Sobre el término "Charro"




Charras en el Nacional
Fotografía de mediados de los años 50 de autor desconocido



Las charras, con sus vistosos trajes, descansan en la terraza del café “Novelty” que la coyuntura política de entonces había renombrado en “Nacional” y más tarde, cuando las cosas se fueron relajando, en “Nacional-Novelty”

Con perdón…

“Persóna poco culta, nada pulída, criada en lugár de poca policía. En la Corte, y en otras partes dán este nombre à qualquier persóna de Aldéa.”
De esta forma definía el Diccionario de Autoridades de 1729 el término “charro-a”, sin hacer la más mínima mención a la provincia de Salamanca.

A finales del siglo XVIII, con la palabra “charro” se comenzó a designar a los jinetes que utilizando picas o garrochas conducían el ganado y que en la provincia de Salamanca los hubo muy hábiles y numerosos (El traje de charro salmantino es evidentemente un traje de jinete). El término evolucionó rápidamente hasta servir de gentilicio a todos los aldeanos de la tierra de Salamanca. Esta evolución fue pronto recogida por el diccionario de la R.A.E. que la incluyó a partir de la 4ª edición de 1803, pero ignoró la definición de “pastor a caballo”.
Desconocemos la razón del olvido, tal vez fue consecuencia de la falta de coherencia con la etimología de la palabra que la R.A.E. considera derivada del vocablo vasco “Txar”, con el significado de “malo”. Evidentemente el adjetivo “malo” no parece apropiado para calificar a los habilidosos jinetes y tampoco lo debiera ser para designar a los aldeanos.
Tal vez la explicación de este desajuste sea un origen etimológico distinto del que la Academia se empeña asignar. El profesor jienense D. Manuel Fernández Espinosa hace derivar el término “charro-a” de la palabra "Chauch" que en romance mozárabe, aquél con el que fueron escritas la famosas jarchas, designaba al “pastor” o al “caballista” y que también se encuentra en el fondo de la palabra “gaucho” que en Argentina, Uruguay y Brasil designa al jinete itinerante experto en manejo de ganados y que junto a los “charros mejicanos”, cuya acepción como “caballista” sí recoge la R.A.E., fueron dignos descendientes de los jinetes españoles en general y salmantinos en particular.
Por otra parte, el Diccionario de la Real Academia añadió para la palabra “charro-a" en sus primeras ediciones (finales del siglo XVIII) la mención “se aplica a algunas cosas demasiadamente cargadas de adorno y de mal gusto”, que incluso muchos salmantinos creen derivar del barroquismo en la decoración con el que se confeccionan los trajes de charra. Sin embargo, dado que el traje charro femenino fijó su estética actual a finales del siglo XIX y principios de siglo XX, evolucionando, o reinventándose, desde una cultura tradicional mucho más sencilla, como se puede atestiguar en los grabados existentes desde el siglo XVIII, no parece que su decoración, repleta de compleja y elaborada filigrana, pueda ser el origen de un enunciado evidentemente muy anterior en el tiempo.

Tal vez solo la casualidad hace que palabras de origen distinto suenen y se escriban igual. A pesar del trato que la R.A.E. da al término “charro-a” como “malo-a”, “paleto-a”, “inculto-a”, “aldeano-a”, “recargado-a” o “de mal gusto”, ningún salmantino-a, que sepamos, se siente ofendido cuando se le aplica el gentilicio “charro-a”. ¡Por algo será!
C.H. fc 03/04/17 Rev. 00