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Colegio de la Inmaculada Concepción de la orden militar de Calatrava


Nacido barroco y terminado neoclásico, el edificio de Calatrava muestra un estilo ambiguo que milagrosamente no le resta nobleza y monumentalidad. Testimonio perenne de la intransigencia artística que lleva a la destrucción de lo que no es del propio gusto, ignorando su volatilidad y apropiándose de razón y verdad como si estas fueran únicas y sin discusión. Un disparate que, inexorablemente, siempre acompaña al ser humano. 
Con todo, esta no fue la única desgracia que mutiló el edificio, el fuego y el saqueo también tuvieron su cita.






La obra..

El capítulo general de la orden militar de Calatrava, reunido el 3 de junio de 1552, acordó la fundación del colegio de la Inmaculada Concepción en Salamanca y su Universidad. Mantendría rector y siete colegiales, que vestirían manto cerrado negro, muceta o beca también negra, con la cruz encarnada de la orden, además el colegio contaría con el personal de servicio necesario. El 28 de octubre de 1552 iniciaron los colegiales de Calatrava sus estudios universitarios. La primera ubicación del colegio fueron unas casas alquiladas en la calle de Alabarderos, actual calle de San Pablo, propiedad de D. Juan de Fonseca, residente en Méjico, cuyo apellido hizo pensar a Villar y Macías1 que se trataba del palacio de la Salina. Sin embargo para Ceballos2 , conocedor de una carta fechada en 1707 escrita por el vicerrector del colegio en la que se declara la estrechez y mala construcción del edificio, considera más factible que se tratara de una simple casa destartalada, quizás de servicio del palacio. 
Dado su penoso estado, se buscó lugar para construir nueva casa y se eligió, siguiendo el informe de fray Francisco de la Trinidad, un solar de casas en la zona de San Antón, de espaldas al convento de San Esteban y frontero al convento de los Basilios en la calle de Santo Tomás, hoy Rosario. El 25 de abril de 1790 el informe4 de la visita de Jovellanos al colegio describe así su situación “El Colegio es cuadrilongo, y hace manzana á las calles siguientes: Por la fachada que mira al Norte, tiene la del Rosario; como se va á la puerta de Santo Tomás, al Oriente, la de Scoto; al Mediodía, la del Campo, y al Poniente, la del Monte Olivete”.
De nuevo, Villar y Macías sostuvo que entre esas casas adquiridas estaba la casa solariega de los Rodríguez de Ledesma, señores de Sobradillo, mientras que Ceballos afirma no encontrar su escritura entre las de las casas compradas, que pormenoriza en su trabajo. Las casas y solares se compraron en 1715, aunque ya con la obra en marcha se adquirieron otros entre 1718 y 1719. En cuanto al terreno circundante debió ser bastante accidentado, el informe de 1790 mencionado señalaba que el edificio se veía desde la calle (del Rosario) como situado en un cerro, luego con el desmonte de 10.000 o 12.000 carros de tierra, que dejó el sótano semidescubierto, se acondicionó una plaza de forma triangular en la que se construyó el atrio y escalinata de entrada al edificio dándole un porte noble y majestuoso.
Las obras comenzaron el 11 de julio de 1717 siguiendo los planos de D. Joaquín de Churriguera que adaptó los proyectos iniciales de D. Pantaleón Pontón Setién, que a su vez los había trazado siguiendo el tradicional esquema cuadrangular del alcázar militar español con cuatro torreones, si bien estos no terminaron por ocupar las esquinas del claustro como es corriente. A la muerte de Churriguera en 1724 las obras se detuvieron. 
Para su continuación, fue nombrado arquitecto D. Pedro de Gamboa en septiembre de 1729, pero poco pudo intervenir puesto que falleció el 16 de abril de 1730. No se nombró entonces sustituto sino que continuó como maestro de obra el aparejador D. Domingo Díez que llevaba las obras desde su inicio. 

El 29 de septiembre de 1736, casi veinte años después, los colegiales pudieron por fin ocupar una parte del edificio y con ello, una vez cumplido este objetivo, se ralentizó el resto de la obra, a lo que también contribuyó la muerte de Díez hacia 1742. La obra debió detenerse totalmente sobre 1750, para entonces la mayor parte de la decoración prevista por Churriguera se encontraba todavía sin hacer.

Las obras debieron reemprenderse poco antes de 1777, cuando el rector D. Francisco Ibáñez Cervera manifestó por escrito que el arquitecto D. Jerónimo García de Quiñones había terminado la escalera principal ubicada en uno de los torreones del edificio. La escalera obra de Quiñones, se basó en la que construyó su padre Andrés García de Quiñones en el Colegio de los Jesuitas (Clerecía), fue realizada en estilo rococó antes de que D. Jerónimo se convirtiera definitivamente en arquitecto neoclásico. 
El advenimiento de las ideas ilustradas, exigió una arquitectura racional, funcional y sin adornos: el neoclasicismo. Más que Quiñones, el rector Ibáñez, firme seguidor de estas ideas, con el apoyo de D. Antonio Ponz, secretario de la Academia de San Fernando, de postura intransigente ante el arte barroco y de Gaspar Melchor de Jovellanos, visitador de las órdenes Militares y partidario de toda reforma ilustrada, provocó un cambio en el rumbo de la arquitectura del edificio. Se diezmaron considerablemente los adornos previstos para el edificio, eliminando muchos de los que ya estaban construidos y descartando totalmente los que quedaban por construir. Hacia 1780 la fachada, atrio y escalinata estaban terminados, antes se había procedido al desmonte de la pendiente existente con la calle del Rosario, operación que como hemos mecionado dejó semidesenterrado el sótano al que se le dotó de ventanas correspondiéndose con las de los pisos superiores y se le dio acceso a la calle con una puerta en el lado oeste. El trabajo continuó por el claustro y la capilla, ahora desprovistos de todo adorno churrigueresco. El claustro debió de estar terminado en 1787 y poco tiempo después se concluyó la capilla con tres retablos en piedra que albergaban las pinturas que habían sido encargadas a Francisco de Goya. Estas pinturas resultaron perdidas, junto al sagrario y el tabernáculo de mármoles y bronce, durante la Guerra de la independencia. 
El edificio fue inaugurado el 25 de julio de 1790 durante la visita de Jovellanos, en cuyos informes, en lo referente a la arquitectura del edificio, exigía la eliminación de todos los adornos de la fachada sobre todo de la puerta principal, eliminaciones que finalmente no se realizaron.




El colegio de Calatrava y la calle de Fúcar. Fotografía de Martínez de Hebert, 1867.


Cuando Martínez de Hebert obtuvo esta fotografía, el edificio colegial de la Inmaculada Concepción perteneciente a la orden Militar de Calatrava mantenía en duda su destino. Librado de la destrucción, pero no del saqueo, de la Guerra de la Independencia, volvió a ejercer tras la contienda las funciones colegiales para las que había sido concebido. Tras su desamortización en 1836 y de haber servido, desde 1850, como cuartel de la Guardia Civil, el Estado lo entregó en 1857 al obispo don Francisco de la Puente para el establecimiento del archivo del Cabildo y de un correccional de clérigos, albergó también en ese tiempo una escuela para niñas patrocinada por la Diócesis. 
En 1868, durante la Gloriosa, el edificio fue incautado por la Junta Provincial Revolucionaria para servir de sede a la Diputación Provincial, sin embargo este organismo nunca llegó a ocupar el inmueble, al parecer por el alto costo de las obras de su reparación. Cuartel militar o sede del Museo Provincial fueron algunas de las opciones para su uso que no llegaron a cuajar. 
Fue en 1878 cuando el obispo don Narciso Martínez Izquierdo, con buena mano en la corte, consiguió que Alfonso XII devolviera el edificio a la Diócesis, propiedad que se ha mantenido con distintos avatares hasta la actualidad.

A la derecha de la imagen, entre el colegio de Calatrava y los muros del convento de los Dominicos, una calle se pierde en la distancia. Es la calle de Fúcar, al menos así aparece mencionada en los planos del siglo XIX. Para algunos, el nombre hace referencia a la familia de los Fugger (su pronunciación alemana suena más o menos “fúcar” en español), banqueros alemanes del siglo XV y XVI cuya clientela, miembros de las casas reales europeas, de la alta nobleza y de la iglesia católica, les proporcionó una inmensa riqueza e influencia política. Hoy todavía el término fúcar aparece (aunque en desuso) en el diccionario de la RAE con el significado de “Hombre muy rico y hacendado”. Esta interpretación sugiere que la calle fuera, en otros tiempos, la ubicación de la residencia de algún acaudalado caballero. Para otros, Fúcar no es más que la aberración de Júcar, sin que esto conduzca a nada más. 
Sea como fuere, la calle permitía el acceso desde la calle del Rosario al campo llamado Monte Olivete y a la puerta de la muralla llamada puerta Nueva (o del Sol). Fue la última puerta abierta en la muralla, se abrió para evitar al vecindario dar grandes rodeos cuando los Reyes Católicos donaron en 1492 al convento de los Dominicos una gran parte del Monte Olivete, quedando inaccesible el camino que lo cruzaba desde Santo Tomás hasta la iglesia de San Polo y su puerta en la muralla.

En 1890, con la puerta Nueva cerrada desde 1750, tuvo lugar una operación inmobiliaria entre el Padre Cámara y el Ayuntamiento mediante la cual el Consistorio cedía al Obispado sus propiedades en el Monte Olivete, para la ampliación del Colegio de Calatrava, además de otros solares, para completar la parcela donde se iba a construir la iglesia de San Juan de Sahagún, a cambio recibiría los terrenos que ocupaban las iglesias de San Justo y Santa Eulalia, que quedarían convertidos en plazas públicas. La operación proporcionó a la ciudad dichas plazas y dejó la calle de Fúcar sin uso y sin salida.
En abril de 1898 el Ayuntamiento decidió ceder el terreno de la calle de Fúcar al obispado, previo pago de la tasación pericial. Desde entonces es propiedad privada y permanece cerrada solo para el acceso a las dependencias del edificio.


 C.H. fc 11/04/18 Rev. 01



De la Guerra de la Independencia (1808-1814) a la actualidad

La noticia de los hechos acaecidos el día 2 de mayo de 1808 en Madrid, recibida en Salamanca el día 6, movilizó a los estudiantes de la Universidad en Salamanca que protestaron enérgicamente. La gravedad de la situación provocó la clausura del curso, el día 7 de mayo, y los estudiantes foráneos fueron enviados a sus casas. Ese curso los alumnos matriculados fueron 412, un número corto debido a las circunstancias que se vivían, pues los cursos anteriores la matriculación se mantuvo en torno a los 1000. A pesar de lo bajo, costó mucho tiempo recobrar ese número. Fueron 46 los alumnos matriculados en el curso 1809-10, 54 en 1810-11, 48 en 1811-12, 35 en 1812-13, 104 en 1813-14 y 171 en 1814-1815.
El Colegio de la Inmaculada no sufrió la destrucción material de otros inmuebles de la ciudad pero sí fue, como otros edificios significativos de la zona, saqueado por los ejércitos ocupantes para la obtención bienes pecuniarios, artísticos o materiales combustibles. En este tiempo desaparecieron los cuadros de Goya de la capilla del colegio, además del sagrario y el tabernáculo de mármoles y bronce que adornaban su retablo, pero ciertamente se desconoce si fue un robo, vandalismo o algún tipo de accidente. En 1812 el edificio fue utilizado como hospital de campaña tras la batalla de Arapiles.
Al finalizar la guerra, un buen número de los colegios universitarios, mayores y menores, estaban en ruinas, muchos de sus colegiales no volvieron a la Universidad. Los colegios militares sí lo hicieron, en primer lugar lo hicieron los colegiales del militar de Alcántara que se matricularon en el curso 1815-16, los del Rey en 1818-19 y los de Calatrava, que habitaron en una parte reparada de su edificio, en 1819-20, apareciendo matriculados también en 1835-36 para no estarlo nunca más. Tras la desamortización del colegio, en 1836, el estado del edificio debió de empeorar, según un informe de la Junta de Enajenación de Conventos de finales de 1840 carecía de cubierta una buena parte del edificio. Un anuncio de venta del edificio, aparecido en el Boletín Oficial de la Provincia de 1840, lo tasa en 42.200 reales e impone la condición de conservar la fachada principal y la escalera. Sin embargo su destino fue la Hacienda Militar y se reservó como acuartelamiento. En 1850 se estableció en él, ocupando una parte importante, el cuartel de la Guardia Civil, el plano firmado por D. Tomás Cafranga el 5 de octubre de 1850 muestra su organización interna.

Plano del edificio del colegio Calatrava ocupado por la
Guardia Civil del arquitecto D. Tomás Cafranga en 1850

El obispo D. Fernando de la Puente y Primo de Rivera reclamó en 1857 el edificio al Estado, siéndole concedido para albergar el archivo del Cabildo y un correccional de clérigos. Fue ocupado por la Diócesis, tras su reparación y acondicionamiento, y albergó además una escuela para niñas pobres.
En 1868, durante la Gloriosa, el edificio fue incautado por la Junta Provincial Revolucionaria para servir de sede a la Diputación Provincial, sin embargo este organismo nunca llegó a ocupar el inmueble, al parecer por el alto costo de las obras de su reparación.
La utilización como cuartel militar o como sede del Museo Provincial fueron algunas de las proposiciones que no llegaron a cuajar. El edificio, abandonado, continuó deteriorándose.
Fue en 1878 cuando el obispo don Narciso Martínez Izquierdo, con buena mano en la corte, consiguió que Alfonso XII concediera la propiedad a la Diócesis, propiedad que se ha mantenido con distintos avatares hasta la actualidad.

En el invierno de 1885, recién iniciado el obispado del Padre Cámara, se instalaron en Calatrava las cocinas económicas que, mantenidas por la Conferencia de San Vicente Paúl de Salamanca y atendidas por las hermanitas de la caridad, se ocupaban de proporcionar raciones económicas de alimento para personas sin recursos o que sin carecer totalmente de ellos se encontraban en situación de penuria debido a la falta de trabajo invernal. Se ponían a la venta bonos a 10 céntimos, que incluía sopa y pan, y a 30 céntimos, que añadían a lo anterior un buen cocido. La Sociedad de San Vicente Paúl se hacía cargo de una buena cantidad de bonos para su reparto gratuito, Ayuntamiento y Obispado también compraban una buena parte y otras sociedades y los particulares podían ofrecer su caridad proporcionando alimentos o comprando bonos en la propia cocina o en los establecimientos colaboradores de Huebra, Campo, Calón y Alonso. Las cocinas económicas cerraban en primavera, cuando las condiciones laborales mejoraban y volvían a abrir la temporada siguiente con la llegada del invierno y los problemas de falta de trabajo acuciaban.
A finales de 1886 se realizaron importantes obras para acomodar las clases del Protectorado de Industriales Jóvenes, institución creada en 1880 con el objeto de dar instrucción a jóvenes artesanos sin medios en matemáticas, carpintería, albañilería y cantería. Era mantenida por la Conferencia de San Vicente Paúl y el obispado y las clases hasta ese momento se venían impartiendo en la planta baja del edificio episcopal. Las obras realizadas se extendieron hasta la capilla, con la intención de abrirla al culto.

Los terrenos disponibles del edificio fueron ampliados con la operación inmobiliaria que Ayuntamiento y el Padre Cámara llevaron a cabo en 1890. El Consistorio cedió algunos terrenos de propiedad municipal en el Monte Olivete y algunos solares para completar el terreno donde se iba a construir la iglesia de San Juan de Sahagún a cambio de los solares que ocupaban las iglesias de San Justo y Santa Eulalia que quedaron convertidos en plazas públicas.
En marzo de 1891 quedó instalada en Calatrava una imprenta que aunque recibió el nombre de San José fue más conocida como imprenta Calatrava. Contó desde su inicio con la edición del periódico “La Semana Católica”, periódico que también ubicó en el edificio su redacción, y el “Boletín Eclesiástico” del obispado. Muy pronto también imprimió el periódico “El Criterio” y más tarde “El Lábaro” y “La Basílica Teresiana”
Sin embargo, el gran proyecto educativo del Padre Cámara desde su llegada al obispado salmantino fue la puesta en marcha de los Estudios Eclesiásticos superiores de Calatrava. El obispo pretendía luchar de este modo con la escasa preparación de los sacerdotes en esa etapa histórica. Suprimidas las facultades de teología de las universidades, la preparación de los sacerdotes se restringía a los seminarios y estos, con escasa financiación, vivían un gran letargo y se mostraban insuficientes para dotar a sus alumnos de la preparación necesaria para defender la religión católica y los derechos de su iglesia. Aunque su intención inicial fue establecer el Estudio en el mismo Seminario Central salmantino (Clerecía), finalmente se decidió a ubicarlo en el edificio de Calatrava.
Aún teniendo el beneplácito de la Provincia Eclesiástica Castellana, la penosa situación económica de las diócesis impedía el envío de alumnos al nuevo centro. Su andadura dio comienzo el curso 1894-95 con solo 9 alumnos, todos externos. Hasta el curso 1898-1899, no los hubo internos, siendo entonces 33 frente a 13 externos. Para la ampliación del Centro, el Padre Cámara mandó en 1895 desocupar del edificio la imprenta Calatrava, que fue instalada en la plaza Carvajal, el Protectorado de Industriales Jóvenes y las cocinas económicas, ambos fueron trasladadas a las casas que la asociación de San Vicente Paúl disponía en la calle Compañía nº3.

El proyecto del P. Cámara no tuvo una vida larga, la apertura de otros centros de formación eclesiástica similares y sobre todo la instauración en 1896 de las facultades de teología confiriendo el título de Universidad Pontificia a los seminarios centrales de Salamanca, Toledo, Valencia y Santiago perjudicó enormemente al proyecto de obispo que había nacido con poca fortaleza. La muerte del Obispo en 1904 significó otro duro golpe a la institución que acabó cerrando en 1911.

Verraco de la Redonda en el museo del Padre Morán
en Calatrava en 1919, hoy en el Museo Provincial
El entonces obispo de Salamanca, D. Francisco Javier Valdés y Noriega, Padre Valdés, (1904-1913), cedió el 22 de junio de 1911 el edificio de Calatrava al Provincial de los Agustinos del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas, Padre Luciano M. Illa, para establecer en él estudios de Primera y Segunda enseñanza. Permanecieron allí hasta agosto de 1940, cuando el colegio fue cerrado coincidiendo con la apertura del colegio de los Maristas en Salamanca, siendo repescado alguno de sus profesores para la Universidad Pontificia. Allí impartió la asignatura de francés e historia entre 1912 y 1940 el agustino D. César Morán Bardón (1882-1951) conocido arqueólogo y etnólogo, cuyas investigaciones y descubrimientos partían muchas veces de las leyendas e informaciones que sus propios alumnos, provenientes de todos los rincones de la provincia de Salamanca y Zamora y León, le proporcionaban. Durante años estuvo instalado en el Colegio de Calatrava el museo del P. Morán que luego pasaría al Museo Provincial de Salamanca donde aún constituye el núcleo de la sección etnográfica. Tras el cierre del colegio agustino, el P. Morán pasó al colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo en Madrid donde estuvo hasta 1948 cuando se jubiló. Falleció tres años después.

El 6 de noviembre de 1940, tras la Guerra Civil y de la mano del obispo D. Enrique Pla y Deniel (1935-1941) y con el apoyo del nuevo régimen, quedó inaugurado el curso de la recién creada Universidad Pontificia de Salamanca. La necesidad de alojamiento para los nuevos alumnos llevó al obispo a trasladar el Seminario menor diocesano al Colegio de Calatrava. En 1957, nuevas necesidades de espacio por parte de Upsa, provocó también el traslado al edificio del Seminario mayor diocesano.
Durante la madrugada del día 11 de febrero de 1960 se produjo gravísimo incendio en el edificio cuando en su interior dormían 113 seminaristas. No hubo desgracias personales pero el edificio quedó muy dañado, prácticamente destruido y con lamentables pérdidas en el  archivo diocesano.
El entonces obispo de Salamanca el dominico Fray Francisco Barbado Viejo (1943-1964) inició de inmediato la reconstrucción y los seminaristas pronto pudieron volver al edificio. Sin embargo el paso del tiempo y, sobre todo, la disminución de vocaciones acabó deteriorando el edificio que en 1995, durante el obispado de D. Braulio Rodríguez Plaza (1995-2002), tuvo que ser totalmente restaurado y transformado en Casa de la Iglesia. Un edificio multiusos de la Diócesis salmantina que además de seguir siendo Seminario Mayor, alberga la Curia Diocesana, una residencia para sacerdotes mayores y sus familias, además de otros servicios y espacios para diversas actividades religiosas.

C.H. B 23/04/18 Rev 01







1 Manuel Villar y Macías. Historia de Salamanca. Imprenta de Francisco Núñez Izquierdo 1887.
2 Alfonso Rodríguez G. de Ceballos. Estudios del barroco salmantino II. El colegio de la orden militar de Calatrava de la universidad de Salamanca. Centro de Estudios Salmantinos, 1972.
3 María Nieves Rupérez Almajano. Urbanismo de Salamanca en el siglo XVIII. Colegio Oficial de Arquitectos de León, 1992.
4 Jovellanos y los colegios de las órdenes militares en la universidad de Salamanca, informes. Boletines de la Real Academia de la Historia.
5 Luis Sala Balust, Constituciones, estatutos y ceremonias de los antiguos colegios seculares de la Universidad de Salamanca, Salamanca: Universidad de Salamanca, 1962-1966.
6 Florencio Amador y Carrandi, La Universidad de Salamanca en la Guerra de la Independencia. Salamanca. Impr. Calatrava 1916.
7 Abel Vázquez García. El Colegio de Estudios Eclesiásticos Superiores de Calatrava fundado por el P. Cámara. upsa.es.http://summa.upsa.es/pdf.vm?id=0000007790&page=1
8 Enrique Esperabé de Arteaga. Salamanca en la mano : noticias histórico-descriptivas acerca de la ciudad y sus monumentos, usos y costumbres. Imp. y Lib. de Francisco Núñez, 1930.
9 Eduardo Javier Alonso Romo. La vida consagrada en Salamanca en la época de Barbado Viejo (1943)

Los Goyas perdidos del colegio de la Orden Militar de Calatrava


Proyectado barroco en 1717, el edificio demoró tanto su construcción que el cambio de gusto estético hacia el neoclasicismo acabó mutilando casi todo su abundante ornamento. Ocurrió en el último cuarto del siglo XVIII y así demostraron su intransigencia y fanatismo anti barroco sus ilustrados gestores.



Su capilla, desprovista de toda decoración churrigueresca, terminó siendo hermoseada con un sencillo retablo neoclásico diseñado por don Pedro Arnal y elaborado en piedra como ordenaba la Circular de Carlos III de 1777, emitida no sólo para minimizar el riesgo de incendios en las iglesias sino también para evitar los excesos decorativos y proteger el decoro del culto y la dignidad de la religión.


Capilla Mayor del edificio Calatrava
fotografía de la Diocesis de Salamanca
El retablo serviría de marco a una pintura neoclásica que representaba a la Inmaculada Concepción obra del maestro Goya, una joya de la pintura española a juzgar por los comentarios de la época, que fue encargada con la mediación de don Gaspar Melchor de Jovellanos, visitador de las Órdenes Militares. 

El encargo, de 1783, contemplaba además otras dos pinturas dedicadas a San Bernardo y a San Benito, ambos muy ligados a la Orden Militar de Calatrava, que quedarían también colocados en la capilla. Las tres obras desaparecieron, robadas o destruidas, durante la Guerra de la Independencia, una muestra más de lo calamitosa que resultó la contienda para el patrimonio de Salamanca.

La pintura que reproducimos, conservada en el Museo del Prado, es uno de los bocetos preparatorios de la obra final de Calatrava y, según los entendidos, el más terminado. Perteneció a Jovellanos, posiblemente fue un regalo de agradecimiento de Goya. Su tamaño de 80 x 41 cm es sensiblemente menor que el del cuadro perdido de 362 x 181 cm y es el único recuerdo gráfico de los “goyas salmantinos”






Más en:
Estudios del barroco salmantino II. El colegio de la orden militar de Calatrava de la universidad de Salamanca. A. Rodríguez G. de Ceballos. Salamanca, 1972

 C.H. fc 05/04/18 Rev. 01

Calle del Rosario


En su origen fue, con seguridad, el camino que llevaba de San Esteban a Santo Tomás, aludiendo a las iglesias románicas de San Esteban, llamada de los Godínez por ser fundada por Godino de Coímbra en 1106 y mantenida por su familia, y la de Santo Tomás de Canterbury o Cantuariense, fundada en 1175 por los hermanos ingleses Ricardo y Radulfo y dedicada a Tomas Beckett, obispo, santo y mártir.
La calle discurría como una suave cuesta irregular que sorteaba los modestos escarpes que conformaban el teso que al este de la ciudad dominaba la iglesia de Santo Tomás. La zona, alejada de la ciudad vieja y de su antigua muralla, estuvo poco poblada, seguramente por la acaparación de terreno por parte de varias comunidades religiosas, pero con el tiempo alcanzó un alto nivel de relevancia, cultural y monumental, en la ciudad.



Calle del Rosario en el plano basado en
 Francisco Coello de 1858 y en 2012














Desde antiguo recibió el nombre de calle del Rosario debido al hospital que legó D. Juan Alfonso de Godino en 1327 con el patronato y dirección de los frailes Dominicos. La orden de los predicadores, u orden dominicana, se había trasladado, en 1256, desde su convento extramuros junto a San Juan el Blanco, destruido por una riada, a la primitiva iglesia de San Esteban de Godínez y sus propiedades anexas. Con el tiempo el hospital, situado en las cercanías de la iglesia de San Esteban, quedó a cargo de la cofradía del Rosario fundada por los Dominicos a finales del siglo XV con la finalidad de promover la devoción a la Virgen María y la oración del Rosario. Debió ser entonces cuando el hospital recibió el nombre de hospital del Rosario y por consiguiente también la calle.

El hospital del Rosario estuvo en funcionamiento hasta que fue suprimido en 1581 durante la reforma sanitaria promovida en tiempos de Felipe II, pasando sus rentas al Hospital General de la Santísima Trinidad. Desde entonces la cofradía del Rosario trasladó su sede a la iglesia de San Esteban estando hoy reorganizada como Real y Pontificia Archicofradía Sacramental de María Santísima Madre de Dios del Rosario y San Pío V.

Tras su cierre, el edificio del hospital se convirtió en convento de Carmelitas Descalzas. Era su cuarta localización en Salamanca tras la fundación por Santa Teresa de Jesús en la casa de los Ovalle en la actual calle de Crespo Rascón, su posterior paso por la calle Compañía y luego el breve traslado a la plaza de la Fuente en la llamada casa de la Retama. Permanecieron en el solar del hospital del Rosario hasta 1614 cuando se trasladaron al convento en la afueras de la puerta de Villamayor, donde fijaron su residencia durante más de 350 años hasta que en 1970 pasaron a ocupar el actual convento en Cabrerizos.

El convento carmelita abandonado, antiguo hospital del Rosario, fue ocupado entonces por los Clérigos Menores que permanecieron unos años en él hasta su traslado a unas casas de la calle Serranos que a su vez abandonaron en 1670 para ocupar el convento dedicado a San Carlos Borromeo que habían construido en la plaza de San Adrián, actual plaza de Colón.

Los solares del antiguo hospital fueron ocupados en 1621 por los reverendos monjes de San Basilio que en 1677 derribaron la vieja construcción y edificaron nueva iglesia siguiendo planos del arquitecto Juan de Setién y la dirección de obra del también arquitecto Antonio Carassa. El colegio de los Basilios sufrió gran deterioro durante la ocupación francesa, el curso 1807-1808 fue el último en el que la Universidad tuvo alumnos basilios matriculados. En la primera expropiación de conventos de 1820 su estado era prácticamente de ruina. El solar fue vendido en pública subasta en 1821 pasando a manos privadas. De los documentos de tasación se sabe que constaba de 18.999 pies cuadrados (1765 m2) de iglesia y habitaciones y de 18.828 pies cuadrados (1749 m2) de patio principal y corrales todo ello fue tasado en 56.790 reales de vellón. Las medidas (3514 m2) encajan aproximadamente con el polígono de viviendas existente entre las calles del Rosario, marquesa de Almarza y plaza de los Basilios lo que da idea de su situación. Ningún rastro ha quedado del convento, tan solo el nombre de la plaza, que fue calle hasta finales de la década de 1940, aledaña a nuestra calle.

La calle de Rosario también pudo recibir ese nombre de la capilla del Rosario que se levantó en el lado norte de la iglesia de San Esteban, reedificada por iniciativa del cardenal fray Juan Álvarez de Toledo y que sustituyó a la anterior iglesia gótica, que promovida por los Godínez  había, a su vez, reemplazado a la primitiva edificación románica en el siglo XIII. La nueva construcción, que ocupó una buena parte del margen suroeste de la calle, se comenzó en 1524 con trazas de Juan de Álava (o de Ibarra) y se consagró en 1610 mezclado los estilos gótico tardío y renacentista. En la capilla del Rosario se conserva el retablo obra de José de Churriguera, la imagen de la Virgen del Rosario que regaló el papa Pío V, benefactor del convento y de la cofradía del Rosario y el notable fresco de la Coronación de la Virgen de Antonio de Villamor sobre el arco de la capilla.

El hospital del Rosario no fue el único hospital de la calle, frente al lateral norte de la iglesia de San Esteban y desde 1230 existió el hospital de San Antón que la Orden de Hermanos Hospitalarios de San Antonio, Orden de San Antón o Antonianos, dedicaba a la curación de la enfermedad del fuego sagrado o fuego de San Antón. En España, la Orden fue extinguida en 1791 y sus rentas pasaron al Hospital General de la Santísima Trinidad. Su solar fue adquirido por D. Francisco Nieto Bonal, señor de Iñigo, que poseía terrenos linderos al hospital en los que había construido su casa-palacio en 1780.
Los muros del hospital de San Antón estrecharon la calle por la proximidad con la que la iglesia de San Esteban fue reedificada, convirtiéndola en un angosto callejón. Estos muros, o mejor sus restos, fueron derribados en la década de 1940 para el arreglo general de la zona y de la calle del Rosario.

Hacia el este, la vía terminaba expandiéndose en una plaza que en tiempos se llamó plazuela de Santo Domingo y hoy forma parte de la glorieta o plaza del Concilio de Trento. Allí convergen los conventos dominicos de San Esteban y de Santa María o de las Dueñas (fundado en 1419) y en otros tiempos también la alcanzaban los muros del convento de Santa Rita de agustinos recoletos (fundado en 1604) situado frente al antiguo hospital de la Santísima Trinidad (colegio de las Siervas de San José) y que se extendía, dando frente a la calle de la  Pajaza (luego Ramos del Manzano-Gran Vía) y la espalda al arroyo de Santo Domingo, entre la calle Caldereros y la citada plaza.

No solo la Iglesia dejó su huella en la calle, la Universidad de Salamanca, por sí misma o a través de los Colegios vinculados con ella, tuvo también una gran presencia. Así en 1554 el Colegio Trilingüe tuvo su primera ubicación en las Casas del Sello propiedad de la Universidad que si bien no queda constancia de su exacta localización, parece situarse en las cercanías de la calle del Rosario. Algunos autores precisan que se encontraba cerca de la actual plaza de los Basilios mientras que otros la sitúan frente al lateral sur de la iglesia de Santo Tomás, entre Canalejas y la calle Escoto.

Escudo esquinero partido de D. Diego Velasco
en la calle del Rosario
Esta también era la situación aproximada del colegio de Santo Tomás Cantuariense que había sido fundado en 1510 por D. Diego Velasco, obispo de Gallipoli. La prematura muerte de su fundador en 1512, fecha discutida pero que parece ser anterior a 1517, impidió el completo desarrollo del colegio que acabó siendo incorporado al Seminario Conciliar en 1783 y posteriormente utilizado como convento de la Caridad. La zona guarda aún detalles de su pasado como en la casa nº 32 que muy reformada y con sus bajos dedicados a la hostelería luce en el dintel de la puerta exterior el rótulo de “Colegio de la Caridad” o apenas 40 metros hacia Canalejas, en el muro medianero entre dos propiedades una de ellas una pequeña casa de dos plantas necesitada de reforma y la otra un solar abandonado cuyo estado afea considerablemente la zona, sobrevive medio escudo esquinero del obispo Velasco en muy mal estado y rodeado de cables. Otro escudo de D. Diego Velasco estuvo en la chimenea de la churrería que existió en la zona y la vecina iglesia de Santo Tomás Cantuariense conserva su tumba.


Escudo barroco de D. Diego Velasco, jaquelado de veros y oros, con borlas de obispo,
sobre una chimenea ahora situada en la entrada de la casa reformada en la calle del
Rosario 32-36, cuyo solar fue Colegio de Santo Tomás y más tarde Colegio de la Caridad.
Muchos salmantinos la recordaran por haber estado ubicada en una popular churrería
sita en la misma parcela.



En la acera de enfrente, cerca de la puerta de la iglesia de Santo Tomás, se conserva la fachada del edificio del Colegio de San Ildefonso que hoy pertenece a un edificio de viviendas. En ese lugar la calle del Rosario y la calle de la Marquesa de Almarza se confunden tanto que durante mucho tiempo fue una calle independiente con el nombre de calle de Santo Tomás extendiéndose desde la calle del Escoto a la Puerta de Santo Tomás. El colegio de San Ildefonso fue fundado en 1606 por D. Alonso López de San Martín, capellán de la clerecía de San Marcos. Quedó establecido en la propia vivienda de su fundador para el mantenimiento de estudiantes pobres en un número entre 4 a 6, más un ama y un criado de servir.
Pero el edificio que más carácter da a la calle es el del Colegio de la Inmaculada Concepción de la Orden Militar de Calatrava que fue construido en un estilo ambiguo de transición entre el barroco y el neoclasicismo. Su construcción iniciada en 1717 alteró la antigua estructura de la calle, rebajando sus niveles y abriendo un espacio triangular frente a su fachada que en tiempos fue conocido como plaza de Calatrava. Actualmente el edificio pertenece a la Diócesis de Salamanca y en él ha quedado constituida la Casa de la Iglesia, edificio multiusos capaz de acoger múltiples eventos, disponiendo de auditorio, salas multiuso o comedor, además de albergar otros servicios y departamentos de la diócesis como la Curia Diocesana, el Seminario Mayor y la residencia diocesana.

Escudo sobre la portada del colegio
menor de Santa Catalina
Por último mencionar el colegio menor de Santa Catalina mártir situado en la plaza de los Basilios, las obras de urbanización de la zona de los años 40 lo dejaron en la vecindad del jardín establecido entonces en la calle del Rosario. Fue fundado en 1594 por D. Alonso Rodríguez Delgado clérigo, doctor en ambos derechos, a saber, derecho secular o del Estado y derecho de la iglesia católica o canónico, y confesor del papa Sixto V dotándolo de rentas para atender a seis colegiales que debían de ser necesariamente parientes del fundador o, en caso de que no hubiera ninguno, naturales de las localidades salmantinas de Cabeza del Caballo, Cerezal, Barruecopardo, Guadramiro o Masueco (en último caso de Vitigudino). El patronato del colegio también se lo reservó el fundador para él y sus descendientes más cercanos.
No fueron suficientes las rentas asignadas para mantener en funcionamiento el colegio durante algunos periodos de su historia y al igual que el resto de colegios experimentó una gran disminución de sus ingresos durante el siglo XVIII, finalmente con la reforma de colegios fue  integrado en el Seminario Conciliar, fundado en 1779 en el antiguo Colegio de la Compañía, el 19 de septiembre de 1780 junto a los colegios de Pan y Carbón y Santo Tomás.
Hoy el edificio se encuentra remodelado y convertido en vivienda privada, conserva la fachada cuya entrada con frontón triangular partido muestra el escudo barroco con la rueda que representa el martirio Santa Catalina y las iniciales A y R de su fundador en un campo de estrellas.

A mediados del siglo XIX la calle fue rebautizada como calle de Francisco Montejo en honor del explorador salmantino, nacido en 1473, que conquistó la península de Yucatán. Permaneció con este nombre hasta 1980 cuando se le devolvió su antiguo nombre del Rosario.

Algo más de 100 años separan ambas fotografías. A la izquierda una imagen aérea captada por un aerostato militar en 1915 y a la derecha la imagen que muestra Google en 2018. Se aprecian las reformas urbanísticas efectuadas a mediados del siglo XX en la que desaparecieron los muros que rodeaban el ábside de la iglesia de San Esteban y parte del convento de los dominicos, la calle de los Basilios perdió gran parte de su longitud y se levantó un jardín en el solar que protegían los restos de los muros del hospital de San Antón. El caserío de una o dos plantas edificado durante el siglo XIX y principios del XX fue desapareciendo durante las últimas décadas de este último siglo sustituyéndose por bloques de viviendas de altura moderada y acabado en piedra franca.


Como hemos indicado el arreglo general de la zona en los años 40 determinó el trazado actual de la calle, los viejos muros conventuales de San Antón y del ábside de San Esteban desaparecieron y fueron diseñados los jardines que hoy oficialmente pertenecen a la plaza del Concilio de Trento y que se conocieron como jardines de aviación tras la construcción del edificio de viviendas del final de la Gran Vía que fue diseñado en 1956 por el arquitecto D. Jorge Fernández de Cuevas para servir de viviendas a jefes y oficiales del Ejército del Aire, razón por la cual el bloque fue conocido como “edificio de Aviación”.  
El viejo caserío levantado durante el siglo XIX y principios del XX fue progresivamente sustituido por bloques de viviendas en las décadas del 60, 70 y 80 del siglo XX, de moderada altura y acabado en piedra de Villamayor confiriendo el aspecto y alineación que hoy presenta la calle.

© C.H. Bg 20/08/18 Rev. 00









Fuentes y Referencias:

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María Nieves Rupérez Almajano. Urbanismo de Salamanca en el siglo XVIII. Colegio Oficial de Arquitectos de León, 1992.

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Los comienzos del fenómeno rosariano en la España moderna. La etapa fundacional, siglos XV Y XVI. Carlos José Romero Mensaque.  Rev. Hispania Sacra, LXVI Extra II, julio‐diciembre 2014, 243‐278. Enlace

Francisco Borraz Girona El Colegio de Santa Catalina de la Universidad de Salamanca (1594-1780). Salamanca: Universidad de Salamanca, 1962.

Ana María Carabias Torres. Evolución histórica del Colegio Trilingüe de Salamanca: 1550-1812. Studia Historica: Historia Moderna [Internet]. 2 Dic 2009. Enlace

Anuario de investigación histórica sobre la Orden de Predicadores. Enlace

Ángel Benito Durán. Los monjes basilios en la Universidad de Salamanca. Miscelánea Comillas revista semestral vol. 46 julio-dic 1966

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Historia de Salamanca. Manuel Villar y Macías. Salamanca : Imp. de Francisco Núñez Izquierdo 1887. Enlace

M. ª Nieves Rupérez Almajano. La Universidad y los colegios seculares. Capítulo V  loci et imagines. imágenes y lugares ! 800 AÑOS DE PATRIMONIO DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA. EDICIONES UNIVERSIDAD. 2013
  
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Varios autores. El Colegio de Santo Tomás de Salamanca. Rev. Provincial de Estudios Núms. 24 - 25  Abril - Septiembre 1987. Enlace