Los tercerillos de la Plaza Mayor

 


Por José María Hernández Pérez
                 03/01/21 Rev. 00


Al terminar la construcción de la Plaza Mayor en 1755 por Andrés García de Quiñones, obras que había iniciado Alberto Churriguera en 1729, los soportales tenían las siguientes medidas, que nos ha facilitado el ex delineante del Ayuntamiento, D. Antonio Seseña: Promedio de altura, hasta la parte baja de las bovedillas, 4,10 m. Anchura de la acera del Pabellón Real, 4,69 m junto a la escalerilla del Pinto y 4,51 m en la del Ochavo. Acera de san Martín, 3,91 m junto a la anterior escalerilla y 3,93 m en el arco de san Martín. Toda la acera de Petrineros, 3,96 m. La acera del Ayuntamiento, 4,06 m en el arco de Concejo y 4,13 m en el de la calle de Toro. Todas las aceras fueron enlosadas en 1806. 


Durante las Ferias y Fiestas de 1902 se celebró en Salamanca la Fiesta del Coso Blanco. La preciosa imagen del fotógrafo Aurelio Paz dos Reis perteneciente al Centro Portugués de Fotografía muestra un grupo de niñas bailando durante la misma frente a los arcos que albergaban entonces el comercio "Al Modelo de París", la peluquería de "Inestal" y la confitería de la "Baltasara", donde hoy se encuentran la joyería Cordón y la cafetería Berysa. La fotografía permite contemplar los desaparecidos "tercerillos"


Los “tercerillos” son una idea del comerciante Anselmo Prieto Hermosillo, quien en 1805 quiere instalarlos en sus tiendas que se extienden desde la escalerilla del Ochavo hasta el arco de San Pablo, números 16 al 19. Se encontraban en el interior de los comercios y solo sobresalían de la línea de fachada (un pie aproximadamente) los balconcillos y rejas. La altura de las tiendas era considerable si tenemos en cuenta que el forjado del piso superior se elevaría, al menos, 0,80 m sobre la altura que hemos dado a la parte baja de las bovedillas de los soportales, con lo que resultaría: 4,10 m + 0,80 m = 4,90 m. 

El resto de comerciantes se sumó a la idea y tenemos constancia escrita de que se instalaron en la totalidad de los del lienzo del arco de san Fernando, constancia escrita y gráfica de la totalidad de los del lado de san Martín y carecemos de noticias de los de la acera de Petrineros, constando solamente que el primero que desapareció fue el del comerciante de telas Tomás Alonso del Moral, del número 41, a principios del siglo XX, cuando ya es de su viuda Aurea Moreno Brusi, que embelleció el comercio con una portada de nogal.

Don Carlos Gutiérrez de Ceballos escribe en 1951: “Consistían los “tercerillos” en una planta o piso de pequeña altura situado entre la planta baja y el principal. Tenían unos balconcitos de iguales dimensiones, abiertos sobre los soportales, con un diminuto antepecho, y existían tantos como arcos, todos en perfecta simetría. Costumbre de los moradores del “tercerillo” era la de colocar una camilla al lado del balconcillo. Sentados en derredor de ella, los vecinos veían pasar a la gente por los soportales y fisgaban todo lo que en ellos acontecía. ¿Podéis imaginaros el encanto de unos interiores, a los cuales la luz del quinqué iluminaba como una estampa romántica? La fisonomía de la Plaza Mayor era, como puede comprenderse, de un delicioso intimismo, cuyo recuerdo aún perdura entre quienes lo conocieron.

Pero poco a poco, los “tercerillos” fueron suprimiéndose para dar mayor altura y capacidad a los comercios instalados en la planta baja. Hace unos cuarenta años todavía los “tercerillos” daban razón de existencia, permitiendo imaginarse lo que fue la Plaza cuando estuviera toda ella poblada de esos pequeñitos balcones tan atractivos y simpáticos, de los que, en la actualidad sólo queda uno aunque tapado por la muestra de un estanco”

Fueron celebres las tertulias de la confitería “La Madrileña” , lugar de reunión de eclesiásticos; la de la confitería de “Las Guapas”, donde hoy la farmacia de Urbina, formada por caballeros de la buena sociedad salmantina; la de la farmacia de Crespo, hoy Mesón Cervantes, que daba cobijo a representantes políticos del integrismo católico, más radicales que el propio obispo padre Cámara, capitaneados por el catedrático don Enrique Gil Robles en la acera Real. En la del lado de san Martín la de la tienda de hierro viejo y herramientas de dos ancianas señoras, “Las Migueletas”, hoy cafetería “La Tentazion”, que reunían diariamente a un grupo de damas de la alta sociedad y que tenían por norma no abrir los cuarterones de la tienda a nadie que no hubiera sido previamente identificado a través de un ventanillo. 

Esta fotografía publicada en Mundo Gráfico el 25 septiembre de
1912 muestra una recién remozada fachada de los comercios
de Prudencio Santos Benito, de donde ya habían desaparecido
los tercerillos.

    

Pasado el arco de san Pablo, la del comercio de Francisco Téllez Rus, hoy restaurante “Las Tapas de Gonzalo”, en la que se reunían matrimonios.

De los “tercerillos” se colgaban los artículos que se vendían en los comercios siendo célebre el de Elvira “La Cordonera”, con tienda abierta en 1820 como mercería, que a finales del siglo XIX se anunciaba como mercería y perfumería y después también como tienda fajas y corsés. 

Mujer de extraordinaria simpatía, apostada en el umbral de su establecimiento cantaba las excelencias de los géneros a cuantos merodeaban por los alrededores, que los podían contemplar a sus anchas, pues el abigarrado escaparate les salía al encuentro y además, los artículos se exhibían colgados, de los “tercerillos” siendo recogidos amorosamente a la hora del cierre del comercio.

Al objeto de conseguir mayor altura para los establecimientos comerciales, instalados en la planta baja, fueron desapareciendo poco a poco. 

Tenemos constancia de que a mediados de 1912 desaparece el más antiguo, que ocupaba los números 16 al 19, pues su dueño Prudencio Santos Benito modifica la fachada de sus comercios y traslada la lápida dedicada al poeta Iglesias de la Casa, situada en el número 19, donde había vivido hasta su fallecimiento y la coloca en la parte trasera del edificio, dando frente a la plaza que llevaba su nombre. 

El último “tercerillo” que desaparece lo hizo en 1956, cuando en lo que hoy es “La boutique del fumador”, el decorador Rafael Basulí Gost montó la fachada del estanco, expendeduría de tabacos número 1 de Salamanca, que databa de octubre de 1895, propiedad de Juan Meca. Traspasado a su pariente Moisés Romero García en julio de 1906, al fallecer éste en 1919, heredó la tienda su hijo Manuel, pasando luego a su hermana Herminia, que es cuando desaparece el “tercerillo”. Emilio Salcedo publica un artículo en LA GACETA sobre el último “tercerillo” dedicado al esposo de Herminia, su amigo Jesús Sánchez Lombardía.

La actual farmacia de Urbina tuvo dos “tercerillos” pues adquirió la parte de los Portales de san Antonio para instalar una droguería y perfumería. Lo mismo ocurrió con los números 11 y 12, cuando en 1946, “La Costa azul” de Manuel González Peláez, amplía las “Sederías Doyes” con su anexo de tejidos y confecciones “El Metro”, y entrada por los Portales de san Antonio.

    

La reforma del estanco nº1
de 1956 realizada por Rafael
Basulí. Fotografía del blog 
el suelo de Salamanca aportadas 
por la familia Sánchez-Romero

Entre 1818 y 1832 el Ayuntamiento permitió abrir 10 “tercerillos” enrejados en los Portales de san Antonio, que hoy nos permiten conocer cómo eran los de la Plaza. 

Los soportales de san Antonio. Otto Wunderlich

    

Esquina de la escalerilla del Ochavo

Para hacernos una idea podemos observar, en la esquina de la escalerilla del Ochavo que da al bar “Lígrimo”, la línea de imposta que hace de separación entre ambos pisos. También se puede observar que todavía quedan reminiscencias de ellos en los mechinales de las cabezas de sus vigas en algunos comercios de la Plaza.


A finales de febrero de 1916 el catedrático de hebreo don Pascual Meneu al pasar bajo el arco de san Pablo observa la colocación de andamios en su techo e indagando qué obra se está llevando a cabo se encuentra con que el comerciante Eusebio Santos Baz, hijo de Prudencio Santos Benito, (fallecido el 16 de julio de 1915), que en 1912 ha retirado los “tercerillos” de su establecimiento en la Plaza, ahora está colocando unos “miradores” de cristal en el lateral de su tienda, en el cañón del arco. Se encara con el arquitecto autor del proyecto don Joaquín de Vargas y con el propietario señor Santos. 


Los soportales de san Antonio.Fotografía de Otto Wunderlich

    

Estado actual del arco del Toril

Comprueba que ya se ha destrozado el ángulo meridional de la repisa del arco inmediata a la Plaza Mayor, las aristas de los témpanos y la línea horizontal que sirve de basamento a los 3 lunetos de levante, en armonía con la de enfrente sirviendo de base a los 3 lunetos de poniente. Indignado, junto con el profesor de Bellas Artes de la Universidad Sr. Apraiz inician una campaña de prensa. Se encuentran con que el Ayuntamiento ha autorizado la obra y el alcalde, don Emigdio de la Riva y Garzón les da a conocer que la Comisión Provincial de Monumentos con fecha 11/12/1915 ha dado el consentimiento a su instalación, así como el Arquitecto municipal y la Comisión municipal de Obras. Pascual Meneu duda de que tal acuerdo fuera tomado sin estar reunido el suficiente número de individuos que marca el Reglamento de la Comisión Provincial de Monumentos y que sería bueno se dieran a conocer los nombres de los mismos, como demanda el día 28/2/1916 en “El Salmantino”, quien firma Gazteizko Bat. 

En sesión del 1 de marzo, a propuesta del señor Santa Cecilia, se acuerda que la Comisión de Obras se entreviste con el propietario para ver el modo de llegar a un acuerdo sobre el mejor ornato de dicha obra. El dueño del comercio no se opone a desmontar los andamios y dejar la obra como estaba, siempre que se le abonen los gastos efectuados.

En sesión municipal de 9 de marzo, la Corporación dictamina que no debe pagar 7.000 pesetas, que es la cantidad a desembolsar para dejar el arco en su estado primitivo. Impugna el dictamen el concejal señor Romano y lo defienden los señores Iscar, Mirat, Sánchez Pérez y Clairac, en una acalorada sesión que pretende culpar al arquitecto municipal por no haber paralizado la obra al comprobar que no se ajustaba al proyecto presentado. No se tienen más noticias sobre el asunto pero lo cierto es que los “miradores” quedaron instalados.


Tarjeta postal coloreada de Roisin. Se observan los miradores instalados en el arco del Toril


Es el 3 de mayo de 1934 cuando el Ayuntamiento afirma que está a la espera de un informe de la Comisión de Monumentos sobre si los “miradores” afectan o no a las características de la Plaza. No se recibe hasta el 12/11/1935 y dictamina que sí afecta, por lo que el día 21, en Sesión presidida por don Miguel Iscar se acuerda su desmontaje, anulándose los recibos que tiene pendientes la propiedad. Al día siguiente en las páginas de El Adelanto, “Un repórter” se felicita de que al fin desaparezcan los antiestéticos “miradores”.






Bibliografía


La Plaza Mayor de Salamanca, Alfonso Rodríguez de Ceballos.

La Plaza Mayor de Salamanca, Conrad Kent.

Salamanca a finales del siglo XIX, Carlos Gutiérrez de Ceballos.

Urbanismo de Salamanca en el siglo XVIII, María Nieves Rupérez Almajano.

El comercio en la Plaza Mayor, José María Hernández Pérez.

El último “tercerillo” de la Plaza Mayor, Emilio Salcedo.

Prensa: El Adelanto y El Salmantino.