LA GASOLINA Y LOS VEHÍCULOS SALMANTINOS
El Reglamento de Vehículos, que obligaba a matricular los coches de tracción mecánica, entró en vigor el 17 de setiembre de 1900 y el 31 de octubre se matriculó en Palma de Mallorca el primer vehículo, un Clement-Bayard de 2 ½ HP, a nombre de José Sureda del barrio de Santa Catalina. El 18 de noviembre y en Cáceres matriculó otro triciclo Clement, F. Muñoz, de Plasencia.
Se habían visto por Salamanca aquellas “infernales máquinas” conducidas por forasteros que la atravesaban con destino a otros lugares de la geografía española. Pero los nativos también estaban deseosos de entrar en una moda que nos traía la civilización y así comenzaron a adquirir automóviles unos pocos ciudadanos pudientes y luego ya en mayor número, con afán de emulación y para estar “a la última”.
En Salamanca el SA-1 fue matriculado por el alto funcionario de Fomento al servicio de la Hacienda Pública, José Luis Gordillo, un doble faetón traído de Madrid y marca Torneau de 8 HP, el 7 de diciembre y al contemplar la fotografía de ese primer automóvil matriculado en Salamanca en el año 1900, me he hecho la pregunta de cómo se las apañarían los vehículos matriculados para repostar, si esa acuciante necesidad había surgido de la noche a la mañana y en 1910 se habían matriculado una veintena, en 1920 más de 200 y en 1930 más de 2.000.
Puesto a indagar me encuentro con que no tuvieron otra alternativa que adentrarse en los talleres mecánicos y garajes, donde se venían reparando y encerrando los antiguos carruajes de tracción animal y que se vieron en la necesidad de comenzar a efectuar acopio de bencina para ser usada por los vehículos a motor.
Haciendo un recorrido por la Salamanca de mediados del XIX existían: el taller de coches de Francisco González en la calle de Toro, 20; el taller de Juan Valverde en el exconvento de san Antonio el Real (donde hoy Zara); el negocio de diligencias de Julián Nuño, el Mosco, panadero y propietario de los terrenos donde tuvo su asiento el convento de los frailes denominados Mínimos, Hijos de san Francisco de Paula; el de Raimundo del Rey, dueño de una flota de coches y carruajes que desplegó con motivo del Centenario de santa Teresa, en 1882 y empresario de lo más variado.
El Garaje Salmantino de Bomati y Maldonado de la calle Zamora, 57/59, existente desde 1860, en enero de 1912 es representante de los automóviles Louis Renault y se anuncia como suministrador de gasolinas y aceites de diferentes marcas. Ese mismo año Manuel de Sena representa la casa Panhard y Levvasor y Eduardo y Pablo García tienen talleres en la Avenida de Mirat y despacho en la Plaza
Mayor. Pérez Conesa Hermanos en la calle Pollo Martín, 4, lleva la representación de la marca Dodge Brothers y más tarde Electro Garaje Tudor, en la confluencia de la Avenida de Mirat y la Puerta de Zamora
El Garaje Gran Vía, de Evaristo Hernández en el número 30 de la calle de Zamora, anteriormente Garaje Del Arc y que luego pasó a ser el Garaje Argos, para acabar finalmente como Garaje Saica.
El Garaje Moderno, construido por Antonio Alfonso López de las Mozas (que matriculó el coche SA-4, el 13 de abril de 1904), junto con Pignatelli y Compañía en la esquina de la carretera de Ledesma con Torres Villarroel, era representante de la casa Ford y luego de la General Motors que fue adquirido por la firma Moneo cuando la Gran Guerra en 1914 y tras haber tenido López de las Mozas participación algún tiempo en el Garaje Salamanca de Bomati, saca al exterior el aparato surtidor existente para suministro a cualquier vehículo, que desaparece al construirse los actuales edificios.
Existe una fotografía en que se ve un Aparato Surtidor en la esquina de la iglesia de san Juan de Sahagún y calle de Toro, frente a los Corrales de Monrroy de esta época, antes de la llegada del Monopolio.
La gasolina y otros derivados del petróleo se venían utilizando como disolventes o quitamanchas y despachados en ferreterías, droguerías y farmacias. Se almacenaba en grandes toneles que se iban vaciando con cucharones.
Al principio, el almacenamiento de bencina se efectuaba por medio de bidones de chapa reforzada, aros metálicos y boca ancha, de 200 litros de capacidad, suministrados por las compañías extranjeras que tenían el monopolio de hecho: Standard Oil y Shell, a las que en 1925 se unió la Sociedad hispano-francesa Porto Pí, propiedad de Juan March y la Banca Bauer, que importaban petróleo ruso. La sociedad era conocida como la “P.P.P.” por Petróleos Porto Pi. También existían la Texaco y la francesa Desmarais Fréres.
Se dotó a los bidones de bomba de accionamiento manual y el primer modelo que se utilizó fue el de la marca Bowser patente de 1887, al que siguieron Satam, Hardoll, Botillón, Ges y Droher. Se adaptaron también a tanques subterráneos o cisternas.
Posteriormente y para mayor comodidad del cliente, el producto se suministraba en artísticas latas de 10 litros para verter su contenido en el depósito del automóvil por medio de un embudo; todavía más tarde se procedió al enterramiento de depósitos en el interior de los garajes, para su extracción con bomba de accionamiento manual y en los años veinte aparecieron los primeros Aparatos Surtidores, facilitados por las compañías extranjeras, también con accionamiento manual, provistos de tulipa redonda y achatada, con iluminación en la parte superior y doble vaso donde se apreciaba el llenado y vaciado mediante émbolo.
La primera escuela para transformación de los cocheros en “choufeurs” fue montada por los señores Bomati y Antonio Alfonso Pérez de las Mozas el 4 de junio de 1907 en el Garage Salmantino de Zamora, 57/59.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera, siendo ministro de Hacienda don José Calvo Sotelo, se funda el Monopolio del Estado para el petróleo y sus derivados, adjudicándose su administración a la empresa CAMPSA, compuesta por 9 bancos: Banesto, Bilbao, Vizcaya, Hispano, Urquijo, Herrero, Cataluña, Hispano Colonial y Marsans. Dos años después desaparecen los 3 últimos. Se crea por medio del Real Decreto Ley número 113 de 31/12/1927 y comienza a funcionar el 1 de enero de 1928. Antes de la creación del Monopolio correspondían al Tesoro, por derechos de Aduanas, 50 millones de pesetas al año y en el primero de su fundación ya se sobrepasaron los 125 millones.
Visita España el Presidente de la SHELL Enry Deterding, el “Napoleón del petróleo” y advierte a Calvo Sotelo para que desista de efectuar la adjudicación del Monopolio y ante la cortés negativa del ministro, amenaza: “Allá ustedes; el Monopolio podrá nacer; vivirá dos años porque en ellos no habrá de faltarles el suministro. Después no habrá quien les abastezca”. Espera ablandar al Dictador Primo de Ribera y éste se muestra menos diplomático para despedirle.
Se equivocó pues los suministros siguieron llegando al renovarse el contrato suscrito con la “Societé des Produits du Naphte Russe” y otro con la “Banca López Bru”. También llegó el combustible procedente de “Petroleum Export Associatión” y “Compañía Española de Petroleos S.A.”, aparte del de los contratos semestrales con “Cities Service Export Oil Company”, “Atlantic Refining Company” y “The Texas Company”.
La campaña no termina y entre las muchas patrañas que circularon para abortar la creación del Monopolio de Petróleos una fue el ofrecimiento de la Standard Oil de prestar al Gobierno español mil millones de pesetas durante un número de años con un pequeño interés, según unos o sin interés según otros.
Como el Monopolio produce al Estado 170 millones y antes de 2 años producirá 200, es excelente que para la Standard Oil significaría una colocación de dinero nada menos que al 20 por ciento.
El Gobierno dispone de un grupo bancario que está dispuesto a dar por el Monopolio, en vez de mil millones, 3 mil y no solo sin interés, sino a fondo perdido, o sea, que al terminar el contrato el Estado no tendrá que devolver nada y no solo eso, sino comprometiéndose a respetar la actual organización directiva del Monopolio y la intervención gubernamental, singularmente en lo que constituye su esencia, o sea, en la fijación de precios a los diversos productos para el consumo público.
Los petroleros franceses, a raíz de la implantación del Monopolio en España, tuvieron que abandonar la sustanciosa presa de su mercado del que sacaban pingües beneficios no solo económicos. Por despecho, comenzaron una campaña contra la peseta, que acarreó la caída de Primo de Rivera y el hundimiento de la monarquía. Como Indalecio Prieto, en su destierro de París había conocido al representante ruso Ostrowsky, al encargarse de la cartera de Hacienda en el Gobierno provisional de la República, firmó un contrato para el suministro directo del Consorcio de la Nafta ruso a la CAMPSA, sin pasar por el intermediario del grupo financiero francés, que antes intervenía en la operación.
Los petroleros franceses intentaron volver a recuperar el mercado español basándose en el saldo favorable para España del intercambio comercial, amenazando con nuevas restricciones a la exportación española, a no ser que España aceptara el pago de la diferencia en el petróleo que Francia no produce directamente, pero que compraría ella a Rusia, para cedérselo a España.
Se da la curiosa circunstancia de que Calvo Sotelo se encuentra en Salamanca el día 14/01/1928, fecha en que se publica el texto en “La Gaceta”, descansando en la finca de Matilla de los Caños de don Graciliano Pérez Tabernero y al día siguiente antes de su marcha a Madrid es cumplimentado por las autoridades, invitando a comer en el restaurant de la Viuda de Fraile al delegado de Hacienda don Ismael Sánchez Estevan, quien le expone la lamentable situación de las oficinas de Salamanca. Ha llegado el día 12, acompañado del abogado del Estado don Gregorio Fraile y del tambien abogado del Estado y su secretario particular don Jesús Marañon, que se alojan en la finca de don Argimiro Pérez Tabernero. En las veladas se juntan los 4 hermanos, Antonio, Argimiro, Graciliano y Alipio y le ofrecen un baile de “Charradas” ejecutado por dos parejas de charros, a los que acompañan los mejores de la provincia tocando dulzaina y tamboril.
La primera Agencia Comercial de CAMPSA en Salamanca se instala en la calle de Toro número 55, cuenta como Jefe de la Delegación a don Manuel Muñoz Orea y como Jefe de Contabilidad, al profesor mercantil don Ramiro Moreno Asenjo. En 1936 se traslada a un piso principal de la Plaza Mayor, con entrada por el Pasaje del Coliseum y la plantilla de personal la componen, don Luis Guervós Avila, como Jefe; don Ramiro Moreno Asenjo, como Interventor-Contable; don José Miguel Motta Aparicio, como Cajero y don Antonio Mateos Sánchez, como Oficial administrativo.
En el primer ejercicio del Monopolio se despachó un total de 3.619.362 litros de gasolina, gasoil, fuel, lubrificantes y petróleo lampante y 11.383 kg de parafinas. El Aparato Surtidor de mayor venta fue el de Chamberí, que regentado por Manuel Valls, expende más de 200.000 litros. Le siguen los de la Plaza de los Bandos y la Puerta de san Pablo con más de 150.000. Uno de los mayores consumos lo producen las 21 líneas regulares de viajeros existentes en la provincia.
Siendo alcalde Miguel Iscar en 1934, el Monopolio, con la aprobación del proyecto por parte del Consejo de Administración, solicita licencia para instalar una estación subsidiaria de “transformación de gasolina” [sic] en terrenos al final de la carretera de la Estación, alrededor de lo que había sido “El Molasín”, en la Calzada de Medina y en el sitio que forma ángulo con la línea de Zamora. Se celebrará la subasta de las obras dando 8 meses para la construcción sobre una parcela de 16.000 m2, que ocuparán los depósitos y edificios del personal.
Los depósitos serán 7 tanques verticales de 500.000 litros cada uno y 4 de 150.000 litros que junto a 4 tanques auxiliares horizontales de 25.000 litros hacen 4.200.000 litros, consumo de un año en la provincia. El edificio consta de 3 casas individuales para el Jefe, Contramaestre y Guarda. Oficinas para el personal. Almacén de lubricantes y nave de envasado de 60 x 15 m con muelles de 3 metros para facilitar la carga y descarga. Garaje de 6 plazas. Un depósito elevado de 25 m3 de agua con excavación de un pozo y balsa. Apartadero de ferrocarril para vagones cisternas, casa de bombas, caseta de transformación eléctrica, servicios auxiliares de botiquín, comedor de obreros, etc. por importe de 563.403 pesetas más 1.500.000.
El viernes 18 de enero de 1935 se ponen en funcionamiento las instalaciones de recepción y almacenamiento de productos petrolíferos, ostentando la primera Jefatura don Francisco Mateos Lapuente.
Al estallar la guerra civil Salamanca quedó en la zona nacional, dependiendo del ingeniero Juan Navarro-Reverter y Pascual nombrado por la Junta de Defensa Nacional, el 13/08/1936, Jefe de la Oficina Central, con residencia en Burgos, lo que equivalía a la Presidencia de CAMPSA, mientras en la otra zona continuaba ejerciendo como Director General, don J. Arvilla. Navarro-Reverter fue asesor jurídico en la incautación de los bienes en Francia de la CAMPSA roja, depositados en “Petróleos du Languedoc” y de su recuperación a la terminación de la contienda.
El 17/07/1947 se reorganiza el Monopolio y funcionará en régimen de desconcentración de servicios.
Comienzan a llegar los suministros desde “Caltex” en el Golfo Pérsico, “Shell” desde la refinería de Curaçao, “Standard” desde la de Aruba y “Cepsa” desde la de Tenerife. En 1950 suministra ya la refinería de “Repesa” en Escombreras y “Encaso” en Puertollano.
Entre “Campsa” y “Repesa” se crea, para aprovechamiento del gas butano, realizando el envasado, distribución y su venta junto a los demás gases del petróleo, la compañía “Butano S.A.” el 27/09/1957.
En Salamanca y en 1973 se hace una ampliación del tancaje eliminando los pequeños depósitos y sustituyéndolos por otros de mayor capacidad y se monta también un cargadero automático de camiones cisterna por medio de brazos articulados.
Los primeros Aparatos Surtidores de Salamanca, a la llegada del Monopolio, estuvieron situados, uno en la Plaza de los Bandos, en la acera de los jardines frente al Banco de España, en el que se dio la circunstancia de que, con motivo de la ampliación de la calzada, quedó el surtidor colocado encima del bordillo, por lo que precisó de una sólida base de hormigón en forma semicircular para evitar los golpes de los vehículos al repostar. En el año 1940 sufrió un aparatoso incendio que llenó de temor a la vecindad por la posible explosión del tanque y desapareció a primeros de los años cincuenta.
Otro surtidor ocupó terrenos de la Plaza de España, en la acera de los jardines, frente al actual Horno de santa Clotilde y una tienda de frutos secos, que en setiembre de 1952 se convirtió en Agrupamiento de aparatos surtidores y con motivo de la remodelación de la plaza desapareció.
El tercer surtidor estaba en Chamberí, pasado el Zurguén, en la confluencia de la Carretera de Tejares y el Camino de la Moral, pasando luego al lado contrario, más cerca del Arrabal y convirtiéndose en Agrupamiento de surtidores, modalidad con la que sigue funcionando en la actualidad y el cuarto en la Puerta de san Pablo.
A partir de la Guerra Civil los Aparatos Surtidores pasaron a ser regentados obligatoriamente por los Caballeros Mutilados de Guerra, hasta que en 1986 y con motivo de pasar los bienes y derechos de que era titular el Estado en el Monopolio a la empresa CAMPSA, ésta varió las condiciones de los contratos para los Agentes, con lo que cualquier persona podía aspirar a regentarlos.
En la actualidad van quedando muy pocos Aparatos Surtidores, que han sido sustituidos por aseadas Estaciones de Servicio, con toda clase de comodidades para el automovilista, pero con el cambio en su estética exterior y la mecanización con el autoservicio, se ha perdido el trato personal, la familiaridad y la complicidad, que siempre fueron admirables, entre los hombres de la gasolina.
Hoy perviven dos con edificios singulares, en la Avenida de la Paz y en la Puerta de Zamora. El primero propiedad de Manuel Lorenzo García empezó como aparato surtidor antes de 1933, al lado del puente de Enriquen Estevan y en 1941 el arquitecto Francisco Gil proyectó un edificio para Estación de Servicio, sobre un solar de 418 m2 que fue reformado en 1948.
El de la Puerta de Zamora, Electro Garaje Tudor, fue proyectado el 27/02/1940 para garaje, vivienda y estación de engrase con un presupuesto de 300.000 pesetas, por el arquitecto Ricardo Pérez, para Angel Nuño y constituye una muestra del neo-renacentismo, en el que destacan las cresterías, imitación de las del palacio de Monterrey.
La Compañía Logística de Hidrocarburos “CLH”, sustituye a CAMPSA el 14 de enero de 1993, tras la segregación de sus activos comerciales que se adjudican a “Repsol”, “Cepsa” y “BP” al liberalizarse el sector petrolífero por exigencias de las nuevas leyes de la Comunidad Económica Europea.
Abandona las instalaciones de Salamanca en 2013 al trasladarse a Castellanos de Moriscos, donde se conecta a la red de oleoductos nacional. Se asienta sobre una extensión de 150.000 m2 y ha supuesto una inversión de 24.100.000 euros con la instalación de 9 tanques y capacidad de 76.215 m3, 200 metros de tubería de 8 pulgadas de diámetro y cargadero de camiones cisterna con 4 isletas independientes.
Se integra en una compleja red de distribución que se extiende por toda España y que partiendo del primitivo eje Rota-Torrejón, que los americanos cedieron al Estado español, recibe hoy productos desde las 8 refinerías periféricas españolas en su red de más de 4.000 km.
Desde 2021 “CLH” ha pasado a denominarse “EXOLUM” y presta sus servicios en los siguientes países: Reino Unido, Irlanda, Países Bajos, Alemania, Francia, Portugal, USA, Panamá, Ecuador y Perú.
BIBLIOGRAFIA
50 años de CAMPSA.- Juan Antonio Cabezas. 1977.
Historia y vida número 74. Páginas 114/121.
Prensa de la época.