La Escalerilla de Pinto




Las crónicas salmantinas establecen que en 1755 terminó el cerramiento de la Plaza Mayor con la unión del Pabellón del Ayuntamiento y el Pabellón Real. Resolvió el complejo cerramiento el arquitecto Andrés García Quiñones. Los defectos ocasionados por su complejidad son fácilmente observables en una atenta mirada de la fachada del edificio sobre el arco que conduce a la escalerilla de Pinto. El cerramiento fue solo aparente, uniendo las fachadas, pues tras ellas faltaba la construcción de algunas casas tanto en el Pabellón de Petrineros como en el Pabellón del Ayuntamiento en la cercanía de la calle Herreros (Toro).

La salida a la calle Herreros se iniciaba en rampa, descendiendo esta vía pública entre casas con fachadas porticadas. Rampa que el propio arquitecto había determinado pavimentar con guijarros. 

El arco de salida a la plaza de Carboneros1 por los portales del Pan o de Panaderos2 resolvía su acceso de forma similar, en rampa sin precisar escaleras salvo uno o dos escalones hacia los portales de San Antonio. No nos consta la existencia de escaleras hasta finales del siglo XIX, constatándose esta falta en el plano de la Plaza Mayor de Larra Churriguera de 1741 que solo muestra la escalera del Ochavo y tampoco se observa su presencia en el plano del ingeniero San Pedro de 1864, en dónde no se señalan más escalones que los pasos mencionados de acceso a los portales de San Antonio, las escaleras del Ochavo y las de acceso lateral a la rampa del arco del Toro.

Llegaba la historia local al año 1887, cuando el mal estado de la cuesta de acceso a la Plaza Mayor por el arco del Pan hizo decidir al ayuntamiento la colocación de una escalinata3. Se aceptó el presupuesto del arquitecto municipal don Manuel Pérez González en el que figuraba la utilización de piedra artificial de la empresa La Progresión de Bilbao, por ser de mayor fortaleza, duración y mejor aspecto que la de granito4. Además, también a petición del arquitecto municipal, se aceptó realizar las obras por administración5

Las piedras llegaron a finales del mes de enero de 1888 y las obras para su montaje, con dos tramos de escalera y un descansillo central, comenzaron inmediatamente quedando concluidas en un mes.

Las quejas no tardaron en surgir, sobre todo por el hecho de haber utilizado piedra artificial en vez de utilizar granito de la tierra y artesanos salmantinos para labrarlo, máxime cuando el trabajo escaseaba, y todo en nombre de un ahorro no muy bien entendido. Pero los defectos constructivos también se criticaron rápidamente: los tramos resultaban estrechos y la escalera muy pendiente y en apariencia poco dura para poder aguantar el fuerte tránsito de la zona, además su superficie resultaba tersa y resbaladiza lo que ocasionaría frecuentes accidentes. 

Varios vecinos, 83 según algún periódico, habían presentado una instancia con quejas sobre la construcción de la escalinata que el ayuntamiento pretendió hacer llegar al arquitecto municipal, ausente en esos momentos de la ciudad, y al arquitecto D. José Secall como perito independiente. Muy de inmediato el Sr. Secall renunció a su intervención en el asunto por mediar intereses encontrados entre el ayuntamiento y los vecinos.

Unas y otras cuestiones fueron la causa de la feroz campaña de la prensa contra la obra, pretendiendo la eliminación o modificación de la escalera y el establecimiento de responsabilidades dentro del ayuntamiento, que aún sin faltar a las normas y legalidad había olvidado el interés de la ciudad fundamentalmente de los más necesitados, y/o del arquitecto municipal por incapacidad o por corrupción. 

La campaña no se detendría hasta conseguir la remodelación de la escalera.

Las secciones periodísticas Picadillo de Arsenio González de la Huebra en El Fomento y Quisicosas de Felipe Uribarri en El Adelanto compitieron día tras día en chascarrillos, ironías y críticas contra la obra y sus responsables:

Grabado alusivo a  los usuarios de
la escalerilla, en el Picadillo de
El Fomento de 13 de marzo de 1888



Música del himno de Riego.

Ta ta ra chin, chin chin, tararí pun pun
ta chin chin chin tararí chin tan,
todavía nadie se ha caído
por las escalerillas del Pan.

¡Oh desencanto! Según escribo esto, queriendo demostrar los milagros municipales, me dicen que se han caído ya más de tres docenas de individuos. Volvamos la acción por pasiva.


Música de la Marsellesa.

Allons muchachos á la plaza,
á comprar el mendrugo de pan,
bajaremos el arco del Toro
la escalera evitando pasar (bis)
y tendremos las piernas seguras
del peligro que ofrece el bajar,
lo cual solo sabrán los concejales
que mandaron tal monstruo edificar.
¡Por Dios, no las paséis!
que os vais a reventar;
por Dios, por Dios,
venid y rodear,
porque sino os vais á matar.
Por Dios, por Dios etc.

PICADILLO (Arsenio González de la Huebra)
El Fomento 5 de de marzo de 1888




La maldita escalinata
continúa tan bonita
y el concejo no la quita
ni de reformarla trata,
y si la gente se mata...
que se mate, ¡ya se evita !

QUISICOSAS (Felipe Uribarri)
El Adelanto 9 de marzo de 1888


A su regreso a la ciudad, el arquitecto reconoció en su informe al ayuntamiento los defectos en la construcción de la escalerilla, actuación que disculpó por la utilización de un plano erróneo de la plaza de la Verdura. Se propuso realizar un nuevo plano de la escalinata para mejorar la situación.

Un mes después, el 25 de abril, se subastó con un remate de 1877,81 pts. la construcción, ahora sí en piedra granítica, de la nueva escalera. 

A mediados de junio comenzó la obra y en breves días fue sustituida la “vieja” escalera por otra de granito y más tendida, similar a la que hoy conocemos, quedando abierta el 11 de julio de 1888.

A pesar de que la prensa solicitó la expedientación del arquitecto municipal bien por impericia o por inmoralidad, el ayuntamiento no lo hizo. Sin embargo, a su baja credibilidad se añadió el fallido proyecto (casi coetáneo con la escalera) para el cerramiento de la alcantarilla de Santo Domingo y, posteriormente, una diferencia sustancial en la medición de unas tuberías que ocasionaba un perjuicio al consistorio de 3334,84 pts., por lo que acabó siendo destituido en votación celebrada en la sesión del día 3 de abril de 1889. 

D. Manuel Pérez y González, fue contratado como arquitecto municipal de Huelva el 27 de noviembre de 1891 con un sueldo de 3000 pesetas al año6. En Huelva se distinguió en la transformación urbanística de la ciudad en el entre siglo.

Tras el cese, se encargó de desempeñar interinamente la función de arquitecto municipal el maestro de obras D. Federico González de la Fuente. El anuncio de un nuevo arquitecto llegó en junio de 1889, sería de D. José Gallego Díaz que tomó posesión el 19 de agosto de 1889.

Al igual que el arco, la escalera recibió el nombre popular de escalerilla del Pan, pero la desaparición de los portales del Pan con sus viejos edificios porticados llevaron al olvido esa denominación que poco a poco acabó sustituyéndose por el apelativo de arco, escalerilla y acera de Pinto, denominación que hoy conservamos.

El tiempo transcurrió y la escalera, de tanto subir y bajar salmantinos y foráneos, necesitó de una reparación que llegó en los últimos meses de 1930 con la sustitución de los peldaños. 

    

Dos imágenes de la escalerilla de Pinto en la década de 1950 de Nicolás Muller Grossmann, pertenecientes a los Archivos de la Comunidad de Madrid

Esa década traería otros cambios en el entorno de la escalerilla de Pinto, el primero fue en septiembre de 1936 con la aprobación de la apertura de un hueco de escaparate hacia la escalera a don Teodoro Martín propietario de la confitería La Madrileña y el segundo en 1939 cuando, según el proyecto del arquitecto D. Víctor D´Ors, se modifica la fachada de la zapatería La Revoltosa entonces propiedad de D. Manuel Navarro Monjas dejando a la escalerilla de Pinto dos huecos, una puerta y un gran ventanal. Más tarde, ya como tienda de ropa y confecciones de señora “Milka” de D. José María de Dios de Dios, el hueco de la puerta se transformó en ventana, estructura que mantiene el establecimiento Burger King, hoy en el local.

Desconocemos si las escaleras han sido reformadas en algún otro momento desde 1930, pero sí sabemos que actualmente se encuentran en muy mal estado y precisan una reforma urgente.



Sobre los portales de los Villares
El arco y escalerilla de Pinto

Solo unos pocos sueltos en la prensa salmantina de mediados del siglo XIX nos han permitido conocer una denominación, hoy olvidada, de uno de los arcos de la Plaza Mayor y su entorno: Arco y portales de los Villares.

La lectura del siguiente suelto: «...el arco de la Plaza Mayor llamado de los Villares, en el cual á la bajada a la plaza de la Verdura se haya convertido en un basurero,…», publicado en El Correo Salmantino del 11 de diciembre de 18517, no es suficiente para deducir si dicho arco corresponde con el arco del Toro o el arco de Pinto ya que ambos conducen hasta la plaza del Mercado.

Sin embargo, otro suelto del periódico Adelante del 23 de agosto de 1866en el que se dice textualmente «En los portales en donde se vende el pan, vulgarmente llamados de los Villares, sería conveniente quitar la vieja costumbre de tenerlo en el suelo sobre los costales de lana….» si permite hacer la interpretación de que los portales de los Villares son los conocidos como portales del Pan y por tanto el arco de los Villares es el que hoy conocemos como arco de Pinto.

Sobre el origen del nombre de arco y portales de los Villares no podemos más que conjeturar un par de teorías.

La primera y más probable, referida a la actividad en los portales con el mismo origen que portales del Pan, la apunta D. José María Hernández Pérez y tiene su origen en el pueblo de Los Villares. 

En primer lugar su escudo luce: entado en punta y caído, de sinople9, una hogaza de oro. Si nos remontamos al Catastro de Ensenada había 140 vecinos dedicados a la fabricación de pan y 15 hornos públicos, cociéndose diariamente ochenta fanegas de harina. A mayor abundamiento lo que hoy conocemos como Prado de Panaderos se llamaba así por los hornos existentes, que fueron devastados por las tropas francesas y los pocos que quedaron se trasladaron al pueblo.

Tan ingente producción, como es natural, necesitaba exportarse y dada la proximidad de la capital era absorbida por ella, situándose los despachos en las zonas referidas y dando denominación al lugar de origen del pan, que al principio se despachaba en formato de bollos.

Tal vez, el nombre completo de los portales de los Villares podría haber sido portales del Pan de Los Villares apocopado independientemente en portales de Pan y portales de Los Villares, con más éxito la primera.

La segunda teoría, referida a los residentes de los portales, tiene un origen semejante al nombre popular de “Pinto” adjudicado posteriormente al arco y a la acera consiguiente.

En esta acera se encuentra la farmacia que hoy conocemos como de Escudero y que durante mucho tiempo fue conocida como farmacia de Villar y Pinto, el Pinto que ha dado nombre al arco y a la acera.

Fue D. Enrique Andrés Holgado, descendiente de la familia Villar y Macías, quién en la primavera de 2019 nos informó de una “anomalía” en los apellidos familiares, ya que varios de los hermanos Villar y Macías utilizaron los apellidos Villar y Pinto, al menos para algunas facetas de su vida. No hemos podido constatar esta utilización en el historiador D. Manuel Villar y Macías, pero sí en Antonio, en Juan José y en Ángel Villar y Macías. Este último parece dedicar los apellidos Villar y Pinto a los asuntos de la popular farmacia de la plaza de la Verdura y el Villar y Macías para los universitarios. 

La mención de Villar y Pinto de la farmacia no se perdió ni siquiera en 1902, cuando la familia la traspasó a D. Segundo Primo Sánchez que utilizó la denominación “sucesor de Hijos de Villar y Pinto”. El nombre quedó muy arraigado en la memoria colectiva de la ciudad.

Desconocemos la fecha de apertura de la farmacia que probablemente abrió D. Antonio Villar y Guzmán, médico y/o farmacéutico, a principios del siglo XIX. 

Casó D. Antonio con Dª Isabel Macías Pérez en 1810 y su primera hija, María, nació en 1811 y dos años más tarde Rosa, la segunda, que con el tiempo sería esposa de Santiago Diego Madrazo. Posteriormente nacieron 7 hijos más: Antonio, Gabriela, Juan José, Ángel, Manuel, Enriqueta y Constantino. 

D. Antonio murió pronto, en 1836, y la familia debió hacerse cargo de la farmacia que quedó en manos de D. Ángel Villar y Macías que la regentó hasta su fallecimiento en 1885.

Aunque improbable, cabe suponer que la presencia de esta notable familia salmantina, los Villares, diera la denominación a los portales y el arco de los Villares. Aunque la pluralización de los apellidos no es lo común en español, no es raro encontrar ejemplos, baste pensar en los Borbones o los Austrias, y aún más en el lenguaje vulgar10

Hoy la denominación de arco y portales de los Villares se encuentra totalmente olvidada.

No hemos encontrado el origen del “Pinto” para la familia Villar y Macías (tal vez solo fuera un mote, de pinturero, con buena planta, o de un defecto o mancha en la piel) pero a la postre fue el nombre por el que acabó conociéndose a la acera y al arco, nombre que ha perdurado a pesar de otras eventuales denominaciones populares como acera de Escudero (continuador de la farmacia de Villar y Pinto) o acera del Villa-Rosa (por el popular bar).


Los “Villares” (Los Villar y Macías o Villar y Pinto)

Antonio Villar y Macías (1816-1897).
Fot. Pica Groom

    

Juan José Villar y Macías (1820-1897).
Fot. Jean Poujade

Ángel Villar y Macías (1821-1885)

    

Manuel Villar y Macías (1828-1891)







César Hernández R.
Salamanca, 16/02/2022 Rev. 00





Notas y fuentes

1. Conocida por otros nombres como plaza del Carbón y plaza del Comercio. Fue plaza de la Verdura prácticamente durante todo el siglo XIX y, tras la inauguración, en 1909, del edificio del mercado de abastos recibió el nombre de plaza del Mercado Nuevo para después simplemente llamarse plaza del Mercado.

2. Portales del Pan o de Panaderos. Línea de casas porticadas en el lado norte de la actual plaza del Mercado entre la calle Herreros (Toro) y la iglesia de san Julián. A mediados del siglo XIX aún perduraba la costumbre de vender pan con la insana costumbre de colocarlo en el suelo sobre costales de lana. Los portales entre la calle Herreros y la del Pozo Amarillo desaparecieron en la última década del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, con la construcción de nuevos edificios cuyas fachadas se conservan en la actualidad; el resto, entre la calle Pozo Amarillo y san Julián, que desde mediados del siglo XIX se conocieron como Portales de la Menoria en alusión a un popular comercio de ultramarinos que allí hubo, permanecieron hasta que fueron derribados en 1908 para retroceder la alineación de la plaza y dejar espacio al mercado de abastos. Hasta donde sabemos, a mediados del siglo XIX le daban también el nombre de portales de los Villares. 

3. El Fomento : revista de intereses sociales: Año VII Número 1085 - 1887 noviembre 24

4. El Fomento : revista de intereses sociales: Año VII Número 1089 - 1887 noviembre 29

5. El Fomento : revista de intereses sociales: Año VII Número 1100 - 1887 diciembre 13

6. La personalidad de Manuel Pérez y González, autor del Mercado de Santa Fe. Rocío R. Pujazón y Miriam Dabrio. https://huelvabuenasnoticias.com, 2014 (Consultado el 20/02/2022). 

Manuel Pérez González nació en Madrid hacia 1852, desde 1873 realizó su trabajo con la provincia de Huelva. En este trabajo no se menciona su periplo salmantino. Falleció en Huelva el 19 de enero de 1914.

7. El Correo salmantino : periódico de ciencias, artes, comercio, noticias y anuncios: Epoca SEGUNDA Número 71 - 1851 diciembre 11 

8. Adelante : revista salmantina de ciencias, artes, literatura é intereses materiales: Año VII Número 593 - 1866 agosto 23

9. Entado en punta y caído: triángulo curvilíneo que tiene su vértice en el tercio inferior del escudo y su base en la parte baja del mismo. Sinople: verde

10. Esta teoría perdería su justificación si se pudiera verificar que la utilización del apelativo “Los Villares” es anterior al siglo XIX, aún así su enunciación nos ha permitido tratar el tema de la anomalía en los apellidos de la familia Villar y Macías, que por otra parte no es un caso único. 

Desde 1861 se había legislado en España que en los instrumentos públicos los individuos debían figurar con sus apellidos paterno y materno con la recomendación de intercalar una "y" entre ellos para, puesto que son muy comunes los apellidos dobles, facilitar su lectura.

Pero no es hasta 1870 cuando la creación del Registro Civil obliga a llevar esta normativa a la práctica, la utilización de la "y" continuó siendo una recomendación que no desapareció hasta el año 2000.

Hasta esos días el uso de los apellidos resultaba caótico, no solo en su número sino también en su origen. En el siglo XVIII y sobre todo en el XIX el uso fue regularizándose siendo lo habitual encontrar la sucesión del apellido paterno. No es difícil encontrar sobre este tema diversos trabajos en internet que confirman tales circunstancias.

Hasta esa fecha podemos encontrar muchas anomalías en los apellidos que en muchas ocasiones se escogen por razones de gusto o costumbre. De este modo podemos ver casos en los que las mujeres heredaban el apellido de la madre mientras que sus hermanos varones el del padre, ver invertido los apellidos de los hermanos, utilizar el apellido de un antepasado ilustre por envanecimiento o simplemente escoger uno al gusto.


Otros números de El Adelanto y El Fomento de 1888.

La Plaza Mayor de Salamanca, 3 vols. Estella Goytre, Alberto (Director). Caja Duero, Salamanca, 2005.

Semblante biográfico Manuel Villar y Macías de Mª  Dolores de la Calle Velasco para la Revista de Estudios nº 33-34.