Calle de Gran Vía


Textos en preparación.

Trazado de la Gran Vía en el plano basado en
Francisco Coello de 1858 y en 2012

















Los muros conventuales de Salamanca. 1932. Autor desconocido



Insólita esta vista que nos hace preguntarnos ¿dónde estamos?
El descubrimiento de la torre el Clavero nos pone en guardia y poco a poco obtenemos la ubicación exacta.
Observamos desde la Iglesia de San Esteban, encaramados en el muro que protege del desnivel con la calle del Rosario. A la izquierda, en primer plano, los muros del convento de las Dueñas y a la derecha los muros del solar, que probablemente fue Convento de Santa Rita, en el que ubicó D. Francisco Nuñez su imprenta, a la postre de El Adelanto, al final de la calle Ramos del Manzano. Hoy gran parte de este terreno está ocupado por la Gran Vía.
Detrás, el convento de los Trinitarios Descalzos que después de su desamortización, con excepción de la iglesia, utilizada como parroquia, llamada de San Pablo y heredera de las desaparecidas San Polo, San Adrián y San Justo, paso a manos municipales. De los usos del solar, sobre todo recordamos su utilización como cuartel de la Guardia Civil. Y lo fue durante muchísimos años antes de convertirse en el actual Juzgado de Salamanca. 
El azar quiso que fuese así, puesto que a principios del siglo XVIII los religiosos trinitarios ofrecieron el convento al Ayuntamiento para la construcción de la Plaza Mayor de Salamanca a cambio de casas en ella, propuesta que evidentemente no fue aceptada. Además, después del abandono como cuartel de la Guardia Civil en 1998, el Ayuntamiento se planteó construir en el solar un teatro lírico, proyecto que fue abandonado al acometerse la reforma del teatro del Liceo.
(Fotografía de la Colección del Centro de Documentación Alemana para la Historia del Arte.)
© C.H. fc 17/10/14 Rev. 01




La calle del Cauntri. La mañana del 18 de febrero de 1955




«La mañana era para no salir de la cama. Una de esas gélidas mañanas salmantinas, de cielo despejado, de viento helado y afilado como un cuchillo. La humedad de los últimos días se había transformado en amenazantes carámbanos suspendidos de los canalones, de los aleros de tejado o de cualquier saliente de las fachadas. En el suelo, aún más alarmante, lo solado estaba vidrioso, escarchado y resbaladizo; lo terrero duro y blanquecino, salpicado de charcos completamente helados, sólidos, como aquellos que, cuando niños, jugábamos a deslizarnos. - Al menos, pensaba mientras el vaho de mi aliento empañaba mis gafas, si llego al edificio sin percance, lo haré sin barro en los zapatos.»

El edificio, situado en el último tramo de la Gran Vía, fue inaugurado el 18 de febrero de 1955 para ser la sede de la Casa Sindical de Salamanca. Sirvió y sirve, cuando menos, para alinear la pequeña calle que asciende hasta la teatral plaza de San Román. Calle que siempre fue de dudoso nombre, tal vez enredado con el de la calle hermana y paralela que en otros siglos comunicaba en trazo recto con las Claras, y que el tiempo llevó a convertir en callejón sin salida y luego a desaparecer.

Nuestra pequeña calle recibió los nombres de la “Comedia”, de “Pocellín”, de "Pablo Iglesias", de "Juan de Almeida", de “Arco de la Lapa” y tal vez alguno más extraviado en la memoria. Los últimos años lució en sus letreros el hermoso nombre de “Arco de la Lapa”. Nombre que, como el de "Pocellín", siempre estuvo ligado a nuestro callejero, sin que se tenga la seguridad de a cuál de las dos vecinas calles correspondió tal o cual nombre en el pasado. Hace unos meses, nuestro alcalde, Sr. Mañueco, con poco acierto, decidió cambiar su nombre por el desubicado pero sindical apelativo de “Abogados de Atocha”, solventando de forma circunstancial la posible polémica en la etimología del nombre de la calle.
Para complicar un poco más las cosas, el “todolosabe” Google, en la fecha actual, todavía nombra la calle como de “Juan de Almeida”, haciéndonos dudar de la validez de sus informaciones.

Convendría advertir aquí que, a pesar de todo lo dicho, la mayoría de los salmantinos, y algunos desde hace más de treinta años, sabemos perfectamente cómo se llama esta calle: LA CALLE DEL COUNTRY.

© C.H. fc 10/12/14 Rev. 01




Las “Cuatro Calles”, actual cruce Gran Vía con San Justo. Foto Guzmán Gombau. 
Fines de los años 50


Muchos salmantinos recordarán que este cruce era conocido con el nombre de "Cuatro Calles", reminiscencia de su antigua denominación en el siglo XVIII y que perduró en la memoria colectiva hasta finales del siglo XX, mucho después de que le alcanzara la construcción de la Gran Vía en los últimos años de los 50’.

A finales del siglo XVIII la calle entre Marquesa de Almarza y la plaza de San Julián, hoy aplastada por la Gran Vía, recibió el nombre de calle de la Pajaza y, a la altura que muestra la imagen, desembocaba en ella por el oeste la calle de San Justo y por el este la de Canta-Ranas, que hoy correspondería al tramo entre la Gran Vía y la plaza de Bretón. En el XIX la denominación Canta-ranas desapareció a favor de una ampliación de San Justo, llegando así hasta nuestros días.

La gran reforma del callejero de 1859 cambió el nombre de la Pajaza por el de Ramos del Manzano, en honor del gran jurista, catedrático y hombre de estado del siglo XVII, D. Francisco Ramos del Manzano, I conde de Francos, cuya casa o palacio se encontraba en la zona baja de la calle Varillas. Con la construcción de la Gran Vía, para evitar su total desaparición, los restos de la galería plateresca del palacio, de indudable valor artístico, fueron trasladados y reconstruidos en el patio del colegio de las Siervas de San José. 

En 1977, con la reforma de la plaza de San Román, la galería fue de nuevo desmontada y girada hacia esta plaza, donde hoy, a pesar de ser frecuente víctima del vandalismo, podemos públicamente contemplarla.


© C.H. fc 27/05/15 Rev. 00



Vista desde la calle Canteros, desaparecida con la construcción de la Gran Vía
Fotografía de Cándido Ansede, década de 1920


Desde que el ingeniero Gumersindo Canals concibió en 1902 la idea de un eje viario que atravesara de norte a sur la ciudad, uniendo la estación de ferrocarril con el nuevo puente (puente de Enrique Esteban o Estevan, al gusto) que comenzaba a construirse aquel año, nunca fue totalmente abandonado el proyecto de Gran Vía a pesar de las dificultades que se cernían sobre él. Dificultades económicas, por el elevado pago de las expropiaciones necesarias; urbanísticas, por el estrechamiento en la zona del convento de San Esteban y también sociales, con la oposición de importantes personalidades de la vida publica y cultural. 
Casi cuarenta años tardó en iniciarse la construcción de la primera fase de la Gran Vía, entre la Alamedilla y la plaza de San Julián, y con ella desapareció un buen puñado de calles, entre ellas la calle Canteros, y la inusual vista que muestra la fotografía. Las casas de la calle de la Alberca, en primer plano a la izquierda, estaban frente a la vieja cárcel conformando con ella la calle de la Cárcel Nueva, hoy se encontrarían sobre la Gran Vía.

© C.H. fc 18/01/15 Rev. 01





Construcción de la Gran Vía. 
Zona de la actual plaza de la Constitución hacia 1953. 
(s.d. muy probablemente del fotógrafo C. León)


Después de la Guerra Civil se puso en marcha el proyecto de construcción del eje viario que trataba de unir norte y sur de la ciudad, la Gran Vía. El proyecto había sido largamente meditado por el Ayuntamiento desde que comenzase la construcción del Puente Nuevo en 1903. La nueva vía tendría como misión la comunicación entre este puente y la estación de ferrocarril.

Tras unos inicios titubeantes en la determinación del estilo que la normativa urbanística permitiría para la construcción de los edificios en la nueva Gran Vía, se admitió exclusivamente, a partir de 1944, el estilo historicista que evocaba la arquitectura de otros tiempos y que correspondía con las ideas preconizadas por el régimen franquista en materia arquitectónica. La aprobación del proyecto que el arquitecto Francisco Gil González presentó para el edificio que albergaría el teatro Gran Vía, determinó que su fachada fuera considerada como el ejemplo a seguir.

La edificación de varias sedes de organismos oficiales fue consecuencia del deseo de las instituciones locales y nacionales de dotar a la Gran Vía de la máxima importancia social y funcional. En su construcción se siguió un estilo historicista inspirado en el renacimiento y que se acomodaba con normativa urbanística establecida.

En esta zona de la Gran Vía se levantó en 1946 el edificio del Gobierno Civil, con planos del arquitecto Fernando Ramírez Dampierre, que remató las obras en 1956. Entre 1953 y 1956 se construyó el Palacio de Justicia con proyecto de Francisco Javier Barroso Sánchez-Guerra y Ricardo Pérez Fernández. Dos años más tarde, en 1955, Fernando Población del Castillo diseñó la Casa de la Falange que hasta 2013 albergó la delegación de la Junta de Castilla y León, con su fachada retrasada con respecto a la alineación de la Gran Vía. Se conformaba así una plaza concebida para la celebración de actos públicos que fue urbanizada, en 1954 y con proyecto del arquitecto Lorenzo González Iglesias, tras el derribo de las casas que todavía permanecían adosadas a la torre del Aire y que recibió el nombre de Plaza del Caudillo, hoy Plaza de la Constitución.


© C.H. fc 24/08/15 Rev. 00



El nº 63 de la Gran Vía. Arte y Abandono
Guzmán Gombau a mediados de los años 50


Aunque no sea fácil de reconocer a primera vista en la imagen que D. Guzmán Gombau realizara a mediados de los años 50, la línea derecha de casas, construidas en 1918 en estilo ecléctico y diseñadas por el arquitecto D.  Santiago Madrigal ("Arquitectura y urbanismo en Salamanca 1890-1939" de José Ignacio Díez Elcuaz), corresponde totalmente con el trazado actual de la Gran Vía. De hecho, aunque en la imagen no se aprecia bien, entre los dos bloques más altos del final de esta línea se abren las escaleras de San Julián, también conocidas a fines del siglo XX como escalerillas de la Riojana, por el popular bar que allí se encontraba. Del peculiar tramo de casas sobrevivió un bloque hasta hace relativamente muy poco tiempo. Estaba situado frente a la calle Varillas, en el nº 63 de la Gran Vía y allí, como muchos salmantinos recordarán, estuvieron sucesivamente instalados, como últimos inquilinos, los bares de copas "El Balcón" y "Koalas". 



El edificio fue declarado en ruinas, desmontada y guardada su fachada y demolido el resto. Hoy permanece el solar sin construcción alguna, cerrado con una valla en la que hace poco tiempo y patrocinado por el Ayuntamiento se realizó un espectacular grafiti, suponemos que con intención de adecentar el lugar, interviniéndose también en la limpieza interior del solar. La polémica de su reconstrucción hace años que está servida: romper la estética porticada de la Gran Vía en ese tramo o perder el último reducto de esta arquitectura centenaria. La solución tarde o temprano llegará, tal vez habrá que esperar a que termine la crisis, si es que esta influye en la construcción de un solar tan céntrico, o a que las autoridades implicadas decidan sobre la solución "más conveniente", o simplemente a que se resuelva cualquier otra razón por la que no se ha edificado, y si es posible deseamos que sea antes de que todos olvidemos el dilema urbanístico. Pero lo que no parece "conveniente" es continuar durante mucho tiempo con el solar sin edificar porque, a pesar de que se actúe periódicamente eliminando las basuras acumuladas y la vegetación aparecida o pintando evasivos grafitis, su estado provoca una enorme y penosa sensación de abandono.

Por cierto, este no es el único solar de esta céntrica zona que permanece sin edificar y en total abandono.


© C.H. fc 28/03/16 Rev. 01 (29/09/18)



Imprenta de D. Francisco Núñez. El Adelanto, el Fuego y el Agua 
Fotografía del 15 de mayo de 1913. Desconocemos el autor


La imagen se captó en la fiesta que organizó la familia Núñez el 15 de mayo de 1913 para celebrar la finalización de las obras de las nuevas instalaciones de la imprenta de D. Francisco Núñez, propietario y editor del diario El Adelanto. En la calle Ramos del Manzano (engullida hoy por el último tramo de la Gran Vía), sobre los antiguos solares de la imprenta, terminaban de ser construidas dos amplias naves, una de 30 m de largo por 13 m de ancho y una altura de 4,5 m y la otra de 19 metros de largo por 12 de ancho con una altura de 5,5 m, dividida en dos plantas. La primera nave fue destinada a la maquinaria tipográfica y cajas de composición, y la otra a dependencias de encuadernación, redacción del periódico, habitaciones para obreros y otros menesteres. Además de la familia Núñez, la fiesta reunió a redactores de El Adelanto, operarios de la imprenta, repartidores y vendedores de periódicos y otros dependientes de la casa. 
Comenzaba una nueva era para la empresa.

Cinco años después……

A arrebato, tocaban las campanas de las iglesias de la ciudad. El continuo repiqueteo, que invariablemente anunciaba alguna desgracia, despertó a los vecinos. Eran las cuatro y media de la madrugada del día 5 de agosto de 1918 y tras la desorientación y las confusas noticias iniciales los vecinos conocieron que ardía una carpintería en el número 4 de la calle Caldereros. 
El fuego fue descubierto hacia las cuatro y cuarto de la mañana cuando una pareja de la Guardia Civil, que se dirigía por la calle Caldereros hacia su punto de servicio en la estación de tren, percibió los resplandores de las primeras llamas en el taller mecánico de carpintería de D. Elías Pérez de la Fuente. Poco tardaron en dar aviso a su cercano cuartel que de inmediato se movilizó. La Benemérita acordonó el taller incendiado, avisando y ayudando a los moradores más cercanos. Pronto una multitud de personas se agolpó en la zona, curioseando o tratando de colaborar. Pero irremisiblemente la naturaleza de los materiales almacenados en la serrería contribuyó a avivar las llamas, alcanzando el incendio tal magnitud que amenazaba con trasladarse a los inmuebles vecinos. 
La intervención de los bomberos con las dos bombas del Ayuntamiento, que rápidamente acusaron su antigüedad y la falta de agua en los pozos vecinos, no logró impedir que el fuego pasara a las dependencias de la imprenta de Núñez, aledaña al taller de carpintería. El fuego alcanzó las naves de la imprenta por el techo, en la zona de viviendas donde residían algunos de sus trabajadores con sus familias y las cocheras donde se guardaban los coches y el material de la empresa funeraria, también propiedad de los señores Núñez. Mientras se trataba de salvar los enseres y materiales de las dependencias, la bomba del Hospicio, llegada en último lugar y manejada eficazmente por hospicianos, intentaba que el fuego no se propagara al resto de la imprenta. Para ello contó con la ayuda de una sección del Regimiento de La Albuera que en fila acarrearon cubos de agua desde el Hospital Viejo (ahora casa de las Siervas de San José) y las casas del Sr. Sevillano (desaparecida casa palacio del siglo XVIII frente al Hospital). 
Hacia las nueve de la mañana, ante la escasez casi absoluta de agua y que el fuego, aunque controlado, no terminaba de remitir, se procedió a perforar la nueva red agua tendida por la Sociedad de Saneamiento (intento fallido de solucionar el problema de alcantarillado y suministro de agua), con cuyo caudal y presión lograron sofocar totalmente el incendio.

No hubo desgracias personales pero los daños fueron cuantiosos, la carpintería mecánica de D. Elías quedó totalmente destruida, tanto sus materiales como sus máquinas, mientras que la imprenta de Núñez perdió parte de una de sus naves y diversas máquinas, utensilios y pertenencias de su empleados. Sin embargo la impresión de El Adelanto pudo, aún con molestias, continuar sin tener que suspender la edición de ningún número.

Afortunadamente una parte importante de los daños fueron cubiertos por las compañías de seguros y ambos negocios pudieron restablecerse. No hemos podido averiguar la causa del incendio, tal vez un cortocircuito o un cohete de los varios que se lanzaron esa noche por ser la fiesta de San Esteban. Pero la falta de agua, problema endémico en aquella Salamanca y que tardaría aún años en resolverse, empeoró sus consecuencias.


© C.H. fc 11/02/16 Rev. 00





Talleres de El Adelanto en Ramos del Manzano 
Fotografía de 1972


En la calle Ramos del Manzano (hoy Gran Vía), casi invisibles tras el bosquecillo de castaños de indias cuya tupida fronda solo permitía verlos en invierno, estaban los talleres de imprenta que fundara, en la década de 1870, D. Francisco Núñez Izquierdo (1851 Adalías, Valladolid - 1931, Salamanca). La imprenta confeccionó durante cien años el diario salmantino El Adelanto, nacido como semanario el 22 de julio de 1883 y cerrado en mayo de 2013 como consecuencia de los graves problemas económicos que padecía.
El solar había sido ocupado a mediados del siglo XVII por los monjes Agustinos Recoletos que, tras haberse asentado en varios puntos de la ciudad, levantaron su convento sobre unas casas que compraron en el sitio que entonces recibía el nombre de Barrio de la Luna y luego plazuela del Hospital de la Santísima Trinidad (Hospital General, hoy colegio de las Siervas de San José). El convento que estaba separado por la esgueva o arroyo de Santo Domingo, también llamada esgueva de Santa Rita, del convento de los Trinitarios Descalzos (luego dependencias municipales, cuartel de la Guardia Civil y actualmente edificio de juzgados), recibió el nombre de San Nicolás de Tolentino, aunque fue conocido popularmente como convento de Santa Rita. Según parece, llegó en muy mal estado al alborear del siglo XIX, sufriendo además un gran expolio durante los años de la francesada y luego el abandono. Cuando D. Francisco Núñez compró en la década de 1870 los desvencijados locales en donde emplazaría su imprenta, prácticamente nada quedaba del convento y aún menos quedó con las sucesivas ampliaciones y reformas de las instalaciones. Algunas de estas transformaciones fueron debidas a accidentes como el incendio que, en agosto de 1918 y originado en una serrería de la calle Caldereros, afectó seriamente sus instalaciones y cuya reparación dejó el edificio con el aspecto con el que llegaría a la década de 1980. 
En junio de 1972, siendo alcalde de la ciudad D. Pablo Beltrán de Heredia, se dispuso la expropiación de los terrenos de El Adelanto necesarios para abrir el último tramo de la Gran Vía. La expropiación apenas afectó a los talleres pero eliminó tres de las filas de castaños de indias que habían formado el tupido jardín quedando solo una, la más cercana a las edificaciones. Los talleres de El Adelanto continuaron funcionando en la Gran Vía hasta su cierre y traslado en 1983. Poco tiempo después las naves fueron derribadas y su solar convertido en un bloque de viviendas.


© C.H. fc 13/10/15 Rev. 00




Oficina de turismo (Gran Vía) 1962