Crucero en el Monte Olivete. Imagen del libro "Salamanca monumental" de Antonio García Boiza
A finales del siglo XV la zona del Monte Olivete, homónima al sagrado monte del cristianismo y situada al sureste de la ciudad junto a la cerca nueva, era propiedad del concejo. Los dominicos, llegados a Salamanca en 1224 e instalados en la primitiva iglesia de San Esteban en 1256, llevaban tiempo mostrando interés por obtener su propiedad con objeto de ampliar su convento, alejar de la zona algunas actividades molestas (curtidurías) y eliminar la falta de intimidad que provocaba la presencia de la gente que circulaba por calle cercana al convento, llamada del Monte Olivete, que cruzaba dicho alto partiendo del Arroyo de Santo Domingo hasta alcanzar los rasos donde siglos después se construyó el colegio de Calatrava*2. En julio de 1492 y como merced por los servicios prestados, los Reyes Católicos dictaron una provisión ordenando la entrega a la orden de predicadores de una gran parte del monte que incluía la calle y todas sus construcciones con la única condición de dejar una calle pública de acceso de 26 pies entre la muralla y el nuevo inmueble. El Ayuntamiento ejecutó la provisión en enero del año siguiente quedando finalmente la calle-ronda con una anchura de 30 pies. El cierre de la zona, a pesar de la ronda, obligó a la apertura de una nueva puerta en la muralla, la puerta Nueva, que aliviaría los rodeos a los que se vieron obligados los vecinos.
No todo el terreno del Monte Olivete pasó pertenecer a los Dominicos y así lo atestiguan las escrituras de compraventa de solares de la zona durante el siglo XVI. En terrenos aledaños al convento de San Esteban, cerca de la puerta Nueva, fue fundado el Colegio de Santa María y de todos los Santos (vulgo del Monte Olivete) al iniciarse el siglo XVI, además la Universidad barajó en 1554 la posibilidad de comprar allí terrenos y casas para la construcción de los colegios de Gramática*.
Los dominicos establecieron una política de compra o cambio de solares de los terrenos del Monte Olivete que no eran de su propiedad, siendo la operación más importante el acuerdo con el Concejo en 1524 por el que la comunidad de monjes se hacía con la zona de la calle-ronda de la muralla a cambio de otros terrenos adquiridos por el convento en la zona este, frente al actual paseo de Canalejas. Estos terrenos pasarían con el tiempo a manos de la Diócesis de Salamanca en la operación inmobiliaria que Ayuntamiento y el Padre Cámara llevaron a cabo en 1890 por la que el consistorio cedió los terrenos del Monte Olivete para la ampliación del Colegio de Calatrava y algunos solares para la ampliación del terreno donde se iba a construir la iglesia de San Juan de Sahagún a cambio de los terrenos que ocupaban las iglesias de San Justo y Santa Eulalia que quedarían convertidos en plazas públicas.
El convento alcanzó su máxima extensión en 1819, cuando el edificio que había sido del colegio menor del Monte Olivete, ocupado desde 1786 por el colegio de la Magdalena tras la fusión de los colegios de Monte Olivete, Cañizares y San Millán y su traslado al edificio de este último, tuvo que ser derribado debido al estado ruinoso en que se encontraba a resultas de los daños recibidos por la ocupación francesa, los terrenos fueron adquiridos por los padres dominicos y añadidos a su recinto.
El período más infausto para el convento había comenzado en enero de 1809 con la entrada de los franceses en la ciudad. El convento se empleó entonces como albergue de los pobres del hospicio, enfermería y asilo de religiosos destituidos de otras órdenes (regulares). Aunque el edificio no corrió la suerte de otros de la ciudad, que fueron prácticamente demolidos para la construcción de defensas militares, si sufrió fuertes deterioros y el saqueo por parte de las tropas. El Estudio General, que existió en el convento desde 1299, quedó interrumpido.
Al final de la guerra se pudo llevar a cabo la restauración por la venta de algunas propiedades rurales del convento. La iglesia quedó abierta de nuevo en 1813.
Peor resultó para los frailes la desamortización de 1835 que significó la pérdida del convento, la orden fue suprimida y como el resto de los frailes españoles sus moradores optaron unos por acudir a Ocaña, donde el único convento dominico que quedaba se encargaba de recoger misioneros para el extremo oriente, o ponerse a las órdenes de algún obispo para efectuar el trabajo que se les requiriera en la correspondiente Diócesis.
La iglesia, claustro de los reyes y sacristía quedaron en propiedad de la Diócesis de Salamanca bajo la responsabilidad de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, fundada por la propia Orden Mendicante en 1470, y pasó, en 1840, a convertirse en parroquia de San Polo ante el estado ruinoso que mostraba su titular. Su biblioteca, o parte de ella, se incorporó a la de algunas Universidades entre ellas la de Salamanca y su archivo fue enviado al Archivo Histórico Nacional en Madrid. En sus locales se acumularon cuadros y otros objetos artísticos procedentes de los conventos suprimidos, reunidos siguiendo la Orden de 29 de julio de 1835 del Ministerio del Interior que establecía la creación de una Comisión Civil con la misión de “…examinar, inventariar y recoger cuanto contengan los archivos y bibliotecas de los monasterios y conventos suprimidos, y las pinturas, objetos de escultura u otros que deban conservarse”. Estas obras de arte acabaron siendo trasladadas al colegio de San Bartolomé (palacio de Anaya) donde el 10 de Octubre de 1848 se abrió al público el Museo Provincial.
Vista desde la enfermería del convento de
San Esteban, al fondo el crucero que recuerda
las predicaciones de San Vicente Ferrer
en ese lugar en 1411. Grabado de Daniel Urrabieta, 1871
También desapareció la botica del convento, de la que se tiene la constancia de su primer boticario D. Antonio Torres en el año 1506. El resto de las dependencias del convento, salvo la zona de la enfermería que había quedado para la atención de un pequeño grupo de frailes ancianos que recibieron el título de Venerables, las convirtió el Estado en cuartel de infantería. La presencia de los militares debió ser breve ya que salieron de allí en 1842, quedando desocupado durante un largo periodo durante el cual algunas familias ocuparon las dependencias vacías.
Solo un año después de la exclaustración se publicó el Real Decreto del 19 de febrero de 1836 que estableció la venta de los bienes del clero en pública subasta. Las propiedades del convento de San Esteban fueron enajenadas y nunca volverían a su propiedad.
En 1854 volvió a instalarse un cuartel en el convento, esta vez de caballería, que se mantuvo allí hasta el 24 de mayo de 1880 cuando pasó a ocupar el edificio del Trilingüe. Una buena parte del convento, aún en mal estado, esperaba el regreso de los frailes dominicos.
El 4 de noviembre de 1880, invitados por el general de la Orden para restablecer el convento, llegaron a Salamanca un grupo de dominicos franceses que habían sido expulsados en 1879 por el gobierno francés. Junto a ellos lo hicieron algunos dominicos españoles que se unieron al grupo para suavizar el impacto lingüístico y cultural. La ocupación fue parcial ya que el Real Decreto de 1 de abril de 1862 había mandado entregar el claustro de los Reyes a la Comisión de Monumentos para establecer allí el Museo Provincial. Por otro Real Decreto, el de 10 de enero de 1865, la Comisión también recibió el salón de Profundis.
Grupo de Dominicos de Toulouse en San Esteban 1880-1887
En julio de 1887 los frailes franceses abandonaron el convento y en él quedó un grupo de dominicos españoles formado a partir de los pocos que se unieron a los franceses en 1880. Solo tres años después el convento fue nombrado monumento nacional. El extinguido Estudio General volvió a ser establecido de nuevo en 1897.
El Museo Provincial permaneció en el edificio hasta que se trasladó en 1936 al edificio de las Escuelas Menores quedando todo el convento en manos de los Dominicos. En 1947 el Estudio General quedó convertido en Facultad de Teología.
@ C.H. B01/08/18 Rev 01
La enfermería de San Esteban y ¿el jardín público del Monte Olivete?
Son pocas las imágenes clásicas, y aún actuales, dedicadas a este recinto desconocido para una gran mayoría de salmantinos. Se trata de la galería de convalecientes o enfermería del convento dominico de San Esteban situada en su zona de clausura. Es una galería doble con dos tramos perpendiculares, uno de ellos muy corto, que se abre hacia el sur. Está formada por arcos rebajados soportados por columnas de basa ática, fuste liso y capiteles corintios de una exuberancia propia del plateresco. La solana fue construida hacia 1510, al parecer financiada por la familia Fonseca que dejó su firma con su escudo de cinco soles sobre uno de los capiteles de la galería baja, sin que se tenga la absoluta seguridad de si el donante fue D. Alfonso de Fonseca, el segundo, que fue arzobispo de Santiago de Compostela y luego patriarca de Alejandría, o su hijo D. Alfonso de Fonseca, el tercero, que sucedió a su padre en el arzobispado de Santiago, o tal vez lo fueron ambos, dudándose en añadir algún que otro mecenas. Desde la galería de la enfermería pudo disfrutarse de la huerta del convento que incluye el alto conocido como Monte Olivete, donado en 1492 por los Reyes Católicos. Todavía hoy, allí permanece la cruz que recuerda el lugar en el que la tradición sitúa la predicación de San Vicente Ferrer de 1411 y el supuesto milagro que allí obró cuando predicaba sobre su tema favorito, el Juicio Final, concretamente sobre el versículo del Apocalipsis de San Juan en el que un ángel gritaba desde el cielo.
–Temed a Dios y darle honor, porque vendrá la hora del juicio– y el santo continuó – tan cierto es hermano que el Juicio está cercano, que habéis de saber que yo soy ese mismo ángel del Apocalipsis.
Ante los murmullos de incredulidad de los presentes, el santo mandó traer a una mujer que acababa de morir en la parroquia de San Polo. Y cuando la trajeron, San Vicente le dijo.
–En nombre de Dios te ordeno que te levantes y me digas ¿Es verdad que soy yo el ángel del Apocalipsis que vio San Juan?
A lo que ella contestó:
–Sí es verdad, tú eres ese Ángel.
Y dándola a escoger entre la vida o la muerte, ella escogió la muerte. Quedando todos pasmados de semejante prodigio.
Hace algún tiempo el Plan de Gestión de la Ciudad Vieja de Salamanca, cuya misión es proteger y poner en valor el patrimonio de Salamanca, realizó el estudio de impacto que supondría transformar el huerto del convento de San Esteban en jardín público, con acceso desde las ruinas del “Pozo de las nieves”. De conseguirse tal propósito, la historia que encierra no sería su único atractivo, su situación elevada hace del lugar un observatorio privilegiado de la monumentalidad de la ciudad, un insólito punto de vista, una nueva forma de mirar Salamanca.
Alfonso Rodríguez G. de Ceballos. La iglesia y el Convento de San Esteban de
Salamanca: Estudio documentado de su construcción. Publicaciones del Centro de
Estudios Salmantinos),1987
Urbanismo de Ayuntamiento de Salamanca. Plan De Gestión De La Ciudad Vieja
De Salamanca. Enlace
Morfología de la Salamanca medieval. Procesos de formación, articulación y
gestión. Resultados físicos y topografías funcionales. Mª Eva Gutiérrez Millán
2010. Enlace
*Cartulario de la universidad de Salamanca (1218-1600) tomo III Vicente
Beltrán de Heredia. 1971. Universidad de Salamanca. Enlace
*2Cartulario de la universidad de Salamanca (1218-1600) tomo V. Vicente
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castellanos (1460-1550). Guillermo Nieva Ocampo. Hispania Sacra, LXI
124, julio-diciembre 2009, 483-512. Enlace
Historiadores del Convento de San Esteban de Salamanca (1914.) Salamanca:
Imprenta católica salmanticense, 1914. Enlace
La creación de la observancia regular en el convento de San Esteban de
Salamanca durante el reinado de los Reyes Católicos. Guillermo Nieva Ocampo.
Cuad. hist. Esp. v.80 Buenos Aires ene./dic. 2006 Enlace
Salamanca y sus alrededores su pasado, su presente y su futuro. Eleuterio
Toribio Andrés. Talleres tipográficos "Cervantes" de Avelino Ortega,
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San Esteban de Salamanca historia y guía. José Luis Espinel. Salamanca.
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Historia de la Provincia Dominicana de España: De 1800
a la exclaustración. José Salvador y Conde. Salamanca. Editorial San Esteban,
1978.Enlace
Nacido barroco y terminado neoclásico, el edificio de Calatrava muestra un estilo ambiguo que milagrosamente no le resta nobleza y monumentalidad. Testimonio perenne de la intransigencia artística que lleva a la destrucción de lo que no es del propio gusto, ignorando su volatilidad y apropiándose de razón y verdad como si estas fueran únicas y sin discusión. Un disparate que, inexorablemente, siempre acompaña al ser humano.
Con todo, esta no fue la única desgracia que mutiló el edificio, el fuego y el saqueo también tuvieron su cita.
Foto 1 de 10
Colegio Calatrava Dibujo Parcerisa, F. J. (1803-1875). Litografía S.Ysla. 1865. Biblioteca digital de Castilla y León
Foto 2 de 10
Colegio de la orden militar de Calatrava. Martínez de Hebert, 1867
Foto 3 de 10
Colegio de Calatrava. J. Laurent , copia positiva del Museo Nacional del Romanticismo (Ceres))
Foto 4 de 10
Colegio de Calatrava, Venancio Gombau fines del siglo XIX
Foto 5 de 10
Calatrava, inicios del siglo XX, Archivo Mazo E. (París). Ceres
Foto 6 de 10
Colegio de Calatrava, foto extraída del Portfolio fotográfico de España 1910?, Ceferí Rocafort- Bne
Foto 7 de 10
Colegio de Calatrava. António Passaporte para LOTY (1927-1936). FPH.
Foto 8 de 10
Calatrava. Foto Marburg. Autor desconocido 1932.
Foto 9 de 10
Calle del Rosario, Calatrava y San Esteban. Foto Marburg. Autor desconocido 1932.
Foto 10 de 10
Colegio de Calatrava, Ignacio Herrero de Collantes IV Marqués de Aledo principios de la década de 1940
La obra..
El capítulo general de la orden militar de Calatrava, reunido el 3 de junio de 1552, acordó la fundación del colegio de la Inmaculada Concepción en Salamanca y su Universidad. Mantendría rector y siete colegiales, que vestirían manto cerrado negro, muceta o beca también negra, con la cruz encarnada de la orden, además el colegio contaría con el personal de servicio necesario. El 28 de octubre de 1552 iniciaron los colegiales de Calatrava sus estudios universitarios. La primera ubicación del colegio fueron unas casas alquiladas en la calle de Alabarderos, actual calle de San Pablo, propiedad de D. Juan de Fonseca, residente en Méjico, cuyo apellido hizo pensar a Villar y Macías1que se trataba del palacio de la Salina. Sin embargo para Ceballos2, conocedor de una carta fechada en 1707 escrita por el vicerrector del colegio en la que se declara la estrechez y mala construcción del edificio, considera más factible que se tratara de una simple casa destartalada, quizás de servicio del palacio.
Dado su penoso estado, se buscó lugar para construir nueva casa y se eligió, siguiendo el informe de fray Francisco de la Trinidad, un solar de casas en la zona de San Antón, de espaldas al convento de San Esteban y frontero al convento de los Basilios en la calle de Santo Tomás, hoy Rosario. El 25 de abril de 1790 el informe4de la visita de Jovellanos al colegio describe así su situación “El Colegio es cuadrilongo, y hace manzana á las calles siguientes: Por la fachada que mira al Norte, tiene la del Rosario; como se va á la puerta de Santo Tomás, al Oriente, la de Scoto; al Mediodía, la del Campo, y al Poniente, la del Monte Olivete”.
De nuevo, Villar y Macías sostuvo que entre esas casas adquiridas estaba la casa solariega de los Rodríguez de Ledesma, señores de Sobradillo, mientras que Ceballos afirma no encontrar su escritura entre las de las casas compradas, que pormenoriza en su trabajo. Las casas y solares se compraron en 1715, aunque ya con la obra en marcha se adquirieron otros entre 1718 y 1719. En cuanto al terreno circundante debió ser bastante accidentado, el informe de 1790 mencionado señalaba que el edificio se veía desde la calle (del Rosario) como situado en un cerro, luego con el desmonte de 10.000 o 12.000 carros de tierra, que dejó el sótano semidescubierto, se acondicionó una plaza de forma triangular en la que se construyó el atrio y escalinata de entrada al edificio dándole un porte noble y majestuoso.
Las obras comenzaron el 11 de julio de 1717 siguiendo los planos de D. Joaquín de Churriguera que adaptó los proyectos iniciales de D. Pantaleón Pontón Setién, que a su vez los había trazado siguiendo el tradicional esquema cuadrangular del alcázar militar español con cuatro torreones, si bien estos no terminaron por ocupar las esquinas del claustro como es corriente. A la muerte de Churriguera en 1724 las obras se detuvieron.
Para su continuación, fue nombrado arquitecto D. Pedro de Gamboa en septiembre de 1729, pero poco pudo intervenir puesto que falleció el 16 de abril de 1730. No se nombró entonces sustituto sino que continuó como maestro de obra el aparejador D. Domingo Díez que llevaba las obras desde su inicio.
El 29 de septiembre de 1736, casi veinte años después, los colegiales pudieron por fin ocupar una parte del edificio y con ello, una vez cumplido este objetivo, se ralentizó el resto de la obra, a lo que también contribuyó la muerte de Díez hacia 1742. La obra debió detenerse totalmente sobre 1750, para entonces la mayor parte de la decoración prevista por Churriguera se encontraba todavía sin hacer.
Las obras debieron reemprenderse poco antes de 1777, cuando el rector D. Francisco Ibáñez Cervera manifestó por escrito que el arquitecto D. Jerónimo García de Quiñones había terminado la escalera principal ubicada en uno de los torreones del edificio. La escalera obra de Quiñones, se basó en la que construyó su padre Andrés García de Quiñones en el Colegio de los Jesuitas (Clerecía), fue realizada en estilo rococó antes de que D. Jerónimo se convirtiera definitivamente en arquitecto neoclásico.
El advenimiento de las ideas ilustradas, exigió una arquitectura racional, funcional y sin adornos: el neoclasicismo. Más que Quiñones, el rector Ibáñez, firme seguidor de estas ideas, con el apoyo de D. Antonio Ponz, secretario de la Academia de San Fernando, de postura intransigente ante el arte barroco y de Gaspar Melchor de Jovellanos, visitador de las órdenes Militares y partidario de toda reforma ilustrada, provocó un cambio en el rumbo de la arquitectura del edificio. Se diezmaron considerablemente los adornos previstos para el edificio, eliminando muchos de los que ya estaban construidos y descartando totalmente los que quedaban por construir. Hacia 1780 la fachada, atrio y escalinata estaban terminados, antes se había procedido al desmonte de la pendiente existente con la calle del Rosario, operación que como hemos mecionado dejó semidesenterrado el sótano al que se le dotó de ventanas correspondiéndose con las de los pisos superiores y se le dio acceso a la calle con una puerta en el lado oeste. El trabajo continuó por el claustro y la capilla, ahora desprovistos de todo adorno churrigueresco. El claustro debió de estar terminado en 1787 y poco tiempo después se concluyó la capilla con tres retablos en piedra que albergaban las pinturas que habían sido encargadas a Francisco de Goya. Estas pinturas resultaron perdidas, junto al sagrario y el tabernáculo de mármoles y bronce, durante la Guerra de la independencia.
El edificio fue inaugurado el 25 de julio de 1790 durante la visita de Jovellanos, en cuyos informes, en lo referente a la arquitectura del edificio, exigía la eliminación de todos los adornos de la fachada sobre todo de la puerta principal, eliminaciones que finalmente no se realizaron.
El colegio de Calatrava y la calle de Fúcar. Fotografía de Martínez de Hebert, 1867.
Cuando Martínez de Hebert obtuvo esta fotografía, el edificio colegial de la Inmaculada Concepción perteneciente a la orden Militar de Calatrava mantenía en duda su destino. Librado de la destrucción, pero no del saqueo, de la Guerra de la Independencia, volvió a ejercer tras la contienda las funciones colegiales para las que había sido concebido. Tras su desamortización en 1836 y de haber servido, desde 1850, como cuartel de la Guardia Civil, el Estado lo entregó en 1857 al obispo don Francisco de la Puente para el establecimiento del archivo del Cabildo y de un correccional de clérigos, albergó también en ese tiempo una escuela para niñas patrocinada por la Diócesis.
En 1868, durante la Gloriosa, el edificio fue incautado por la Junta Provincial Revolucionaria para servir de sede a la Diputación Provincial, sin embargo este organismo nunca llegó a ocupar el inmueble, al parecer por el alto costo de las obras de su reparación. Cuartel militar o sede del Museo Provincial fueron algunas de las opciones para su uso que no llegaron a cuajar.
Fue en 1878 cuando el obispo don Narciso Martínez Izquierdo, con buena mano en la corte, consiguió que Alfonso XII devolviera el edificio a la Diócesis, propiedad que se ha mantenido con distintos avatares hasta la actualidad.
A la derecha de la imagen, entre el colegio de Calatrava y los muros del convento de los Dominicos, una calle se pierde en la distancia. Es la calle de Fúcar, al menos así aparece mencionada en los planos del siglo XIX. Para algunos, el nombre hace referencia a la familia de los Fugger (su pronunciación alemana suena más o menos “fúcar” en español), banqueros alemanes del siglo XV y XVI cuya clientela, miembros de las casas reales europeas, de la alta nobleza y de la iglesia católica, les proporcionó una inmensa riqueza e influencia política. Hoy todavía el término fúcar aparece (aunque en desuso) en el diccionario de la RAE con el significado de “Hombre muy rico y hacendado”. Esta interpretación sugiere que la calle fuera, en otros tiempos, la ubicación de la residencia de algún acaudalado caballero. Para otros, Fúcar no es más que la aberración de Júcar, sin que esto conduzca a nada más.
Sea como fuere, la calle permitía el acceso desde la calle del Rosario al campo llamado Monte Olivete y a la puerta de la muralla llamada puerta Nueva (o del Sol). Fue la última puerta abierta en la muralla, se abrió para evitar al vecindario dar grandes rodeos cuando los Reyes Católicos donaron en 1492 al convento de los Dominicos una gran parte del Monte Olivete, quedando inaccesible el camino que lo cruzaba desde Santo Tomás hasta la iglesia de San Polo y su puerta en la muralla.
En 1890, con la puerta Nueva cerrada desde 1750, tuvo lugar una operación inmobiliaria entre el Padre Cámara y el Ayuntamiento mediante la cual el Consistorio cedía al Obispado sus propiedades en el Monte Olivete, para la ampliación del Colegio de Calatrava, además de otros solares, para completar la parcela donde se iba a construir la iglesia de San Juan de Sahagún, a cambio recibiría los terrenos que ocupaban las iglesias de San Justo y Santa Eulalia, que quedarían convertidos en plazas públicas. La operación proporcionó a la ciudad dichas plazas y dejó la calle de Fúcar sin uso y sin salida.
En abril de 1898 el Ayuntamiento decidió ceder el terreno de la calle de Fúcar al obispado, previo pago de la tasación pericial. Desde entonces es propiedad privada y permanece cerrada solo para el acceso a las dependencias del edificio.
C.H. fc 11/04/18 Rev. 01
De la Guerra de la Independencia (1808-1814) a la actualidad
La noticia de los hechos acaecidos el día 2 de mayo de 1808 en Madrid, recibida en Salamanca el día 6, movilizó a los estudiantes de la Universidad en Salamanca que protestaron enérgicamente. La gravedad de la situación provocó la clausura del curso, el día 7 de mayo, y los estudiantes foráneos fueron enviados a sus casas. Ese curso los alumnos matriculados fueron 412, un número corto debido a las circunstancias que se vivían, pues los cursos anteriores la matriculación se mantuvo en torno a los 1000. A pesar de lo bajo, costó mucho tiempo recobrar ese número. Fueron 46 los alumnos matriculados en el curso 1809-10, 54 en 1810-11, 48 en 1811-12, 35 en 1812-13, 104 en 1813-14 y 171 en 1814-1815.
El Colegio de la Inmaculada no sufrió la destrucción material de otros inmuebles de la ciudad pero sí fue, como otros edificios significativos de la zona, saqueado por los ejércitos ocupantes para la obtención bienes pecuniarios, artísticos o materiales combustibles. En este tiempo desaparecieron los cuadros de Goya de la capilla del colegio, además del sagrario y el tabernáculo de mármoles y bronce que adornaban su retablo, pero ciertamente se desconoce si fue un robo, vandalismo o algún tipo de accidente. En 1812 el edificio fue utilizado como hospital de campaña tras la batalla de Arapiles.
Al finalizar la guerra, un buen número de los colegios universitarios, mayores y menores, estaban en ruinas, muchos de sus colegiales no volvieron a la Universidad. Los colegios militares sí lo hicieron, en primer lugar lo hicieron los colegiales del militar de Alcántara que se matricularon en el curso 1815-16, los del Rey en 1818-19 y los de Calatrava, que habitaron en una parte reparada de su edificio, en 1819-20, apareciendo matriculados también en 1835-36 para no estarlo nunca más. Tras la desamortización del colegio, en 1836, el estado del edificio debió de empeorar, según un informe de la Junta de Enajenación de Conventos de finales de 1840 carecía de cubierta una buena parte del edificio. Un anuncio de venta del edificio, aparecido en el Boletín Oficial de la Provincia de 1840, lo tasa en 42.200 reales e impone la condición de conservar la fachada principal y la escalera. Sin embargo su destino fue la Hacienda Militar y se reservó como acuartelamiento. En 1850 se estableció en él, ocupando una parte importante, el cuartel de la Guardia Civil, el plano firmado por D. Tomás Cafranga el 5 de octubre de 1850 muestra su organización interna.
Plano del edificio del colegio Calatrava ocupado por la
Guardia Civil del arquitecto D. Tomás Cafranga en 1850
El obispo D. Fernando de la Puente y Primo de Rivera reclamó en 1857 el edificio al Estado, siéndole concedido para albergar el archivo del Cabildo y un correccional de clérigos. Fue ocupado por la Diócesis, tras su reparación y acondicionamiento, y albergó además una escuela para niñas pobres.
En 1868, durante la Gloriosa, el edificio fue incautado por la Junta Provincial Revolucionaria para servir de sede a la Diputación Provincial, sin embargo este organismo nunca llegó a ocupar el inmueble, al parecer por el alto costo de las obras de su reparación.
La utilización como cuartel militar o como sede del Museo Provincial fueron algunas de las proposiciones que no llegaron a cuajar. El edificio, abandonado, continuó deteriorándose.
Fue en 1878 cuando el obispo don Narciso Martínez Izquierdo, con buena mano en la corte, consiguió que Alfonso XII concediera la propiedad a la Diócesis, propiedad que se ha mantenido con distintos avatares hasta la actualidad.
En el invierno de 1885, recién iniciado el obispado del Padre Cámara, se instalaron en Calatrava las cocinas económicas que, mantenidas por la Conferencia de San Vicente Paúl de Salamanca y atendidas por las hermanitas de la caridad, se ocupaban de proporcionar raciones económicas de alimento para personas sin recursos o que sin carecer totalmente de ellos se encontraban en situación de penuria debido a la falta de trabajo invernal. Se ponían a la venta bonos a 10 céntimos, que incluía sopa y pan, y a 30 céntimos, que añadían a lo anterior un buen cocido. La Sociedad de San Vicente Paúl se hacía cargo de una buena cantidad de bonos para su reparto gratuito, Ayuntamiento y Obispado también compraban una buena parte y otras sociedades y los particulares podían ofrecer su caridad proporcionando alimentos o comprando bonos en la propia cocina o en los establecimientos colaboradores de Huebra, Campo, Calón y Alonso. Las cocinas económicas cerraban en primavera, cuando las condiciones laborales mejoraban y volvían a abrir la temporada siguiente con la llegada del invierno y los problemas de falta de trabajo acuciaban.
A finales de 1886 se realizaron importantes obras para acomodar las clases del Protectorado de Industriales Jóvenes, institución creada en 1880 con el objeto de dar instrucción a jóvenes artesanos sin medios en matemáticas, carpintería, albañilería y cantería. Era mantenida por la Conferencia de San Vicente Paúl y el obispado y las clases hasta ese momento se venían impartiendo en la planta baja del edificio episcopal. Las obras realizadas se extendieron hasta la capilla, con la intención de abrirla al culto.
Los terrenos disponibles del edificio fueron ampliados con la operación inmobiliaria que Ayuntamiento y el Padre Cámara llevaron a cabo en 1890. El Consistorio cedió algunos terrenos de propiedad municipal en el Monte Olivete y algunos solares para completar el terreno donde se iba a construir la iglesia de San Juan de Sahagún a cambio de los solares que ocupaban las iglesias de San Justo y Santa Eulalia que quedaron convertidos en plazas públicas.
En marzo de 1891 quedó instalada en Calatrava una imprenta que aunque recibió el nombre de San José fue más conocida como imprenta Calatrava. Contó desde su inicio con la edición del periódico “La Semana Católica”, periódico que también ubicó en el edificio su redacción, y el “Boletín Eclesiástico” del obispado. Muy pronto también imprimió el periódico “El Criterio” y más tarde “El Lábaro” y “La Basílica Teresiana”
Sin embargo, el gran proyecto educativo del Padre Cámara desde su llegada al obispado salmantino fue la puesta en marcha de los Estudios Eclesiásticos superiores de Calatrava. El obispo pretendía luchar de este modo con la escasa preparación de los sacerdotes en esa etapa histórica. Suprimidas las facultades de teología de las universidades, la preparación de los sacerdotes se restringía a los seminarios y estos, con escasa financiación, vivían un gran letargo y se mostraban insuficientes para dotar a sus alumnos de la preparación necesaria para defender la religión católica y los derechos de su iglesia. Aunque su intención inicial fue establecer el Estudio en el mismo Seminario Central salmantino (Clerecía), finalmente se decidió a ubicarlo en el edificio de Calatrava.
Aún teniendo el beneplácito de la Provincia Eclesiástica Castellana, la penosa situación económica de las diócesis impedía el envío de alumnos al nuevo centro. Su andadura dio comienzo el curso 1894-95 con solo 9 alumnos, todos externos. Hasta el curso 1898-1899, no los hubo internos, siendo entonces 33 frente a 13 externos. Para la ampliación del Centro, el Padre Cámara mandó en 1895 desocupar del edificio la imprenta Calatrava, que fue instalada en la plaza Carvajal, el Protectorado de Industriales Jóvenes y las cocinas económicas, ambos fueron trasladadas a las casas que la asociación de San Vicente Paúl disponía en la calle Compañía nº3.
El proyecto del P. Cámara no tuvo una vida larga, la apertura de otros centros de formación eclesiástica similares y sobre todo la instauración en 1896 de las facultades de teología confiriendo el título de Universidad Pontificia a los seminarios centrales de Salamanca, Toledo, Valencia y Santiago perjudicó enormemente al proyecto de obispo que había nacido con poca fortaleza. La muerte del Obispo en 1904 significó otro duro golpe a la institución que acabó cerrando en 1911.
Verraco de la Redonda en el museo del Padre Morán
en Calatrava en 1919, hoy en el Museo Provincial
El entonces obispo de Salamanca, D. Francisco Javier Valdés y Noriega, Padre Valdés, (1904-1913), cedió el 22 de junio de 1911 el edificio de Calatrava al Provincial de los Agustinos del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas, Padre Luciano M. Illa, para establecer en él estudios de Primera y Segunda enseñanza. Permanecieron allí hasta agosto de 1940, cuando el colegio fue cerrado coincidiendo con la apertura del colegio de los Maristas en Salamanca, siendo repescado alguno de sus profesores para la Universidad Pontificia. Allí impartió la asignatura de francés e historia entre 1912 y 1940 el agustino D. César Morán Bardón (1882-1951) conocido arqueólogo y etnólogo, cuyas investigaciones y descubrimientos partían muchas veces de las leyendas e informaciones que sus propios alumnos, provenientes de todos los rincones de la provincia de Salamanca y Zamora y León, le proporcionaban. Durante años estuvo instalado en el Colegio de Calatrava el museo del P. Morán que luego pasaría al Museo Provincial de Salamanca donde aún constituye el núcleo de la sección etnográfica. Tras el cierre del colegio agustino, el P. Morán pasó al colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo en Madrid donde estuvo hasta 1948 cuando se jubiló. Falleció tres años después.
El 6 de noviembre de 1940, tras la Guerra Civil y de la mano del obispo D. Enrique Pla y Deniel (1935-1941) y con el apoyo del nuevo régimen, quedó inaugurado el curso de la recién creada Universidad Pontificia de Salamanca. La necesidad de alojamiento para los nuevos alumnos llevó al obispo a trasladar el Seminario menor diocesano al Colegio de Calatrava. En 1957, nuevas necesidades de espacio por parte de Upsa, provocó también el traslado al edificio del Seminario mayor diocesano.
Durante la madrugada del día 11 de febrero de 1960 se produjo gravísimo incendio en el edificio cuando en su interior dormían 113 seminaristas. No hubo desgracias personales pero el edificio quedó muy dañado, prácticamente destruido y con lamentables pérdidas en el archivo diocesano.
El entonces obispo de Salamanca el dominico Fray Francisco Barbado Viejo (1943-1964) inició de inmediato la reconstrucción y los seminaristas pronto pudieron volver al edificio. Sin embargo el paso del tiempo y, sobre todo, la disminución de vocaciones acabó deteriorando el edificio que en 1995, durante el obispado de D. Braulio Rodríguez Plaza (1995-2002), tuvo que ser totalmente restaurado y transformado en Casa de la Iglesia. Un edificio multiusos de la Diócesis salmantina que además de seguir siendo Seminario Mayor, alberga la Curia Diocesana, una residencia para sacerdotes mayores y sus familias, además de otros servicios y espacios para diversas actividades religiosas.
C.H. B 23/04/18 Rev 01
1 Manuel Villar y Macías. Historia de Salamanca. Imprenta de Francisco Núñez Izquierdo 1887.
2 Alfonso Rodríguez G. de Ceballos. Estudios del barroco salmantino II. El colegio de la orden militar de Calatrava de la universidad de Salamanca. Centro de Estudios Salmantinos, 1972.
3 María Nieves Rupérez Almajano. Urbanismo de Salamanca en el siglo XVIII. Colegio Oficial de Arquitectos de León, 1992.
4Jovellanos y los colegios de las órdenes militares en la universidad de Salamanca, informes. Boletines de la Real Academia de la Historia.
5Luis Sala Balust, Constituciones, estatutos y ceremonias de los antiguos colegios seculares de la Universidad de Salamanca, Salamanca: Universidad de Salamanca, 1962-1966.
6Florencio Amador y Carrandi, La Universidad de Salamanca en la Guerra de la Independencia. Salamanca. Impr. Calatrava 1916.
8Enrique Esperabé de Arteaga. Salamanca en la mano : noticias histórico-descriptivas acerca de la ciudad y sus monumentos, usos y costumbres. Imp. y Lib. de Francisco Núñez, 1930.
9Eduardo Javier Alonso Romo. La vida consagrada en Salamanca en la época de Barbado Viejo (1943)
Proyectado barroco en 1717, el edificio demoró tanto su construcción que el cambio de gusto estético hacia el neoclasicismo acabó mutilando casi todo su abundante ornamento. Ocurrió en el último cuarto del siglo XVIII y así demostraron su intransigencia y fanatismo anti barroco sus ilustrados gestores.
Su capilla, desprovista de toda decoración churrigueresca, terminó siendo hermoseada con un sencillo retablo neoclásico diseñado por don Pedro Arnal y elaborado en piedra como ordenaba la Circular de Carlos III de 1777, emitida no sólo para minimizar el riesgo de incendios en las iglesias sino también para evitar los excesos decorativos y proteger el decoro del culto y la dignidad de la religión.
Capilla Mayor del edificio Calatrava fotografía de la Diocesis de Salamanca
El retablo serviría de marco a una pintura neoclásica que representaba a la Inmaculada Concepción obra del maestro Goya, una joya de la pintura española a juzgar por los comentarios de la época, que fue encargada con la mediación de don Gaspar Melchor de Jovellanos, visitador de las Órdenes Militares.
El encargo, de 1783, contemplaba además otras dos pinturas dedicadas a San Bernardo y a San Benito, ambos muy ligados a la Orden Militar de Calatrava, que quedarían también colocados en la capilla. Las tres obras desaparecieron, robadas o destruidas, durante la Guerra de la Independencia, una muestra más de lo calamitosa que resultó la contienda para el patrimonio de Salamanca.
La pintura que reproducimos, conservada en el Museo del Prado, es uno de los bocetos preparatorios de la obra final de Calatrava y, según los entendidos, el más terminado. Perteneció a Jovellanos, posiblemente fue un regalo de agradecimiento de Goya. Su tamaño de 80 x 41 cm es sensiblemente menor que el del cuadro perdido de 362 x 181 cm y es el único recuerdo gráfico de los “goyas salmantinos”
Más en:
Estudios del barroco salmantino II. El colegio de la orden militar de Calatrava de la universidad de Salamanca. A. Rodríguez G. de Ceballos. Salamanca, 1972