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La farmacia de la Rúa, 53



César Hernández R.
30/03/2021 Rev. (14/12/21)



Con nuestro agradecimiento a la familia de D. Manuel García Sánchez
y de Dª Rosalía García Castro sus fotografías y sus datos





Fue deseo de la burguesía dirigente de la ciudad, en nombre del decoro y de la higiene, alinear y ensanchar la antigua calle de la Rúa que había llegado desigual, angosta y sinuosa a finales del siglo XIX, tal como había sido en los siglos anteriores. La reforma permitiría alcanzar en línea recta la Catedral desde San Martín y en el empeño en conseguirlo no se perdonó ni arte ni tradición, consiguiendo una calle ancha y recta al más exquisito gusto burgués finisecular.

Hubo que expropiar una buena cantidad de casas en un proceso que duró 10 años.

La espectacular intervención urbanística puede considerarse iniciada en 1881 con la aceptación del proyecto de Carlos Gondorff, arquitecto de la Real Academia de San Fernando. Este proyecto, que vino a dirimir diferencias con otros de José González Altés y José Secall, arquitectos municipal y provincial, contemplaba el acceso recto a la plaza de Anaya dejando como acceso secundario el que había sido el tradicional, que ahora conocemos como Rúa Antigua, que gira ligeramente a la derecha al llegar a la calle del Jesús hacia Serranos y al alcanzar la iglesia de san Isidoro, hoy aulario universitario, gira a la izquierda para a través de la calle de la Estafeta, Francisco de Vitoria, llegar a la escalinata que ascendía al atrio grande de la Catedral Nueva. Por entonces la calle Palominos desembocaba en la Rúa Antigua justo frente a la calle Compañía y fue preciso derribar un buen puñado de casas de la acera de los impares de la calle de la Rúa e impares de la calle de Palominos, para acortarla a su longitud actual y enderezar la calle de la Rúa a partir de la calle del Jesús, calle esta que en la intervención perdió el origen de su nombre con el derribo del arco que abría la calle y albergaba una figura de Jesucristo. 

De estas casas las dos inmediatas a la calle del Jesús eran las de mayor tamaño y valor, la primera de D. Manuel Villar y Macías y la segunda de los hijos de D. José García, un rico propietario y ganadero, ya fallecido por entonces. Sus hijos eran D. Manuel García y García, D. Amador García (Tejadillo), Emilio García y García (Rodasviejas), Manuel José García y García (Ingeniero jefe de minas) y Andrés García  y García (Gallegos de Huebra y Nava de Yeltes), todos ellos también ricos propietarios y ganaderos (entre paréntesis dehesas de su propiedad).

Por mor del reparto de la herencia o por entendimiento entre los hermanos o cualquier otra razón que ignoramos, el solar que quedó tras el derribo, haciendo esquina entre la nueva calle de la Rúa y la calle Palominos en sus primeros números impares, pasó a ser propiedad de D. Andrés García y García.

D. Andrés estaba casado con Dª Adelfa Sánchez, propietaria de las dehesas de Gallegos de Huebra en San Muñoz y Nava de Yeltes en Retortillo, y aunque había estudiado la carrera de farmacia nunca la ejerció dedicándose a la cría de ganado bravo en estas fincas de su esposa. D. Andrés y Dª Adelfa fueron padres de cuatro hijos Manuel, Emilio (continuador de la ganadería familiar), Loreto y Magdalena (Esclava del Sagrado Corazón).

Su acomodada situación económica le permitió, junto a otros ricos propietarios de solares en la calle de la Rúa, ofrecer en 1889 un crédito al ayuntamiento sin intereses, y 6 meses para su devolución, con el fin de ayudar a las dificultosas negociaciones para la expropiación de las propiedades de Teresa Zúñiga “La Corneja”, que pretendía una expropiación total de sus inmuebles y no parcial como quería el ayuntamiento, y que impedían culminar la apertura de la nueva calle de la Rúa.

D. Andrés enfermó gravemente de pulmonía en 1890 en Gallegos de Huebra, enfermedad de la que terminó falleciendo en Salamanca el 9 de noviembre de 1892.

Manuel García Sánchez estudiaba en el colegio Ateneo Salmantino del Sr. Durán a la muerte de su padre. Obtuvo el grado de bachiller en 1900 junto a compañeros de promoción como D. Rafael Lamamie de Clairac (n.1885) y D. Fernando Iscar Peyra (n. 1886) lo que sitúa su nacimiento en torno a 1885. Continuó estudios en el colegio de los P.P. jesuitas de Valladolid.

La familia debió realizar una primera construcción o remodelación de la existente en el solar de la Rúa, tal vez iniciada por D. Andrés antes de su fallecimiento.

En 1900, con la representación de su cuñado D. Emilio García, Dª Adelfa solicitó permiso para abrir un ramal de cloaca para su casa. En 1904 solicitó permiso para la reedificación, el resultado debió ser el edificio que llegó hasta la década de los 80 del siglo XX. Dado que el solar era muy grande, fue cedida una parte a su hija Loreto, casada el 16 de julio de 1905 en Gallegos de Huebra con su primo D. Andrés Sánchez Sánchez ganadero de Buenabarba, para hacer su casa en Palominos.

Mientras tanto su hijo D. Manuel García Sánchez había iniciado los estudios de farmacia en Madrid concluyéndolos en 1907 y doctorándose en 1908, junto a él se licenciaron 49 hombres y una mujer Juana Clotilde Echevarría Madoz primera universitaria navarra natural de Vera de Bidasoa (Bera). Una vez instalado en Salamanca abrió una farmacia en su casa en el número 53 de la calle de la Rúa, que entonces recibía el nombre de calle de Isidoro García Barrado (así se llamó entre 1902 y 1938).



    


    

Varias imágenes de estancias de la farmacia, con la presencia del propio farmacéutico en dos de ellas


El 16 de julio de 1912 contrajo matrimonio con Dª Marina Sánchez Hidalgo en la iglesia parroquial de San Juan de Sahagún, con la que tuvo 4 hijos: Marina, Magdalena, Maximina y Manuel (nacido el 31 de marzo de 1926).

Dedicó su vida a la farmacia y fue presidente del consejo de administración del Centro Farmacéutico Salmantino, cargo que hubo de abandonar al igual que la farmacia al declarársele una gravísima enfermedad en los primeros meses de 1929, enfermedad que finalmente acabó con su vida el 27 de marzo de 1931.

En octubre de 1929 tomó la farmacia Dª Rosalía García Castro.

Dª Rosalía García Castro, nacida en 1906, era natural de Villavieja e hija del ganadero D. José García Torres y de su esposa Dª Antonia Castro. Fue una brillante alumna del Instituto de Salamanca y del curso preparatorio para la carrera de farmacia de la facultad de ciencias. En 1925 comenzó la carrera en Madrid que terminó en 1929. 

No eran todavía muchas las mujeres con carrera universitaria, pero por entonces la relación entre sexos de estudiantes matriculados en farmacia rondaba el 50%. Otras licenciadas farmacéuticas salmantinas fueron Teresa de Dios Trilla, casada ese mismo año de 1929 con el también farmacéutico José Zatarin de Palencia de Negrilla, y Adela Castañeda que adquirió en traspaso en 1934 una farmacia en Ledrada. La asamblea del Colegio de Farmacéuticos de Salamanca de 1931 contó con la presencia de cuatro farmacéuticas: Rosalía García Castro, Julia Guerra, Carmen Hidalgo y Natividad López. Julia Guerra abrió el 14 de febrero de 1931 la farmacia de la calle Sánchez Ruano, 6 (actual María Auxiliadora).

En 1927, el 20 de febrero, falleció su padre a la edad de 61 años. 

Apenas recibido el título que la habilitaba para ejercer como farmacéutica, con solo 23 años de edad, comenzó la gestión de la farmacia que había regentado D. Manuel García Sánchez durante los anteriores 20 años en la calle de la Rúa y que pronto, por esas suertes de la numerología callejera, pasaría a ser el número 35. 

En 1934, Dª Rosalía fue pedida en matrimonio por don Eulogio González y doña Parisia Méndez para su sobrino e hijo D. Gregorio Rivas Méndez farmacéutico de Espino de la Orbada, más tarde farmacéutico en Tejares. Verificándose la boda en octubre de ese año.


Edificio que albergaba la farmacia de Dª Rosalía García Castro
antes de ser derribado en los primeros años de la década de 1980.


A partir de ese momento Dª Rosalía dedicó su vida a su familia y al cuidado de sus hijos: Josefa, Ángela y Ángel, mientras su marido gestionó las farmacias. El matrimonio había tenido otros tres hijos Manolito, María Jesús y Ana María, los tres fallecidos siendo niños. 


La farmacia de la calle de la Rúa fue cerrada a principios de la década de 1980, al tiempo que el edificio se derribó para dejar paso a las nuevas edificaciones (1983).

Dª Rosalía García Castro falleció el 07 de noviembre de 2008 a la avanzada edad de 102 años.





Calle Rúa Mayor







Calle Rúa Mayor en el plano basado en
 Francisco Coello de 1858 y en 2012











La calle de la Rúa, Parte I: SU NOMBRE. 
Fragmento de una tarjeta postal de la Fototípia Hauser y Menet edición J.C. Calón.


Aunque es conocido el término "rúa" como sinónimo de calle, proveniente del latín "ruga" (camino) muy utilizado en callejero medieval español, en Salamanca tenemos el pensamiento, más romántico que cierto, de ser un vocablo derivado de "rue" (calle) de la lengua de la natura de los francos, repobladores ultrapirenaicos que llegaron a la ciudad en tiempos de Raimundo de Borgoña y que fueron escasos pero muy influyentes.
Esta calle que originariamente comunicaba la Puerta del Sol de la Cerca Vieja, primitiva muralla medieval, (hoy aproximadamente confluencia de la Rúa Mayor y Palominos) con la iglesia de San Martín (de Tours) se convirtió en una vía de excepcional importancia comercial y eje vertebrador de la vida de la ciudad. 
Recibió diversos nombres como Rúa de Francos, Rúa de San Martín, Rúa de Mercaderes, Rúa Principal o Rúa Vieja, en contraposición a la denominación de Rúa Nueva que recibió la calle de Libreros en los albores de la edad moderna. 
Una vez olvidado el significado de la palabra rúa, se nombró, de forma redundante, como calle de la Rúa. Y así fue hasta que en 1891, recién terminada de ser estirada hasta la plaza de Anaya, el Ayuntamiento decidió cambiar su nombre por el de calle de Mariano Arés, en honor al que fuera catedrático de metafísica de la Universidad y simpatizante del "Krausismo". Sin embargo las protestas airadas de los sectores más conservadores provocaron la revocación inmediata de esta decisión. 
Tras el fallecimiento del político, periodista y empresario salmantino Isidoro García Barrado en 1902, la calle de la Rúa tomó el nombre de calle de García Barrado. Hasta que el 24 de mayo 1938 se le devolvió su nombre tradicional, aunque dividido en dos: como Rúa Mayor, el tramo recto hasta la plaza de Anaya, y Rúa Antigua, la bifurcación hacia Serranos. 
Y así continúa nombrándose esta calle, que desde 1992 es dominio de peatones, turistas y locales, y de veladores de restaurantes y cafeterías.


© C.H. fc 07/09/15 Rev. 00





Calle de la Rúa, Parte II. SU ENSANCHE Y ALINEAMIENTO
La iglesia de San Martín desde la Rúa. Tarjeta postal de Photoglob Zürich AG.


Con el paso del tiempo, la calle de la Rúa fue convirtiéndose en el cordón umbilical de las comunicaciones y eje principal del comercio salmantino. En la calle abundaron las tiendas y puestos de venta de los productos más variados, telas, joyas, especias, etc. Productos que podían ser adquiridos por el elevado número de transeúntes que circulaban diariamente entre la plaza de San Martín (y luego la Plaza Mayor) y la zona administrativa de las Catedrales y la Universidad, transformándose en una calle ruidosa y bulliciosa. Era larga, tortuosa y muy estrecha, en algunos tramos apenas poco más que un callejón que dificultaba el paso de carruajes y personas. Además, se tornó cada vez más sombría y poco ventilada debido a los numerosos balcones y saledizos que se habían construido. 
Había llegado al siglo XIX en unas condiciones urbanísticas e higiénicas que no se adecuaban a lo que la modernidad del momento parecía exigir. Los aires de reforma que a partir de mediados de siglo reclamaron ciertos sectores ciudadanos llegaron a convertirse en realidad con la realización del proyecto de ensanche, alineación y prolongación hasta la plaza de Anaya. Obra urbanística que muchos consideran la más importante realizada en Salamanca en el siglo XIX, en cierta forma comparable con el trazado de la Gran Vía en el siglo XX. 
Tras varios intentos desde mediados de la centuria, el proyecto de alineación definitivo quedó fijado en 1881. Fue elaborado por Carlos Gondorf, arquitecto de la Real Academia de San Fernando y en él se contempló por primera vez la posibilidad de prolongar la calle en línea recta hasta la Plaza de Anaya. La posibilidad de ver desde el atrio de la Catedral la puerta renacentista de San Martín y viceversa cautivó al Ayuntamiento y a la ciudad que se propuso hacer realidad el proyecto, culminándolo hacia 1890 con el derribo del tramo de casas entre la calle Jesús, donde la primitiva calle giraba hacia Serranos, y la plaza de Anaya. 
Toda la calle de la Rúa se reconstruyó desde entonces, sin que apenas quede vestigio alguno de lo que fue.


© C.H. fc 10/09/15 Rev. 00





Calle de la Rúa, Parte III. LA PROLONGACIÓN Y LA OPOSICIÓN DE "LA CORNEJA"
Fragmento de una fotografía estereoscópica de Laurent & Cie, negativo 
digitalizado de la Fototeca del Patrimonio Nacional.


La prolongación de la calle de la Rúa en línea recta desde aproximadamente la calle Jesús hasta la plaza de Anaya fue propuesta en el proyecto de alineación que el arquitecto Carlos Gondorf realizó para el Ayuntamiento en 1881. El consistorio, amparándose en la ley de expropiación forzosa de 1879, comenzó inmediatamente la expropiación de un importante número de casas.
Encontró, sin embargo, una tenaz resistencia por parte de Dª Teresa de Zúñiga y Cornejo, rica propietaria y heredera del Mayorazgo de la familia Paz, que era dueña de unas casas en la calle de la Estafeta (hoy calle Francisco de Vitoria) cuyas tapias, muy cercanas a las escaleras del atrio catedralicio, alcanzan la iglesia de San Sebastián y cerraban el acceso a la Plaza de Anaya, tal como vemos en la imagen.
Casi todo lo referente al contencioso entre Dª Teresa de Zúñiga, apelada despectivamente "la Corneja", como una bruja malvada y egoísta, y un Ayuntamiento liderado por el alcalde D. Florencio Pollo Martín, en el papel de héroe paladín armado con pico y pala, queda dentro del negociado de las leyendas. 
Con certeza, el contencioso no fue más que una lucha encarnizada por los intereses económicos de ambas partes. El Ayuntamiento pretendía la expropiación de dos fincas propiedad de Dª Teresa, una de forma total y la otra solamente parcial; mientras que ella, sin oponerse a la expropiación, pretendía que ambas lo fueran de manera total, pues entendía que lo que quedaba de su propiedad sería inutilizable. La reticencia a abonar un alto precio por parte del Ayuntamiento y la privilegiada situación económica de la señora Zúñiga, cuyos interés fueron defendidos por el abogado Eduardo de No García, provocó que el litigio se alargara durante casi diez años. Finalmente, en febrero de 1889, el recurso interpuesto ante el Consejo de Estado fue fallado a favor de Dª Teresa obligando al Ayuntamiento a expropiar la totalidad de la finca. El acuerdo final, en julio de ese mismo año, señaló un importe de indemnización de 96.800,31 pesetas por el total de las dos casas. Tras el pago de la cantidad estipulada, las casas, ya en propiedad del Ayuntamiento, fueron derribadas en abril y mayo de 1890 estando la actuación del alcalde dentro de la más estricta legalidad. 
Desde ese año quedó abierta la prolongación de la calle pero los contenciosos continuaron con la problemática venta de los solares sobrantes de la operación..


© C.H. fc 14/09/15 Rev. 00





La Isla de la Rúa



«Isla. No sólo se llaman islas las que están cercadas de aguas, pero también las casas que están edificadas sin que otra ninguna se les pegue, siendo essentas de todas partes» (Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias). 

Esta isla, la de la Rúa, como otras que existieron en los alrededores de la iglesia de San Martín, fue creada por el Consistorio en el siglo XVI como manzana de casas-tiendas para ser alquiladas a mercaderes y artesanos para la práctica de sus oficios. Con el tiempo las tiendas fueron pasando a titularidad privada y la isla convertida en una verdadera manzana de viviendas.
Las casas de la isla de la Rúa fueron expropiadas totalmente a finales de 1940. Tras su derribo, el solar quedó expedito en 1942. La desaparición de estas casas encajaba a la perfección con las ideas urbanísticas de la primera postguerra, que buscaban la reforma de algunas perspectivas de la ciudad vieja con la pretensión de mejorar su carácter monumental. Sin embargo, el derribo ya había sido contemplado anteriormente junto al proyecto de eliminación de los cinco escalones que separaban la Plaza Mayor de la plaza del Corrillo, iniciado en 1916 y concluido totalmente en 1929. El objetivo era mejorar el tráfico rodado y los accesos a la Plaza Mayor. Criterios que también fueron esgrimidos para la demolición en 1917, tras largos años de expropiaciones, de la isla que conformaba las calles del Navío y Quintana, unificadas posteriormente ambas con el nombre de la última.

El carácter esencialmente mercantil de este espacio urbano estaba todavía de manifiesto en esta imagen que debió de realizarse sobre la década de 1920. En los bajos de la Isla se encontraba la droguería y perfumería de Teodoro del Moral Ramírez, luego continuada por sus sucesores, y la tienda de ultramarinos La Fama cuya cualidad de bazar se comprueba en los juguetes que cuelgan de su marquesina, también continuaría su actividad durante muchos años en la casa de la calle Quintana, junto a la iglesia de San Martín. Por último completa la línea de calle la panadería de Patricio Hernández y su oferta de pan francés y vienés.
La calidad de la fotografía original permite distinguir multitud de detalles, desde una jaula de pájaros hasta unos trasnochados pololos, prenda interior femenina que perdió su uso tras la I Guerra Mundial, que cuelgan del alfeizar de una ventana, pasando por el rudimentario cartel publicitario con el que el Bar Antonio, en el Corrillo, anunciaba su especialidad en cervezas Mahou. ¡Una delicia de imagen!


© C.H. fc 28/09/15 Rev. 00



Obras frente a la Clerecía y la Casa de las Conchas
 Fotografía de Adolf Almató ca. 1932
Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico


Adolf Almató no se limitó a retratar monumentos durante su estancia en Salamanca. En esta y en otras de sus fotografías se descubre el deseo de reflejar el devenir del tiempo y la actividad cotidiana. Ancianos, niños jugando, bestias de carga o, como en esta imagen, transeúntes camino de sus ocupaciones y obreros trabajando son tratados como objetos con los que plasmar el pulso de la vida en la ciudad. 
Las obras tal vez corresponden con lo trabajos de pavimentación llevados a cabo en la Rúa Antigua y la plaza de San Isidro, terminados y recibidos por el Ayuntamiento de Salamanca en agosto de 1932. Desde entonces, el pavimento habrá sido cambiado en varias ocasiones; los cables eléctricos soterrados o, al menos, en su mayor parte camuflados; sustituido el mobiliario urbano y las plantas decorativas; retirada la verja que circundaba el atrio de la Clerecía y que había sido forjada en 1897 por la empresa Viuda de Maculet e Hijo, representada ya entonces por D. Manuel Maculet tras la muerte de su padre D. Vicente, y que fue retirada tras la Guerra Civil cuando el obispo Plá y Deniel puso en marcha en 1940 el proyecto de Universidad Pontificia con la intención de recuperar la tradición de enseñanza eclesiástica en Salamanca. Salvo estos detalles, y algún otro que no habremos sabido ver, todo sigue ahí.


© C.H. fc 12/05/16 Rev. 00


La calle de la Rúa, la iglesia de San Martín y los plateros de Salamanca Fotografía, cristal positivo estereoscópico, de autor desconocido, hacia 1914

Esta preciosa fotografía del entorno de la iglesia de San Martín fue captada a principios del siglo XX en un momento en que se realizaban obras de reparación del empedrado de la calle. La excelente calidad de la imagen permite la observación de multitud de detalles como la lectura de los rótulos de tiendas y comercios.

Tras el toldo que, a modo de telón, libra del sol la entrada sur del comercio que ocupa los bajos del edificio, hoy desaparecido, en la esquina con la calle Quintana, antes Navío, es posible leer las letras J, O, Y y E dándonos la certeza de que se trata de una joyería. De antiguo le venía el oficio a este establecimiento pues fue abierto por D. Bernardo García en las primeras décadas del siglo XIX. D. Bernardo dejó el local en pocos años y se trasladó a la Plaza del Poeta Iglesias 10, justo a las espaldas del anterior, y allí perduró el negocio de joyería hasta que fue cerrado por su nieto D. Vicente García en 1932. El local abandonado de la calle de la Rúa fue ocupado posteriormente por el platero D. Ángel López Benito que regentó el taller hasta su fallecimiento en 1900, siendo continuado después bajo la razón social de Viuda de Ángel López hasta 1914 cuando pasó, tras un breve periodo dirigido por D. Fernando Rodríguez, a manos del platero D. Casimiro Brizuela.
Al otro lado de la calle otro rótulo comercial emplazado sobre los toldos del local situado en la esquina con la desaparecida calle de los Peces, cuyo edificio hoy existe y está ocupado por Global Exchange, muestra la incompleta frase “lez de Meneses”. Se trata de la joyería y platería de la familia Téllez de Meneses que a principios del siglo XX estaba regentada por Dª Jacoba y D. Felipe Téllez de Meneses. Tras la muerte de D. Felipe, acaecida en 1908, el negocio pasó a manos de su yerno D. Lucio Moro Astudillo y tras el fallecimiento de este, en 1916, continuó Dª Felipa Téllez de Meneses, su viuda, al menos hasta 1921. Se da la circunstancia de que en 1913 D. Lucio solicitó para D. José Cordón Blas la mano de Dª Rafaela Elena hija del también Platero D. Sebastián Elena instalado en la calle de la Rúa, 6. D. José Cordón abrió en 1914 comercio de joyería en la calle San Pablo, nº1 y allí levantó en 1932 un nuevo edificio, con proyecto del arquitecto don Ricardo Pérez, dónde permaneció la joyería Cordón hasta finales del siglo XX y cuyos bajos hoy ocupa el restaurante La Paca.

En los párrafos anteriores hemos nombrado, hasta donde sabemos, todas las joyerías-platerías de la Salamanca de 1914. No es la casualidad, como cabe suponer, la razón que determina esta proximidad entre los talleres de joyería y el trato cercano entre las familias de plateros si no que obedece a antiguas razones socioeconómicas mantenidas, cuando ya no fueron vigentes, por la tradición.

En efecto, el importante gremio de plateros de la ciudad de Salamanca fue fundado en 1450. Nació, como otros muchos gremios de la época, como una asociación religiosa bajo el amparo de su patrono San Eloy en forma de Cofradía Sacramental, ocultando su finalidad última que era el control y la regulación del oficio. Sus miembros eran, además de plateros, parroquianos de la iglesia de San Isidro y vivían en casas de la calle de Rúa próximas a la puerta del Sol. La calle de la Rúa se mantuvo durante los siglos XV y XVI como la calle gremial de la orfebrería y platería de Salamanca. Posteriormente cuando la plaza de San Martín y luego la Plaza Mayor fueron alcanzando mayor protagonismo comercial el gremio se fue desplazando hacia los aledaños de la iglesia de San Martín y su entorno. En 1720 quedaron reguladas, por medio de una ordenanza municipal, las calles donde los plateros podían abrir taller.
La Cofradía, muy debilitada por el advenimiento del maquinismo de los tiempos industriales y los sucesivos intentos de abolición de los gremios para liberalizar el trabajo, desapareció como organización profesional a finales del siglo XIX, sin embargo su impronta se mantuvo durante las primeras décadas del siglo XX tanto en la educación de los artífices, preparados en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy fundada por el gremio de plateros de Salamanca en 1784, como en la ubicación de los talleres que habían heredado de sus predecesores.

Fuentes:
Manuel Pérez Hernández (1990). La congregación de Plateros de Salamanca (Aproximación a la platería salmantina a través del archivo de la cofradía y el punzón de sus artífices). Salamanca. Centro de Estudios Salmantinos.
Varios, José Ramón Nieto González (dir.) (2007) La Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy de Salamanca. Salamanca. Témpora
Prensa histórica del siglo XIX y XX.
© C.H. fc 21/01/18 Rev. 01(27/10/20)