La Mendicidad en Salamanca

 

"Mendigo", fotografía de Felipe Torres.
Portal Vega (Diputación de Salamanca)


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Por José María Hernández Pérez
14/07/2026 Rev. 0


  

El problema de la mendicidad viene de muy antiguo, como se refleja en la elaboración de normas, así como en la creación de instituciones para socorro de los pobres, a través de los cuales se pretende encauzar la práctica personal de la caridad. Destacan el Fuero extenso de Jaca de 1187, el Fuero Juzgo de 1235; el Fuero de Salamanca; el Fuero Real de 1255 y el Código de las Siete Partidas de 1256. 

La caridad se asentaba en un sentimiento religioso, la atención a la persona necesitada (enfermo, inválido, indigente, pobre, niño abandonado, huérfano, etc.) y nacen las primeras leyes respecto a la pobreza, que molesta a la colectividad y se intenta impedir la mendicidad al pobre que se considera válido para el trabajo, llegando incluso a castigar con penas al reincidente. 

Se crean: hospitales, (que no sirven solo de acogimiento a enfermos sino que reciben a transeúntes, peregrinos, inválidos, dementes, pobres, gentes sin casa y toda clase de menesterosos), hospicios, casas de expósitos, de misericordia, de huérfanos, hogares de impedidos y decrépitos, patronatos, fundaciones, memorias pías, etc. 

Respecto a las Asociaciones de Caridad, más tarde surge la Escuela de Salamanca, destacando la controversia que mantuvieron el teólogo dominico Domingo de Soto y el Abad del monasterio benedictino de san Vicente, Juan de Robles, en Salamanca el año 1544, reflexiones por escrito que remitieron al toresano cardenal Juan Pardo Tavera que había promulgado una Ley en 1540, con vigencia en Toledo, Madrid, Zamora, Valladolid y Salamanca. Constituye una discusión teológica y filosófica sobre las responsabilidades de la Iglesia y el Estado, la caridad cristiana frente a la asistencia social organizada y la naturaleza de los derechos de los pobres.

Versa sobre las medidas punitivas contra los vagabundos, la limitación de movimientos a extranjeros pobres, a los peregrinos, a las órdenes mendicantes, el tratamiento jurídico de los pobres llamados “envergonçantes” (que tuvo una Cofradía en Salamanca), la naturaleza del deber de dar limosna y las esenciales medidas tras la prohibición de la mendicidad. Su origen se encuentra en el pensamiento social de Juan Luis Vives, que destacó como teórico de la pobreza junto a Domingo de Soto, Juan de Medina, Lorenzo de Villavicencio, Miguel de Giginta, Cristóbal Pérez de Herrera y Juan de Robles.

La Cofradía de Pobres Vergonzantes (persona que por dignidad u orgullo ocultaba sus necesidades), existió asociada a la parroquia de san Martín.

El Colegio Menor de la Purísima Concepción de los Niños Huérfanos fue fundado en 1542 por Francisco de Solís, secretario y médico particular del papa Pablo III, para acogida y educación de huérfanos y niños carentes de recursos.


Colegio Menor de la Purísima Concepción de los Niños Huérfanos
fundado en 1542 por Francisco de Solís


La Cofradía de san José y Nuestra Señora de la Piedad en 1586 toma a su nombre la Casa de Expósitos, encargada de recoger los niños abandonados, buscarles un ama de cría y velar por su cuidado y atención. El Concejo, el Obispo y el Cabildo, ante el incremento de niños abandonados y la elevada tasa de mortalidad crean en 1613 una nueva Cofradía, que dependerá del Cabildo y se llamará de Nuestra Señora de la Misericordia con sede en el Hospital del mismo nombre situado en la calle de Asadería, en la plaza de la iglesia de san Cristóbal. 


Hospital  de Nuestra Señora de la Misericordia
Fotografía de Martínez de Hebert en 1863


En 1720 se acondicionan dos casas de la calle de Gibraltar y nace el Hospital de san José, que Fernando VII une con el Hospicio situado donde hoy el Aspirantado del Maestro Ávila.


Hospital de san José más tarde colegio de San Ambrosio y actualmente
sede del Archivo General de la Guerra Civil. Fotografía del archivo Loty

Primitivo colegio de los Jesuitas, más tarde hospicio y actualmente colegio Maestro Ávila


La primera Casa de Mendicidad salmantina estuvo situada en el Colegio Mayor de Cuenca en 1804, cuando la Junta de Socorro y Beneficencia solicitó a la Universidad la cesión para acogimiento de los “sin techo”. Fueron cedidas dos dependencias, una para hombres y la otra para matrimonios.

La Ley General de Beneficencia de 20/06/1849, es conservadora y define a ésta como de carácter público, correspondiendo al Gobierno su dirección. Se constituye en sistema de protección social coordinando los organismos administrativos que se crean en su artículo 5º, (Junta General, Junta Provincial y Juntas Municipales, que ya existían por la Ley de 1821), con la participación de personal civil, eclesiástico, facultativo y vocales municipales. Se financia con un fondo patrimonial común, compuesto por bienes de naturaleza pública (presupuestos) y privada (fundaciones, rentas y limosnas), estableciéndose dos clases de centros: públicos y particulares. A las autoridades eclesiásticas se les asignan papeles importantes en la gestión pública.

En 1852 una nueva Ley, en su artículo 43, establece las funciones del Gobierno, de la Administración y de la Estadística. En 1868 se suspenden las Juntas pasando a las Diputaciones Provinciales y en 1873 se vuelven a crear introduciendo la figura del Administrador Provincial de Beneficencia.

Ya en marzo de 1861 en el periódico Adelante de Salamanca se hacen eco del problema de la mendicidad y no ve recomendable el hecho de la limosna que socorre al pobre pues no siempre se hace un acto de caridad, ya que a medida que aumentan los socorros se agranda el número de pobres en la misma proporción. Más adelante pronostica que los Hospicios, Hospitales y Talleres de Trabajo, bien organizados, producirían suficiente para minorar la mendicidad.

El principal deber, el más sagrado de todo gobierno, es combatir con fuerza y por medios eficaces las causas que producen la miseria, procurar trabajo al pobre que pueda trabajar, recogiendo en asilos destinados al efecto al anciano, al niño y al enfermo, hacer, en una palabra, que desaparezcan gradualmente las huellas de la mendicidad y después destruirla en su origen. De todas las enfermedades sociales la mendicidad es la más terrible, la más formidable.

El convento de san Esteban, en tiempos de la francesada, prestó sus instalaciones para albergar a los pobres del Hospicio, dado el peligro que corrían por la proximidad de las batallas en la zona de san Vicente. Volvió a ser refugio de pobres y mendigos tras la desamortización, hasta que se autorizó la vuelta de los padres dominicos el 04/11/1880. 


Muros del "Correccional" en la calle de Juan dela Fuente, antiguo convento de Trinitarios
descalzos. Fotografía del archivo Loty en la fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural


En 1867 se había creado un Hospicio Asilo para mendigos que se situó en el “Correccional”, en la calle del Arroyo de santo Domingo, también denominada de Las Golosas, por los dulces que fabricaban las monjas del convento de las Dueñas, que tenían ventanas a la misma calle. (En 1859 se la conocía por el Arroyo de santo Domingo y en 1889 pasó a tener la denominación actual de Juan de la Fuente, que fue conde consorte de Crespo Rascón por su matrimonio con doña Teresa Bermúdez de Castro y Sánchez Rascón y Alcalde de Salamanca de 1884 a 1886). La labor del Hospicio Asilo instalado en 1867, que contó con media docena de habitaciones con ducha, fue continuada en 1910 por la “Asociación para la mendicidad”, que lo dotó de cocinas económicas y comedores para personas necesitadas y donde se repartían las “patentes de pobre”. 

Estaba integrado en lo que fue convento de los Trinitarios Descalzos y tras la Desamortización de Mendizábal en 1836 fue expropiado y pasó a manos del Estado, tras la exclaustración de los religiosos y cedido al Ayuntamiento por R. O. de 30/06/1845, con la condición necesaria de habilitar en él un cuartel, pues de lo contrario volvería a la propiedad del Estado, que lo destinó a “Cárcel correccional” y “Prisión Provincial” para reclusos condenados y a condenados a trabajos forzados o penas de corrección, no solo a presos preventivos. No era “Cárcel de Partido”, ni “Cárcel de Distrito”. Tenía problemas para los reclusos dada su estructura, produciéndose abundantes casos de hacinamiento, humedad e insalubridad. Es descrito como un lugar oscuro y mal ventilado que provocaba frecuentes epidemias entre los presos. Se convirtió a finales del XIX en el principal centro de reclusión de la provincia. Ostentó por muy poco tiempo tal categoría, pues se trasladó a Valladolid.

La zona del Arroyo de santo Domingo tuvo diversidad de usos: almacén municipal, panadería o tahona reguladora del suministro de pan, parque de bomberos, perrera municipal y laboratorio municipal de análisis en 1904. 

El 25 de diciembre de 1872 fundan en la calle de Padilleros, número 15, el primer Asilo para Pobres, unas monjas pertenecientes a la congregación creada por Juana Jugan, conocidas como las “Hermanitas de los Pobres”, que se trasladan al palacio de las 4 torres, de la plazuela de santa Eulalia en 1878.

Rafael Pérez Piñuela funda el Asilo de san Rafael el 23/08/1874 en su propio domicilio, situado en la calleja cerrada que hoy lleva su nombre, para ancianos carentes de hijos que atendieran a su sustento. Fallecido en 1878, tropezaron con el inconveniente de que había dejado parte de su fortuna en usufructo a algún pariente y criados, por lo que hasta 1907 no dispusieron de la totalidad de la herencia. En 1908 se traslada el asilo a una finca de 13.000 m2, adquirida en el Paseo del Rollo e inaugurando las magníficas instalaciones el día de la Inmaculada.


Asilo de san Rafael en el paseo del Rollo en la década de 1950


Las fundaciones de Memorias y Obras Pías encomendaron el patronazgo al Cabildo Catedral y en virtud de la Ley 20/06/1849 algunas fueron devueltas a sus respectivos patronos (Seminario de Carbajal, Casa de Recogidas). El Cabildo tuvo a su cargo el Seminario de Expósitos, otro de Pobres Huérfanos, un Hospital de Ancianos, una Casa de Recogidas y 39 Memorias para fines de Beneficencia. Las 39 Memorias eran: 1. Juan Rodríguez Alaejos; 2. Melchor Albistur; 3. Antonio Almansa; 4. José Armenteros; 5. Beatriz Balmaseda; 6. Francisca Balmaseda; 7. Juan Baños y Barrientos; 8. Juan Bedel; 9. Diego Bello; 10. Diego Bonal; 11. Antonio Castro; 12. Cosme Castro; 13. Gutierre Castro; 14. Domingo Corrionero; 15. Juan Frías;    16. Domingo González; 17. Antonia Gordillo; 18. Pablo Herrero; 19. Pedro Jerique; 20. María Lira; 21. Alonso Maldonado; 22. Roque Martínez; 23. Susana Martín; 24. Diego Mora; 25. Gerónimo Mora; 26. Diego Olivares; 27. Francisco Ordóñez; 28.     Bernardo Ordóñez; 29. Francisco Osorio; 30. Francisco y Ana Martín Parada; 31. Francisco Parada y su mujer María Armenteros; 32. Lucas Pozo; 33. Pedro Ramírez Arroyo; 34. Juan Ramos Cortés; 35. Isabel Robles; 36. Isabel Ruiz; 37. Francisco Salinas; 38. Nicolás Tejeda y 39. Juan Villafañe. Algunas todavía existen a día de hoy.

Como consecuencia de haberse empleado bienes de Memorias en las obras de reparación de la Catedral, dos de los integrantes del Cabildo dimitieron de sus cargos. 

A primeros del siglo XX existe una legión de niños desamparados que alargaban la mano en solicitud de una limosna, lanzados por sus propios padres, en lugar de enviarlos a la escuela donde recibirían una educación que les hiciese provechosos para la sociedad. 

En Salamanca el sistema económico es injusto y el atraso cultural muy grande por lo que las clases trabajadoras malviven sin perspectivas de futuro. Los pordioseros, pobres permanentes, mendigos e indigentes pueblan los padrones municipales, los analfabetos, alcohólicos y jugadores son muchos y viven diseminados por toda la ciudad en viviendas insalubres, pequeñas, húmedas y sin ventilación. Los testimonios cotidianos nos presentan “el espectro del hambre y la miseria”, embargos, desahucios, desempleo y emigración causados por la extrema pobreza. En el año 1898 la prensa salmantina da noticias de los motines producidos por la carestía de productos alimenticios y sobre todo por el elevado precio del pan, dando lugar a numerosos actos de vandalismo que tienen por protagonistas  principales a mujeres y niños, como avanzadilla visible de unos varones castigados por el excesivo paro, una vez concluidas las obras de construcción del ferrocarril transversal. 

En las protestas también se pide que, para paliar el paro, se proceda a la construcción del Palacio de Justicia, pues amenazaba ruina el edificio de la Lonja y una Estación ferroviaria, ya que cuatro compañías distintas compartían un inmundo barracón. 

El índice de analfabetismo en la capital es muy elevado: En 1877, de un total de 9.701 mujeres, sólo saben leer y escribir 3.611; 631 saben leer y 5.459 no saben ni leer, ni escribir. Por lo que se refiere a los hombres: de un total de 8.306, saben leer y escribir 5.309; sólo leer 133 y no saben leer, ni escribir 2.864. Ya más próximos en el tiempo y por lo que se refiere a la provincia, el censo de 1887 da el 56,90% de la población que no sabe leer ni escribir y en 1900, frente al 63,90% de analfabetos de España, en Salamanca, capital, ha bajado al 50,93%. En 1910 ya es el 35,60%, mientras en la provincia asciende al 47,10%. 

Por lo que se refiere a la educación infantil, el panorama es desolador si tenemos en cuenta que en toda España, en 1900, la población infantil de 6 a 12 años matriculada en escuelas públicas asciende al 43% y en escuelas privadas al 7%. Queda por tanto otro 50% sin escolarización posible por falta de escuelas y por carencia de maestros. El entorno del niño no puede ser más deprimente. Así nos lo describe doña Melchora Juana Bermejo, directora de un colegio privado: “Acuden generalmente a estas escuelas los hijos de los desheredados de la fortuna. El rico, con rara excepción, parece ser no debe aspirar al ambiente del pobre. ¿Y cómo vienen las desdichadas criaturas? Con traje deslucido, lleno de “ventiladores” y… poco limpio; con botas primas en cuarto grado, y el estómago desprovisto del necesario alimento (especialmente los que asisten a esta escuela de mi dirección en la calle Sorias). Las infelices madres, debido al escaso o nulo jornal del esposo, se ven precisadas a buscar la vida y ya de lavanderas, ya de asistentas, invierten el día en otros cuidados, desatendiendo los suyos. Regresa el hijo de la escuela a su hogar, y en vez de encontrar el refugio de sus necesidades morales y materiales, halla, muchos días, lágrimas de su madre, desaliento y disgusto del padre”. Si la narración se refiere a un colegio privado, cabe suponer como sería en la escuela pública gratuita. 

En Salamanca la negligencia del Ayuntamiento es manifiesta cuando, en sesión celebrada el 23 de febrero de 1880, siendo alcalde don Mariano Guervós, acuerda que “no han de crearse más escuelas, pues las existentes son suficientes”. 

La miseria en que viven los maestros de instrucción primaria lleva a que, la prensa y diversos personajes de la ciudad, pidan al Gobernador Civil que intervenga ante la Diputación para que se les aumente el sueldo. El Pleno del 16 de abril de 1891 acuerda contestar “que no se pidan imposibles”. La incoherencia de las autoridades se demuestra con la absurda decisión que toma el Ayuntamiento, el 23 de noviembre del mismo año, en que acuerda subvencionar 8 escuelas particulares. 

Con la creación del Ministerio de Educación Pública en 1900, el Estado se ocupará del pago de los salarios a los maestros a partir de 1901. Para los obispos salmantinos el “problema social” al que intenta poner remedio la Rerum Novarum es desconocido. Sólo una minoría es consciente dentro de la iglesia que se encuentra afectada por la desamortización y por el anticlericalismo producido por las doctrinas liberales en boga. La mayoría católica, propone una verdadera evangelización con simples iniciativas benéficas. Pues que el problema era de impiedad, el remedio a aplicar sería: religión, educación y caridad, alejándose así de la problemática social y desconociendo las raíces de la cuestión obrera. 

El padre Cámara se convierte en la figura clave del movimiento conservador, integrista y católico salmantino chocando con figuras de la Universidad como Miguel de Unamuno, Mariano Ares y Sanz y Pedro Dorado Montero. Dista incluso del integrismo de don Enrique Gil Robles, que le considera liberal. Ante el resurgimiento de la crisis nacional con el desastre de 1898, se pronuncia así: “Pedimos amparo y justicia para nuestras creencias, inmaculadas enseñanzas para nuestros niños y jóvenes escolares, libertad a la Iglesia para abrir y dirigir nuestros centros de enseñanza”

Suyas son también estas palabras: “El buen olor de la virtud y saludables ejemplos de los institutos religiosos, que con tanto aplauso del pueblo fiel van fundándose en este bendito suelo, se derrama y difunde por todas partes… De la fe ardorosa de nuestros amados diocesanos ha nacido el esmero por la sana educación de sus hijos y la solicitud por la enseñanza de nuestra santa doctrina… me complaceré en atender el florecimiento de las escuelas dominicales y todos los centros de buena enseñanza, a fin de que las ráfagas del saber provechoso y las lecciones de moralidad las disfruten así el rico como el pobre, el magnate como el pordiosero”

No obstante, llegan al Obispo las quejas de diecisiete pequeños industriales, artesanos de diversos oficios, quienes manifiestan que las obras diocesanas se han convertido en un auténtico monopolio sin salir a subasta pública, siendo adjudicadas a mano de obra y artesanos forasteros, en detrimento de los locales. Así, incluso para la construcción del Palacio episcopal, el Padre Cámara pide balcones y rejería a una industria de Bilbao, cuando en Salamanca funcionaban los talleres de Maculet y de Moneo como empresas modelo en su género. 

La verdad es que la Iglesia, en aquellos momentos, pasaba también por una profunda crisis económica puesto que, a partir de 1886, hubo que demoler por su estado ruinoso, las iglesias de san Justo y Pastor, la de santa Eulalia, la de san Isidro, la de san Pelayo y la de san Mateo, sin que el Ayuntamiento estuviera dispuesto a resarcir por los terrenos de las plazuelas resultantes.

No había escuelas primarias privadas confesionales en Salamanca, dirigidas por Congregaciones religiosas, hasta que llegan las Hijas de Jesús en 1871, las Siervas de san José en 1874 y los Salesianos en 1898. Estas escuelas aunque modestas y para clases sociales bajas eran un signo de distinción social para la pequeña burguesía y la clase media salmantina.  

La Escuela Municipal de la Compañía era una escuela elemental completa y ampliada que tenía al Ayuntamiento como patrono, quien costeaba todas las atenciones de sus dos aulas, una inferior y otra superior, en la que se enseñaba gratis a unos 260 niños. (Se consideraba completa la enseñanza que abarcaba todas las materias del artículo 2º de la Ley Moyano de 1857: doctrina cristiana, lectura, escritura, gramática y ortografía, aritmética y sistemas de medida). Había sido creada en tiempos del obispo don Felipe Beltrán y Casanova, quien comenzó costeando “dos Escuelas, una de jóvenes en donde les enseñan a leer, escribir y contar y Doctrina cristiana y otra para niñas en donde después de lo referido les enseñan también las labores pertenecientes a su sexo”. En 1853 comienza a admitir párvulos, cuando era su director el maestro Caballero, denominado “el Pestalozzi salmantino”.

La Escuela de la Lonja era una escuela elemental, para niños solamente, sostenida por la “Junta de Beneficencia” con fondos procedentes de anteriores fundaciones piadosas y cuya situación exacta desconocemos, aunque por su denominación estaría en la plaza de la Lonja, edificio construido en 1622, que fue luego Casa Consistorial, pasó a albergar el Peso Real, la Cárcel y la Audiencia Provincial de lo Criminal a partir de 1882, hasta que fue demolido en 1932 para dar paso al Gran Hotel. 

La Casa Hospicio de san José, situada en la calle del Fuerte (donde estuvieron en sus primeros tiempos los jesuitas y hoy Aspirantado del maestro Ávila, residencia de los Sacerdotes Operarios Diocesanos) además de la Casa de la Misericordia y la Casa de Expósitos tenía también escuela primaria, donde durante dos horas diarias se enseñaban a los niños las ramas elementales y en otras dos horas diferentes, para que no coincidieran en el área común, a las niñas se les imponía en lectura, escritura y aritmética. Además de los huérfanos y expósitos asilados tenía dos escuelas de adultos, un departamento separado como Maternidad para las amas de cría y alojaba a maestros, ancianos e inválidos, pero todos ellos en tan deplorables condiciones que en esta Casa tuvo principio el cólera morbo que azotó a Salamanca en el año 1854. Al año siguiente se hicieron cargo del establecimiento de beneficencia las Hermanas de la Caridad. 

En 1849 contaba con 262 asilados varones y 201 mujeres. La economía se veía auxiliada por los trabajos que realizaban 150 asilados que fabricaban las mantas salmantinas que dieron renombre a tal prenda, además de artículos en tela, ornamentos de iglesia, bordados y encajes. También funcionaban talleres de imprenta, panadería, zapatería, sastrería y carpintería e incluso contaron con banda de música propia. 

La Escuela de Sordomudos y Ciegos se establece en los locales del Hospicio en 1864 con la ayuda de la Diputación, dedicándose a la enseñanza de estos dos colectivos humanos y cuya labor es ejercida por especialistas en ambas disciplinas formados en Madrid. 

La Escuela aneja a la Normal comienza a funcionar cuando se crea en 10 de octubre de 1842 la Escuela Normal Superior de Maestros de Salamanca, sirviendo para las prácticas de las sucesivas promociones de maestros que luego se integrarán en la enseñanza pública. Costeada por la Diputación Provincial y por el Ayuntamiento se ubicó en la antigua hospedería del Colegio mayor de san Bartolomé en la Plaza de Anaya y fue su primer director don Lázaro Ralero Prieto. Acogió hacia 1863 la Escuela de Sordomudos y Ciegos, a la que acudían de 15 a 20 alumnos que recibían sus enseñanzas por los sistemas Braille, Villabrille, Foucault, etc. y que se traslada luego a la Casa Hospicio de san José.

 

Caballerizas del palacio de Anaya, Escuela Normal de Maestros
Otto Wunderlich, Fototeca del Patrimonio Histórico

La Escuela Normal Superior de Maestras se crea por Real Orden de 1 de julio de 1858 estableciéndose en el moderno edificio del Colegio menor de la Magdalena, frente al final de la calle de las Mazas, impartiendo también las correspondientes clases de prácticas para las futuras maestras, que en 1886 eran más de 100. 


Colegio Universitario San Bartolomé, antigua Normal de Maestras. Fotografía de Guzmán Gombau
publicada por el periódico El Día del 20 de enero de 2018.

El 21/11/1912 se inauguró la nueva Escuela Graduada Aneja a la Normal de Maestras con el traslado al antiguo convento de la Orden de la Merced, en la actual plaza de la Merced y calle Veracruz, edificio gravemente deteriorado cuando fue adquirido por el Ayuntamiento a finales de 1909 a los padres Carmelitas, representados por el librero don Bernardo Gazapo, en la suma de 30.000 pesetas y la cesión de la calleja cerrada junto al convento de la calle de Zamora. En el verano de 1912 se derribaron los restos de la antigua iglesia de los padres Mercedarios para dar lugar al espacioso patio-jardín de la Escuela. 

Se consiguió el nuevo edificio gracias a las gestiones y al tesón de la Regente doña Natividad Calvo Montealegre y del profesorado, que ejecutaron a la perfección su papel de maestras siguiendo la estela de la primera Directora, la riojana Petra Zugarrondo Irisarri, desde su inauguración en 1858 hasta 1900, en una Normal situada en las inmediaciones de la Merced, alojada en dependencias bastante modestas. La segunda Directora fue María Oviedo. 

La Escuela de la casa de la Salina estaba costeada por el Ayuntamiento y a ella asistían unas 60 niñas, desde su inauguración en 1848, constituyendo la primera escuela pública dedicada al sexo femenino. Se encontraba ubicada en la primera planta, donde en 1800 se impartían las clases de la Escuela del Divujo de Maestros Plateros de Salamanca. En 1850 pasó a ocupar las paneras de la Casa de la Tierra (donde luego estuvo la casa de muebles de González del Rey, de igual denominación), siendo su directora doña Teresa Bordona. Esta Escuela fue trasladada en 1917 a las nuevas del Príncipe, en el paseo de Canalejas. 

Plaza de Sexmeros y la Casa de la Tierra, foto Ramón Buxaderas, 1915 revisada


En el invierno de 1885 se instalan “cocinas económicas” en el Colegio de la Inmaculada Concepción de la Orden Militar de Calatrava, mantenidas por la Conferencia de san Vicente Paul de Salamanca y atendidas por las Hermanas de la Caridad que se encargaban de proporcionar raciones económicas de alimentos a personas sin recursos o que tenían pocos ingresos como consecuencia de la falta de trabajo en la ciudad. Mediante “bonos de sopa” de 10 céntimos adquirían sopa y pan y los “bonos de ración”, por 30 céntimos más, daban derecho a un buen cocido.


Colegio de la Inmaculada Concepción de la Orden Militar de Calatrava.
Fotografía de António Passaporte para LOTY (1927-1936). Fototeca del Patrimonio Histórico.


La Conferencia se hacía cargo de una gran cantidad de bonos que repartía gratuitamente, junto al Ayuntamiento y el Obispado, además de sociedades y particulares que ejercían la caridad comprando bonos o proporcionando alimentos. Los bonos podían adquirirse en los establecimientos de muebles de Huebra y ferretería de Campos, en la calle de san Pablo y librería de Calón y tejidos de Alonso, en la Plaza Mayor. Las “cocinas económicas” se cerraban en primavera para volverse a abrir con la llegada del invierno, que agravaba la falta de trabajo.

La Conferencia de san Vicente de Paul, presidida por el registrador de la propiedad don Francisco de la Concha Alcalde, era una Asociación de laicos que a través de la acción voluntaria y caritativa, atendían a los pobres y necesitados.


Para control de las instituciones benéficas privadas por el Estado se promulga el Real Decreto de 1899.

La Ley de 23/07/1903 de “Protección a la Infancia”, tuvo su desarrollo en el correspondiente Reglamento, aprobado el 12/08/1904 y estableció:


Serán castigados con multas de 5 a 50 pesetas y subsidiariamente con arresto de 1 a 10 días, 

1º.- Los padres, tutores o guardadores, cuyos hijos o pupilos menores de 16 años que estén a su cargo, fuesen detenidos por hallarse mendigando, vagando o pernoctando en paraje público.

2º.- Las personas que se hagan acompañar de menores de 16 años, sean o no de su familia, con objeto de implorar la caridad pública, multas de 50 a 125 pesetas. 

3º.- Entrega mediante precio, recompensa o promesa de pago a otras personas para mendigar a los menores de 16 años, la pena de arresto mayor y multa de 125 a 1.250 pesetas. 

4º.- Cuando los padres o tutores sean castigados por tercera vez con arreglo a los artículos 1º y 2º o dos veces con sujeción al artículo 3º o por virtud de aquellas y éste, la condena llevará consigo la suspensión del derecho de los padres o tutores a la guarda y educación de los menores y el ingreso de éstos en un establecimiento de Beneficencia, donde serán guardados y educados. La suspensión durará 2 años, pudiendo cesar antes o prorrogarse más tiempo. 

5º.- Los agentes de la autoridad deberán detener a los menores de 16 años, que mendiguen, vaguen o pernocten en paraje público, solos o acompañados de personas mayores. Cualquier persona podrá detener a los menores de 16 años, que mendiguen en la vía pública, siempre que los entreguen inmediatamente a los agentes de la autoridad. Una vez detenidos serán conducidos a un  local destinado al efecto “donde estarán con la separación conveniente” (de sexos) hasta que sean devueltos a sus padres, tutores o guardadores o trasladados a un  establecimiento benéfico. 

6º.- Los niños abandonados y los privados de asistencia por fallecimiento de sus padres o por imposibilidad absoluta de mantenerlos o por aplicación de la suspensión de la patria potestad, serán sustentados y educados en establecimientos de Beneficencia.


En 1909, recién llegado al Ayuntamiento como Concejal, don Filiberto Villalobos, en sesión del 20 de julio formuló una proposición encaminada a suprimir la mendicidad en Salamanca, aportando Estatutos de Asociaciones de Caridad existentes en otros lugares de España. La Administración Central con fecha 21/12/1909 promueve actuaciones contra la Mendicidad, causas especiales de mendigos e instituciones benéficas, en la Gaceta de Madrid, en cumplimiento de la Real Orden de 11/01/1908. 

El Ayuntamiento de Salamanca en sesión de 29/12/1909 dice El Adelanto que aprueba el Reglamento de Mendicidad, pero realmente lo que aprueba es el Reglamento de Médicos y Practicantes de la Beneficencia. La citada propuesta de don Filiberto Villalobos, en apreciación del periodista “C” de El Adelanto, fecha 17/12/1909, ha debido perderse en el burocrático laberinto municipal e insta a los nuevos concejales a resolver la cuestión. 

El 31/12/1909 había en Salamanca 482 pobres, de ellos 104 niños. Los problemas que eso originaba son fáciles de describir: higiénicos, con el consiguiente peligro como portadores de no muy puros microbios transmisores de todo tipo de enfermedades, seguridad, por ser fácil presa de ladrones a los que servían de “santeros” y encubridores, explotación y perversión, mal alimentados, mal vestidos, nunca limpios con un deprimente espectáculo en las calles, a veces repugnante, etc., etc.

El 15/01/1910 la “Quisicosa”, dice: 

Por un Reglamento
de 14 artículos,
dicen que los pobres quedan suprimidos.
Tantas, tantas veces
se habló de lo mismo, 
que con verlo basta 
concejal amigo. 

El 18/01/1910 en sesión del Ayuntamiento se comunica la aprobación del “Reglamento de Represión de la Mendicidad” por parte del Gobierno Civil y se procede al nombramiento de una Comisión encargada de su cumplimiento. La conforman el Alcalde y 4 concejales: los señores Villalobos, Iscar Pascua, Durán y Cuesta.

El 14/02/1910 el Reglamento de la “Asociación para la mendicidad”, propuesto por don Filiberto Villalobos, llegó a término, instalándose cocinas y comedores para apoyo asistencial a las personas que vivían de limosna en la ciudad y su entorno. Todos los mendigos podían acudir libre y gratuitamente para ser atendidos por médicos que voluntariamente se fueron adhiriendo a la Asociación, que se inserta en el clima reformista e higienista, que busca la coordinación de beneficencia y salud pública.

No podía faltar la acostumbrada “Quisicosa” y aparece el 19 de enero de 1910: 

Siempre fue un interesante
alto problema social 
de alcance y de trascendencia 
el de la mendicidad 
y siempre y de todos tiempos
y lo mismo aquí que allá, 
no faltan caritativos
que lo quieran remediar 
y escritores que su pluma 
esgrimen con noble afán
y llenos de amor al prójimo, 
buscando remedio al mal. 
Sin hondas filosofías,
sin querer investigar 
porqué hay aquí tanto pobre
que da grima la ciudad; 
mientras se ponen de acuerdo 
filósofos y demás, 
sobre métodos,  alcances 
calidad y “cuantidad”, 
esto es lo cierto y pasmoso: 
cerca de medio millar 
existen en Salamanca 
pobres de solemnidad. 
La noticia sin comento 
yo la dejo circular 
para asombro de unos pocos 
y vergüenza de los más,
para baldón de ignominia 
de cualquiera autoridad 
y para escarnio de tanta 
engañosa caridad. 
De pobres ahora se cuenta
cerca de medio millar! 
Y como hay aquí, lectores 
en asilos muchos más,
es hoy medio Salamanca 
pobre de solemnidad, 
y hasta va a pedir limosna 
¡el Cabildo Catedral!  

El 25/06/1910 se reúne la Comisión nombrada, junto al Presidente de la Cámara de Comercio don Manuel Mirat, el de los Hijos del Trabajo, don Antonio Crespo y el diputado señor González Cobos y aparte de otros asuntos se convoca una Junta para el día siguiente con objeto de designar 7 individuos de los suscriptores de bonos, para integrarse en la Junta Directiva. 

Queda constituida la Junta Directiva con los señores suscriptores presentes: Eudoxio de Castro, Manuel Serrano, Alfonso Pereznebro, José Alonso, Andrés Pérez Cardenal, Alfredo Alonso y Timoteo Gutiérrez. Elegidos los cargos, quedan como sigue: Presidente el alcalde Antonio Díez González; Vicepresidente, Filiberto Villalobos; Secretario, Eudoxio de Castro; Vicesecretario, Andrés P. Cardenal; Contador, José Dimas y Vicecontador, Antonio Crespo. 

En sesión del Ayuntamiento del día 26 Filiberto Villalobos pide que la plaza en las cantinas escolares se establezca atendiendo a la situación económica de los niños y el señor Santa Cecilia dice que al actual abuso se debe a que en las escuelas hay más niños que los que debiera haber, con lo que el asunto pasa a Comisión.

La “Quisicosa” del día 2 de octubre dice: 

Todo el día pasé
junto a un cepillo 
de la Mendicidad 
y no vi un corazón
noble y sencillo 
que echase un “bolillo”.
¡Ni por casualidad! 

El 04/10/1910 en Junta celebrada en el Ayuntamiento se acordó interesar de la Diputación Provincial la cesión del antiguo Hospital General, sin servicio desde que se puso en marcha el Hospital de la Santísima Trinidad y comienzan los socorros en especie. Se activan los trabajos para celebrar una función de teatro para que, con lo obtenido, la Asociación pueda cumplir sus objetivos y se designa para ello a don Fernando Iscar.

Dos individuos de la Junta presenciarán siempre el reparto de socorros y se acuerda visitar a los señores que dan limosna los sábados para que utilicen otros medios de ejercer la caridad.

Se aprueba una alocución al vecindario en los siguientes términos:

Al pueblo salmantino: 

El Ayuntamiento se propone suprimir la mendicidad publica por el único procedimiento digno de una sociedad culta y cristiana: dando pan y abrigo a los que de él carecen, socorriendo a los enfermos pobres, a los viejos y a los inútiles para el trabajo, recogiendo y amparando a esas criaturas dedicadas hoy al pordioseo, para educarlas y hacerlas útiles a la sociedad, poniéndolas en condiciones de crearse un hogar honrado.

La Junta de Mendicidad se ha constituido con las siguientes obligaciones: 1ª.- Disminuir en lo posible la mendicidad pública, atendiendo al sostenimiento de los enfermos pobres y desvalidos. 2ª.- Socorrer a los obreros que por enfermedad o por otras causas inevitables carezcan de trabajo. 3ª.- Socorrer a los pobres transeúntes y familiares el viaje al punto de su residencia. 4ª.- Cuantas medidas tiendan a beneficiar moral y materialmente a los pobres. 5ª.- Procurar el cumplimiento de las leyes que prohíben la mendicidad de menores (artículo 4º del Reglamento).

Además de la Junta Central de Mendicidad se constituirán Juntas de Distrito de las que formarán parte, por lo menos, un párroco, un médico de la Beneficencia y un alcalde de barrio (artículo 8º).

En la distribución de socorros serán preferidos los sexagenarios e impedidos para el trabajo, los huérfanos y viudas desamparados, los enfermos pobres y las mujeres que, después del parto, carezcan de la alimentación necesaria para su restablecimiento (artículo 11º).

La Junta procurará el ingreso en los Asilos de Beneficencia a los niños desamparados y en la escuela a los que actualmente están dedicados a la mendicidad por sus padres y tutores. (artículo 12º). 

Pero esto no solo es obra del Ayuntamiento: es obra de amor, de fraternidad humana a la que tienen que coadyuvar las almas generosas y unos con su modestia, con sus riquezas otros y todos con el deseo de llevar íntimas satisfacciones a la conciencia propia y cariño y pan a esos desgraciados que con sus andrajos y con su miseria, recuerdan constantemente a la sociedad sus egoísmos y el deber que tienen de ser mas humanos.

A todos, pues, nos dirigimos y de todos esperamos cooperación, para que sumando los sacrificios individuales, encauzándolos y reglamentándolos se realice en Salamanca la gran obra iniciada por el Ayuntamiento. 

Salamanca, 3 de octubre de 1910



El 09/10/1910 la “Quisicosa” nos dice:

Sociedad y asilos 
hay a montones. 
Y pobres por las calles 
cuatro millones.

Pero no solo eran los niños; también hombres en la plenitud de su vida, mujeres y ancianos. Para ellos el implorar limosna era un oficio o una industria a la que se dedicaba toda la familia. Se dio el caso de que un Gobernador Civil dio orden de que se atendiera a una niña manca, que pedía limosna en la plazuela de la Libertad y resultó que su padre y su madre ejercían el mismo oficio y recaudaban de 7 a 8 pesetas diarias y tenían varias fincas en la Sierra. 

Un mendigo al que reprenden por su holgazanería: Yo no necesito trabajar, en pocas horas recorro las veintitantas iglesias que hay en la ciudad. Por lo menos un cuarto he de sacar en cada una y son 3 reales, de sobra para mis necesidades y así vivo independiente. 

El 11 de octubre se desecha el informe de la Comisión de Instrucción Pública relativo a la proposición del señor Villalobos para que se reglamente el funcionamiento de las cantinas escolares.

En sesión del día 24 para escuchar a las Juntas de Distrito, el señor Castro trata de la armonización de la marcha de la Asociación con la de alguna otra, como la de san Vicente de Paul. El provisor señor Boiza pide que se haga el censo de los pobres de cada distrito y dedican elogios a la labor de los párrocos. El señor Castro da cuenta de establecer el Asilo Provisional.

El día 26 el señor Cuesta propone que el Ayuntamiento ceda los locales del “Correccional” a la Asociación de la Mendicidad para la instalación del Asilo Albergue dotado de comedores, cocina económica y habitaciones con camas y así se acuerda. Al día siguiente “Juan de Salamanca” se queja de que una Agrupación de ciegos que toca maravillosamente los instrumentos y deleitaba a la concurrencia en la Plaza Mayor no se le ha concedido el permiso para tocar en la vía pública, fundándose en que está prohibida la mendicidad callejera. Unos ciegos que con derecho a la mendicidad, han tenido valor para huir de ella, estudiando música y saliendo a la calle para ofrecer su trabajo al transeúnte. Señor Alcalde: Estos que el verano último nos deleitaron con su música, han podido comer gracias a que el dueño del Bar Salmantino, (del señor Munguira) los llevó a tocar a su casa. ¿Es lícito que, los que están en condiciones de ganar un sueldo tocando en un café, encuentren trabas para tocar en la calle?


La “Quisicosa”:

De mendicidad la Junta, 
benéfica Institución, 
al saber que aquí la infanta 
Paz de Baviera llegó 
egregia dama que tiene 
a esta ciudad gran amor, 
acordó darle un “sablazo” 
en forma de petición. 
Y, con todos los respetos 
para todos, creo yo 
que no está muy en su punto 
ese sablazo de honor. 
Pues si a los pocos que vienen 
brindándonos protección 
el bolsillo aligeramos, 
aquí  no vuelve ¡ni Dios! 
(y perdonen por lo exacto 
lo feo de la expresión).

El 31 se da cuenta de que para la instalación existen 3.500 pesetas, donadas por la empresa explotadora de la Plaza de Toros y el matador Ricardo Torres “Bombita” y el cálculo de los gastos de alimentación del Asilo Albergue serían 60 pesetas diarias, con dos comidas, incluyendo pan. La Diputación tenía consignadas 750 pesetas anuales y el Ayuntamiento podría incluir en sus presupuestos 6.000 pesetas anuales, con lo que se hace necesaria la suscripción del pueblo salmantino.

En las festividades de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, las comidas y cenas fueron servidas por damas y caballeros de la alta sociedad salmantina y a partir de aquí se establecieron turnos que se publicaban en la prensa diaria.

Se estableció un apartado que se llamó “El Aguinaldo de los Pobres” al que acudieron los salmantinos con aportaciones en metálico y en especie y a propuesta de “El Timbalero” se implantó el sistema de “Tikets” para su depósito en los buzones de la Asociación, canjeables por metálico, con lo que se pudo vestir y alojar a gran cantidad de pobres.

Durante mucho tiempo en la prensa se daba cuenta diaria de los donativos, suscripciones, raciones servidas y turnos de guardia para los voluntarios para atender las mesas.

Se creó un Impuesto del 5% sobre entradas y localidades de todo espectáculo público, con destino a la Junta de Protección de la Infancia y la Extinción de la Mendicidad.

Se puso a la venta una colección de medallas representativas de una cena o una comida. Eran de aluminio, excelentemente acuñadas. La ración de comida valía 25 céntimos y la de cena, 15, con lo que cada uno socorría directamente a sus pobres. No obstante entró en juego la picaresca, pidiendo: un perro chico, que me hace falta para comprar una medalla de cena. 

El BOE del 10/02/1911 publica la Real Orden del día 2 dirigida a las Juntas Provinciales y Locales de Protección de la Infancia y Represión de la Mendicidad y ese mismo año la junta de Salamanca pretende crear el Bazar Obrero, donde encuentren ocupación los mendigos y donde se recojan los muebles y se realicen las operaciones de venta.

El 07/01/1912 se nombra una Comisión Especial de la Mendicidad integrada por Antonio Díez Ambrosio, Rafael Brizuela González, Vicente González Fernández y Jesús Cabanillas Ameiro. El 6 de febrero, en los Estatutos de la Sociedad Salmantina de Turismo y en su Disposición general segunda, artículo 11, se declara que los bienes que tuviere la sociedad en caso de disolución pasarán a la Asociación Salmantina contra la Mendicidad.

A finalizar el año y pese a los ímprobos esfuerzos y sacrificios de la Asociación no se consigue disminuir el número de mendigos. Acabado 1913 al entusiasmo inicial ha sucedido una apatía generalizada, incluso en los componentes de la Junta, a excepción de los señores Villoria, Serrano y Rodríguez Galván, por lo que está abocada a desaparecer. En 1914 en las páginas de la prensa se argumenta que sería de mayor utilidad la unificación de las dádivas y limosnas en una sola Asociación.

A principios de 1918 se recibe una dádiva de 1.000 pesetas de don José Jáuregui de Madrid entregada por el periodista “Un repórter”, que aprovecha la ocasión para un reportaje sobre la Asociación entrevistando al señor Salas, Director de la Mendicidad, quien pide a los salmantinos unas pesetas para hacer un portal que guarezca a los pobres ancianos que tiemblan de frío y a los niños que castañetean los dientes, mientras esperan el acceso a los comedores.


José Agustín Jáuregui y Pérez (Salamanca 1876- Bilbao 1919)
Fotografía publicada en El Adelanto el 2 de diciembre de 1919


El 5 de setiembre de 1919 fallece José Agustín Jáuregui que además de los abundantes socorros a la Asociación Salmantina contra la Mendicidad, costeó en el Cerrado de Pito o Corrito de las Eras de Candelario un magnífico albergue para que veranearan los niños menesterosos salmantinos de la capital y de la provincia. Desgraciadamente no pudo verlo concluido, pues se finalizó en 1921.

Todavía en 1919, pese a encontrarse llenos los asilos, las asociaciones  prodigando infinidad de limosnas y beneficios y los roperos dispensando prendas, no se ha evitado la mendicidad en las rúas salmantinas, siendo cada día más numerosa y se aboga por suprimir totalmente la entrega de limosnas en la calle.

El 1 de enero de 1920 se inaugura el Club Taurino “Chicuelo” (Manuel Jiménez) en el piso principal del número 6 de la plaza del Poeta Iglesias y acuerdan, sus primeros socios, donar la carne de un astado a la Asociación de la Mendicidad y abonan además el pan y el vino. 

Ante el anuncio de una becerrada para el día 6 de enero de 1922 (que no llegó a celebrarse) la “Quisicosa” fue: 

Con el frío de estos días,
benéfico el fin honrado 
será, pero el resultado 
quizá acabe en pulmonías
.

En 1927, siendo Alcalde Florencio Sánchez Hernández, se habilita un local en “El Correccional” para las labores del antiguo “Molasin”, un refugio de mendigos donde son sometidos a desinfección y desinsectación. 

Llegamos al año 1928 y preside la Asociación contra la Mendicidad el catedrático don Manuel González Calzada. El administrador don Isidro Hernández facilita los datos siguientes: 62.864 raciones repartidas en 1926 y 106.061 en 1927, sin que los ingresos hayan crecido. La suscripción ha sido menor en 500 pesetas, si bien han crecido los donativos en especie. La tómbola recaudó una importante cantidad y la rifa de muñecas, celebrada en el Casino, produjo una bonita cifra. En el albergue nocturno ha habido 450 personas.

Se consume diariamente más de media fanega de garbanzos, siendo la comida con garbanzos, tocino y carne y la cena, patatas, alubias y pescado. Primero se sirve a los ancianos y después a los niños. Se necesitan más amplios locales pues los que esperan turno para comer han de hacerlo a la intemperie. Se recibe con  cariño a cuantos llegan, sin ninguna limitación y sin preguntas sobre su identidad.

La Asociación contra la Mendicidad, en marzo de 1932 abre unos comedores y un refugio para trabajadores y sus familiares, acudiendo a los comedores más de 100 obreros sin trabajo. En febrero de 1935 cambia de nombre y se convierte en Asociación de Asistencia Social Salmantina.


Comedores de la Asociación Salmantina de Caridad en la calle Juan de la Fuente
1955, Archivo Gombau


Todavía en 1947 la Asociación Salmantina de Caridad se encarga de recoger niños y adultos pobres de la vía pública y los asea en estas instalaciones, que se encuentran regidas por la citada Asociación de Asistencia Social Salmantina, que antes había sido Asociación Salmantina contra la Mendicidad.





BIBLIOGRAFÍA


La prohibición de la mendicidad. La controversia entre Domingo de Soto y Juan de Robles en Salamanca. (1545).- José María Garrán Martínez. (2004)

Las cofradías salmantinas. Espacios de sociabilidad.- Rosa María Lorenzo López. (2004)

Caridad, beneficencia, seguro social, asistencia social y estado de bienestar.- Cristino Celso Barroso Ribal. (2013)

Revista Salamanca Médica, número 47. (2014)

Cáritas diocesana de Salamanca (1963-2017).- Enrique Andrés Albarrán Martín. (2018)

Prensa de la época.







El Wolfram en Barruecopardo antes de 1926




Por José María Hernández Pérez
28/06/2026 Rev. 0



DESCUBRIMIENTO DEL WOLFRAMIO

El wolfram no se encuentra de forma natural en estado puro sino como mineral wolframita o scheelita. Quienes lo pudieron aislar en estado puro fueron los hermanos Juan José y Fausto de Elhuyar y Suvice el 28 de setiembre de 1783 en los laboratorios del Real Seminario de Vergara en España. Los dos hermanos formaron parte de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, que había fundado el Seminario de Vergara y puesto en marcha el Laboratorium Chemicum. Su padre, personaje influyente en la Real Sociedad quiso que estudiaran química y mineralogía en París y Freiberg (Sajonia, Alemania).

Encontrándose en Viena tomaron diverso camino; Fausto, que había nacido en Logroño el 11 de octubre de 1757, regresó a Vergara como profesor del Laboratorio, obteniendo posteriormente la cátedra y dedicándose a la investigación de 1781 a 1785, publicando el análisis del mineral wolframio, tras haber estudiado los minerales de Alemania, los de Bohemia y los de Hungría. Falleció en 1833. 


Fausto de Elhuyar


Juan José viajó a Suecia cursando estudios superiores en Uppsala, la universidad más antigua de Escandinavia y fue elegido, junto al navarro Juan Montalbo, como espía para introducirse en Carrón (Escocia) en la fábrica de armamento y luego trasladar sus conocimientos a la Corona española. Por ello recibiría diariamente veinte reales de vellón por orden del rey Carlos III. No queriendo verse envuelto en la guerra entre España e Inglaterra desobedeció la orden y marchó a Suecia, donde además de conocer la tecnología armamentista profundizó en los “estudios de alta química” impartidos por Torbern Olof Bergman en la Universidad de Uppsala, que presentía la existencia de un material todavía no conocido y con el químico y farmacéutico sueco Carl Wilhelm Scheele que estaba investigando para conseguir “acide tungustique”.


Juan José de Elhuyar.


Juan José regresó a Vergara en octubre de 1782 y en la Memoria de la Vascongada se dice sobre el trabajo de los dos hermanos “Análisis químico del wolfram y examen de un nuevo metal, que entra en su composición”: Habiendo puesto otros cien granos de este polvo en un crisol de Zamora, guarnecido con carbonilla, y bien tapado, a un fuego fuerte, en el qual estuvo hora y media, encontramos rompiendo el crisol después de enfriado un botón que se reducía a polvo entre los dedos. Su color era gris, y examinándolo con un lente, se veía un conjunto de globos metálicos, entre los quales había algunos del tamaño de una cabeza de alfiler, cuya fractura era metálica, y de color de azero. Pesaba sesenta granos, y por consiguiente hubiera disminuido quarenta. Su pesadez específica era : : i : 17´6.

El crisol procedente de Zamora fue utilizado porque en esta provincia y concretamente en Pereruela de Sayago, se fabricaban los de materiales de arcilla refractaria más cotizados.

El 28/09/1783 consiguieron aislar el nuevo elemento en una muestra de wolframita procedente de las minas de estaño de Zinnualde, en la frontera entre Sajonia y Bohemia, que llamaron “Wolfram”, por el nombre del material del que había sido extraído.

No se le dio el nombre de los descubridores. Wolfran fue inventado por Georgius Agricola, alquimista alemán del siglo XVI y viene de Wolf-Rahm: Lupi Spuma o esperma de lobo. Conocido como Tungsteno por los anglosajones deriva de las palabras suecas Tung (pesado) y Sten (piedra): piedra pesada. Se obtiene de la manipulación de los minerales Chelita y Wolframita.



EL WOLFRAM EN BARRUECOPARDO

El entorno de Barruecopardo forma parte del macizo Hespérico occidental que alberga numerosos filones y vetas con minerales como wolframita (óxido de hierro y wolframio) y scheelita (un tungstato de calcio). Entra por las proximidades de la cuenca del Duero, por Saucelle y Barruecopardo, siguiendo por La Fregeneda, Hinojosa, Sobradillo, Lumbrales, San Felices de los Gallegos, Villar de Ciervos, Puertoseguro, Encinasola de los Comendadores, Cerralbo, san Pedro de Rozados, Navasfrías y el Payo. 

El wolfram fue detectado en Barruecopardo en 1902, siendo la explotación pequeña y dispersa y solo se recogía de forma manual el mineral que se encontraba en la superficie. En 1907 se inician las labores de investigación extrayendo ejemplares de óxido de hierro que aparece con frecuencia pseudomórfico de cristales de scheelita (con poco manganeso variedad de reinita o ferberita y con poco hierro hubnerita), mineral compuesto de wolframio y cadmio, apareciendo también en forma de masas cristalinas diseminadas en los filones de cuarzo, junto a la arsenopirita. La scheelita pura tiene color acaramelado, aunque aparece con tonos desde el gris hasta el negro. 


Anuncio en El Resumen el 12 de agosto 1911


Algunas personas registraron pequeñas concesiones y efectuaron envíos esporádicos de material a centros de procesamiento. En las pequeñas concesiones comenzaron los trabajos de filón con pozos, galerías y zanjas hechas por obreros del pueblo, a cielo abierto, originando enormes escombreras. El transporte se hacía en carros con mulas hasta el ferrocarril Salamanca-Barca d´Alba.

El 4 de noviembre de 1910 llegaron a Barruecopardo y se alojaron en casa de Felipe Reyes, mister Grifitth, enviado por la casa inglesa Otto Fischer, el señor Jorge Rock propietario de las minas “Cabaña” y colindantes y el bilbaíno don Silvestre Ajuria, dueño de las “Ajuria” y “Brasilera”. 

Iniciado el objeto del viaje, mister Griffith tomaba un pedrusco, se acercaba a la ventana para verlo mejor a plena luz, lo miraba, lo remiraba y colocaba unos lentes para volver a mirarlo. Con otros lentes distintos continuaba la observación más intensa aún. Con una navaja sacaba polvo del chinarro y con la mano derecha tomaba un poco de él y frotaba el dorso de la mano izquierda, examinando el color que ofrecía extendido sobre la piel. Otro poco de polvo se lo introducía en la boca y lo degustaba como si se tratara de un caramelo. Cogía otro trozo de mineral y lo colocaba sobre el alfeizar de la ventana y lo prendía con una cerilla, recogiendo el humo en su nariz, con la mano a modo de pantalla.

Parece que el resultado del examen fue satisfactorio y al día siguiente el periodista Fernando Felipe Martin, SIR-VE, acompañado de los señores Reyes, Rock y Ajuria visitaron las minas, “Cabañas”, “Elsa”, “Unión”, “Burrete”, “Ajuria”, etc... En la mayoría de ellas no se habían efectuado apenas trabajos, solamente unos hoyos, como sepulturas, en los que existían grandes trozos de cuarzo, en cuyos bloques se encuentra el wolframio o tungsteno para la fabricación de acero, que se obtiene rompiendo el cuarzo a fuerza de martillo o de barrenos, con lo que aparece una mancha negruzca, que es el wolfram. Mister Griffith pidió que le guardaran algunos pedazos para llevarlos a Inglaterra y examinarlos más detenidamente.

A las mujeres, con sus sayas coloreadas, se las veía inclinadas hacia la tierra, como si fueran escardadoras, buscando chinarros que almacenaban en sus mandiles y bolsas, como quien guarda un tesoro, pues se pagaba a 28 pesetas la arroba. Parece que había entrado ya en el pueblo millón y pico de pesetas y librado a sus gentes del oficio de jornaleros. Se conoció la época como “La fiebre del oro negro” o “La guerra del wolframio” y a Barruecopardo como “La California chica”. El producto era comprado por la firma Otto Fischer de Londres, al señor Rock dueño de algunas minas o al señor Ajuria, propietario de otras, al precio que estipulaba la empresa londinense.

La opinión dada por mister Griffith se refleja en el telegrama: Minas buenas, principalmente en arsénico. Llegaré el domingo. El periodista pedía a los representantes en Cortes de Vitigudino señores Maldonado y marqués de Puerto Seguro que se reconstruyera el puente Resbala del Huebra y se adecentara la carretera para poder explotar las minas de Barruecopardo, las de hierro de Cerezal de Peñahorcada, las de falso topacio de Villasbuenas, las de fosforita de Aldeadávila y tantas y tantas. 

El mineral de esta zona se componía, en tanto por ciento, de: Acido Túngstico 66,72; Sílice 7,58; Antimonio 0,11; Estaño 0,28; Arsenio 0,083; Protóxido de hierro 23,43; Protóxido de manganeso 0,87; Níquel 0,057; Azufre 0,06.

El wolframio ocupa el número 74 como elemento químico del grupo 6 en la escala periódica de Mendeleyev (Wolframio y Tungsteno son el mismo elemento químico y se definen por la letra W). Su masa atómica es de 183,84 u y la dureza de Mohs 7,5. Extremadamente denso 19,30 g/ml, tiene el punto de fusión más alto de todos los metales 3.422º C; punto de ebullición 5.555 ºC; color gris plateado a blanco estaño, dependiendo del grado de pureza. En un principio se utilizó como filamento interior de las bombillas eléctricas y, buen conductor eléctrico, en aleación para aplicaciones de alta resistencia. Posteriormente en los blindajes para equipos de rayos X, tomografías computerizadas, electrodos no consumibles de soldaduras, elementos de corte, válvulas electrónicas, resistencias eléctricas, reactores, fabricación de armamento y cohetes espaciales.

En el año 1917 las minas abiertas en Barruecopardo eran las que siguen, con su extensión en hectáreas: Alcide, 20; Ajuria, 8; Atalaya 2ª, 11; Bilbaína, 15; La Brasileña, 6; La Brasilera, 16; Burrete, 17; Cabaña, 12; Colón, 12; Elsa, 17; Guzmán, 25; Héctor, 52; Josefita, 12; Lola, 6; Luisita, 12; Luna, 8; Mayo, 16; María, 18; Mariposa, 18; Pilatos, 18; Rheingold, 4; Rita, 9; Unión, 10; Urrutia, 8; Victoria, 22.      

El  precio por Tm y ley del 60 x 100 fue: 1911, 2.665 pesetas; 1913, 2.535; 1915, 6.000; 1917, 8.400.

El fotógrafo alemán Otto Wunderlich efectuó reportajes industriales, entre ellos algunos en las minas de Barruecopardo. Volvió a España en 1913 para trabajar en la sociedad minera de “El Guindo”, de la Carolina en Jaén, que abandonó en 1917. Se ha localizado en Salamanca en 1910, suponiendo que efectuara entonces las primeras fotografías de Barruecopardo. De nuevo volvió a España en los preliminares de la segunda guerra mundial acompañando a Heinrich Himmler desde su llegada a la frontera de Irun-Biarritz, para preparar la célebre entrevista Hitler Franco el 23/10/1940. Ingresó en el Consorcio de empresas “Sofindus” (Sociedad Financiera Industrial) dedicada al negocio del wolfram, en la que se integraron la “Hisma” (Compañía de Transportes Hispano Marroquí), controlada por Alemania y la Rowak, creada por Hermann Goering. En Salamanca funcionaron 3 filiales: Transportes Marion, Compañía General de Lanas y Sociedad Exportadora de Pieles. 


LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Los alemanes, antes de la primera guerra mundial habían incrementado su producción de armamento, hasta el punto de superar los stocks de los aliados al usar el wolframio para fabricar herramientas de corte, pues al escasear los diamantes para uso industrial encontraron el sustituto ideal en el wolfram. Aunque la Península Ibérica solo representaba el 6% de la producción mundial se encontraba en óptima posición para que le compraran el preciado metal ya que los países más productores: Bolivia, 7%, Usa, 11%, Birmania, 17% y China, 36%, tropezaban con la dificultad de que su producción se encontraba fuera de Europa y por culpa del dominio de los mares que tenían los aliados. 

El producto de las minas salmantinas se enviaba a Alemania, siendo 53 toneladas en 1914, procedente de 4 minas, de 7 en 1916 y 1917 y de 5 en 1918. Hasta 1918 se remitieron 700 Tm, pagándose a 2.535 pesetas la tonelada en 1913, a 8.400 en 1917 y a 2 pesetas terminada la conflagración. Funcionaron durante la guerra las minas: “Rheingold”, “Atalaya 2ª”, “Pilatos”, “La Brasilera”, “La Rival”, “Mayo”, “Enrriete”, “Diamante”, “La Independiente” y “Navasfrías”. Las de mayor producción fueron: “Enrriete” 48,7 Tm con valor de 170.450 pesetas a boca mina; “Rheingold” 18,9 Tm, 60.850 pesetas; “Pilatos” 11´6 Tm, 40.619 pesetas; “Brasilera” 3´5 Tm; “La Independiente  2 Tm y “Atalaya 2ª 16 Tm. 

La primera guerra mundial produjo en Barruecopardo lo que se llamó “la fiebre del wolfram” que se tradujo en aumento de la actividad minera, ampliación de tajos y galerías, mayor volumen de calicatas y concesiones, entrada de comerciantes y compradores extranjeros que intentaban asegurar los suministros para la industria bélica o la siderurgia, altos salarios y afluencia de trabajadores que precisaban de alojamientos improvisados, bares y comercio local, además de medios de transporte.

La rivalidad entre compradores hacía que admitieran el mineral con abundancia de mezclas e impurezas, que originaban un peso muerto, pues lo que les interesaba era llevarse la materia prima, aunque solo fuera por privar de ella a la competencia. Tal era la efervescencia minera que corría la leyenda de que había que derribar la iglesia de santa María Magdalena, pues datada entre los siglos XII y XIII, había sido construido con el mineral que aparecía en estos años.


Anuncio en el El Salmantino 05 de diciembre de 1916


A partir de 1918 y hasta 1926 no se efectuó petición alguna de licencia para explotación de minas de wolfram ni en Barruecopardo, ni en ninguna otra localidad salmantina. La cotización se desplomó, los compradores desaparecieron, las pequeñas concesiones dejaron de ser rentables y se abandonaron las labores.





BIBLIOGRAFÍA

La producción y contrabando de wolfran en España durante la primera guerra mundial.- Leonardo Caruana de las Cagigas y Eduardo González Calleja. 2014.

El wolframio. Contrabando entre dictadores.- Rosa Arburúa Goienetxe. 2021. 

Boletín oficial de Minas y Metalurgia. 1917 a 1926.

Prensa de la época.



La Ciudad de Beneficencia


Construcción del hospital psiquiátrico, una de las unidades del megaproyecto
Ciudad de Beneficencia de la Diputación Provincial. Fotografía de Guzmán Gombau 1954



Por César Hernández R
29/05/2026 Rev. 0


La beneficencia pública española ha sido gestionada a lo largo de su historia por distintas instituciones, rigiéndose por diversas leyes y reglamentos particulares. Con el decreto de 17 de diciembre de 1868, la gestión de la beneficencia pública fue encomendada a las Diputaciones Provinciales que dejaron de ejercer dicha función de manera progresiva entre 1978 y la década de 1980, a raíz de la promulgación de la Constitución Española de 1978 y la posterior creación del Estado de las Autonomías, cuando la mayor parte de estas actividades benéficas pasaron al Sistema Nacional de Salud.

Francisco García Revillo

    

En Salamanca, instituciones benéficas como el Hospicio Provincial, el Asilo de Ancianos, la Casa de Maternidad, Manicomio y Hospital Provincial, entre otras, dependían de la Diputación Provincial y tras la guerra civil estos servicios —con la salvedad del Hospital Provincial, que había sido inaugurado el 5 de octubre de 1930—, se encontraban instalados de forma muy deficiente, en edificios viejos y destartalados y con exceso de asilados, lo que motivaba una atención precaria

La Diputación Provincial, encabezada por su presidente D. Francisco García Revillo, abogado y registrador de la propiedad, nombrado en noviembre de 1939, demandaba una solución al Gobierno para remediar la lamentable situación de la beneficencia. Su pretensión era crear una Ciudad de Beneficencia que acogiera y agrupara estos servicios benéficos. 


El proyecto de esta ciudad acogería cinco unidades, que serían: 

Hogar cuna, residencia de niños hasta 12 años y residencia profesional hasta los 23 años, 
Residencia de ancianos y residencia para matrimonios
Sanatorio psiquiátrico
Granja agrícola
Iglesia parroquial


Plano de situación de la Cuidad de Beneficencia, señalada con la letra B
El Adelanto 1 de octubre de 1942

Plano de emplazamiento señalando las 5 unidades previstas en la Ciudad de Beneficencia
 El Adelanto 18 de julio de 1942


En septiembre de 1941, el Consejo de Ministros aprobó declarar de urgencia las obras de los establecimientos provinciales de beneficencia de Salamanca, mostrando su apoyo al proyecto.

De inmediato comenzó la ocupación de los terrenos, según lo dispuesto en el artículo 4º de la Ley de 7 de octubre de 1939 sobre expropiaciones de obras urgentes, y se materializó el 5 de noviembre de 1941 con la firma del acta de ocupación de los terrenos que se hallaban enclavados entre el camino de Salamanca a Carbajosa y la carretera de Salamanca a Cáceres y tuvieron un costo de 340.000 pesetas aproximadamente. 


Firma del acta de ocupación de los terrenos de la Ciudad de Beneficencia.
Fotos Horna en El Adelanto 7 de noviembre de 1941


La ejecución de las primeras obras, consistentes en el movimiento de tierra, cimentación y enrase del grupo de edificios destinados a la Madre y el Niño, fue subastada y adjudicada al contratista Juan Sánchez Cano en 411.000 pts.


Bendición por el Dr. Pla y Deniel de los terrenos para la construcción de los edificios
 destinados a la Madre y el Niño. Foto Horna en El Adelanto de 25 de marzo de 1942.


El día 24 de marzo de 1942, los terrenos para estas obras fueron bendecidos por el Dr. Pla y Deniel, en el que sería el último acto en el que intervino como Obispo de Salamanca. Por entonces se tomó la decisión de denominar al futuro barrio como barrio de San José (nada que ver con el actual barrio de San José). 

Las obras de cimentación fueron recibidas en mayo de 1945. 

A pesar de esto, el proyecto, que contaba con el apoyo del Gobierno y Ayuntamiento, quedó relegado sin que se conozcan la razones exactas, aunque se sospecha que fueron puramente económicas.


El barrio de la Vega

A principios de diciembre de 1945 se presentó, por iniciativa del Gobernador Civil Diego Salas Pombo —quien había tomado posesión del cargo el 2 de abril de 1945—, un proyecto para la construcción de quinientas viviendas ultrabaratas con la que aliviar la urgente necesidad de vivienda del momento. Serían edificadas directamente por el Instituto Nacional de la Vivienda y financiadas por la Caja de Ahorros de Salamanca y subvencionadas por el Ayuntamiento. 

La Diputación Provincial colaboró con este proyecto ofreciendo once hectáreas de terreno al Instituto Nacional de la Vivienda, entre la carretera de Béjar y el Camino de Carbajosa, terrenos que habían sido destinados anteriormente a la "Ciudad de Beneficencia".

El proyecto fue coordinado por el arquitecto Francisco Gil, presidente de la sede salmantina del Colegio Oficial de Arquitectos de León, y albergaría finalmente 664 viviendas, en su mayoría de planta baja y cuyos solares no alcanzarían la extensión mínima reglamentaria de 250 metros cuadrados. Las trazas del barrio, que recibió el nombre de barrio de Nuestra Señora de la Vega, fueron realizadas por los arquitectos Eduardo Lozano Lardet, Lorenzo González Iglesias, Genaro de No Hernández y Joaquín Secall Domingo de forma gratuita.

El barrio de la Vega sería inaugurado oficialmente en mayo de 1954, aprovechando la visita de Franco.

La Diputación no renunció definitivamente al proyecto de Ciudad de Beneficencia y para obtener el capital necesario que cubriese el presupuesto de construcción, tasado originalmente en 13.200.000 de pesetas¹, precisaba incrementar un 10% la contribución territorial de la riqueza rústica, medida que tendría que ser autorizada por el Ministerio de Hacienda. 

El permiso pudo obtenerse a principios de 1949 y su aplicación permitió construir el Hospital Psiquiátrico, única institución que se llegó a levantar de las proyectadas. Tal vez, más tarde, la Diputación estableció la Escuela de Capacitación Agraria como alternativa a la proyectada Granja Agrícola.

Con el tiempo, cuando ya había quedado definitivamente abandonado el proyecto, los terrenos de la Ciudad de Beneficencia, que habían sido divididos por la línea férrea de Portugal en su desviación por la Serna desde 1954, fueron empleados para otros usos. Además del mencionado barrio de la Vega, allí se encuentra hoy el cuartel de la Guardia Civil, el complejo Reina Sofía y todas sus dependencias, la Escuela de Capacitación Agraria —hoy cedida por la Diputación a la Universidad de Salamanca—, el Servicio de Empleo y Formación de la Junta de Castilla y León, el IES Torres Villarroel, todos ellos encuadrados en el actual barrio de San José. Al otro lado de la vía se levantan naves industriales pertenecientes al polígono del Montalvo.


El Hospital Psiquiátrico

El viejo hospital psiquiátrico, "Casa de los Locos" o manicomio, estaba situado en el edificio del Colegio de Huérfanos fundado de 1542 por Francisco de Solís y que había sido destinado a Casa de Dementes en 1851. Al iniciarse la década de 1940, se encontraba en un estado deplorable y con exceso de asilados. 

La empinada curva del paseo de Canalejas —durante mucho tiempo denominada paseo del Espolón—, donde se encontraba el establecimiento, se conoció como "Cuesta de los Locos" durante la mayor parte del siglo XX y el propio manicomio fue llamado popularmente "el 113" por su correspondiente numeración en el paseo de Canalejas.


Hospital de Dementes en el Colegio Solís. Se observan los nuevos pabellones,
aunque insuficientes, construidos en los años 30. Foto Isidoro Álvarez


Su renovación quedó encuadrada en 1941 dentro del megaproyecto de la Cuidad de Beneficencia promovido por la Diputación Provincial y su presidente D. Francisco García Revillo. 


Maqueta del Hospital Psiquiátrico, Proyecto de Eduardo Lozano Lardet
El Adelanto 10 de marzo de 1949

Hospital psiquiátrico. Diputación Provincial de Salamanca

A pasar de que el proyecto de Ciudad de Beneficencia quedó paralizado y que parte de los terrenos a él destinados fueran dedicados a otros propósitos —como la construcción del barrio de la Vega—, en 1953 se aprobó un proyecto para la construcción de un nuevo hospital psiquiátrico, elaborado por el arquitecto Eduardo Lozano Lardet. El edificio se levantaría frente al nuevo barrio de la Vega en la actual avenida de Carlos I. 

A la postre, este hospital resultaría el único establecimiento benéfico de aquel proyecto que se instaló en la zona.


Vista aérea del hospital psiquiátrico, con grandes cambios frente al inicialmente proyectado.
Fotografía de la web de la Diputación Provincial


Poco a poco, el modelo de "manicomio" entendido como lugar de asilo y aislamiento fue dando paso a la idea de salud mental, priorizando la integración social y la atención en libertad. Este proceso del que ya se habían dado avances —como la construcción en 1978 del Centro de Educación Especial Reina Sofía, concebido para menores de edad con discapacidad intelectual—, quedó fijado con la reforma psiquiátrica de 1985 y el posterior artículo de la Ley General de Sanidad, estableciendo la integración plena de la salud mental al sistema sanitario general. 

El hospital psiquiátrico, concebido como continuación del hospital de dementes, estaba condenado a desaparecer. Primero, muchos de sus pacientes fueron trasladados al Centro de Atención a Personas con Discapacidad Psíquica (CAMP) de La Salle; luego tuvo lugar su abandono y, finalmente, su derribo en marzo de 2013, efectuado por la empresa vallisoletana Trandex S.A. por un importe de 275.320,99 euros.


Derribo del Hospital Psiquiátrico. Salamanca24horas

Su solar, hoy vacío, parece destinado a albergar el futuro centro de salud de los barrios de San José y El Zurguén.



Nota:

¹ El Adelanto 18 de julio de 1942


Fuentes:

Fátima Miranda Regojo. Desarrollo urbanístico de postguerra en Salamanca. Colegio oficial de arquitectos de León, Delegación de Salamanca. 1985

Sara Núñez Izquierdo. El arquitecto Eduardo Lozano Lardet (1897-1968; titulado en 1923). STUDIA ZAMORENSIA, Vol. XIII, 2014

Sara Núñez Izquierdo. El arquitecto Francisco Gil González (1905-1962) y la arquitectura salmantina del segundo tercio del siglo XX. Ediciones Universidad de Salamanca, 2014

David Senabre López. Desarrollo urbanístico de Salamanca en el siglo XX. Junta de Castilla y León, 2002

Prensa de la época.