolsillo que dejó de marchar en la madrugada de su muerte…

Todo esto y mucho más, lo trae Abelardo Bretón a la ciudad natal de su padre. Y lo trae íntima, cordialmente, con el dolor humano de desprenderse de tan gratos recuerdos en medio de los que hizo su vida, pero con la plena satisfacción y el propósito noble y sentido de que sea Salamanca la que los guarde para siempre, no por acto de vanidad del hijo que tanto amó, sino por los designios de la propia conciencia que le empuja al deber de ofrendar a la ciudad los recuerdos materiales tangibles, de los tiempos que su padre, salmantino neto, alcanzó llevando por delante el nombre de Salamanca.

 

Abelardo Bretón con la obra genial del maestro, que quedará hecha carne y espíritu del pueblo eternamente, entrega a Salamanca esas joyas y esos objetos modestísimos, algunos, pero de un valor imponderable como tributo, y más, como justificación de que si ha honrado a su padre, este supo corresponder espléndida y generosamente, alcanzando los éxitos, los premios, los galardones y las distinciones señaladísimas que ahora tienen bien patente demostración.

 

¡Los premios, las condecoraciones, los regalos de Bretón! ¡En ellos se encierra la vida del maestro, y ellos deben tener para todo salmantino, el fervor de las reliquias!

 

¡El tintero donde mojó su pluma Bretón para escribir su obra! Es un tintero, corriente, ventrudo, de cristal, que tiene todavía el sarro de la última tinta… 

 

El modestísimo secante, de madera, que presenta las huellas de la letra perfecta y española del maestro y el borrón de la tachadura y la nota musical aislada…

 

¡La Sala Bretón, el Museo Bretón! ¡Qué bonito y qué lindo puede hacerse!

 

En Milán está el Museo de Verdi. Se guardan en aquella Sala, cuadros, partituras, condecoraciones, objetos de arte, prendas, etc. que  obtuvo el Maestro… Pero también, al lado de todo esto, se exhiben las ropas que Verdi usó en los últimos años de su vida, acaso el último traje que tuvo puesto y el sombrero y la gorra con que se cubría para trabajar y la batuta con que dirigía y la pluma con que escribiera.

 

Tenemos que hacer un culto de esta “Sala Bretón” que va a hacerse en el Ayuntamiento, porque queremos que el ejemplo de vida del maestro, que fue un gran profesor de la voluntad, como dijo tan acertadamente el señor García Tejado en el banquete de Novelty, sea la vida misma de los mejores actuales y futuros ciudadanos…

 

Tenemos que aprender a mirar esos premios y ese palillero de palo y ese tintero mohoso y ese rústico secante. ¡Las únicas y formidables armas de combate que el maestro utilizó! Y queremos, por honor y decoro de Salamanca que el nombre de Bretón viva siempre en nosotros y en nuestros hijos, porque no encontrarán en estos tiempos de debilidades y de claudicaciones mejor escuela de ciudadanía que la propia vida ejemplar, austera y digna del hijo más ilustre y genial de Salamanca. - ¡Ay, querido Rojas! – de esta Salamanca que llevamos metida en el corazón, con su calle de san Justo, con su barrio de san Román y de las Cuatro Calles, humilde y trabajador, honrado y artesano barrio en el que para nuestro honor nacimos y nacieron nuestros hijos y seguimos viviendo todos…

 

 

El 19 de setiembre de 1925 aparece, sin firma, en El Adelanto: 

El museo Bretón. Un violín del maestro.

 

Don Abelardo Bretón continúa enriqueciendo el museo de objetos, regalos, premios y condecoraciones que ha donado a la ciudad de Salamanca, y que por cierto, durante los días que lleva expuesto en los claustros de la Universidad, está siendo visitadísimo.

 

Ahora ha enviado un  violín, no el primero, no en el que aprendió a tocar (que ese lo tiene el profesor de música don Jacinto Rodríguez), pero sí con el que comenzó a ganarse la vida.

 

El violín no tiene cegilla, [sic] ni puente. Solo una cuerda ha sobrevivido a los embates de la existencia accidentada de su ilustre poseedor.

 

El recuerdo es tan delicado y tan característico, que la donación ha sido un acierto exquisito de don Abelardo Bretón, quien, según nos dice, ha de procurar seguir enviando aquellos recuerdos del maestro que merezca la pena o sean el trasunto fiel de los días tristes o gloriosos del maestro inolvidable. 

 

El 08/09/1926 publica El Adelanto el reportaje:

 

El museo del insigne Bretón


Al visitar ayer al alcalde interino señor Lunar, como nada nos manifestase sobre la vida consistorial, nos invitó a visitar la sala que el Ayuntamiento estaba preparando para museo de los objetos que nuestro glorioso Bretón había legado a Salamanca.


Pasamos a ella que se encuentra a continuación de la sala de tenencias y recibimos una grata impresión, pues está decorada con severo gusto y elegancia. Toda la sala está revestida de zócalo de uralita, siendo el estilo de la talla de transición del renacimiento al barroco. Las paredes están estucadas y los frisos y el techo patinados en claro. De él penden, en los cuatro ángulos, artísticas lámparas y una preciosa en el centro.


El pavimento es de nuevo entarimado. Existe una amplia y artística vitrina estilo barroco, con los atributos de la música lo mismo en las ménsulas y en el frente Toda la vitrina está tapizada de peluche rojo.



Tomás Bretón, cuadro de Eugenio Vivó Tarín de 1922
Museo de Salamanca

En las paredes se colocarán diversos cuadros, diplomas y fotografías, regaladas al llorado Bretón y en la vitrina los objetos artísticos que eran su patrimonio y los trofeos de sus triunfos. El retrato de Bretón, dibujado al óleo, se colocará sobre un caballete artístico. (Fue obra del pintor valenciano Eugenio Vivó Tarín, realizado en 1922 y se aprecia al maestro sentado en artístico sillón y con un puro en la mano).


Todo el decorado del museo, ha sido dirigido por el secretario señor La Riva y el arquitecto municipal señor Pérez Fernández, a los que felicitamos por su acierto y delicado buen gusto. La inauguración se efectuará durante las próximas fiestas.   



Del 18 de setiembre de 1926. 

El Museo Bretón

 

Ya está a punto de ser abierto al público el Museo Bretón. Hace unos días se cumplió el año de la inauguración de su monumento y de la entrega por don Abelardo Bretón de los objetos, premios y recuerdos de su eximio padre. Nunca es tarde si la dicha es buena y en este caso podemos decir que la instalación del Museo se está haciendo con el decoro, el respeto y el amor que la memoria de Bretón merecen.


El alcalde Florencio Sánchez Hernández en la inauguración del busto
y monumento a Bretón en 1925.
https://www.salamancaenelayer.com/2014/11/los-bustos-de-tomas-breton.html
 

 

Hoy nuestro compañero Sánchez Gómez, hace entrega al Ayuntamiento de un violín que usó don Tomás. Con él, comenzó a ganarse la vida. Además entrega también la última pluma y palillero que usó el autor de “La Dolores”. Con ella escribió los poemas sinfónicos Salamanca y Recuerdos y añoranzas.

 

El Ayuntamiento ha cumplido con su deber. El Museo Bretón, la sala dedicada al ilustre maestro compositor salmantino, está en el Ayuntamiento, en la Casa de la Ciudad y dignamente y hasta lujosamente instalado.

 

El Museo será ejemplo eterno de una vida gloriosa, plena de fortaleza, de talento y de honradez

 

 

El 19 de setiembre de 1926 y firmado con el pseudónimo de YO, utilizado por “El Timbalero”, José Sánchez Gómez, aparece el siguiente artículo:

 

Salamanca y el autor de “La Dolores”. La Sala Bretón en el Ayuntamiento. Cuando íbamos a Madrid…

 

Cuando  los salmantinos, amigos y admiradores de don Tomás Bretón íbamos a Madrid, dedicábamos un día a visitar al maestro. Le llevábamos muchas veces el recuerdo grato de su Salamanca y allí en su despacho, el viejo ilustre sentía la emoción de los años de su niñez pasados en la ciudad y los después venturosos, de sus éxitos formidables en el Liceo, cuando, llegado a la madurez de su talento y de su inspiración, trajo a su Salamanca “La Verbena”, “Garín”, “Los Amantes de Teruel”, “La Dolores”.

 

Don Tomás con su eterno cigarro puro en la boca, su boina ancha y espléndida, su barba blanca y revuelta que orlaba aquel rostro duro y seco, era,  en la intimidad de su trato, el niño todo corazón y bondad que reía o lloraba, según se deslizara la charla, cuando esta era aderezada con graciosas anécdotas de su vida, o cuando apesadumbraba su ánimo con el recuerdo trágico de sus luchas ejemplares.

 

Nos recibía a veces en su despacho, pequeñito y revuelto. Un  viejo piano, un pequeño armónium, papel de música escrito, en grandes montones, cuadros y fotografías del maestro con amigos de Salamanca, con maestros también de su época: Chapí, Caballero, Chueca. Una mesa, un sillón, un  diploma… Otras veces nos recibía en el salón, en el despacho grande, en “El Panteón” como le llamamos un día, coronas, cintas, batutas, cuadros, medallas, objetos de arte, laureles, flores.

 

El maestro vivía su vida austera al lado de estos recuerdos etéreos que constantemente, orgullosamente cantaban sus triunfos resonantes y esplendorosos.

 

Andando el tiempo – pensábamos - ¿qué será de estos trofeos gloriosos que marcan, día a día, con luminosidad asombrosa, una vida, una labor, un talento y un afán? Cuando desparezca el último ser de la familia bretoniana ¿A dónde irán a parar estos recuerdos inestimables?

 

Y pensábamos a la vez en Salamanca, que guardaría con religiosa devoción los trofeos de las victorias de su hijo predilecto.

 

Pasó el tiempo, pasaron los años - Don Tomás murió pleno de gloria - y su museo, en un impulso de delicadeza espiritual, nunca bastante agradecida, don Abelardo Bretón, el hijo amado del maestro eximio, ofrendó a Salamanca, la cuna dolorosa y amarga de su padre, cuanto éste dejó al morir, como premio de su vía luminosa.

 

Aquel museo, aquellas coronas, aquellas medallas, aquellos cuadros y objetos de arte, aquellas batutas, están en Salamanca y Salamanca las guarda amorosamente, en su Casa  Consistorial.


Tomás Bretón en su gabinete de trabajo,  fotografía publicada en  
la revista La Esfera del 4 de noviembre de 1917 firmada por Campúa



Bretón y Salamanca

 

Unos cuantos hombres de buena voluntad salmantinos que nos dábamos cuenta de la obligación y del deber en que estábamos de perpetuar en bronce y piedra el recuerdo de la vida de don Tomás Bretón, conseguimos unas pesetas para erigir un monumento, sencillo, modestísimo, cuyo único valor era la fuerza espiritual que lo levantaba. Esa piedra y ese busto en bronce, son demasiado poca cosa para un hombre de la talla, del valor y de la historia de Tomás Bretón.

 

Vino a la inauguración del monumento –por ahora hace un año –el hijo del maestro. Llegó con emoción a la plaza de san Justo, se descubrió, sacó del bolsillo una cuartilla y comenzó a leer… Lloró Abelardo Bretón y sus lágrimas cayeron sobre el monumento a su padre, junto con unas flores que allí dejaron unas manos femeninas y artesanas, las mismas que habían desfilado por los escenarios del Liceo y del coliseo Bretón en el pasacalle de “La Verbena”, pidiendo unos dineros para construir la obra que se inauguraba sin terminar.

 

Pero Abelardo Bretón trajo no solo un discurso, unas lágrimas y un abrazo para Salamanca, que hubiera sido bastante. Trajo el museo de su padre, los objetos de más valor de don Tomás, los más íntimos también: los lentes, el monedero, la pluma. El tintero, el reloj de bolsillo, el violín, la batuta, al lado de las grandes condecoraciones, medallas, premios, cuadros, títulos de honor, coronas.

 

Bretón donaba a Salamanca lo que formó su vida, lo que constituyo el estímulo y el premio de su trabajo. Todos esos objetos eran, como ayer apuntaban, el ejemplo palpitante, vivo y tierno de una vida gloriosa, plena de fortaleza, de talento y de honradez.

 

Así respondía Bretón al homenaje de Salamanca.

 

 

La Sala Bretón

 

Desde hoy – aunque todavía no se ha inaugurado – la Casa Consistorial de Salamanca tiene el orgullo de poseer en su edificio, la “Sala Bretón”.

 

Como Roma con Verdi, Salamanca puede envanecerse de su preciada Sala. Roma guarda, entre otros museos de sus artistas más famosos, el del maestro Verdi.

 

En la “Sala Verdi” se ven las batutas, las partituras, los premios y las condecoraciones del maestro. Y al lado de estos el gabán, la gorra, la pipa, el reloj, la pluma que utilizó el autor ilustre de “Rigoletto”.

 

En la “Sala Bretón”  del Ayuntamiento de Salamanca, se guardan también estos objetos íntimos del autor de “La Dolores”: el tintero, la pluma, los lentes, el bolsillo-monedero, el secante, el reloj… La sola ofrenda de tan estimados objetos, acusa la fina sensibilidad, la espiritual exquisitez de don Abelardo Bretón.

 

El Ayuntamiento ha instalado la “Sala Bretón” con decoro, con sobria elegancia en una de sus mejores dependencias. Tiene la traza el salón de un cierto estilo castellano con ribetes de modernidad. Un zócalo alto, de uralita, semeja el tallado en nogal; las paredes estucadas a cuyo final se ve un friso renacentista. Bien de luz y de tonos, la “Sala Bretón” ha sido instalada con gusto y con amor. Los cuadros y las coronas del maestro penden de las paredes. Sobre un caballete se destaca un formidable cuadro al óleo, retrato de Bretón; luego la vitrina, con los recuerdos de triunfos, premios, batutas, condecoraciones y objetos íntimos del maestro compositor salmantino… Y como corolario, una mesa-despacho de estilo español y un sillón y sobre la mesa, el tintero, la pluma, el secante, la caja de cigarros puros con letras de oro, los lentes, etc.

 

Aún quedan cosas de detalle que retocar, pero puede decirse que la “Sala Bretón” está en condiciones de ser visitada por el público una vez hecha la inauguración.

 

 

Al abrirse al público

 

Es un concejal salmantino, músico también en sus tiempos mozos, don Agustín González, quien ha puesto en la obra todo su entusiasmo, constituyéndose desde el primer momento en defensor ardoroso, de que los objetos del maestro Bretón no salieran del Ayuntamiento, y fuera en la Casa de la Ciudad donde se instalara el museo. Realmente en el Ayuntamiento no se ha hecho oposición alguna a esta demanda. El Ayuntamiento era el primer interesado en responder digna y decorosamente a la ofrenda que don Abelardo Bretón hizo a la ciudad natal de su padre.

 

Y en verdad que ha sabido responder con esplendidez. El arquitecto señor Pérez Fernández ha compuesto una sala primorosa. El señor La Riva ha mirado también con amor a esta obra tan espiritual y tan digna. El Ayuntamiento se siente orgulloso de haberla realizado. Y nosotros, también, de que Salamanca tenga un museo de uno de sus hijos más ilustres.

 

Que el señor Alcalde – nuestro antiguo amigo don Aureliano Sánchez Ferrero - con quien ayer mañana conversábamos acerca del museo Bretón, y del monumento, y de la necesidad de reunir pronto a la Comisión – dar cierta solemnidad, pero con sencillez – a la inauguración de la “Sala Bretón”. Ello nos parece admirable. A la inauguración será invitado el hijo del maestro

 

Inmediatamente se procederá a la redacción de un  catálogo de todos los objetos que componen el Museo, haciendo una sucinta historia de cada uno de ellos.

 

En la “Sala Bretón” se colocará un álbum, para que los visitantes puedan firmar, como recuerdo de su visita al Museo.

 

Hemos de seguir

 

Ya está, pues, instalado el Museo Bretón. Hace un año que el monumento a su memoria se levantó en la plaza de San Justo. Aún  falta algo que hacer. Faltan los bajo relieves para el monumento, la reforma y adorno de éste, la yedra que cubre la parte posterior del monumento... Pero hemos de seguir… Hemos de continuar trabajando, porque la figura de Bretón, tan gigantesca, nos parece que ha de ser poco lo que haga Salamanca, su ciudad natal, para enaltecerlo.

 

 

 

 

Eran objetos de una gran variedad: 

- Estuche conteniendo medalla dorada dedicada por el Fomento de Trabajos Nacionales en 14 de mayo de 1892. 

- Caja de tabaco con inscripción en oro, dedicada por el Círculo del Liceo de Barcelona, el 21 de mayo de 1892, conteniendo 3 cigarros puros. 

- Estuche conteniendo placa dedicada por la Orquesta del Liceo de Barcelona en 21 de mayo de 1892. 

- Estuche conteniendo medalla de bronce del IV Centenario del descubrimiento de América, 1892. 

- Estuche conteniendo medalla dorada del Ayuntamiento de Segovia al Jurado de bandas y orfeones en 1894.

- Estuche conteniendo pitillera y fosforera dedicadas por el Casino principal de Granada en 1895.

- Estuche conteniendo medalla dorada dedicada por Bilbao al Jurado del Certamen Internacional de música en agosto de 1896. 

- Portarretrato en filigrana de plata con el título de Socio de Honor del Casino de la Unión de Salamanca, marzo 1899. 

- Estuche conteniendo medalla con el escudo de San Sebastián dedicada en 1902. 

- Estuche conteniendo medalla dorada dedicada en Milán. 1904.

- Estuche conteniendo medalla de bronce del Tercer Centenario del Quijote. 1905. 

- Estuche conteniendo medalla dorada dedicada por el teatro Dal Verme por el triunfo de “La Dolores” en italiano en 1905. 

- Estuche conteniendo medalla dorada del Concurso Internacional de Música en San Sebastián. 1907. 

- Estuche conteniendo medalla de bronce de la Exposición Hispano Francesa de Zaragoza en 1908.

- Estuche conteniendo medalla de bronce del homenaje a Alejandro Serrano. 1915. 

- Estuche conteniendo medalla de bronce de 5 cm de diámetro y 0,4 cm de espesor, homenaje al doctor Thebussen en 1918. 

- Estuche conteniendo medalla dorada dedicada por el Círculo de Bellas Artes en 1920. 

- Tintero de cristal tallado y secafirmas de uso diario. 

- Estuche con petaca para puros con la firma en plata del Maestro. 

- Estuche conteniendo medalla de oro. 

- Estuche conteniendo Cruz de la Legión de Honor. 

- Estuche conteniendo las Palmas Francesas. 

- Estuche conteniendo la Placa de Alfonso XII. 

- Estuche conteniendo la medalla dedicada por las Logias. 

- Estuche conteniendo medalla de bronce con el busto de Ramón y Cajal en recuerdo del premio Novel. 

- Estuche conteniendo una condecoración. 

- Estuche conteniendo una medalla dorada, recuerdo del Concurso Internacional del Comercio de Suez. 

- Estuche conteniendo Banda y Placa con brillantes de Alfonso XII con dedicatoria en la tapa.

- Tarjetero con las iniciales T. B. en oro. 

- Estuche conteniendo una lira dorada.

- Estuche conteniendo la Banda y Cruz de Alfonso XII. 

- Placa dedicada al insigne maestro por el Regimiento Infantería de Cuenca, número 27. 

- Dos medallas, Premios del Conservatorio de Música de Madrid. 

- Tres coronas de metal con sus correspondientes cintas. 

- Caja conteniendo dos relojes de oro con un portamonedas de plata y un estuche con lentes de oro, todo de uso personal del Maestro.

 

El día 19 de setiembre regala un violín, que no es el primero con el que aprendió a tocar y que tiene en propiedad su amigo y compañero de fatigas juveniles Jacinto Rodríguez (Cabecita). Carece de cejilla, puente y sobrevive una sola cuerda. 

Desaparecida la “Sala Bretón” los objetos reseñados se encuentran depositados en cajas del Almacén del Ayuntamiento, en naves de la empresa Feltrero, junto a los que se indican a continuación: 

 

- Diploma por el premio Lira de Oro otorgado por el Ayuntamiento de Madrid al ganar el Concurso de Composición de Himno de las Bodas de Plata de Alfonso XII. 25/03/1878. Papel 35 x 49 cm. 

- Pergamino Título de Socio Honorario del Casino de Salamanca del ilustre maestro salmantino Tomás Bretón. 03/03/1889. 86 x 75 cm. 

- Diploma del Boletín Musical al egregio maestro Tomás Bretón en conmemoración del estreno de su obra “La verbena de la Paloma” en el teatro de Pisarro. 19 junio 1894. Papel con dibujo0 a plumilla, 70 x 53 cm. 

- Pergamino Título de Socio Honorario del Orfeón Pamplonés a favor del notable maestro Tomás Bretón. 12/10/1906. 75 x 52 cm. 

- Estuche con iniciales T. B. grabadas en oro conteniendo cigarrera de plata grabada con un paisaje en el anverso y en el reverso iniciales T. B. entre orlas decorativas. 

- Tres condecoraciones y once coronas. 

- Cuadro en óleo sobre lienzo, retrato de Tomás Bretón fumando un puro. 245 x 172 cm. 

- Diploma del Grupo Filatélico y Numismático de Salamanca por su colaboración en el homenaje a T. B. 26,5 x 38 cm. 

 - Fotografía “Escultura de Tomás Bretón” de Federico Chico. 

- Fotografía retrato de la Banda de don Miguel Más Gargalló en la ópera “La Dolores”. 

- Medalla de bronce dedicada a Tomás Bretón, 4,5 cm diámetro y 0,4 cm espesor. 

- Medallero con 38 medallas de Tomás Bretón. 

- Caja con microfilm de poema sinfónico de Tomás Bretón. 

- Pergamino Título de Presidente Honorario de la Asociación Bretoniana de Zaragoza, 71 x 90 cm.

- Placa con partitura de “Los amantes de Teruel”. Metal sobre terciopelo granito. 45 x 35 cm. 

- Placa y escudo sobre metal del Grupo Filatélico y Numismático de Salamanca, obsequio al Ayuntamiento por su colaboración en el homenaje a Tomás Bretón. 

- Placa y escudo metal sobre madera del Grupo Filatélico y Numismático de Salamanca, obsequio al Museo de la Historia de la Ciudad. 

 

En el Archivo Municipal, ubicado en la parte posterior de la Biblioteca Torrente Ballester, del Paseo de los Olivos, 10/22, se encuentra el Álbum con dedicatorias de amigos y admiradores de 20 de junio de 1880 con pastas de terciopelo, remates y cantoneras decoradas con filigrana calada de plata, broche y escudo de oro de filigrana, iniciales T. B., de 22 x 17 x 2 cm, confeccionado por el inteligente artista y filigranista de Cámara señor Moran y la encuadernación debida a los señores Toribio y Cuesta, que estuvo en la “Sala Bretón”. 

Existen además las siguientes piezas: 

- Álbum apaisado de 8 hojas con fotografías y textos, de 12 x 18 cm, recuerdo del homenaje celebrado a la memoria del maestro Bretón en el teatro Liceo el 23 de enero de 1924, interpretándose “La Verbena de la Paloma”. 

- Fotografía de Bretón de perfil pegada sobre cartón de 24 x 15,5 cm. 

- Himno a Calderón de la Barca, letra de Ventura Ruiz Aguilera, música de Tomás Bretón en el día de su 2º centenario, dedicado a la Ilustre Universidad de Salamanca. 1881. 35 x 27 cm. 

- Partitura del himno anterior. 18 x 22 cm. 

- Partitura del poema sinfónico “Salamanca”, obsequio de Tomás Bretón en 1916, según consta manuscrito en la primera página. La compuso en Astillero (Santander) y se estrenó el 14 de octubre de 1916. Ejemplar encuadernado 30 x 25 cm. El manuscrito del poema estuvo anteriormente en el  Archivo Municipal ubicado en 1962 en el Patio de Escuelas Menores, dirigido por el Archivero Salvador Llopis. 




BIBLIOGRAFIA 

Revista Salamanca, número 33/34. Págs. 181 a 195.- Dámaso García Fraile. Salamanca en la vida y obra de Tomás Bretón. 1994. 

Prensa de la época: El Adelanto y El Salmantino.




EL POEMA SINFÓNICO "SALAMANCA" EN INTERNET


Ensemble Ouroboros (Orquesta compuesta por jóvenes músicos aficionados entre 18 y 35 años de Friburgo/Suiza) dirigida por Frederic Zosso, enero de 2020 en Friburgo, Suiza




Orquesta Sinfónica de Castilla y León dirigida por  Max Bragado-Darman. L'armata armonica