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La Mendicidad en Salamanca

 

"Mendigo", fotografía de Felipe Torres.
Portal Vega (Diputación de Salamanca)


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Por José María Hernández Pérez
14/07/2026 Rev. 0


  

El problema de la mendicidad viene de muy antiguo, como se refleja en la elaboración de normas, así como en la creación de instituciones para socorro de los pobres, a través de los cuales se pretende encauzar la práctica personal de la caridad. Destacan el Fuero extenso de Jaca de 1187, el Fuero Juzgo de 1235; el Fuero de Salamanca; el Fuero Real de 1255 y el Código de las Siete Partidas de 1256. 

La caridad se asentaba en un sentimiento religioso, la atención a la persona necesitada (enfermo, inválido, indigente, pobre, niño abandonado, huérfano, etc.) y nacen las primeras leyes respecto a la pobreza, que molesta a la colectividad y se intenta impedir la mendicidad al pobre que se considera válido para el trabajo, llegando incluso a castigar con penas al reincidente. 

Se crean: hospitales, (que no sirven solo de acogimiento a enfermos sino que reciben a transeúntes, peregrinos, inválidos, dementes, pobres, gentes sin casa y toda clase de menesterosos), hospicios, casas de expósitos, de misericordia, de huérfanos, hogares de impedidos y decrépitos, patronatos, fundaciones, memorias pías, etc. 

Respecto a las Asociaciones de Caridad, más tarde surge la Escuela de Salamanca, destacando la controversia que mantuvieron el teólogo dominico Domingo de Soto y el Abad del monasterio benedictino de san Vicente, Juan de Robles, en Salamanca el año 1544, reflexiones por escrito que remitieron al toresano cardenal Juan Pardo Tavera que había promulgado una Ley en 1540, con vigencia en Toledo, Madrid, Zamora, Valladolid y Salamanca. Constituye una discusión teológica y filosófica sobre las responsabilidades de la Iglesia y el Estado, la caridad cristiana frente a la asistencia social organizada y la naturaleza de los derechos de los pobres.

Versa sobre las medidas punitivas contra los vagabundos, la limitación de movimientos a extranjeros pobres, a los peregrinos, a las órdenes mendicantes, el tratamiento jurídico de los pobres llamados “envergonçantes” (que tuvo una Cofradía en Salamanca), la naturaleza del deber de dar limosna y las esenciales medidas tras la prohibición de la mendicidad. Su origen se encuentra en el pensamiento social de Juan Luis Vives, que destacó como teórico de la pobreza junto a Domingo de Soto, Juan de Medina, Lorenzo de Villavicencio, Miguel de Giginta, Cristóbal Pérez de Herrera y Juan de Robles.

La Cofradía de Pobres Vergonzantes (persona que por dignidad u orgullo ocultaba sus necesidades), existió asociada a la parroquia de san Martín.

El Colegio Menor de la Purísima Concepción de los Niños Huérfanos fue fundado en 1542 por Francisco de Solís, secretario y médico particular del papa Pablo III, para acogida y educación de huérfanos y niños carentes de recursos.


Colegio Menor de la Purísima Concepción de los Niños Huérfanos
fundado en 1542 por Francisco de Solís


La Cofradía de san José y Nuestra Señora de la Piedad en 1586 toma a su nombre la Casa de Expósitos, encargada de recoger los niños abandonados, buscarles un ama de cría y velar por su cuidado y atención. El Concejo, el Obispo y el Cabildo, ante el incremento de niños abandonados y la elevada tasa de mortalidad crean en 1613 una nueva Cofradía, que dependerá del Cabildo y se llamará de Nuestra Señora de la Misericordia con sede en el Hospital del mismo nombre situado en la calle de Asadería, en la plaza de la iglesia de san Cristóbal. 


Hospital  de Nuestra Señora de la Misericordia
Fotografía de Martínez de Hebert en 1863


En 1720 se acondicionan dos casas de la calle de Gibraltar y nace el Hospital de san José, que Fernando VII une con el Hospicio situado donde hoy el Aspirantado del Maestro Ávila.


Hospital de san José más tarde colegio de San Ambrosio y actualmente
sede del Archivo General de la Guerra Civil. Fotografía del archivo Loty

Primitivo colegio de los Jesuitas, más tarde hospicio y actualmente colegio Maestro Ávila


La primera Casa de Mendicidad salmantina estuvo situada en el Colegio Mayor de Cuenca en 1804, cuando la Junta de Socorro y Beneficencia solicitó a la Universidad la cesión para acogimiento de los “sin techo”. Fueron cedidas dos dependencias, una para hombres y la otra para matrimonios.

La Ley General de Beneficencia de 20/06/1849, es conservadora y define a ésta como de carácter público, correspondiendo al Gobierno su dirección. Se constituye en sistema de protección social coordinando los organismos administrativos que se crean en su artículo 5º, (Junta General, Junta Provincial y Juntas Municipales, que ya existían por la Ley de 1821), con la participación de personal civil, eclesiástico, facultativo y vocales municipales. Se financia con un fondo patrimonial común, compuesto por bienes de naturaleza pública (presupuestos) y privada (fundaciones, rentas y limosnas), estableciéndose dos clases de centros: públicos y particulares. A las autoridades eclesiásticas se les asignan papeles importantes en la gestión pública.

En 1852 una nueva Ley, en su artículo 43, establece las funciones del Gobierno, de la Administración y de la Estadística. En 1868 se suspenden las Juntas pasando a las Diputaciones Provinciales y en 1873 se vuelven a crear introduciendo la figura del Administrador Provincial de Beneficencia.

Ya en marzo de 1861 en el periódico Adelante de Salamanca se hacen eco del problema de la mendicidad y no ve recomendable el hecho de la limosna que socorre al pobre pues no siempre se hace un acto de caridad, ya que a medida que aumentan los socorros se agranda el número de pobres en la misma proporción. Más adelante pronostica que los Hospicios, Hospitales y Talleres de Trabajo, bien organizados, producirían suficiente para minorar la mendicidad.

El principal deber, el más sagrado de todo gobierno, es combatir con fuerza y por medios eficaces las causas que producen la miseria, procurar trabajo al pobre que pueda trabajar, recogiendo en asilos destinados al efecto al anciano, al niño y al enfermo, hacer, en una palabra, que desaparezcan gradualmente las huellas de la mendicidad y después destruirla en su origen. De todas las enfermedades sociales la mendicidad es la más terrible, la más formidable.

El convento de san Esteban, en tiempos de la francesada, prestó sus instalaciones para albergar a los pobres del Hospicio, dado el peligro que corrían por la proximidad de las batallas en la zona de san Vicente. Volvió a ser refugio de pobres y mendigos tras la desamortización, hasta que se autorizó la vuelta de los padres dominicos el 04/11/1880. 


Muros del "Correccional" en la calle de Juan dela Fuente, antiguo convento de Trinitarios
descalzos. Fotografía del archivo Loty en la fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural


En 1867 se había creado un Hospicio Asilo para mendigos que se situó en el “Correccional”, en la calle del Arroyo de santo Domingo, también denominada de Las Golosas, por los dulces que fabricaban las monjas del convento de las Dueñas, que tenían ventanas a la misma calle. (En 1859 se la conocía por el Arroyo de santo Domingo y en 1889 pasó a tener la denominación actual de Juan de la Fuente, que fue conde consorte de Crespo Rascón por su matrimonio con doña Teresa Bermúdez de Castro y Sánchez Rascón y Alcalde de Salamanca de 1884 a 1886). La labor del Hospicio Asilo instalado en 1867, que contó con media docena de habitaciones con ducha, fue continuada en 1910 por la “Asociación para la mendicidad”, que lo dotó de cocinas económicas y comedores para personas necesitadas y donde se repartían las “patentes de pobre”. 

Estaba integrado en lo que fue convento de los Trinitarios Descalzos y tras la Desamortización de Mendizábal en 1836 fue expropiado y pasó a manos del Estado, tras la exclaustración de los religiosos y cedido al Ayuntamiento por R. O. de 30/06/1845, con la condición necesaria de habilitar en él un cuartel, pues de lo contrario volvería a la propiedad del Estado, que lo destinó a “Cárcel correccional” y “Prisión Provincial” para reclusos condenados y a condenados a trabajos forzados o penas de corrección, no solo a presos preventivos. No era “Cárcel de Partido”, ni “Cárcel de Distrito”. Tenía problemas para los reclusos dada su estructura, produciéndose abundantes casos de hacinamiento, humedad e insalubridad. Es descrito como un lugar oscuro y mal ventilado que provocaba frecuentes epidemias entre los presos. Se convirtió a finales del XIX en el principal centro de reclusión de la provincia. Ostentó por muy poco tiempo tal categoría, pues se trasladó a Valladolid.

La zona del Arroyo de santo Domingo tuvo diversidad de usos: almacén municipal, panadería o tahona reguladora del suministro de pan, parque de bomberos, perrera municipal y laboratorio municipal de análisis en 1904. 

El 25 de diciembre de 1872 fundan en la calle de Padilleros, número 15, el primer Asilo para Pobres, unas monjas pertenecientes a la congregación creada por Juana Jugan, conocidas como las “Hermanitas de los Pobres”, que se trasladan al palacio de las 4 torres, de la plazuela de santa Eulalia en 1878.

Rafael Pérez Piñuela funda el Asilo de san Rafael el 23/08/1874 en su propio domicilio, situado en la calleja cerrada que hoy lleva su nombre, para ancianos carentes de hijos que atendieran a su sustento. Fallecido en 1878, tropezaron con el inconveniente de que había dejado parte de su fortuna en usufructo a algún pariente y criados, por lo que hasta 1907 no dispusieron de la totalidad de la herencia. En 1908 se traslada el asilo a una finca de 13.000 m2, adquirida en el Paseo del Rollo e inaugurando las magníficas instalaciones el día de la Inmaculada.


Asilo de san Rafael en el paseo del Rollo en la década de 1950


Las fundaciones de Memorias y Obras Pías encomendaron el patronazgo al Cabildo Catedral y en virtud de la Ley 20/06/1849 algunas fueron devueltas a sus respectivos patronos (Seminario de Carbajal, Casa de Recogidas). El Cabildo tuvo a su cargo el Seminario de Expósitos, otro de Pobres Huérfanos, un Hospital de Ancianos, una Casa de Recogidas y 39 Memorias para fines de Beneficencia. Las 39 Memorias eran: 1. Juan Rodríguez Alaejos; 2. Melchor Albistur; 3. Antonio Almansa; 4. José Armenteros; 5. Beatriz Balmaseda; 6. Francisca Balmaseda; 7. Juan Baños y Barrientos; 8. Juan Bedel; 9. Diego Bello; 10. Diego Bonal; 11. Antonio Castro; 12. Cosme Castro; 13. Gutierre Castro; 14. Domingo Corrionero; 15. Juan Frías;    16. Domingo González; 17. Antonia Gordillo; 18. Pablo Herrero; 19. Pedro Jerique; 20. María Lira; 21. Alonso Maldonado; 22. Roque Martínez; 23. Susana Martín; 24. Diego Mora; 25. Gerónimo Mora; 26. Diego Olivares; 27. Francisco Ordóñez; 28.     Bernardo Ordóñez; 29. Francisco Osorio; 30. Francisco y Ana Martín Parada; 31. Francisco Parada y su mujer María Armenteros; 32. Lucas Pozo; 33. Pedro Ramírez Arroyo; 34. Juan Ramos Cortés; 35. Isabel Robles; 36. Isabel Ruiz; 37. Francisco Salinas; 38. Nicolás Tejeda y 39. Juan Villafañe. Algunas todavía existen a día de hoy.

Como consecuencia de haberse empleado bienes de Memorias en las obras de reparación de la Catedral, dos de los integrantes del Cabildo dimitieron de sus cargos. 

A primeros del siglo XX existe una legión de niños desamparados que alargaban la mano en solicitud de una limosna, lanzados por sus propios padres, en lugar de enviarlos a la escuela donde recibirían una educación que les hiciese provechosos para la sociedad. 

En Salamanca el sistema económico es injusto y el atraso cultural muy grande por lo que las clases trabajadoras malviven sin perspectivas de futuro. Los pordioseros, pobres permanentes, mendigos e indigentes pueblan los padrones municipales, los analfabetos, alcohólicos y jugadores son muchos y viven diseminados por toda la ciudad en viviendas insalubres, pequeñas, húmedas y sin ventilación. Los testimonios cotidianos nos presentan “el espectro del hambre y la miseria”, embargos, desahucios, desempleo y emigración causados por la extrema pobreza. En el año 1898 la prensa salmantina da noticias de los motines producidos por la carestía de productos alimenticios y sobre todo por el elevado precio del pan, dando lugar a numerosos actos de vandalismo que tienen por protagonistas  principales a mujeres y niños, como avanzadilla visible de unos varones castigados por el excesivo paro, una vez concluidas las obras de construcción del ferrocarril transversal. 

En las protestas también se pide que, para paliar el paro, se proceda a la construcción del Palacio de Justicia, pues amenazaba ruina el edificio de la Lonja y una Estación ferroviaria, ya que cuatro compañías distintas compartían un inmundo barracón. 

El índice de analfabetismo en la capital es muy elevado: En 1877, de un total de 9.701 mujeres, sólo saben leer y escribir 3.611; 631 saben leer y 5.459 no saben ni leer, ni escribir. Por lo que se refiere a los hombres: de un total de 8.306, saben leer y escribir 5.309; sólo leer 133 y no saben leer, ni escribir 2.864. Ya más próximos en el tiempo y por lo que se refiere a la provincia, el censo de 1887 da el 56,90% de la población que no sabe leer ni escribir y en 1900, frente al 63,90% de analfabetos de España, en Salamanca, capital, ha bajado al 50,93%. En 1910 ya es el 35,60%, mientras en la provincia asciende al 47,10%. 

Por lo que se refiere a la educación infantil, el panorama es desolador si tenemos en cuenta que en toda España, en 1900, la población infantil de 6 a 12 años matriculada en escuelas públicas asciende al 43% y en escuelas privadas al 7%. Queda por tanto otro 50% sin escolarización posible por falta de escuelas y por carencia de maestros. El entorno del niño no puede ser más deprimente. Así nos lo describe doña Melchora Juana Bermejo, directora de un colegio privado: “Acuden generalmente a estas escuelas los hijos de los desheredados de la fortuna. El rico, con rara excepción, parece ser no debe aspirar al ambiente del pobre. ¿Y cómo vienen las desdichadas criaturas? Con traje deslucido, lleno de “ventiladores” y… poco limpio; con botas primas en cuarto grado, y el estómago desprovisto del necesario alimento (especialmente los que asisten a esta escuela de mi dirección en la calle Sorias). Las infelices madres, debido al escaso o nulo jornal del esposo, se ven precisadas a buscar la vida y ya de lavanderas, ya de asistentas, invierten el día en otros cuidados, desatendiendo los suyos. Regresa el hijo de la escuela a su hogar, y en vez de encontrar el refugio de sus necesidades morales y materiales, halla, muchos días, lágrimas de su madre, desaliento y disgusto del padre”. Si la narración se refiere a un colegio privado, cabe suponer como sería en la escuela pública gratuita. 

En Salamanca la negligencia del Ayuntamiento es manifiesta cuando, en sesión celebrada el 23 de febrero de 1880, siendo alcalde don Mariano Guervós, acuerda que “no han de crearse más escuelas, pues las existentes son suficientes”. 

La miseria en que viven los maestros de instrucción primaria lleva a que, la prensa y diversos personajes de la ciudad, pidan al Gobernador Civil que intervenga ante la Diputación para que se les aumente el sueldo. El Pleno del 16 de abril de 1891 acuerda contestar “que no se pidan imposibles”. La incoherencia de las autoridades se demuestra con la absurda decisión que toma el Ayuntamiento, el 23 de noviembre del mismo año, en que acuerda subvencionar 8 escuelas particulares. 

Con la creación del Ministerio de Educación Pública en 1900, el Estado se ocupará del pago de los salarios a los maestros a partir de 1901. Para los obispos salmantinos el “problema social” al que intenta poner remedio la Rerum Novarum es desconocido. Sólo una minoría es consciente dentro de la iglesia que se encuentra afectada por la desamortización y por el anticlericalismo producido por las doctrinas liberales en boga. La mayoría católica, propone una verdadera evangelización con simples iniciativas benéficas. Pues que el problema era de impiedad, el remedio a aplicar sería: religión, educación y caridad, alejándose así de la problemática social y desconociendo las raíces de la cuestión obrera. 

El padre Cámara se convierte en la figura clave del movimiento conservador, integrista y católico salmantino chocando con figuras de la Universidad como Miguel de Unamuno, Mariano Ares y Sanz y Pedro Dorado Montero. Dista incluso del integrismo de don Enrique Gil Robles, que le considera liberal. Ante el resurgimiento de la crisis nacional con el desastre de 1898, se pronuncia así: “Pedimos amparo y justicia para nuestras creencias, inmaculadas enseñanzas para nuestros niños y jóvenes escolares, libertad a la Iglesia para abrir y dirigir nuestros centros de enseñanza”

Suyas son también estas palabras: “El buen olor de la virtud y saludables ejemplos de los institutos religiosos, que con tanto aplauso del pueblo fiel van fundándose en este bendito suelo, se derrama y difunde por todas partes… De la fe ardorosa de nuestros amados diocesanos ha nacido el esmero por la sana educación de sus hijos y la solicitud por la enseñanza de nuestra santa doctrina… me complaceré en atender el florecimiento de las escuelas dominicales y todos los centros de buena enseñanza, a fin de que las ráfagas del saber provechoso y las lecciones de moralidad las disfruten así el rico como el pobre, el magnate como el pordiosero”

No obstante, llegan al Obispo las quejas de diecisiete pequeños industriales, artesanos de diversos oficios, quienes manifiestan que las obras diocesanas se han convertido en un auténtico monopolio sin salir a subasta pública, siendo adjudicadas a mano de obra y artesanos forasteros, en detrimento de los locales. Así, incluso para la construcción del Palacio episcopal, el Padre Cámara pide balcones y rejería a una industria de Bilbao, cuando en Salamanca funcionaban los talleres de Maculet y de Moneo como empresas modelo en su género. 

La verdad es que la Iglesia, en aquellos momentos, pasaba también por una profunda crisis económica puesto que, a partir de 1886, hubo que demoler por su estado ruinoso, las iglesias de san Justo y Pastor, la de santa Eulalia, la de san Isidro, la de san Pelayo y la de san Mateo, sin que el Ayuntamiento estuviera dispuesto a resarcir por los terrenos de las plazuelas resultantes.

No había escuelas primarias privadas confesionales en Salamanca, dirigidas por Congregaciones religiosas, hasta que llegan las Hijas de Jesús en 1871, las Siervas de san José en 1874 y los Salesianos en 1898. Estas escuelas aunque modestas y para clases sociales bajas eran un signo de distinción social para la pequeña burguesía y la clase media salmantina.  

La Escuela Municipal de la Compañía era una escuela elemental completa y ampliada que tenía al Ayuntamiento como patrono, quien costeaba todas las atenciones de sus dos aulas, una inferior y otra superior, en la que se enseñaba gratis a unos 260 niños. (Se consideraba completa la enseñanza que abarcaba todas las materias del artículo 2º de la Ley Moyano de 1857: doctrina cristiana, lectura, escritura, gramática y ortografía, aritmética y sistemas de medida). Había sido creada en tiempos del obispo don Felipe Beltrán y Casanova, quien comenzó costeando “dos Escuelas, una de jóvenes en donde les enseñan a leer, escribir y contar y Doctrina cristiana y otra para niñas en donde después de lo referido les enseñan también las labores pertenecientes a su sexo”. En 1853 comienza a admitir párvulos, cuando era su director el maestro Caballero, denominado “el Pestalozzi salmantino”.

La Escuela de la Lonja era una escuela elemental, para niños solamente, sostenida por la “Junta de Beneficencia” con fondos procedentes de anteriores fundaciones piadosas y cuya situación exacta desconocemos, aunque por su denominación estaría en la plaza de la Lonja, edificio construido en 1622, que fue luego Casa Consistorial, pasó a albergar el Peso Real, la Cárcel y la Audiencia Provincial de lo Criminal a partir de 1882, hasta que fue demolido en 1932 para dar paso al Gran Hotel. 

La Casa Hospicio de san José, situada en la calle del Fuerte (donde estuvieron en sus primeros tiempos los jesuitas y hoy Aspirantado del maestro Ávila, residencia de los Sacerdotes Operarios Diocesanos) además de la Casa de la Misericordia y la Casa de Expósitos tenía también escuela primaria, donde durante dos horas diarias se enseñaban a los niños las ramas elementales y en otras dos horas diferentes, para que no coincidieran en el área común, a las niñas se les imponía en lectura, escritura y aritmética. Además de los huérfanos y expósitos asilados tenía dos escuelas de adultos, un departamento separado como Maternidad para las amas de cría y alojaba a maestros, ancianos e inválidos, pero todos ellos en tan deplorables condiciones que en esta Casa tuvo principio el cólera morbo que azotó a Salamanca en el año 1854. Al año siguiente se hicieron cargo del establecimiento de beneficencia las Hermanas de la Caridad. 

En 1849 contaba con 262 asilados varones y 201 mujeres. La economía se veía auxiliada por los trabajos que realizaban 150 asilados que fabricaban las mantas salmantinas que dieron renombre a tal prenda, además de artículos en tela, ornamentos de iglesia, bordados y encajes. También funcionaban talleres de imprenta, panadería, zapatería, sastrería y carpintería e incluso contaron con banda de música propia. 

La Escuela de Sordomudos y Ciegos se establece en los locales del Hospicio en 1864 con la ayuda de la Diputación, dedicándose a la enseñanza de estos dos colectivos humanos y cuya labor es ejercida por especialistas en ambas disciplinas formados en Madrid. 

La Escuela aneja a la Normal comienza a funcionar cuando se crea en 10 de octubre de 1842 la Escuela Normal Superior de Maestros de Salamanca, sirviendo para las prácticas de las sucesivas promociones de maestros que luego se integrarán en la enseñanza pública. Costeada por la Diputación Provincial y por el Ayuntamiento se ubicó en la antigua hospedería del Colegio mayor de san Bartolomé en la Plaza de Anaya y fue su primer director don Lázaro Ralero Prieto. Acogió hacia 1863 la Escuela de Sordomudos y Ciegos, a la que acudían de 15 a 20 alumnos que recibían sus enseñanzas por los sistemas Braille, Villabrille, Foucault, etc. y que se traslada luego a la Casa Hospicio de san José.

 

Caballerizas del palacio de Anaya, Escuela Normal de Maestros
Otto Wunderlich, Fototeca del Patrimonio Histórico

La Escuela Normal Superior de Maestras se crea por Real Orden de 1 de julio de 1858 estableciéndose en el moderno edificio del Colegio menor de la Magdalena, frente al final de la calle de las Mazas, impartiendo también las correspondientes clases de prácticas para las futuras maestras, que en 1886 eran más de 100. 


Colegio Universitario San Bartolomé, antigua Normal de Maestras. Fotografía de Guzmán Gombau
publicada por el periódico El Día del 20 de enero de 2018.

El 21/11/1912 se inauguró la nueva Escuela Graduada Aneja a la Normal de Maestras con el traslado al antiguo convento de la Orden de la Merced, en la actual plaza de la Merced y calle Veracruz, edificio gravemente deteriorado cuando fue adquirido por el Ayuntamiento a finales de 1909 a los padres Carmelitas, representados por el librero don Bernardo Gazapo, en la suma de 30.000 pesetas y la cesión de la calleja cerrada junto al convento de la calle de Zamora. En el verano de 1912 se derribaron los restos de la antigua iglesia de los padres Mercedarios para dar lugar al espacioso patio-jardín de la Escuela. 

Se consiguió el nuevo edificio gracias a las gestiones y al tesón de la Regente doña Natividad Calvo Montealegre y del profesorado, que ejecutaron a la perfección su papel de maestras siguiendo la estela de la primera Directora, la riojana Petra Zugarrondo Irisarri, desde su inauguración en 1858 hasta 1900, en una Normal situada en las inmediaciones de la Merced, alojada en dependencias bastante modestas. La segunda Directora fue María Oviedo. 

La Escuela de la casa de la Salina estaba costeada por el Ayuntamiento y a ella asistían unas 60 niñas, desde su inauguración en 1848, constituyendo la primera escuela pública dedicada al sexo femenino. Se encontraba ubicada en la primera planta, donde en 1800 se impartían las clases de la Escuela del Divujo de Maestros Plateros de Salamanca. En 1850 pasó a ocupar las paneras de la Casa de la Tierra (donde luego estuvo la casa de muebles de González del Rey, de igual denominación), siendo su directora doña Teresa Bordona. Esta Escuela fue trasladada en 1917 a las nuevas del Príncipe, en el paseo de Canalejas. 

Plaza de Sexmeros y la Casa de la Tierra, foto Ramón Buxaderas, 1915 revisada


En el invierno de 1885 se instalan “cocinas económicas” en el Colegio de la Inmaculada Concepción de la Orden Militar de Calatrava, mantenidas por la Conferencia de san Vicente Paul de Salamanca y atendidas por las Hermanas de la Caridad que se encargaban de proporcionar raciones económicas de alimentos a personas sin recursos o que tenían pocos ingresos como consecuencia de la falta de trabajo en la ciudad. Mediante “bonos de sopa” de 10 céntimos adquirían sopa y pan y los “bonos de ración”, por 30 céntimos más, daban derecho a un buen cocido.


Colegio de la Inmaculada Concepción de la Orden Militar de Calatrava.
Fotografía de António Passaporte para LOTY (1927-1936). Fototeca del Patrimonio Histórico.


La Conferencia se hacía cargo de una gran cantidad de bonos que repartía gratuitamente, junto al Ayuntamiento y el Obispado, además de sociedades y particulares que ejercían la caridad comprando bonos o proporcionando alimentos. Los bonos podían adquirirse en los establecimientos de muebles de Huebra y ferretería de Campos, en la calle de san Pablo y librería de Calón y tejidos de Alonso, en la Plaza Mayor. Las “cocinas económicas” se cerraban en primavera para volverse a abrir con la llegada del invierno, que agravaba la falta de trabajo.

La Conferencia de san Vicente de Paul, presidida por el registrador de la propiedad don Francisco de la Concha Alcalde, era una Asociación de laicos que a través de la acción voluntaria y caritativa, atendían a los pobres y necesitados.


Para control de las instituciones benéficas privadas por el Estado se promulga el Real Decreto de 1899.

La Ley de 23/07/1903 de “Protección a la Infancia”, tuvo su desarrollo en el correspondiente Reglamento, aprobado el 12/08/1904 y estableció:


Serán castigados con multas de 5 a 50 pesetas y subsidiariamente con arresto de 1 a 10 días, 

1º.- Los padres, tutores o guardadores, cuyos hijos o pupilos menores de 16 años que estén a su cargo, fuesen detenidos por hallarse mendigando, vagando o pernoctando en paraje público.

2º.- Las personas que se hagan acompañar de menores de 16 años, sean o no de su familia, con objeto de implorar la caridad pública, multas de 50 a 125 pesetas. 

3º.- Entrega mediante precio, recompensa o promesa de pago a otras personas para mendigar a los menores de 16 años, la pena de arresto mayor y multa de 125 a 1.250 pesetas. 

4º.- Cuando los padres o tutores sean castigados por tercera vez con arreglo a los artículos 1º y 2º o dos veces con sujeción al artículo 3º o por virtud de aquellas y éste, la condena llevará consigo la suspensión del derecho de los padres o tutores a la guarda y educación de los menores y el ingreso de éstos en un establecimiento de Beneficencia, donde serán guardados y educados. La suspensión durará 2 años, pudiendo cesar antes o prorrogarse más tiempo. 

5º.- Los agentes de la autoridad deberán detener a los menores de 16 años, que mendiguen, vaguen o pernocten en paraje público, solos o acompañados de personas mayores. Cualquier persona podrá detener a los menores de 16 años, que mendiguen en la vía pública, siempre que los entreguen inmediatamente a los agentes de la autoridad. Una vez detenidos serán conducidos a un  local destinado al efecto “donde estarán con la separación conveniente” (de sexos) hasta que sean devueltos a sus padres, tutores o guardadores o trasladados a un  establecimiento benéfico. 

6º.- Los niños abandonados y los privados de asistencia por fallecimiento de sus padres o por imposibilidad absoluta de mantenerlos o por aplicación de la suspensión de la patria potestad, serán sustentados y educados en establecimientos de Beneficencia.


En 1909, recién llegado al Ayuntamiento como Concejal, don Filiberto Villalobos, en sesión del 20 de julio formuló una proposición encaminada a suprimir la mendicidad en Salamanca, aportando Estatutos de Asociaciones de Caridad existentes en otros lugares de España. La Administración Central con fecha 21/12/1909 promueve actuaciones contra la Mendicidad, causas especiales de mendigos e instituciones benéficas, en la Gaceta de Madrid, en cumplimiento de la Real Orden de 11/01/1908. 

El Ayuntamiento de Salamanca en sesión de 29/12/1909 dice El Adelanto que aprueba el Reglamento de Mendicidad, pero realmente lo que aprueba es el Reglamento de Médicos y Practicantes de la Beneficencia. La citada propuesta de don Filiberto Villalobos, en apreciación del periodista “C” de El Adelanto, fecha 17/12/1909, ha debido perderse en el burocrático laberinto municipal e insta a los nuevos concejales a resolver la cuestión. 

El 31/12/1909 había en Salamanca 482 pobres, de ellos 104 niños. Los problemas que eso originaba son fáciles de describir: higiénicos, con el consiguiente peligro como portadores de no muy puros microbios transmisores de todo tipo de enfermedades, seguridad, por ser fácil presa de ladrones a los que servían de “santeros” y encubridores, explotación y perversión, mal alimentados, mal vestidos, nunca limpios con un deprimente espectáculo en las calles, a veces repugnante, etc., etc.

El 15/01/1910 la “Quisicosa”, dice: 

Por un Reglamento
de 14 artículos,
dicen que los pobres quedan suprimidos.
Tantas, tantas veces
se habló de lo mismo, 
que con verlo basta 
concejal amigo. 

El 18/01/1910 en sesión del Ayuntamiento se comunica la aprobación del “Reglamento de Represión de la Mendicidad” por parte del Gobierno Civil y se procede al nombramiento de una Comisión encargada de su cumplimiento. La conforman el Alcalde y 4 concejales: los señores Villalobos, Iscar Pascua, Durán y Cuesta.

El 14/02/1910 el Reglamento de la “Asociación para la mendicidad”, propuesto por don Filiberto Villalobos, llegó a término, instalándose cocinas y comedores para apoyo asistencial a las personas que vivían de limosna en la ciudad y su entorno. Todos los mendigos podían acudir libre y gratuitamente para ser atendidos por médicos que voluntariamente se fueron adhiriendo a la Asociación, que se inserta en el clima reformista e higienista, que busca la coordinación de beneficencia y salud pública.

No podía faltar la acostumbrada “Quisicosa” y aparece el 19 de enero de 1910: 

Siempre fue un interesante
alto problema social 
de alcance y de trascendencia 
el de la mendicidad 
y siempre y de todos tiempos
y lo mismo aquí que allá, 
no faltan caritativos
que lo quieran remediar 
y escritores que su pluma 
esgrimen con noble afán
y llenos de amor al prójimo, 
buscando remedio al mal. 
Sin hondas filosofías,
sin querer investigar 
porqué hay aquí tanto pobre
que da grima la ciudad; 
mientras se ponen de acuerdo 
filósofos y demás, 
sobre métodos,  alcances 
calidad y “cuantidad”, 
esto es lo cierto y pasmoso: 
cerca de medio millar 
existen en Salamanca 
pobres de solemnidad. 
La noticia sin comento 
yo la dejo circular 
para asombro de unos pocos 
y vergüenza de los más,
para baldón de ignominia 
de cualquiera autoridad 
y para escarnio de tanta 
engañosa caridad. 
De pobres ahora se cuenta
cerca de medio millar! 
Y como hay aquí, lectores 
en asilos muchos más,
es hoy medio Salamanca 
pobre de solemnidad, 
y hasta va a pedir limosna 
¡el Cabildo Catedral!  

El 25/06/1910 se reúne la Comisión nombrada, junto al Presidente de la Cámara de Comercio don Manuel Mirat, el de los Hijos del Trabajo, don Antonio Crespo y el diputado señor González Cobos y aparte de otros asuntos se convoca una Junta para el día siguiente con objeto de designar 7 individuos de los suscriptores de bonos, para integrarse en la Junta Directiva. 

Queda constituida la Junta Directiva con los señores suscriptores presentes: Eudoxio de Castro, Manuel Serrano, Alfonso Pereznebro, José Alonso, Andrés Pérez Cardenal, Alfredo Alonso y Timoteo Gutiérrez. Elegidos los cargos, quedan como sigue: Presidente el alcalde Antonio Díez González; Vicepresidente, Filiberto Villalobos; Secretario, Eudoxio de Castro; Vicesecretario, Andrés P. Cardenal; Contador, José Dimas y Vicecontador, Antonio Crespo. 

En sesión del Ayuntamiento del día 26 Filiberto Villalobos pide que la plaza en las cantinas escolares se establezca atendiendo a la situación económica de los niños y el señor Santa Cecilia dice que al actual abuso se debe a que en las escuelas hay más niños que los que debiera haber, con lo que el asunto pasa a Comisión.

La “Quisicosa” del día 2 de octubre dice: 

Todo el día pasé
junto a un cepillo 
de la Mendicidad 
y no vi un corazón
noble y sencillo 
que echase un “bolillo”.
¡Ni por casualidad! 

El 04/10/1910 en Junta celebrada en el Ayuntamiento se acordó interesar de la Diputación Provincial la cesión del antiguo Hospital General, sin servicio desde que se puso en marcha el Hospital de la Santísima Trinidad y comienzan los socorros en especie. Se activan los trabajos para celebrar una función de teatro para que, con lo obtenido, la Asociación pueda cumplir sus objetivos y se designa para ello a don Fernando Iscar.

Dos individuos de la Junta presenciarán siempre el reparto de socorros y se acuerda visitar a los señores que dan limosna los sábados para que utilicen otros medios de ejercer la caridad.

Se aprueba una alocución al vecindario en los siguientes términos:

Al pueblo salmantino: 

El Ayuntamiento se propone suprimir la mendicidad publica por el único procedimiento digno de una sociedad culta y cristiana: dando pan y abrigo a los que de él carecen, socorriendo a los enfermos pobres, a los viejos y a los inútiles para el trabajo, recogiendo y amparando a esas criaturas dedicadas hoy al pordioseo, para educarlas y hacerlas útiles a la sociedad, poniéndolas en condiciones de crearse un hogar honrado.

La Junta de Mendicidad se ha constituido con las siguientes obligaciones: 1ª.- Disminuir en lo posible la mendicidad pública, atendiendo al sostenimiento de los enfermos pobres y desvalidos. 2ª.- Socorrer a los obreros que por enfermedad o por otras causas inevitables carezcan de trabajo. 3ª.- Socorrer a los pobres transeúntes y familiares el viaje al punto de su residencia. 4ª.- Cuantas medidas tiendan a beneficiar moral y materialmente a los pobres. 5ª.- Procurar el cumplimiento de las leyes que prohíben la mendicidad de menores (artículo 4º del Reglamento).

Además de la Junta Central de Mendicidad se constituirán Juntas de Distrito de las que formarán parte, por lo menos, un párroco, un médico de la Beneficencia y un alcalde de barrio (artículo 8º).

En la distribución de socorros serán preferidos los sexagenarios e impedidos para el trabajo, los huérfanos y viudas desamparados, los enfermos pobres y las mujeres que, después del parto, carezcan de la alimentación necesaria para su restablecimiento (artículo 11º).

La Junta procurará el ingreso en los Asilos de Beneficencia a los niños desamparados y en la escuela a los que actualmente están dedicados a la mendicidad por sus padres y tutores. (artículo 12º). 

Pero esto no solo es obra del Ayuntamiento: es obra de amor, de fraternidad humana a la que tienen que coadyuvar las almas generosas y unos con su modestia, con sus riquezas otros y todos con el deseo de llevar íntimas satisfacciones a la conciencia propia y cariño y pan a esos desgraciados que con sus andrajos y con su miseria, recuerdan constantemente a la sociedad sus egoísmos y el deber que tienen de ser mas humanos.

A todos, pues, nos dirigimos y de todos esperamos cooperación, para que sumando los sacrificios individuales, encauzándolos y reglamentándolos se realice en Salamanca la gran obra iniciada por el Ayuntamiento. 

Salamanca, 3 de octubre de 1910



El 09/10/1910 la “Quisicosa” nos dice:

Sociedad y asilos 
hay a montones. 
Y pobres por las calles 
cuatro millones.

Pero no solo eran los niños; también hombres en la plenitud de su vida, mujeres y ancianos. Para ellos el implorar limosna era un oficio o una industria a la que se dedicaba toda la familia. Se dio el caso de que un Gobernador Civil dio orden de que se atendiera a una niña manca, que pedía limosna en la plazuela de la Libertad y resultó que su padre y su madre ejercían el mismo oficio y recaudaban de 7 a 8 pesetas diarias y tenían varias fincas en la Sierra. 

Un mendigo al que reprenden por su holgazanería: Yo no necesito trabajar, en pocas horas recorro las veintitantas iglesias que hay en la ciudad. Por lo menos un cuarto he de sacar en cada una y son 3 reales, de sobra para mis necesidades y así vivo independiente. 

El 11 de octubre se desecha el informe de la Comisión de Instrucción Pública relativo a la proposición del señor Villalobos para que se reglamente el funcionamiento de las cantinas escolares.

En sesión del día 24 para escuchar a las Juntas de Distrito, el señor Castro trata de la armonización de la marcha de la Asociación con la de alguna otra, como la de san Vicente de Paul. El provisor señor Boiza pide que se haga el censo de los pobres de cada distrito y dedican elogios a la labor de los párrocos. El señor Castro da cuenta de establecer el Asilo Provisional.

El día 26 el señor Cuesta propone que el Ayuntamiento ceda los locales del “Correccional” a la Asociación de la Mendicidad para la instalación del Asilo Albergue dotado de comedores, cocina económica y habitaciones con camas y así se acuerda. Al día siguiente “Juan de Salamanca” se queja de que una Agrupación de ciegos que toca maravillosamente los instrumentos y deleitaba a la concurrencia en la Plaza Mayor no se le ha concedido el permiso para tocar en la vía pública, fundándose en que está prohibida la mendicidad callejera. Unos ciegos que con derecho a la mendicidad, han tenido valor para huir de ella, estudiando música y saliendo a la calle para ofrecer su trabajo al transeúnte. Señor Alcalde: Estos que el verano último nos deleitaron con su música, han podido comer gracias a que el dueño del Bar Salmantino, (del señor Munguira) los llevó a tocar a su casa. ¿Es lícito que, los que están en condiciones de ganar un sueldo tocando en un café, encuentren trabas para tocar en la calle?


La “Quisicosa”:

De mendicidad la Junta, 
benéfica Institución, 
al saber que aquí la infanta 
Paz de Baviera llegó 
egregia dama que tiene 
a esta ciudad gran amor, 
acordó darle un “sablazo” 
en forma de petición. 
Y, con todos los respetos 
para todos, creo yo 
que no está muy en su punto 
ese sablazo de honor. 
Pues si a los pocos que vienen 
brindándonos protección 
el bolsillo aligeramos, 
aquí  no vuelve ¡ni Dios! 
(y perdonen por lo exacto 
lo feo de la expresión).

El 31 se da cuenta de que para la instalación existen 3.500 pesetas, donadas por la empresa explotadora de la Plaza de Toros y el matador Ricardo Torres “Bombita” y el cálculo de los gastos de alimentación del Asilo Albergue serían 60 pesetas diarias, con dos comidas, incluyendo pan. La Diputación tenía consignadas 750 pesetas anuales y el Ayuntamiento podría incluir en sus presupuestos 6.000 pesetas anuales, con lo que se hace necesaria la suscripción del pueblo salmantino.

En las festividades de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, las comidas y cenas fueron servidas por damas y caballeros de la alta sociedad salmantina y a partir de aquí se establecieron turnos que se publicaban en la prensa diaria.

Se estableció un apartado que se llamó “El Aguinaldo de los Pobres” al que acudieron los salmantinos con aportaciones en metálico y en especie y a propuesta de “El Timbalero” se implantó el sistema de “Tikets” para su depósito en los buzones de la Asociación, canjeables por metálico, con lo que se pudo vestir y alojar a gran cantidad de pobres.

Durante mucho tiempo en la prensa se daba cuenta diaria de los donativos, suscripciones, raciones servidas y turnos de guardia para los voluntarios para atender las mesas.

Se creó un Impuesto del 5% sobre entradas y localidades de todo espectáculo público, con destino a la Junta de Protección de la Infancia y la Extinción de la Mendicidad.

Se puso a la venta una colección de medallas representativas de una cena o una comida. Eran de aluminio, excelentemente acuñadas. La ración de comida valía 25 céntimos y la de cena, 15, con lo que cada uno socorría directamente a sus pobres. No obstante entró en juego la picaresca, pidiendo: un perro chico, que me hace falta para comprar una medalla de cena. 

El BOE del 10/02/1911 publica la Real Orden del día 2 dirigida a las Juntas Provinciales y Locales de Protección de la Infancia y Represión de la Mendicidad y ese mismo año la junta de Salamanca pretende crear el Bazar Obrero, donde encuentren ocupación los mendigos y donde se recojan los muebles y se realicen las operaciones de venta.

El 07/01/1912 se nombra una Comisión Especial de la Mendicidad integrada por Antonio Díez Ambrosio, Rafael Brizuela González, Vicente González Fernández y Jesús Cabanillas Ameiro. El 6 de febrero, en los Estatutos de la Sociedad Salmantina de Turismo y en su Disposición general segunda, artículo 11, se declara que los bienes que tuviere la sociedad en caso de disolución pasarán a la Asociación Salmantina contra la Mendicidad.

A finalizar el año y pese a los ímprobos esfuerzos y sacrificios de la Asociación no se consigue disminuir el número de mendigos. Acabado 1913 al entusiasmo inicial ha sucedido una apatía generalizada, incluso en los componentes de la Junta, a excepción de los señores Villoria, Serrano y Rodríguez Galván, por lo que está abocada a desaparecer. En 1914 en las páginas de la prensa se argumenta que sería de mayor utilidad la unificación de las dádivas y limosnas en una sola Asociación.

A principios de 1918 se recibe una dádiva de 1.000 pesetas de don José Jáuregui de Madrid entregada por el periodista “Un repórter”, que aprovecha la ocasión para un reportaje sobre la Asociación entrevistando al señor Salas, Director de la Mendicidad, quien pide a los salmantinos unas pesetas para hacer un portal que guarezca a los pobres ancianos que tiemblan de frío y a los niños que castañetean los dientes, mientras esperan el acceso a los comedores.


José Agustín Jáuregui y Pérez (Salamanca 1876- Bilbao 1919)
Fotografía publicada en El Adelanto el 2 de diciembre de 1919


El 5 de setiembre de 1919 fallece José Agustín Jáuregui que además de los abundantes socorros a la Asociación Salmantina contra la Mendicidad, costeó en el Cerrado de Pito o Corrito de las Eras de Candelario un magnífico albergue para que veranearan los niños menesterosos salmantinos de la capital y de la provincia. Desgraciadamente no pudo verlo concluido, pues se finalizó en 1921.

Todavía en 1919, pese a encontrarse llenos los asilos, las asociaciones  prodigando infinidad de limosnas y beneficios y los roperos dispensando prendas, no se ha evitado la mendicidad en las rúas salmantinas, siendo cada día más numerosa y se aboga por suprimir totalmente la entrega de limosnas en la calle.

El 1 de enero de 1920 se inaugura el Club Taurino “Chicuelo” (Manuel Jiménez) en el piso principal del número 6 de la plaza del Poeta Iglesias y acuerdan, sus primeros socios, donar la carne de un astado a la Asociación de la Mendicidad y abonan además el pan y el vino. 

Ante el anuncio de una becerrada para el día 6 de enero de 1922 (que no llegó a celebrarse) la “Quisicosa” fue: 

Con el frío de estos días,
benéfico el fin honrado 
será, pero el resultado 
quizá acabe en pulmonías
.

En 1927, siendo Alcalde Florencio Sánchez Hernández, se habilita un local en “El Correccional” para las labores del antiguo “Molasin”, un refugio de mendigos donde son sometidos a desinfección y desinsectación. 

Llegamos al año 1928 y preside la Asociación contra la Mendicidad el catedrático don Manuel González Calzada. El administrador don Isidro Hernández facilita los datos siguientes: 62.864 raciones repartidas en 1926 y 106.061 en 1927, sin que los ingresos hayan crecido. La suscripción ha sido menor en 500 pesetas, si bien han crecido los donativos en especie. La tómbola recaudó una importante cantidad y la rifa de muñecas, celebrada en el Casino, produjo una bonita cifra. En el albergue nocturno ha habido 450 personas.

Se consume diariamente más de media fanega de garbanzos, siendo la comida con garbanzos, tocino y carne y la cena, patatas, alubias y pescado. Primero se sirve a los ancianos y después a los niños. Se necesitan más amplios locales pues los que esperan turno para comer han de hacerlo a la intemperie. Se recibe con  cariño a cuantos llegan, sin ninguna limitación y sin preguntas sobre su identidad.

La Asociación contra la Mendicidad, en marzo de 1932 abre unos comedores y un refugio para trabajadores y sus familiares, acudiendo a los comedores más de 100 obreros sin trabajo. En febrero de 1935 cambia de nombre y se convierte en Asociación de Asistencia Social Salmantina.


Comedores de la Asociación Salmantina de Caridad en la calle Juan de la Fuente
1955, Archivo Gombau


Todavía en 1947 la Asociación Salmantina de Caridad se encarga de recoger niños y adultos pobres de la vía pública y los asea en estas instalaciones, que se encuentran regidas por la citada Asociación de Asistencia Social Salmantina, que antes había sido Asociación Salmantina contra la Mendicidad.





BIBLIOGRAFÍA


La prohibición de la mendicidad. La controversia entre Domingo de Soto y Juan de Robles en Salamanca. (1545).- José María Garrán Martínez. (2004)

Las cofradías salmantinas. Espacios de sociabilidad.- Rosa María Lorenzo López. (2004)

Caridad, beneficencia, seguro social, asistencia social y estado de bienestar.- Cristino Celso Barroso Ribal. (2013)

Revista Salamanca Médica, número 47. (2014)

Cáritas diocesana de Salamanca (1963-2017).- Enrique Andrés Albarrán Martín. (2018)

Prensa de la época.







Los soportales en Salamanca



Jinetes ante los portales de la Alberca o portales de Camiñas hacia 1901.
Muy probablemente la autoría corresponda a los esposos Marcel et Jane Dieulafoy



Por José María Hernández Pérez
y César Hernández R.
15/01/2026 Rev. 0


Desde siempre los soportales han sido un elemento arquitectónico que tiene impronta comercial al permitir albergar los puestos de venta a cubierto de la intemperie, reclamo para los comercios situados bajo su abrigo, sin entorpecer el acceso a las viviendas que ocupaban las plantas superiores, zona de cómodo paseo y punto de encuentro para las personas. Además embellecían las fachadas y albergaban palcos, en algunos casos, desde donde se podía asistir a los públicos espectáculos.

En Salamanca proliferaron, siendo la mayoría conformados por columnas cilíndricas de piedra con zapata sencilla o capitel artístico y basa también redonda, aunque en determinados casos fuera un soporte prismático cuadrado de mayor o menor altura. Existieron también algunas basas con moldura.

Las denominaciones de muchos soportales fueron señalando a lo largo del tiempo distintas zonas de la ciudad, acomodándose a las condiciones comerciales, sociales o urbanísticas del momento.




PORTALES DESAPARECIDOS



Posición de los portales en torno a la iglesia de San Martín en un fragmento
del plano nº30 de la CIUDAD DE SALAMANCA en el S. XVI de Antonio Seseña




PORTALES DEL ACEITE


Construidos a finales del siglo XVI o principios del XVII, se destinaron al almacenamiento y venta de aceite en aljibes, vasijas y puestos en el Corrillo de la Hierba, próximos a la calle de Albarderos (hoy de san Pablo), con el nombre de Isla del Aceite. 

Con el tiempo esta uniformidad de uso se fue perdiendo, dando entrada a fruteros y en menor medida a otros vendedores como algún tapicero, cerrajero, etc. El número de tiendas se fue reduciendo por adquisición de los propietarios pasando de 20 en el siglo XVI a solo 14 a finales del siglo XVIII¹. Según el catastro de la Ensenada  había 10 tiendas y 4 portales o covachuelas y se especifica que todas las tiendas tenían bodega, dos altos sobre el bajo y un piso más tejavana, se indica además que su estado era deplorable. Este número de divisiones parece mantenerse en el momento del trazado del plano de alineaciones de Pedro Vidal de 1891.

La manzana, ya sin portales, desaparecidos antes de 1864², se derribó al trazarse la nueva calle Quintana en 1917³ que unificaba las calles del Navío y antigua de Quintana, las dos calles que la conformaban.


Plano de alineaciones de 1891 elaborado por el arquitecto Pedro Vidal la manzana
entre las calle Quintana y Navío (isla del Aceite) no desapareció hasta 1917.


La calle Quintana, entre la acera de san Martín y los Portales del Aceite, recibió este nombre en 1859 tras la muerte del  poeta en 1857. Anteriormente se conoció como calle del reloj (el de San Martín) o calle de las tiendas del Reloj. Algunos autores dan también a esta calle la denominación de calle del Ochavo, aunque mantenemos ciertas dudas sobre su ubicación⁴. 

La calle del Navío, llamada anteriormente calle de los Limones, separaba la isla del aceite y la isla de tiendas frente a San Martín. Desapareció, como hemos indicado, al unificarse con la calle Quintana.

La primera imagen de la zona que conocemos es un boceto de la plaza de la Lonja de Genaro Pérez Villaamil fechado el 13 de abril de 1849. Aunque sin detalle, se aprecian las calles del Reloj y del Navío (o de los Limones) separadas por las casas que formaban la isla del aceite, e incluso se aprecian porticadas las casas adosadas a San Martín en la zona del ábside. Las columnas en primer plano, con seguridad en algún tiempo unidas por cadenas de hierro, marcaban el espacio jurisdiccional del edificio de las antiguas Casas Consistoriales. Este atrio o lonja dio el nombre a la plaza, e incluso al edificio Consistorial, hasta que fue sustituido por el de plaza del Poeta Iglesias en 1859.


Plaza de la Lonja y San Martín en Salamanca 13 abril 1849. Pérez Villaamil, Genaro. Archivo  Ceres


Imagen en la que se observa a la derecha los edificios de la Isla del Aceite entre las calles
Quintana y Navío antes de su derribo en 1917. Archivo Enrique de Sena, autor desconocido.




PORTALES DE PRETINEROS


También denominado de Guarnicioneros, dentro del conjunto de soportales de la plaza de san Martín, se encontraban entre la calle del Prior y la casa del Conde de Grajal, que llegaba hasta la calle de Concejo. La denominación le viene porque ejercían su oficio en este lado los vendedores de cuero. Desaparecieron con la construcción de la Plaza Mayor.




PORTALES DE LOS BOTICARIOS


Estaban en el Corrillo de la Hierba y acogían la venta de medicamentos, hierbas y remedios. Pertenecen al conjunto de Portales del Corrillo.

 



PORTALES DE CEREROS O CALLE DE LOS VIDRIEROS


Eran las casas-tienda que fabricaban y vendían velas y cera para el alumbrado y para las ceremonias litúrgicas, entre la calleja cerrada del Corrillo y la calle del Prior, separadas de los soportales denominados de Pretineros por el arco de la citada calle. También los fabricantes de vidrios ocupaban este tramo por lo que se llamaba Portales de los Cereros o “Calle de los Vidrieros”.




PORTALES DE LA SOLEDAD


Todavía existían en la zona sur de la Plaza del Corrillo entre los números 11-19, como se pone de manifiesto con motivo del litigio que origina el propietario del número 13, en noviembre de 1877, al sacar su fachada a la línea del número 15 y anexionarse unos 90 cm que eran el ancho de los soportales, (denominados de La Soledad) con lo que obstruía la puerta de entrada a la covachuela del número 15 en una extensión de 30 cm. (Parece que el nombre de la Soledad le venía de que en tiempos fue alguna de las viviendas propiedad de la Cofradía de la Veracruz y más concretamente de la Virgen de la Soledad, también conocida como Virgen de la Salud, venerada en su capilla y que la propiedad le viniera por herencia de algún devoto). Desaparecieron en 1880.  



       

PORTALES DEL QUESO, DE LA NEVERÍA O DE LAS CARNICERIAS


Estaban situados en lo que era la calle de la Nevería hasta 1859 en que se cambió por Sánchez Barbero y se extendían desde la de san Pablo por la zona izquierda, sin llegar a la calle de la Rúa, interrumpidos por un muro. Se llamó de la Nevería por el pozo existente al servicio de las Carnicerías. Recibieron también el nombre de Portales del Queso y Portales de las Carnicerías

La casa número 1 de la calle de la Rúa, haciendo esquina con la de la Nevería, fue demolida en 1860. En planta, sobresalía respecto a los soportales de esta última calle formando un recodo de unos dos metros, en cuya rinconada había un altarcito o capilla dedicado a la Inmaculada Concepción, perennemente alumbrada, aunque la penumbra daba lugar a que en el citado rincón se produjeran escenas no demasiado edificantes e indignas de tal lugar. Se había levantado tal capilla al desaparecer de esta calle un lienzo que representaba a la Inmaculada Concepción y que se había trasladado a la Catedral Nueva tras la ofensa que un sicario había perpetrado acuchillando la imagen de la Virgen en la noche del 22 al 23 de junio de 1664. Hoy la capilla donde se encuentra se denomina Capilla de Nuestra Señora de los Desagravios. 


Imagen de Inmaculada Concepción en la capilla de Nuestra Señora de los Desagravios
con señales del ataque. Imagen de www.diocesisdesalamanca.com


Con fecha 21 de julio de 1860 el Ayuntamiento concedió a su dueño, don Antonio García Vicente, artífice platero, la oportuna licencia para levantar una nueva casa abonándole una indemnización de 16.000 pesetas por la gran cantidad de terreno que se le expropiaba para alinear el nuevo edificio con la calle de la Nevería, ya sin los soportales, que se hacían desaparecer en los nuevos planos de alineación del municipio. Estos planos fueron tres: el primero de Francisco Nieto en 1860, el segundo de José Secall y Asión en 1867 y el tercero de Pedro Vidal en 1891. 

En el verano de 1861 se desató una agria polémica por el destrozo de la capilla, por la desaparición de la imagen de la Virgen y por el destino de las mandas que piadosas personas habían dejado expresamente para dedicarlas al alumbrado de la capilla. El dueño de la finca hubo de salir al paso justificando su actuación en que poseía la oportuna licencia municipal, en que al desaparecer la rinconada era partidario de dar a la imagen un lugar digno por lo que había solicitado al Ayuntamiento que la nueva casa se dotara de un camarín para alojar la imagen, que mientras tanto ésta se encontraba recogida en una de las mejores salas de la nueva vivienda, que sobre las mandas y legados hechos a favor del alumbrado de la Virgen no tenía noticias, como tampoco de la inversión de los fondos si los había tenido, ni de quienes fueran los albaceas y depositarios y sobre todo su extrañeza por el hecho de que desaparecidos el altarcito y la imagen hacía un año nadie se hubiera acordado en todo este tiempo de efectuar reclamación alguna. Ignoramos el motivo por el que la propuesta de dar un lugar digno a la imagen no se llevó a cabo porque lo cierto es que de la capilla y de la imagen no tenemos ningún rastro. 

En enero de 1866 se arrienda el local de la casa número 1 de la calle de la Rúa y en 1869 la casa entera de dos portales con puertas a ambas calles, dos bodegas y excelente pozo. El propietario Antonio García, que vive en el número 3, era dueño además de la casa número 5 en la calle de la Rúa, otra en la plazuela de las Carnicerías y además de un monte en Villar del Puerco, adquirido en 1860 a los Bienes Nacionales.    

La desaparición de los soportales de la calle ya era un hecho en 1891, como puede verse en el plano de alineaciones de la calle Sánchez Barbero de Pedro Vidal, que también contemplaba la alineación de las calles Navío, Poeta Iglesias, Quintana e Isla de la Rúa (ver Portales del Aceite). El último tramo de la calle, haciendo esquina con la calle de la Rúa, faltaba por alinear. No es, sin embargo, hasta enero de 1910 cuando se expropian las casas que forman la esquina de Sánchez Barbero y García Barrado (nombre dado a la calle de la Rúa en 1904), las primeras al señor Herrero Boyero, nº 1 y nº 3 de la Rúa, y en febrero la nº 23 de la calle Sánchez Barbero a José Sánchez Isidro y más tarde la nº 21 a Manuel de las Heras. Las expropiaciones fueron valoradas en 12.000 pesetas el nº 21 de Sánchez Barbero y el nº 23 en 9250 pesetas, el nº 1 de la Rúa en 16000 pesetas y el nº 3 en 5000 pesetas.

Los solares de las casas expropiadas fueron subastados en enero de 1911 y declarada la subasta desierta. No tardaron en darse las primeras quejas sobre el lamentable estado del solar municipal: por su valla indecente, por ser un depósito de inmundicias, por no enchinarrar el terreno sobrante para vía pública y convertirse en un lodazal intransitable…


Calle de la Rúa- por entonces, década de 1910, calle García Barrado - y el solar sin construcción.
Tarjeta postal edición M. Romero, fototipia Castañeira, Álvarez y Levenfeld


Las sucesivas subastas, con las consiguientes rebajas, quedaron todas desiertas e incluso se rechazó alguna oferta por considerarla ridícula.

Quince años estuvo el solar sin construir, hasta que se concedió licencia de obras al comerciante Roque Sagrado (cuñado de Federico Anaya), que había adquirido el solar para la construcción de un edificio diseñado en 1925, por el arquitecto municipal Ricardo Pérez. El edificio, de cuatro plantas y en un estilo que puede adscribirse en el eclecticismo, fue construido en 1926. Su historia comercial es la siguiente: primero con el establecimiento comercial “La Inglesa”, pañería que llega el 16/05/1927 y desaparece a primeros de 1931, la esquina es ocupada por las novedades y alta fantasía de “La Saldadora Catalana” que a su vez en noviembre ha cerrado y se arrienda el local para una liquidación de muebles, llegando en marzo de 1932 la relojería de Winzer de Demetrio Gómez, trasladada desde el número 12 de la Rúa. Winzer permanece allí más de 70 años hasta 2005 en que se reforma el edificio. La reforma unió la casa número 1 con la 3 de la calle de la Rúa dividiendo su local en dos. El local de  Sánchez Barbero 15, donde se instala la chocolatería “Chocolat Factory”, luego la heladería “Slurp Choc&Dreams”, la tienda de regalos “Salamanca Olé” y la heladería “Ice Wave” para llegar a los cajeros automáticos de “Global Exchange” en la actualidad. El otro local de Rúa 3, lo ocupó en su día la carnicería de Mulas que sigue allí.


Haciendo esquina entre la calle Sánchez Barbero y la calle de la Rúa se encuentra esta casa
construida para Roque Sagrado en 1926 con diseño (1925) en estilo ecléctico regionalista
del arquitecto Ricardo Pérez Fernández. En los bajos de ese edificio estuvo desde
1932 hasta 2005 la relojería y óptica Winzer


   

 


Soportales en el entorno de la plaza del Mercado y San Julián en un fragmento del plano nº30
de la CIUDAD DE SALAMANCA en el S. XVI de Antonio Seseña




PORTALES DE LOS BOTEROS


Destinados a elaborar recipientes para líquidos: vino, aceite en botas o fábrica de tablones para toneles estuvieron situados entre la iglesia de san Julián y la calle de Hovohambre.

Siete casas componían estos portales en el siglo XVIII. Cuatro pertenecían al Hospital General, una al Convento de Santa Isabel –de la capellanía fundada por don Cristóbal Ruiz Arco–, otra a un beneficio de San Isidoro– que compartían en 1753 don Manuel Antonio Gómez y don José Rodrigo Zapatero– y la de la esquina a don Manuel Benavente (M.ª Nieves Rupérez Almajano//M.ª del Mar Gragera Rodríguez, La Plaza Mayor de Salamanca VOL I. La Plaza Mayor desde fines del Medievo hasta 1729).

En 1793 el ayuntamiento concedió el uso de este tramo de soportales al gremio de alfareros, por lo que fueron llamados a partir de entonces Portales de Olleros. Los portales comenzaron a desaparecer en 1833.



PORTALES DEL LINO


Los Portales del Lino, situados en la antigua plaza de San Martín entre la calle Herreros (Toro) y la calle Concejo (Zamora), desaparecieron con la construcción de la Plaza Mayor. Su nombre y probablemente su uso, para el comercio del lino, lencería y pañería, se trasladaron a las casas porticadas de la calle de San Torcuato a la vera de la plaza del Ángel, que hace más de 100 años recibió oficialmente el nombre de Portales del Lino y hoy es san Juan de la Cruz.




PORTALES DEL PAN, DE PANADEROS, DE LOS VILLARES O CEBADERÍA


Según Mª Nieves Rupérez Almajano y Mª del Mar Gragera Rodríguez¹ el tramo entre la calle Herreros (Toro) y el Pozo Amarillo recibió entre los siglos XV y XVII la denominación de Portales de la Cebada (Cebadería)  para pasar a denominarse Portales del Trigo en el siglo XVIII, abarcando desde la salida de la Plaza Mayor hasta la calle el Pozo Amarillo.

Se extendieron las panaderas hasta los soportales del Pabellón Real y ante la protesta de los vecinos, en 1735 se las desalojó, aunque se revocó la orden a los 10 años.
  
En el siglo XIX recibieron el nombre de Portales del Pan y allí se vendía el pan procedente de los Villares de la Reina, que se colocaba, no muy asépticamente, sobre costales de lana, con las consiguientes protestas.

En el Catastro de Ensenada se citan 140 vecinos dedicados a la fabricación de pan y 15 hornos públicos, cociéndose diariamente 70 fanegas de harina en Los Villares. Lo que hoy conocemos como “Prado de Panaderos”, se llamaba así por los hornos existentes, que fueron devastados por las tropas napoleónicas y los pocos que quedaron se trasladaron al pueblo. En el escudo de Los Villares figura: entado en punta y caído, de sinople, una hogaza de oro.

Tanta producción necesitaba ser exportada y dada la proximidad de la capital era absorbida por ella, situándose los despachos en las zonas referidas, dándose la denominación al lugar de origen del pan, que al principio se despachaba en formato de bollos.

El plano de alineaciones de la plaza de la Verdura de 1880 del arquitecto José González Altés, aprobado tras diversas reclamaciones en 1881, junto al interés municipal de que desapareciese los soportales por razones de ornato, marcaron el final de estos portales. Los propietarios adquirieron en pocos años el terreno municipal frente a sus viviendas para añadirlo como bajos de sus nuevas o reformadas construcciones. Los mencionados portales ya no existían en 1896

A partir de 1887, el tramo siguiente de soportales, desde la calle Pozo Amarillo, que comenzaba en  el caserón de los Flores, acogió los puestos que ocupaban los panaderos siendo también por entonces conocido como Portales del Pan, denominación que compartió con el de Portales de la Menoría.




PORTALES DE LA MENORÍA 


Estaban situados entre las calle del Pozo Amarillo y la estrecha calle junto a la iglesia de san Julián y santa Basilisa, siendo continuación de los Portales del Pan.

Su nombre se debía a La Menoría, una célebre tienda de ultramarinos, situada en el tramo citado, famosa por sus chorizos y que cerró entre 1883 y 1886 aunque su local continuó como tienda de ultramarinos con el apelativo de antigua tienda de la Menoría.

Sus soportales acogieron los puestos de venta de pan cuando los Portales del Pan desaparecieron a finales del siglo XIX⁵ y, por tanto, por breve tiempo recibieron el nombre de Portales del Pan. También recibieron la denominación de Portales de la Cebada o de la Cebadería en el siglo XVIII.

 
Apenas visibles, tras la gente que procesiona, están los portales de la plaza de la Verdura
llamados de la Menoría. Fotografía de Ángel Vázquez


Desaparecieron para dejar espacio al edificio del mercado central de abastos, aunque sus propietarios presentaron resistencia a la expropiación, principalmente don Ildefonso Borrego, propietario de los números 2 y 4 del Pozo Amarillo y 15 y 17 de la Plaza de la Verdura, que incluía la casona de los Flores. Al fallecer el propietario del esquinazo, el 4 de agosto de 1906, se reanudaron las conversaciones con su hijo Domingo Borrego y se llegó en 1908 al acuerdo de expropiación parcial por valor de 70.000 pesetas. Saber más 



PORTALES DE LOS OLLEROS


A mediados del siglo XVIII los puestos de venta de alfarería: vasijas, ollas, botijos y cacharros se encontraban situados en la Plaza de san Julián, bajo cuyos soportales se desarrollaba el mercado,  dándosele el nombre de Portales de los Olleros. En setiembre de 1772 solicitaron trasladarse a la plaza del Carbón -más tarde de la Verdura- obligándose a donar 200 cántaros para incendios.

... Siendo del grado de la Ciudad, no hallando en ello inconvenientes, teniendo presente el informe de los Caballeros, teniendo presente el informe de los Caballeros Personeros del Común y las reiteradas suplicas del Gremio de Alfareros les concede sitio en la Plazuela del Carbón donde en otras ocasiones han estado Ocupando desde el pretil de la calle de Olambre línea recta hacia la Iglesia de San Julián.(A.M.S. L.C. 157. f.115 . .Año 1773.)

El Ayuntamiento concedió tal traslado, otorgándoles para su comercio el tramo entre la calle Hovohambre y la iglesia de san Julián que antes había sido Portales de Boteros.




PORTALES DEL TRIGO


Se denominaron así, durante el siglo XIX y XX, los soportales de la plaza de san Julián al este de la “Casa de las Viejas”, que en el siglo XVIII había sido Portales de Olleros. Estaban soportados por columnas cilíndricas de piedra, capitel ornamentado y basa alta. Fueron derribados al abrirse la Gran Vía en los años 30.

Soportales en la plaza de san Julián, fotografía de Cándido Ansede



Heredaron el nombre y uso de los portales que en el siglo XVIII estaban situados entre la salida de la Plaza Mayor y la calle del Pozo Amarillo y que posteriormente se llamaron Portales del Pan.





PORTALES DE SAN JULIÁN


Los portales de la calle Bajada de San Julián o calle de San Julián- actualmente, y desde noviembre de 1912, llamada calle del Obispo Jarrín- estaban soportados por columnas cilíndricas de piedra, con capitel ornamentado y basa alta. Se encontraban frente a la iglesia, alineados en forma de zigzag.


Plano de 1864 del ingeniero Francisco García San Pedro de la zona de San Julián en donde se
señalan las zonas de soportales en la bajada del San Julián y plazuela de San Julián además
de los de la calle Portales de la Alberca o Portales de Camiñas. Muestra claramente el
trazado de la alberca, aún sin cubrir, y la posición de la puentecilla para salvarla.


Fueron conocidos durante el siglo XIX y parte del XX como Portales de la Cebada al situarse allí el local destinado al mercado de grano. Los portales terminaban junto al puente que salvaba la esgueva o alberca de Santo Domingo, zona que no fue cubierta hasta 1882.

El estado de los soportales a finales del siglo XIX era bastante precario y la elaboración en 1886 del plano de alineación de la calle y de la plaza de San Julián realizado por el arquitecto Manuel Pérez González inició, aunque lentamente, su desaparición. Este proceso se aceleró con una nueva elaboración del plano de alineaciones de la zona en 1902 por Pedro Vidal.

Plano publicado en el libro de José Ignacio Díez Elcuaz, 
Arquitectura y Urbanismo en Salamanca (1890-1939)  


La construcción del mercado central de abastos en la plaza de la Verdura (plaza del Mercado), iniciada el 10 de noviembre de 1899, hasta su inauguración el 7 de abril de 1909, provocó la dispersión de los puestos de venta tradicionalmente allí ubicados. En la plazuela de San Julián recayó la instalación de los puestos de verduras y hortalizas dando más tránsito a la calle de San Julián, que además albergó en su subsuelo los desagües del nuevo mercado que sirvieron también para dar servicio a sus nuevas casas. 


Vista de la plaza de san Julián desde los Portales de la Cebada, frente a la iglesia
de san Julián (hoy Obispo Jarrín)

En 1890 había sido derribado el edificio nº22, que cerraba la calle, por su mal estado y edificado el solar en base a la alineación oficial. En 1913 de aceptó la expropiación del 16, mientras que la del 18 y 20 fue aceptada en 1918. Estos eran los números que aún poseían soportales al iniciarse el siglo XX y es de suponer que fueran derribados por entonces.


Preciosa imagen (s.d.) de la casa nº 20 de la calle de San Julián (Obispo Jarrín).
A la izquierda se percibe una parte del nº 22 construido hacia 1890


Imagen captada por los aerostatos militares en 1915 de la zona de la plazuela de San Julián.
Se observa la existencia de los últimos soportales en la bajada de San Julián y el edificio nº 22
ya alineado.


Los portales al oeste de la plaza de San Julián también fueron eventualmente llamados Portales de San Julián aunque más concretamente se denominaron Portales del Trigo durante el siglo XIX y XX hasta su derribo, al iniciarse la década de 1930, para el trazado de la Gran Vía.




PORTALES DE CAMIÑAS


Primeramente se llamaron Portales de la Alberca en alusión al Arroyo de santo Domingo que pasaba frente a ellos. El arroyo discurría por la calle de la Alberca, continuaba por Bermejeros, antiguamente llamada de los Mosquitos y atravesaba la plaza de la Reina, en dirección a la plaza de san Julián.

El nombre de Portales de Camiñas se debe a don Vicente Camiñas que vivía en citada calle en el número 22, en la segunda mitad del siglo XIX, dedicado al negocio de venta de sanguijuelas a los médicos, farmacias y sangradores e incluso las exportaba a Europa. El sangrado por medio de sanguijuelas tuvo su auge en Europa en los siglos XVIII y XIX con lo que Inglaterra y Francia agotaron sus reservas de los citados anélidos y se vieron en la precisión de importarlos. Hoy han desaparecido como consecuencia de la carencia de humedales, la contaminación de los pesticidas y la introducción de especies exóticas.


Portales de Camiñas. Fotografía de Cándido Ansede


Se comenzó llamando Portales de Camiñas en vida de don Vicente, por ser una persona reconocida por los salmantinos y terminó llamándose oficialmente con tal denominación. Los últimos portales desaparecieron en junio de 1988 y consistían en columnas cilíndricas de piedra, con sencillo capitel y alta basa.




PORTALES DE TORO


Estaban en la parte derecha de la calle de Herreros (hoy Toro), partiendo de la Plaza, sin llegar a la calle de Ventura Ruiz Aguilera, sobre una pronunciada rampa. También en la acera izquierda existió un corto tramo de soportales.  



PORTALES DE ZAMORA


Existieron en los primeros números pares de la calle de Zamora, a partir del edificio de la Casa de la Ciudad (actual Ayuntamiento) hasta la iglesia de la Trinidad, cuya edificación estuvo destinada a las Paneras Reales. Se realizaba también la venta de cereales. Desaparecieron cuando el Ayuntamiento alquiló toda la edificación a la empresa Matosi, Gambotti y Compañía, que instaló el célebre café Suizo en 1850.



PORTALES DE CONCEJO


En la actual calle de Concejo en los primeros números, existieron soportales, más alargados en la acera de los pares que llegaban hasta el palacio de Figueroa, actual Casino. Daban entrada a la finca en que se encontraba el célebre Mesón de la Solana, propiedad del canónigo Antonio de Paz y Espada, donde se crió el Lazarillo de Tormes. 



PORTALES IGLESIA DE SAN MARCOS


La fachada principal de la iglesia de san Marcos, orientada al Sur, se encontraba protegida por un pórtico del más puro estilo románico sosteniendo su elegante arquitrabe cinco columnas jónicas de granito en que apoyaba el entablamento del tejado. Las columnas procedían de las canteras de Linares y fueron labradas por el cantero, vecino de Salamanca, Martín Cabal. El pórtico está datado en 1599.

Pórtico de San Marcos, Luis González de la Huebra


Entorno de la iglesia de San Marcos. Martínez de Hebert, 1867. La fotografía, junto a otras
varias, fue vendida conjunta o separadamente con la obra de Modesto Falcón "Salamanca
Artística y Monumental" publicada por fascículos a partir de febrero de 1867


A la derecha del pórtico existía una construcción de planta rectangular, excepto en la pared tocante al templo que seguía su curvatura y que se dedicó a Sacristía y vivienda del sacristán.

El Ayuntamiento en el mes de enero de 1908 y siendo alcalde don Manuel Mirat Domínguez, aprueba la demolición del atrio de san Marcos, sin las formalidades pertinentes y sin previo expediente de reconocimiento pericial, según denuncia la Comisión Provincial de Monumentos, que se reúne con el Obispo, don Francisco Javier Valdés y Noriega y con el Ayuntamiento pero sin éxito alguno. La Comisión Provincial es felicitada por la Real Academia de la Historia y con fecha 29 de marzo de 1908 por la Comisión Central por su labor en defensa del patrimonio artístico de la ciudad.

Se viene diciendo que la destrucción del atrio se efectuó en 1907 o en 1909, siendo lo cierto que, en medio de las gestiones que se estaban efectuando, el 13 de febrero de 1908 se completó el derribo del atrio y al demoler la Sacristía, adosada al templo, quedó al descubierto una muy antigua tabla de autor desconocido representando la Pasión de Jesús. 






PORTALES EXISTENTES



SOPORTALES DEL CORRILLO


Ocupaban la parte occidental de la plaza de san Martín, frente a la iglesia. Con fecha 15 de febrero de 1497, el príncipe don Juan, Gobernador de Salamanca, manda empedrar la plaza de san Martín que tenía una superficie de 26.000 m2 y nos permite conocer que algunas casas ya estaban dotadas de soportales.


Plaza del Corrillo, década de 1910. Fotografía de Eugène Lefèvre-Pontalis.
POP. Plateforme Ouverte du Patrimoine. Ministère de la Culture (France).
Dépôt de la Société Française d'Archéologie


Las columnas eran de hierro fundido cuando fueron colocadas en 1865 con proyecto del arquitecto don José Secall y Asión sustituyendo los pilares pétreos que tenían de antiguo. El 6 de diciembre de 1890 se aprobó la redacción del Proyecto para pavimentación de los soportales. En 1897 el arquitecto don Pedro Vidal redactó el Plan parcial de alineación y ese año se terminan de sustituir por columnas de hierro fundido los machones de piedra que quedaban (En realidad todos menos uno en el actual nº 20).

Entre 1923 y 1924 se cumplió un viejo proyecto del Ayuntamiento: la rebaja de la rasante de la plaza del Corrillo y la eliminación de la escalerilla que la separaba de la Plaza Mayor aduciendo la mejora del tráfico rodado en la ciudad abriendo la comunicación entre la Plaza Mayor y la plaza del Corrillo y pretendiendo descargar el tráfico de las calles del Prior, Doctor Riesco (Toro), Zamora y Poeta Iglesias. El proyecto mantuvo el nivel del suelo en los soportales quedando elevado sobre el suelo de la plaza del Corrillo, accediéndose a ellos mediante una escalera corrida de peldaños variables. Saber más

En 1954, tratando de recuperar su aspecto tradicional, se coloca chapa semicircular de piedra franca en las columnas de hierro fundido, los capiteles del mismo material y las basas de granito. En los capiteles pétreos (zapatas) de las últimas columnas en la zona próxima a la calle de Juan del Rey se graban los siete días de la semana con simbología griega y aparecen las iniciales del cantero A.H.M. y la fecha de 1954 en el capitel de la columna del Sol. Los nombres están asociados a los 7 planetas babilónicos: Lunes (Luna); Martes (Marte, dios de la guerra); Miércoles (Mercurio, dios del comercio); Jueves (Júpiter, padre de los dioses); Viernes (Venus, diosa del amor); Sábado (Saturno, dios de la agricultura y del tiempo) y Domingo (el Sol, día del Señor).  




SOPORTALES DE LA PLAZA MAYOR 


Soportales de la Plaza Mayor. Fotografía de Otto Wunderlich, Fototeca del Patrimonio Histórico


Es célebre la seguidilla: 

Salamanca, la blanca,
¿Quién te mantiene?
cuatro carboneritos,
que van y vienen. 

El oficio de carbonero tuvo una gran importancia a lo largo de los tiempos, aunque no siempre fuera reconocido así, lo que hizo de ellos personas tímidas y cortas que, cuando llegaban a las fondas, formaban rancho aparte en el rincón más oscuro y las mesoneras les “echaban” el vino con desprecio, al igual que hacían con los segadores.

En Salamanca antes de construirse la Plaza Mayor y en la enorme plaza de san Martin ocupaban los carboneros todo el territorio cercano a la iglesia de san Julián y la calle de Hovohambre, que luego se delimitó perfectamente al separarse la Plaza de los Carboneros por la construcción de la isla de cajones firmes, antes de edificar el lienzo del Pabellón Real. Prácticamente era la extensión que en 1909 ocupó el Mercado Central de Abastos. Se denominó también Plaza de la Fuente por la que existía desde 1691 y en el siglo XVIII en esa plaza se celebraba el “mercado franco” los martes y toda la “Feria” de setiembre, ambos acontecimientos de concesión real.

Pasaron los puestos callejeros de los carboneros a ocupar el vacío que había dejado libre la demolición del monasterio de san Carlos Borromeo de los Clérigos Menores en 1841 en la que luego se llamó Plaza de Colón, entre el Palacio de la Salina y la Torre del Clavero, por lo que se denominó al lugar como Plazuela del Carbón o de La Leña. Consistían en una hilera de chabolas con pies derechos de madera, paredes de tela y techumbres de lona, en los que trabajaban los zapateros remendones con el pestilente olor del cerote (pez y cera), que se mezclaba con el de las fritangas de los buñoleros, asentados frente a la Torre del Clavero. También tenían aquí sus puestos, más abajo, los carboneros y cisqueros. 

La Plaza Mayor es un cuadrilátero irregular pues las fachadas de los cuatro lados miden: 82,83 m la del Ayuntamiento; 74,76 la del Pabellón Real; 75,60 la de san Martín y 81,57 la de Pretineros, que encierran una zona diáfana de 6.374,13 m².     

Cuentan los soportales con los siguientes machones de sección cuadrada achaflanada en los 4 ángulos y cajeados en toda su altura, doble sencillo capitel y sencilla basa cuadrada: 

- Lado Ayuntamiento, 16 normales de medio punto, 4 grandes también de la misma traza y 2 pequeños, centrales, que sustentan un arco carpanel de la misma altura que los dos grandes, sobre la entrada a la calle de Zamora. Los dos últimos de la derecha sustentan un arco carpanel que da salida a la calle de Toro.

- Lado Pabellón Real, 21 normales y 2 grandes que sujetan un arco, también de medio punto que alcanza el enrase con el segundo piso.  

- Lado de san Martín, 17 normales  y 2 grandes de la misma traza para el arco que dan salidas a san Pablo y Corrillo. 

- Lado de Pretineros, 25 normales. Los machones sujetan los 88 arcos y los correspondientes medallones en las enjutas o albanegas. Los forjados de techos de los soportales están fabricados con vigas de madera y bovedillas de ladrillo.

Los materiales elegidos para la construcción de las fachadas de la plaza Mayor fueron: Sillares de piedra tosca franca de las canteras de La Pinilla para los cimientos y las 4 primeras hiladas de los machones de los soportales; sillares de piedra franca de grado fino, de la mejor calidad, de Villamayor para el resto de las fachadas; pizarra “a sepultura” de Mozárbez para las impostas, cornisas y pisos de balcones; granito (piedra pajarilla) de tonalidad gris azulado extraído de las canteras de Calzadilla para los machones, arcadas e impostas de la Casa Consistorial

Al terminar la construcción de la Plaza Mayor en 1755 por Andrés García de Quiñones, obras que había iniciado Alberto Churriguera en 1729, los soportales tenían las siguientes medidas, que nos ha facilitado el delineante jubilado del Ayuntamiento, Antonio Seseña: Promedio de altura, hasta la parte baja de las bovedillas, 4,10 m. Anchura de la acera del Pabellón Real, 4,69 m junto a la escalerilla del Pinto y 4,51 m en la del Ochavo. Acera de san Martín, 3,91 m junto a la anterior escalerilla y 3,93 m en el arco de san Martín. Toda la acera de Pretineros, 3,96 m. La acera del Ayuntamiento, 4,06 m en el arco de Concejo y 4,13 m en el de la calle de Toro. Todas las aceras de los soportales fueron enlosadas entre 1798 y 1800 y en 1876 se concluyó una nueva pavimentación. 


El Pabellón Real, archivo Mas 1927


El Pabellón Real se edificó exento, con soportales en sus dos fachadas longitudinales, sobre el solar municipal que ocupaba la isla de los “cajones firmes” y la “torrecilla del repeso”. Consta de 12 casas con 3 plantas de viviendas y local comercial con “tercerillos”, teniendo una planta más, llamada de “Covachuelas” con  bodegas, en la zona que mira la Plaza del Mercado.

Los “tercerillos” son una idea del comerciante Anselmo Prieto Hermosillo, quien en 1805 quiere instalarlos en sus tiendas que se extienden desde la escalerilla del Ochavo hasta el arco de San Pablo, números 16 al 19. Se encontraban en el interior de los comercios y solo sobresalían de la línea de fachada  (un pie aproximadamente) los balconcillos y rejas. La altura de las tiendas era considerable si tenemos en cuenta que el forjado del piso superior se elevaría, al menos, 0,80 m, sobre la altura que hemos dado a la parte baja de las bovedillas de los soportales, con lo que resultaría: 4,10 + 0,80 m = 4,90 m. 

El resto de comerciantes se sumó a la idea y tenemos constancia escrita de que se instalaron en la totalidad de los del lienzo del arco de san Fernando, constancia escrita y gráfica de la totalidad de los del lado de san Martín y carecemos de noticias de los de la acera de Pretineros, constando solamente que el primero que desapareció fue el del comerciante de telas Tomás Alonso del Moral, del número 41, a principios del siglo XX, cuando ya es de su viuda Aurea Moreno Brusi, que embelleció el comercio con una portada de nogal.


 Los comercio "Al Modelo de París", la peluquería de "Inestal" y la confitería de la "Baltasara",
donde hoy se encuentran la joyería Cordón y la cafetería Berysa. La fotografía permite contemplar
los desaparecidos "tercerillos".  Fotografía de Aurelio Paz dos Reis perteneciente
al Centro Portugués de Fotografía


Don Carlos Gutiérrez de Ceballos escribe en 1951: “Consistían los “tercerillos” en una planta o piso de pequeña altura situado entre la planta baja y el principal. Tenían unos balconcitos de iguales dimensiones, abiertos sobre los soportales, con un diminuto antepecho, y existían tantos como arcos, todos en perfecta simetría. Costumbre de los moradores del “tercerillo” era la de colocar una camilla al lado del balconcillo. Sentados en derredor de ella, los vecinos veían pasar a la gente por los soportales y fisgaban todo lo que en ellos acontecía. ¿Podéis imaginaros el encanto de unos interiores, a los cuales la luz del quinqué iluminaba como una estampa romántica? La fisonomía de la Plaza Mayor era, como puede comprenderse, de un delicioso intimismo, cuyo recuerdo aún perdura entre quienes lo conocieron.

Pero poco a poco, los “tercerillos” fueron suprimiéndose para dar mayor altura y capacidad a los comercios instalados en la planta baja. Hace unos cuarenta años todavía los “tercerillos” daban razón de existencia, permitiendo imaginarse lo que fue la Plaza cuando estuviera toda ella poblada de esos pequeñitos balcones tan atractivos y simpáticos, de los que, en la actualidad sólo queda uno aunque tapado por la muestra de un estanco”.

Fueron celebres las tertulias de la confitería “La Madrileña”, lugar de reunión de eclesiásticos; la de la confitería de “Las Guapas”, donde hoy la farmacia de Urbina, formada por caballeros de la buena sociedad salmantina; la de la farmacia de Crespo, hoy Mesón Cervantes, que daba cobijo a representantes políticos del integrismo católico, más radicales que el propio obispo padre Cámara, capitaneados por el catedrático don Enrique Gil Robles en la acera Real. En la del lado de san Martín la de la tienda de hierro viejo y herramientas de dos ancianas señoras, “Las Migueletas”, hoy cafetería “La Marimorena” (Plaza Mayor 18), que reunían diariamente a un  grupo de damas de la alta sociedad y que tenían por norma no abrir los cuarterones de la tienda a nadie que no hubiera sido previamente identificado a través de un ventanillo. Pasado el arco de san Pablo, la del comercio de Francisco Téllez Rus, hoy restaurante “Las Tapas de Gonzalo”, en la que se reunían matrimonios.

De los “tercerillos” se colgaban los artículos que se vendían en los comercios siendo célebre el de Elvira “La Cordonera”, con tienda abierta en 1820 como mercería, que a finales del siglo XIX se anunciaba como mercería y perfumería y después también como tienda fajas y corsés. Mujer de extraordinaria simpatía, apostada en el umbral de su establecimiento cantaba las excelencias de los géneros a cuantos merodeaban por los alrededores, que los podían contemplar a sus anchas, pues el abigarrado escaparate les salía al encuentro y además, los artículos se exhibían colgados, de los “tercerillos” siendo recogidos amorosamente a la hora del cierre del comercio.

Al objeto de conseguir mayor altura para los establecimientos comerciales, instalados en la planta baja, fueron desapareciendo poco a poco. Tenemos constancia de que a mediados de 1912 desaparece el más antiguo, que ocupaba los números 16 al 19, pues su dueño Prudencio Santos Benito modifica la fachada de sus comercios y traslada la lápida dedicada al poeta Iglesias de la Casa, situada en el número 19, donde había vivido hasta su fallecimiento y la coloca en la parte trasera del edificio, dando frente a la plaza que llevaba su nombre. El último “tercerillo” que desaparece lo hizo en 1956, cuando en lo que hoy es “La boutique del fumador”, el decorador Rafael Basulí Gost montó la fachada del estanco, expendeduría de tabacos número 1 de Salamanca, que databa de octubre de 1895, propiedad de Juan Meca. Traspasado a su pariente Moisés Romero García en julio de 1906, al fallecer éste en 1919, heredó la tienda su hijo Manuel, pasando luego a su hermana Herminia, que es cuando desaparece el “tercerillo”. Emilio Salcedo publica un artículo en La Gaceta sobre el último “tercerillo” dedicado al esposo de Herminia, su amigo Jesús Sánchez Lombardía.

La actual farmacia de Urbina tuvo dos “tercerillos” pues adquirió la parte de los Portales de san Antonio para instalar una droguería y perfumería. Lo mismo ocurrió con los números 11 y 12, cuando en 1946, “La Costa azul” de Manuel González Peláez, amplía las “Sederías Doyes” con su anexo de tejidos y confecciones “El Metro”, y entrada por los Portales de san Antonio

Entre 1818 y 1832 el Ayuntamiento permitió abrir 10 “tercerillos” enrejados en los Portales de san Antonio, que hoy nos permiten conocer cómo eran los de la Plaza. Para hacernos una idea podemos observar, en la esquina de la escalerilla del Ochavo que da al restaurante  “Zarauz”, la línea de imposta que hace de separación entre ambos pisos. También se puede observar que todavía quedan reminiscencias de ellos en los mechinales de las cabezas de sus vigas en algunos comercios de la Plaza.




SOPORTALES DE SAN ANTONIO
(Portales de Boneras o de Buhoneros y de Zapatero de Viejo)

Las conocidas como “covachuelas de las Consistoriales”, adosadas al edificio de la Lonja, eran uniformes, con 4 varas de frente y 5 y media de fondo, alquiladas por el Ayuntamiento para pequeñas tiendas fijas con la puerta como ventilación y se derribaron entre 1880 y 1882. Algunas se convirtieron en escribanías con banqueta, pupitre, papel y tinta donde los covachuelistas escribían cartas, memoriales, felicitaciones, etc. No olvidemos que el índice de analfabetismo, a finales del siglo XIX, pasaba del 60 %.

La Lonja, situada hasta 1928 donde luego el Gran Hotel, es el edificio oficial salmantino que más usos tuvo a lo largo de la historia. Aparte de Lonja de Contratación, fue: Cárcel Provincial, Casa Consistorial, Peso del Concejo, Botica, Juzgado de Instrucción, Juzgado Municipal, Audiencia de Jurados, Casa de Socorro, Laboratorio Químico Municipal, Escuela de Adultos, de Párvulos, de Niño y de Niñas.


Portales de san Antonio. Fotografía de Cándido Ansede



A la construcción de la Plaza Mayor, el que hoy es el lienzo del pabellón Real, puso de relieve un considerable desnivel, aflorando los sótanos de las edificaciones, sucesión de locales que tenían entre 330 y 370 pies cuadrados, auténticas bodegas, conocidas como “las covachuelas”, pequeñas tiendas que se habilitaron para vivienda colocando un tabique, consiguiendo así una alcoba donde dormir.

En virtud de la Real Cédula de 21 de febrero de 1798 el Ayuntamiento procede a la venta de Propios y los comerciantes de la Plaza, con ese motivo, aprovechan para convertirse en propietarios de las tiendas y sus “covachuelas”, que en la mayoría de los casos venían siendo explotadas en régimen de alquiler. Los pequeños comerciantes instalados en las “covachuelas” protestan porque los tocineros se colocan delante de sus establecimientos, impidiendo el paso a la clientela habitual, sin pagar cantidad alguna, mientras ellos pagan los tributos reales a su Majestad y la renta a los propietarios. Consiguieron que fueran trasladados a las Carnicerías Reales y que los vendedores de hierba, que también estorbaban, se marcharan a la plaza de santo Tomé (hoy de los Bandos).

A los buhoneros se les permitió que, provisionalmente, ocuparan los soportales de las “covachuelas” y cuando tras muchos años de ocupación llegó el momento del desalojo, se quejaron al Consejo de Castilla. A su espacio se le conoció como Portales de las Boneras o Soportales de buhoneros.


Soportales de san Antonio. Fotografía de Ansede y Juanes



En el pabellón Real entre 1818 y 1832 a las antiguas “covachuelas” se les permitió dotarse de “tercerillos” y en ellas tomaron asiento la mayoría de los zapateros de viejo, hasta el punto de que el 28 de diciembre de 1874, Silvestre García, pide autorización al Ayuntamiento para instalar su puesto de zapatero de viejo en el camarín de san Martín, en la plaza de Corrillo, por estar ocupados todos los lugares en la plaza de la Verdura. La presencia de los remendones ocasionó que fueran conocidos como Soportales de Zapateros de Viejo, más tarde los zapateros fueron trasladados al Correccional (calle Juan de la Fuente) y más tarde al Arroyo de Santo Domingo.

Los Soportales de san Antonio constan de 17 machones normales, 2, grandes que dan paso a la escalera central, construida en 1907 siendo anteriormente un rampa, por un enorme arco de medio punto que enrasa con el piso de la tercera planta y 2 de tamaño intermedio en las esquinas. Fueron pavimentados los soportales en 1806, al mismo tiempo que la Plaza Mayor.

En 1930 fueron de nuevo pavimentados utilizando las losetas desechadas de la pavimentación de la Plaza Mayor y fue colocada una acera en la enfrontada de los Portales.

La denominación de Portales de san Antonio es relativamente nueva, de finales del XIX o principios del siglo XX y deriva de la presencia de una vetusta y pequeña imagen de san Antonio de Padua colocada en el interior de los Soportales dentro de una hornacina cuadrangular de la que perdura aún el soporte, de la que se da noticia el 13 de junio de 1908 en la crónica de “Un reporter” (José Sánchez Gómez) en El Adelanto⁶. 


Soporte de la hornacina de la imagen de san Antonio


San Antonio es el patrón de muchas causas, “santo de todo el mundo”, tan pronto ayuda a la búsqueda de objetos perdidos y robados como intercede por los enamorados y matrimonios o se emplea para encontrar soluciones a problemas, sobre todo de dinero.

Se desconoce prácticamente todo sobre esta estatua de san Antonio: su origen, cuando fue colocada o cuando fue retirada y su destino. Parece que ya en 1930 no estaba y que hacía muchos años de ello como lo cuenta “Theudia” (Gabriel Hernández) en un artículo de El Adelanto del 21 de mayo de 1930⁷. 1913 fue el último año del que se tiene constancia de que el Santo se encontraba en los Soportales, esta vez por la reseña sobre la celebración de la verbena de san Antonio en el diario El Salmantino del día 14 de junio de ese año. Durante estas verbenas el Santo era engalanado con  flores y farolillos y era el momento en que recibía más solicitudes, sobre todo de matrimonio, por las mozas artesanas. 

Desde finales del siglo XIX los vecinos de la Plaza de la Verdura (futura Plaza del Mercado), a imitación de las celebradas en Madrid, organizaban la noche del 13 de junio la verbena de san Antonio, compitiendo enconadamente por ser la primera del año la ciudad.

Una verbena es una fiesta popular y nocturna que recibe este nombre por una pequeña flor de color rosa pálido que solían llevar los asistentes a la misma. El origen hay que buscarlo en las ancestrales celebraciones del solsticio de verano. En algunos lugares priman las hogueras purificadoras nocturnas y en otros “coger las hierbas de san Juan”, donde madrugando se recolectaban plantas aromáticas y medicinales con objeto de elaborar el “agua de san Juan” que servía de purificador y protección. En algunos lugares, entre ellos Madrid, la hierba recogida por excelencia era la verbena. En Madrid  se unió el alborozo nocturno y musical con la madrugada a la busca de la verbena. En el Fray Gerundio, un periódico satírico de política y costumbres, del 25 de junio de 1835 puede leerse: “Toda la gente se dirigía en seguida al Prado, que es el sitio en que se acostumbra en Madrid lo que llaman coger las hierbas y aquí tomar la verbena. Mi paternidad también dirigió su reverendísima humanidad hacia el Prado, a ver cómo era la verbena de Madrid”. Ya en 1852 la Real Academia de la Lengua incluyó el término verbena o noches de verbena como las fiestas de Madrid en las vísperas de San Antonio, San Juan y otras. Pronto estas fiestas se fueron transformando en verbenas de modistillas, de chulapos y chulapas que acabaron siendo exportadas a toda España. 

La denominación de Portales de san Antonio fue imponiéndose a la de Portales del Mercado, que también había nacido a principios de siglo a raíz de la construcción del edificio del Mercado, hasta convertirse según avanzaba el siglo, en la predominante. Incluso fue dirección de correo con numeración correlativa comenzando por la escalera de Pinto hasta la del Ochavo. Hoy, no existe ya esta dirección, que fue integrada dentro de la Plaza del Mercado con numeración circular en el sentido de las agujas del reloj y correlativa, por lo que los establecimientos de los soportales invirtieron su numeración. La denominación Portales de San Antonio hoy está en desuso y muchos jóvenes salmantinos la desconocen.



SOPORTALES IGLESIA DE SAN BENITO


En el lado sur posee una preciosa portada gótica, añadida a finales del siglo XVI, cobijada bajo tejaroz apoyado en una esbelta columna exterior con capitel-zapata, estilo renacimiento. Un arco carpanel soporta dos pares de arcos conopiales bajo dos arcos de medio punto y otro también conopial, todos con arquivoltas cubiertas de follaje continuo, consistente en hojas de vid y racimos con algunos animalillos y ornamentación minuciosa y delicada con sobrepuestos de cardinas en el exterior, culminado todo en cogollo gótico.


Portada de San Benito. Martínez de Hebert, hacia 1867


Los dos arcos conopiales acogen en su neto la escena de la Anunciación troceada. El de la izquierda luce la figura del arcángel Gabriel arrodillado, con airoso y volante manto de plegados naturales, saludando a María por medio de una filacteria con el texto bíblico (Luc. 1,28) (hoy desaparecido, al igual que la varita que lo portaba) y el de la derecha a la Virgen, también de rodillas, con la mano derecha sobre un libro abierto, al que el viento mueve las hojas, significando la sabiduría, ante un reclinatorio gótico con arquillos de herradura y delante un jarrón de azucenas, símbolo de la pureza en la Virgen. La figura de María responde al modelo clásico flamenco por sus facciones, peinado y atuendo. En la parte superior, bajo el arco conopial y entre cinco curvaturas de arco, la figura del Padre Eterno bendiciendo con la mano derecha y soportando el orbe con la otra, el Anciano de las vestiduras blancas del profeta Daniel. (Dan. 7,9).

Entre las pilastras laterales “recambiadas”, superadas por pináculos góticos y la macolla central superior, campean dos escudos nobiliarios: Fonseca con las 5 estrellas y Acebedo con lobos y acebos.




SOPORTALES IGLESIA DE SAN ESTEBAN


Cándido Ansede

A la entrada del convento se encuentra un amplio atrio plateresco, diseñado por  Juan Ribero de Rada entre 1590 y 1592, sostenido por 9 columnas y 2 medias columnas en los extremos, alojadas en los muros. Son de fuste liso y esbelto con decoración muy sutil que da lugar a arcos de medio punto. En la enjutas, bajo línea de casetones separados por pequeñas estrías verticales. presenta medallones con figuras dominicanas, obra del escultor Martín Rodríguez, en los que figura san Esteban, santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino, san Pedro mártir de Verona, san Antonio de Florencia, san Vicente Ferrer, santa Catalina de Siena y san Pio V. En los extremos del pórtico lucen sendos medallones con el emblema de santo Domingo, un perro que lleva en la boca una antorcha encendida.




La balaustrada plateresca, sobre el alero, lleva 12 columnillas rematadas en bolas.

Se ornamentan los capiteles con motivos vegetales de hojas y pequeñas volutas que, casi ocultan cabezas de ángeles o figuras humanas. La ornamentación en las enjutas y arquivoltas es muy estilizada, así como el techo artesonado. Las basas son clásicas molduras que descansan sobre zócalos algo elevados. Todo el conjunto está realizado en piedra de Villamayor.







SOPORTALES DE LA GRAN VÍA


En 1902, el ingeniero Gumersindo Canals concibió el eje vial que uniría la carretera de la Estación con el puente de hierro, entonces en construcción sobre el Tormes. El primer anteproyecto para la construcción de la Gran Vía salmantina, obra del arquitecto Pedro Vidal, lleva fecha de 1903. 

El 22 de febrero de 1907, el arquitecto municipal Santiago Madrigal presenta la Ponencia Especial de la Gran Vía y, entre el 7 de junio y el 7 de julio de 1907, quedó expuesto en el Ayuntamiento el plano de alineaciones de la nueva Gran Vía, en la zona comprendida entre la Alamedilla y la calle de Asadería, para posibles reclamaciones de los vecinos, sin que durante ese tiempo se produzcan. De este modo, el proyecto quedó definitivamente aprobado. Posteriormente, en 1914, fue modificado por Joaquín Secall Domingo, arquitecto municipal desde 1911 hasta 1924.

Las ordenanzas constructivas de la nueva vía fueron variando con el paso del tiempo lo que motivó la evidente falta de homogeneidad en la calle. A partir de 1940 se hizo obligatorio el uso de la piedra de Villamayor en muchas de las calles, entre ellas se encontraba la Gran Vía. Las Ordenanzas de Construcción de la Gran Vía se aprueban definitivamente en 1943, exigiendo soportales en los edificios cuyas fachadas que miran a poniente y el empleo del estilo historicista en su diseño. Nuevas Ordenanzas aparecen en 1960 para autorizar mayores alturas de los edificios en dos de sus tramos. 

Para su construcción se derribaron todas las edificaciones que constituían las calles de la Alberca (desde la Alamedilla a la Ronda de Sancti Spíritus), Cárcel (hasta la Cuesta de Sancti Spíritus) y Ramos del Manzano (hasta Juan de la Fuente), además de las calles de Canteros, Mercado de la Cebada o del Grano, Pajaza, Palomo, Pozo del Campo, y algunos tramos de calles que aún existen y se cambió la denominación de la de Ramos del Manzano. A pesar de los derribos el avance en su construcción no fue muy significativo hasta la finalización de la guerra civil.

El nombre de Gran Vía que llevó la calle desde 1907 fue cambiado el 13 de enero de 1942, siendo alcalde de la ciudad Francisco Bravo, cuando la comisión municipal permanente decidió que en lo sucesivo recibiría el nombre de calle de España. Esta denominación se mantuvo hasta el 29 de julio de 1988, cuando recupera su nombre original; aunque, a nivel popular, nunca dejó de ser conocida como Gran Vía.



La primera casa, que se construye en 1933, es la que hace esquina con el Paseo de Canalejas, propiedad de doña Ana Mirat, con proyecto de Eduardo Lozano Lardet en estilo racionalista y en cuya planta baja se instala el café Capitol. 

Los números 7 a 17 están construidos con una mezcla de estilos: historicista de posguerra, con guiños al barroco y al gótico, y racionalista. El edificio nº 7-9 también fue diseñado por Eduardo Lozano Lardet en 1946 para Ricardo González Ubierna, Julio Pérez Álvarez y Evaristo Marcos Marcos, con formas clásicas propias del estilo historicista; por su parte, el edificio nº 15-17 fue proyectado por el arquitecto Ricardo Pérez en 1938 para Dimas Ledesma y constituye una de las muestras más representativas del estilo racionalista salmantino. El edificio nº 11-13 fue trazado en 1948 por Francisco Gil para Manuela López, en un estilo desornamentado, con fachadas de piedra franca⁸.



El número 19 —diseñado en 1951 por el arquitecto Ricardo Pérez, de nuevo, para Dimas Ledesma y enmarcado plenamente en el estilo historicista— tiene 3 fachadas: a Gran Vía y Cuesta de la Raqueta.

Hasta aquí no existen soportales. 

El número 21-23, fue diseñado por Francisco Gil⁹ en 1947 para Luis Domínguez Guilarte —catedrático de Derecho y constructor— y otros. Edificado en 1948, es de estilo historicista y en él se inician los soportales. La puerta del edificio todavía luce el número 1, ya que en el momento de su construcción allí se iniciaba la Gran Vía. La plaza —confluencia entre Azafranal, Ronda de Sancti Spiritus y Alamedilla— que desde 1907 había llevado el nombre de Gran Vía, cambió en octubre de 1933 por el de plaza del Doctor Población y, desde 1938, tras el fracaso del año anterior de llamarla plaza del General Mola, se la denominó plaza de José Antonio Primo de Rivera. No fue hasta 1979 cuando recuperó la denominación de Gran Vía.

El edificio de Correos y Telégrafos ocupa los números 25 a 29, desde que se trasladó de la Plaza de santa Eulalia. El proyecto es obra de los arquitectos Manuel Valdés y Carlos de la Fuente con medallones y escudos en estilo simplista y se inaugura en 1974.

El edificio del número 31 fue edificado para servir de sede al Gobierno Civil. Con diseño de 1944 del arquitecto Fernando Domínguez Dampierre y dirección de Francisco Gil, se concluyó en 1956 con 4 alturas, la baja porticada. Columnas dóricas pareadas enmarcan la portada y sustentan el arquitrabe de tres arcadas de medio punto, en granito. Desaparecida la figura del Gobernador, hoy es la subdelegación del Gobierno.

Inmediato a este edifico se construyó la casa de la Falange con planos de Fernando Población del Castillo de 1955. En la primera planta se dispuso un balcón corrido para arengario en las celebraciones por lo que se retranqueó bastantes metros para dejar una plaza exenta. La numeración de este edificio no corresponde a la Gran Vía si no a la plaza de la Constitución.



Los números 33 a 37 están ocupados por la Audiencia Provincial, que data de 1956 y presenta en su fachada cuatro enormes machones almohadillados de granito que dan lugar a tres arcos de medio punto. Es obra de los arquitectos Francisco Javier Barroso Sánchez-Guerra y Ricardo Pérez Fernández. Tiene un edificio gemelo que es la Audiencia de Sevilla.

La antigua oficina de la Delegación de Información y Turismo, hoy anexo a la Audiencia Provincial de Salamanca y Unidad de Intervención Educativa de la Junta de Castilla y León, nº 39-41, acabada en 1962, hace esquina con la entrada a la Cuesta de Sancti Spíritus. 

Al iniciarse los años 80,  tras permanecer algunos años paralizado, se terminó el bloque nº 43 sobre el solar que fuera de la Cárcel Vieja. Aunque porticado, aparece retranqueado con respecto a la línea de calle de la Gran Vía para permitir el acceso a la calle de la Reja.



La esquina del lado contrario, el número 45, inicia un largo tramo de soportales —el más largo de la Gran Vía con casi 95 m— hasta el Colegio Mayor Hispano Americano “Hernán Cortés”, en la confluencia con la calle Asadería. Fue diseñado para hotel por el arquitecto municipal Ricardo Pérez Fernández en 1945 y adquirido por la Universidad el 22 de noviembre de 1949 en 3 millones de pesetas. El Colegio se trasladó en 1974 a la Huerta de san Vicente, junto a la muralla. El edificio de la Gran Vía fue cedido por la Universidad en 1984 al Ministerio de Educación y albergó la Dirección Provincial del citado organismo. Con la cesión de las competencias en educación, el edificio pasó a la Junta de Castilla y León para cumplir la función de oficinas de la Consejería de Educación. Actualmente, acoge las de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León.




El edificio nº 57, diseñado en 1943 por Ricardo Pérez Fernández, subiendo a la calle de Asadería, carece de soportales, ya que la normativa constructiva de la Gran Vía todavía no los exigía cuando fue construido.
Aparecen de inmediato los soportales en el nº 59-61, para desparecer en el solar correspondiente al nº 63, sin construcción —aunque recientemente se ha anunciado en prensa que será edificado próximamente— y vuelven a reaparecer en el nº 65, continuando con el nº 67 hasta alcanzar la calle del Banzo.


El solar nº 63


Imagen del libro Desarrollo urbanístico de Salamanca
en el siglo XX de David Senabre López. 
 

Es el solar del último edificio superviviente de una línea de tres construcciones diseñadas por Santiago Madrigal entre 1918 y 1922, formalmente distintas, pero de indudable unidad estilística. El desaparecido edificio, de estilo ecléctico y armónico de proporciones, estaba construido utilizando mampostería de piedra franca en su fachada, con tres niveles de alturas y vanos de arcos rebajados y enmarcados con molduras de piedra que a su vez sirvieron de ménsulas, tipo modillón de recuerdos barrocos, para la sujeción de los balcones y de la cornisa moldurada del piso superior, que sobresale claramente del plano de fachada. Sobre la cornisa se levantan pequeños remates ornamentales acabados en pináculos. Los arcos rebajados que enmarcan los accesos principales estaban construidos con dovelas simulando arquivoltas con clave resaltada que acentúa la estructura pétrea de la fachada. En su demolición fueron marcadas las piedras de la fachada para su futura reconstrucción, cosa que ya lleva una demora de 40 años y hace dudar de cuál será el resultado si finalmente se construye: ¿Mantendrá su fisonomía original o habrá soportales y estilo historicista propio de la Gran Vía o tal vez algo intermedio?



Continúan los soportales en los nº 71-73 y 75-77, interrumpidos por las calles san Justo y Abogados de Atocha, en cuya confluencia se encuentra el edificio de Sindicatos nº 79-81, obra de Fernando Población e inaugurado el 18 de febrero de 1955.  Vuelven a desaparecer los soportales al alcanzar el colegio de las Siervas de San José, en la esquina de Marquesa de Almarza



En la esquina contraria de Marquesa de Almarza vuelven a estar presentes los soportales desde el número 93-95 al número 101, edificio proyectado en 1949 por Francisco Moreno López para José Alonso-Bartol Mazpule, cuyo sobrio diseño condicionó al contiguo anterior, nº 97-99, que fue diseñado en 1956 por el arquitecto D. Jorge Fernández de Cuevas para servir de viviendas a jefes y oficiales del Ejército del Aire, razón por la cual el bloque fue conocido como “edificio de Aviación”.

Aquí terminan los soportales de la Gran Vía, en total son más de 550 metros de soportales, que serán ampliados con 15 metros si se construye el mencionado solar nº 63.

Los edificios del lado oeste carecen de soportales y, salvo alguna excepción, fueron construidos en estilo historicista de la posguerra. Únicamente lució soportales el teatro Gran Vía, construido por el arquitecto Francisco Gil e inaugurado en Ferias del año 1946, dotado de nueve machones de base cuadrada, totalmente lisos. Derruido en los años 80, fue sala de bingo y hoy es edificio de viviendas, haciendo esquina con la calle de la Rosa.


Edificio del cine Gran Vía diseñado por Francisco Gil. Fotografía de Guzmán Gombau




Cronología de la normativa para la urbanización de la Gran Vía

-1903 Proyecto de Gran Vía de Pedro Vidal.
-1907 (22 de febrero) El arquitecto Santiago Madrigal presenta Ponencia especial de la Gran Vía.
-1912 (3 de julio). Aprobada la variación de rasantes de la Gran Vía.
-1928 Proyectado y contratado a la Nueva Sociedad General de Construcciones un Colector General llamado del Este
-1932 (3 de octubre). Presentación del nuevo trazado del Colector Este. Proyecto de modificación del proyecto de alineaciones de la Gran Vía.
-1941 Revisión de la Ordenanza municipal de construcción en la Gran Vía.
-1942 Reforma de la Ordenanza de edificación de la Gran Vía.
-1942 (4 de diciembre). Proyecto de expropiación de una franja de terreno de veinticinco metros a ambos lados de la Gran Vía.
-1943 (23 de diciembre) La Comisión de obras conoce el Anteproyecto de urbanización del primer tramo de la Gran Vía. Recepción provisional de las obras de urbanización de la calle España -Gran Vía-.
-1943 (27 de diciembre) Moción para dar a conocer la Ordenanza de la edificación de la Gran Vía.
-1944 (14 de abril) Aprobación definitiva de la Ordenanza de la Gran Vía.
-1947 (25 de noviembre) Modificación de alineaciones en el segundo tramo de la Gran Vía entre San Julián y Santo Domingo a 19,50 metros.
-1954 (3 de noviembre) Expropiación de los números 8, 10 y 12 de la calle Bermejeros para abrir la prolongación de la calle Correhuela hasta la Gran Vía y así facilitar el acceso a Pozo Amarillo y al Mercado. El ingeniero remite el proyecto y el presupuesto de obras de urbanización de la plaza de la Reina y la calle Correhuela por 95.118 ptas.
-1958 (29 de diciembre) Modificación de las Ordenanzas especiales de la Construcción para la Gran Vía en sus tres tramos.
-1960 (12 de mayo) Modificación de las Ordenanzas de la construcción de la Gran Vía.
-1961 (16 de septiembre) Algunas correcciones al articulado de la Ordenanza Especial de la Gran Vía.
-1961 (9 de noviembre) Moción Presidencial sobre el concurso de ideas para el desenlace la Gran Vía.
-1967 (12 de agosto) Revisión y aprobación del VIII Presupuesto Extraordinario para la financiación de la 1ª Fase de actuación del Plan Parcial de la desembocadura de la Gran Vía en 25.112.625 ptas. La aprobación definitiva fue el 9 de septiembre.
-1973 (1 de marzo) Inauguración de la urbanización del tercer tramo de la Gran Vía.



OTROS SOPORTALES


Estos no fueron los únicos soportales que hubo en Salamanca, nos quedan noticias otros como los Portales de Entalladores en la calle Estafeta (hoy calle Francisco de Vitoria) o los Portales de la Isla de la Panadería (alhóndiga del vino) o Portales del Peso de los que todavía permanecen restos en los muros de los actuales edificios.


Pilares en el muro del edificio del restaurante
Rio de la Plata, Portales del Peso


También existen otros soportales en la actualidad, entre los que destacan los de la plaza del barrio de Nuestra Señora de la Vega: En octubre de 1946 el Instituto Nacional de la Vivienda presentó un proyecto de construcción de un barrio de viviendas baratas para la clase obrera con 644 viviendas próximo a la carretera de Béjar. Colaboraron el Gobierno Civil, el Ayuntamiento y la Diputación Provincial además del Colegio de Arquitectos que aportó los planos, incluyendo en el proyecto a Genaro de No, Joaquín Secall, Eduardo Lozano Lardet, Lorenzo González Iglesias. La inauguración del barrio de la Vega, en 1954, tuvo la presencia de Francisco Franco.


Soportales de la plaza del barrio de la Vega

Son también notorios los de la calle Emigdio de la Riva en el barrio Vidal o los muy polémicos de la plaza de la FuenteExisten además diversos soportales de moderna factura en áreas recientemente urbanizadas.


Soportales en la calle Emigdio de la Riva 




Notas:

¹  Mª Nieves Rupérez Almajano y Mª del Mar Gragera Rodríguez, La Plaza Mayor desde fines del medievo hasta 1729. Plaza Mayor de Salamanca Vol I

² Ya que no aparecen en el plano del ingeniero Francisco García San Pedro de 1864

³  En la sesión del consistorio del 28 de noviembre de 1917: "El señor Pérez Criado, pide que por la comisión de Policía se dé un nombre a la calle del Navío, pues por haberse fundido dos calles en una, tiene dos denominaciones la citada vía." El Salmantino Año IX Número 2233 - 1917 noviembre 29 

Archivos Municipales (Nº 291). 18-I-1918. Con motivo del derribo de casas entre Quintana y Navío, la nueva vía pública surgida se denominará «Quintana». Nota en el volumen III de la obra Plaza Mayor de Salamanca, 2005

⁴ Así el periódico Adelante del 28 de septiembre de 1865 publica el siguiente anuncio: 

VENTA. se hace de una Cobachuela en la calle de Quintana, con puerta accesoria para la del Ochavo. En la calle de la Nevería, núm. 13 o de Libreros núm. 32 darán razón.

Se deduce que la covachuela tenía una puerta a la calle Quintana y otra a la del Ochavo y esta, por proximidad, no podría más que ser la del Navío o tal vez la plaza del Poeta Iglesias (o de la Lonja) sin que ninguna de las dos parezca apropiada, salvo que en algún momento se denominase al tramo entre la calle Quintana y la Plaza Mayor como calle del Ochavo.

⁵ La Liga de Contribuyentes de Salamanca : paz, justicia, buena administración, trabajo, economías: Año VI Número 197 - 1887 mayo 8 "De conformidad con lo dictaminado por la comisión de puestos se acordó que los que ocupaban los panaderos en los portales titulados del Pan, se sitúen en los conocidos por los de la Menoría en la plaza de la Verdura"

⁶  El Adelanto : Diario político de Salamanca: Año XXIV Número 7355 - 1908 junio 13

⁷  El Adelanto : Diario político de Salamanca: Año 46 Número 14126 - 1930 Mayo 21

⁸  Sara Núñez Izquierdo, La obra de Francisco Gil

⁹ La único argumento que hemos encontrado de que este edificio fue diseñado por Francisco Gil está en el libro de David Senabre Desarrollo urbanístico de Salamanca en el siglo XX, Foto Nº 384. Sara Núñez Izquierdo en su trabajo El arquitecto Francisco Gil González... no menciona este edificio.



BIBLIOGRAFIA

La Plaza Mayor de Salamanca, Alfonso Rodríguez de Ceballos, 1991

La Plaza Mayor de Salamanca, Conrad Kent. 1998

La Plaza Mayor de Salamanca 3 Vol. Director Alberto Estella Goytre, 2005

Salamanca a finales del siglo XIX, Carlos Gutiérrez de Ceballos, 1951

Urbanismo de Salamanca en el siglo XVIII, María Nieves Rupérez Almajano, 1992.

Desarrollo urbanístico de Salamanca en el siglo XX. David Senabre López, 2002

Arquitectura y Urbanismo en Salamanca (1890-1939), José Ignacio Díez Elcuaz 2003  

El arquitecto Francisco Gil González (1905-1962) y la arquitectura salmantina del segundo tercio del siglo XX, Sara Núñez Izquierdo,2014

El último “tercerillo” de la Plaza Mayor, Emilio Salcedo.

Alfares en Salamanca, Rosa María Lorenzo y colaboradores, 1999

Historia de la Plaza Mayor de Salamanca en planos, Antonio Seseña Arévalo, 2012

La Iglesia y el Convento de San Esteban de Salamanca, Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, 1987

Prensa: El Adelanto y El Salmantino.