Plaza del Corrillo


A pesar de estar señalado como lugar violento y fronterizo entre los Bandos que dividieron la ciudad en la antigüedad, lo cierto es que, por el contrario, la plaza del Corrillo siempre fue un lugar de relación social, de comercio y especialmente de tránsito. Ocupó el corazón de la enorme Plaza de San Martín a la vera de la iglesia y luego fue mano derecha de la Plaza Mayor, a la que siempre miró desde arriba. Durante siglos fue lugar de mercado y trato, de recova que tanto atrajo la atención de Alarcón y que inmortalizó en sus escritos. El comercio, con el paso del tiempo, abandonó la calle y los soportales para encontrar asiento en los bajos de las casas. Allí tuvo local Centenera, Moneo, Mariano Rodríguez Galván y otros muchos ya casi olvidados. En los ochenta fue "Cátedra poética" del entrañable Adares y hoy, por las circunstancias, la hostelería la monopoliza casi en exclusiva. Pero siempre, siempre fue lugar de paso.

Plaza del Corrillo en el plano basado en
 Francisco Coello de 1858 y en 2012














Los escalones de la plaza del Corrillo. 
Postal fotocromo de Purger & Co. (1899-1920), 
sin dividir en el reverso por tanto anterior a 1906.


La modernidad, que en la segunda década del siglo XX estaba representada primordialmente por el uso del automóvil en la ciudad, avanzaba inexorable. Para los urbanistas salmantinos de la época esto implicaba una imperiosa necesidad de mejorar la comunicación rodada hacía y desde la Plaza Mayor, superando en importancia a otros proyectos como grandes vías transversales, vías de rodeo o de circunvalación. 
Tras la apertura del Mercado Central de Abastos en la plaza del Mercado, la antigua función de mercado y recova de la plaza del Corrillo, que mantuvo la ocupación de su solar con puestos de venta portátiles que desaparecían en las tardes, había perdido su razón de ser. Los cuatro escalones que separaban la Plaza Mayor de la plaza del Corrillo podían desaparecer con el objeto de permitir el tráfico rodado entre ambas plazas, que sería facilitado además con el derribo de las casas de la Isla de la Rúa. Entre 1916 y 1933 se desarrolló este polémico proyecto, que fue mucho más allá de la construcción de una simple rampa y cuya ejecución material tuvo lugar tras la pavimentación de la Plaza Mayor en 1921, en esta intervención en el ágora salmantina se separó con bordillos las aceras de peatones de la calzada utilizada por los carruajes y automóviles. En 1923 fueron adjudicadas las obras que finalmente terminaron en 1933 con la pavimentación definitiva y la aprobación del cambio de rasante. La desaparición de los cuatro escalones, con la consecuente rebaja de altura, obligó a construir los peldaños longitudinales crecientes de los soportales del Corrillo y aumentar el número de peldaños de acceso de la puerta Norte de la Iglesia de San Martín y casas colindantes.


© C.H. fc 27/07/15 Rev. 00