Alejandro Canetti, ¿Embaucador o inspirador?

 

Retratos de Venancio Gombau

 

Retrato de Alejandro Canetti por Venancio Gombau.
Fondo Miguel de Unamuno en la USAL


Su aspecto sorprendió a la ciudad. Vestía con pantalón corto ligeramente por debajo de las rodillas que solía combinar con calcetines altos y a menudo con alpargatas o sandalias. Una vestimenta que por entonces era puramente deportiva e incluso infantil. No usaba cuellos planchados y en lugar del tradicional lacito al cuello llevaba una cinta anudada. Para el frio usaba una capa de suizo y con calor prescindía de la chaqueta e iba en mangas de camisa, algo impensable para una persona acomodada. Asombrosa era su exuberante melena rizada y su frondosa barba rubia, pero lo más perturbador de su aspecto era el hecho de no cubrir su cabeza ¡no llevaba sombrero!

En 1905 el suizo Alessandro Canetti Simoncini, nacido en 1879 en Florencia (Italia) y educado en Friburgo (Suiza) donde residía, llegó a Salamanca para estudiar español con la intención de convertirse en profesor en la universidad católica de su ciudad, fundada en 1889.

Alejandro era un individuo insólito para una provinciana Salamanca, constreñida por los convencionalismos sociales, anclada en los valores tradicionales del orden católico y sometida, como el resto del país, al poder político y económico dictado por la aristocracia y burguesía, donde los movimientos ideológicos como el Positivismo, el Krausismo o, el más actual, Regeneracionismo, confinados en la intelectualidad liberal, fueron poco influyentes y donde, por la baja industrialización, los movimientos obreros, socialismo, anarquismo, etc. quedaban relegados a fenómenos sociales minoritarios. A decir verdad, la España de la época no ofrecía un panorama muy distinto.

Su presencia fue causa de risas y de miedos para la gente llana y también dividió a  la población culta. La opinión salmantina sobre el interfecto quedó dividida entre los que en él veían el espíritu de Europa, perturbador y alegre, innovador y valiente, sincero y humano que delataba una España atrasada, pobre, antihigiénica y resignada1 y los que consideraban  que era un provocador, ofensivo contra la cultura y costumbres españolas y cuya aptitud no era más que una burla contra sus habitantes. En esta segunda línea se expresó el Quisicosero, D. Mariano Núñez, en El Adelanto del 28 de agosto de 1907. El Sr. Núñez conocía por sus viajes la zona originaria de Canetti y sabía que ni su forma de vestir ni su aspecto eran los habituales allí. 


Canetti sin chaqueta 

iba ayer por la Plaza, 

con su aspecto apostólico 

con su melena larga, 

y con los pies calzados 

por rústicas sandalias. 

Como el ver á un sujeto 

en semejante facha, 

— y á «todo» un señorito 

— resulta extravagancia, 

las gentes á su paso 

la cosa comentaban, 

poniendo en ello chistes 

de más ó menos gracia. 

«Es mucho desahogo 

el que el suizo gasta.» 

«Eso es tomar de pito 

á todo Salamanca.

 Ni en Nápoles ni en Berna 

ni en Bélgica ni en Francia, 

se ve persona alguna 

de clase acomodada 

que vaya por las calles 

de la camisa en mangas.» 

«Si el hombre se vistiese 

de chino, bien estaba, 

pero es que no se viste 

de chino ni de nada, 

sino que va de forma 

que aunque lo diga Marras 

no hay en Europa sitio 

que vistan con tal guasa.» 

«Va haciendo de Polonia.» 

«Va haciendo de fantasma.» 

«Es como esos pollitos 

que del Norte se largan 

en época de exámenes 

con gorra y alpargatas,

 como menospreciando 

nuestra ciudad amada.» 

En resumidas cuentas 

que no les hizo gracia 

el «rasgo» de Canetti 

á las modestas masas, 

sin duda recordando 

esta sabrosa máxima: 

«Haz aquello que vieres 

á donde vas» y pata.


Canetti contestó a la rima, dos días después, en el propio periódico y en francés. Negó la burla a los españoles y aún menos a los salmantinos y aseguró que en Suiza todos los habitantes prescinden de la chaqueta cuando hace calor y acepta los trajes españoles cuando no sean contrarios a la higiene, a la estética y al buen sentido.

Como siempre, la verdad no se alía con uno solo de los bandos y resulta compleja de esclarecer.


Retrato de Alejandro Canetti por Venancio Gombau. Fondo Miguel de Unamuno en la USAL

 

Canetti llegó a Salamanca, seguramente, ya estando bajo el influjo de la moda del naturismo que recorría la Europa del cambio de siglo, moda a la que probablemente se había acercado desde su afición al alpinismo y los deportes en la naturaleza. El naturismo heredaba ideas higienistas del siglo XIX, defendía la “libre cultura del cuerpo”, la plena convivencia con la naturaleza y el empleo de medios naturales para defender la salud. El naturismo engloba, y a veces resulta difícil separarlo de ellas, ciertas corrientes como el nudismo, el vegetarianismo, el esperantismo, la emancipación femenina, el anarquismo y otros. En España tomó además el carácter de movimiento libertario higienista para la denuncia del sistema moral conservador aunque compartió con el naturismo europeo el desdén por la vida urbana y su hacinamiento.

Canetti pasará grandes temporadas en Salamanca entre 1905 y 1908, conoció entonces a Unamuno al que pertenecieron estas tarjetas de visita realizadas por Venacio Gombau, hoy depositadas en el Fondo Miguel de Unamuno de la Universidad de Salamanca. Tras este periodo se instalará definitivamente en Madrid donde contrajo matrimonio con Ruth Velázquez, granadina nacida en Loja en 1887 y fallecida en 1969. Ruth y Alejandro se convertirán en una pareja escandalosa por su atrevido estilo de vida para la sociedad de la época. Ruth destacará como pintora y poeta adscrita al ultraísmo con un solo libro publicado en 1935, Sol de la noche, prorrogado por Ramón Gómez de la Serna y reeditado en 2021 por Yanitzia Canetti, escritora cubana biznieta de Alejandro Canetti y Ruth Velázquez.

En 1909 Canetti comenzó a impartir clases de italiano en el Ateneo de Madrid, lo hizo al menos hasta 1921, y se encargó de divulgar el naturismo por medio de conferencias sobre educación física, alimentación vegetariana, herencia de las enfermedades o los beneficios de los rayos del Sol para la salud, al tiempo que escribía artículos de divulgación en revistas especializadas como El Régimen Naturalista. Enseguida Canetti se publicitó como médico naturista ofreciendo tratamientos contra la obesidad, la delgadez, el estreñimiento, etc. Complementaba sus ingresos con clases particulares de idiomas (italiano, francés y latín) y de gimnasia sueca y masaje. Perteneció y fue presidente de la Sociedad Naturalista y Vegetariana Española, cargo del que dimitió aduciendo un exceso de ocupaciones en julio de 1911.

Siguiendo a Alejandro Arteche en su libro Historia de la medicina naturista española, dos concepciones divergentes y contrapuestas aparecen casi desde los inicios de la medicina naturista durante los primeros años del siglo XX. La primera está conformada por un grupo de profesores naturistas, en el que también participa algún médico, caracterizados por su vinculación con movimientos políticos (anarquismo), sociedades secretas (masonería) o actitudes de vuelta a la naturaleza como el nudismo y una actitud hostil hacia la «medicina oficial», mientras que el segundo grupo estuvo formado por médicos que mantuvieron ideas «neo-hipocráticas», un criterio médico compatible con la más pura ortodoxia clínica y que trata de dignificar esta medicina alternativa.

Canetti parece pertenecer al primer grupo y no solo por su falta de preparación oficial en la medicina convencional si no por su pertenencia a la logia Ibérica, núm. 7 del Grande Oriente Español (desconocemos su pertenencia a algún grupo político). En 1944 el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo abrió el Sumario 467-44 contra Alejandro Canetti Simoncini por delito de masonería del que parece fue absuelto, tal vez porque aunque alcanzó el grado de Compañero en enero de 1912, le fueron suspendidos provisionalmente los derechos masónicos en mayo de ese mismo año, sin que nos coste si continuó perteneciendo a la logia.

En enero de 1912 fue nombrado profesor auxiliar de italiano en la Escuela Central de Idiomas, establecimiento nacido en 1911 que sería precursor de la Escuela Oficial de Idiomas. Por su afición al alpinismo, Alejandro Canetti formó parte de la Real Sociedad Peñalara fundada en 1913 por un grupo cerrado conocido como los "doce amigos" donde lo recreativo estaba íntimamente ligado a lo cultural y científico. Canetti abandonó Peñalara en 1914, que en 1915 dejará de ser una sociedad cerrada transformándose con el tiempo en la Real Sociedad Española de Alpinismo.

A sus cuarenta años, en 1920, fundó la Sociedad Anacional de Comuneros Naturistas con la pretensión de fundar una comuna naturista y nudista en la Alpujarra. Calzaba sandalias, ¡en las  que llegó a prescindir de calcetines!, comía sólo frutas, bebía sólo agua y no fumaba. Y cuentan que a la hora de sus curas helioterápicas, la terraza de su domicilio en la calle Velázquez era el punto de convergencia de todos los prismáticos de la zona... Canetti lo negaría.

En 1922 se afilió a la rama libre de la Sociedad Teosófica Española, la versión española de la sociedad nacida en Nueva York en 1875 que trataba de introducir y dar a entender sabidurías orientales en las sociedades occidentales donde imperaba el racionalismo y el materialismo. 

Canetti marchó entonces a Tenerife donde propagó las benéficas influencias de los rayos solares en la salud humana. Presentado como doctor, recetaba baños para un buen número de enfermedades: viruela, sífilis, estreñimiento, jaqueca, tuberculosis,.. Y lo hizo hasta que el Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife formalizó contra él una demanda en los tribunales de Justicia. Huyó entonces hacia otros lugares del Mediterráneo donde siguió ofreciendo sus conocimientos sobre helioterapia y promoviendo su utilización como reclamo turístico, hasta que fue detenido en Reus en 1926, denunciado por la “medicina oficial” y acusado de curanderismo. 

Parece que fue entonces cuando se trasladó a la Habana donde siguió practicando y propagando su medicina naturista y donde perdemos su pista, con el único conocimiento del mencionado encausamiento por el delito de masonería de 1944.


1 Fernando Felipe Martín  1874-1947 abogado y empleado del Ministerio de Fomento, activista del socialismo en Salamanca y activo redactor de El Adelanto donde firmó también como Pepe Rey, como Juan de Salamanca y como Sir-ve.




César Hernández R.
Salamanca 14 de julio de 2021




Fuentes:

Prensa histórica española entre 1905 y 1945

Alejandro Arteche. Historia de la medicina naturista española. Madrid, 2000

K.E. Rothschuh. Historia del movimiento naturista. La filosofía de los estoicos y la Medicina Metódica. ZFA (Stuttgart) 1981

Isabel Rodrigo Villena. Mujeres artistas e imagen femenina en alfar, revista coruñesa de vanguardia (1922-1926). Universidad de Castilla-La Mancha.

Revista Peñalara. Boletin mensual ilustrado, nº1 Octubre de 1913